19 de julio de 2026
Minnesota es un estado conocido por su epíteto: Nice. Sus habitantes se caracterizan, justamente, por eso: gente amable, servicial, agradable y poco confrontativa. Sin embargo, desde el 7 de enero Minneapolis, una de las ciudades más importantes del estado, vive un conflicto a raíz de las protestas que se desataron tras la muerte de Renee Nicole Good a manos de un agente del ICE -la fuerza especial que Trump sacó a la calle para cazar migrantes-, quien le disparó tres veces cuando ella estaba desarmada y dentro de su auto.
Renee era poeta, universitaria, madre de tres hijos y tenía 37 años. Su exesposo declaró a los medios que no era una activista, sino una cristiana devota. Además, era blanca, nacida y criada en Estados Unidos, al igual que sus padres: una legítima ciudadana norteamericana, un perfil que no coincide con la narrativa desatada contra las personas migrantes.
No estaba organizada políticamente de la manera en que estamos acostumbrados en Argentina, pero sí tenía una fuerte participación comunitaria y dedicaba su tiempo a intentar frenar la escalada de violencia que veía avanzar en su país. Eso la llevó a capacitarse y actuar como observadora legal de los operativos que el ICE realizaba en su ciudad. Su objetivo era mantener la paz y el respeto por los derechos mediante el monitoreo cívico, para disuadir a los agentes del uso desproporcionado de la fuerza contra personas migrantes. Renee era, en definitiva, toda una nice de su tierra.
Renee era poeta, universitaria, madre de tres hijos y tenía 37 años. Su exesposo declaró a los medios que no era una activista, sino una cristiana devota. Además, era blanca, nacida y criada en Estados Unidos, al igual que sus padres: una legítima ciudadana norteamericana, un perfil que no coincide con la narrativa desatada contra las personas migrantes
Esa mañana brutal volvía de dejar a su hijo en la escuela cuando se cruzó con un operativo e intervino en su rol de observadora. En un video de apenas 22 segundos puede observarse cómo terminó siendo víctima. Trump le dedicó una de sus “verdades” -así llama a los posteos en su red social Truth-:
“Acabo de ver el video del suceso que tuvo lugar en Minneapolis, Minnesota. Es horrible verlo. La mujer que gritaba era, obviamente, una agitadora profesional, y la mujer que conducía el coche se comportó de forma muy desordenada, obstruyendo y resistiéndose, y luego atropelló de forma violenta, deliberada y cruel al agente del ICE, que parece haberle disparado en defensa propia. Según el video adjunto, cuesta creer que esté vivo, pero ahora se está recuperando en el hospital.”
Una teoría insostenible, porque en los videos -hay varios y desde distintos ángulos- se ve claramente que el auto ni siquiera lo rozó. Renee intentaba huir y giró en dirección contraria a donde se encontraba el agente del ICE.
Mientras el gobernador Tim Walz pidió la apertura de una investigación por el asesinato de Good, el fiscal general de Estados Unidos, Todd Blanche, sostuvo: “Nosotros no vamos a investigar cada vez que un agente se defiende frente a alguien que pone su vida en peligro”. Si Trump ya lanzó su “verdad”, negando lo evidente, ¿qué sentido tendría esperar que las instituciones de su país actúen de manera diferente?
Desde ese día, hace ya dos semanas, Minneapolis está sumida en el caos, con imágenes que parecen sacadas de Mad Max, muy lejos del estereotipo nice que solía definir a esa comunidad. Lo que se ve es trágico: una sociedad movilizada y dispuesta a defenderse de los 3.000 agentes del ICE que patrullan ostensiblemente armados, con camuflaje de estilo militar y los rostros cubiertos. El propio alcalde de Minneapolis los definió como “una fuerza de ocupación que literalmente ha invadido nuestra ciudad”. En este contexto, los medios señalan el resurgimiento de las Panteras Negras de la mano de Paul Birdsong, quienes comenzaron a escoltar a los manifestantes portando armas de guerra.
En paralelo, el Pentágono ordenó a 1.500 soldados prepararse para un eventual despliegue en Minnesota, mientras Trump amenaza con aplicar la Ley de Insurrección de 1807, que habilita el uso del Ejército contra su propio pueblo.
Mientras esas noticias poblaban las pantallas, ICE volvió a matar a un ciudadano estadounidense que no representaba ninguna amenaza para los agentes. Alex Pretti, un enfermero de 37 años se encontraba en la manifestación, quiso ayudar a una mujer que estaba siendo gaseada y en ese contexto le dieron 10 disparos. Otra vez todo quedó filmado y el gobierno federal volvió a jugar a demonizar a la víctima. Este episodio se suma a la falta de límites que se ve en una escalada en la que se ha usado a niños muy pequeños para forzar a sus familiares a entregarse o hasta incluso el intento por parte del ICE de ingresar a la sede consular de Ecuador para detener y deportar a migrantes.
La tragedia está servida en el país donde estar armado hasta los dientes es un derecho constitucional -según la National Shooting Sports Foundation, hay alrededor de 500 millones de armas en posesión civil en Estados Unidos- y cuyo jefe de Estado afirma que va a tomar por la fuerza todo lo que quiera, tanto fuera como dentro de sus propias fronteras. Cabe preguntarse si ese país -y su presidente- tienen realmente la capacidad de sostener todas las guerras que prometen.
La muerte de Renée Good y Alex Pretti no es un exceso: es un anticipo. Una escena posible -y cada vez más probable- del futuro de la tragedia americana.



