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17 de agosto 2022

Agustina Pozzo

COMENTARIO SOBRE “LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO”

Tiempo de lectura: 4 minutos

Para Byung-Chul Han, la típica sociedad foucaultiana que nos disciplinaba quedó devorada por el crecimiento de la sociedad tardomorderna y dio lugar al surgimiento de un sujeto del rendimiento. El filósofo surcoreano, de quien algunas ideas adquirieron mayor relevancia este último tiempo a partir de las crecientes crisis políticas y económicas que afloran en el mundo, plantea que la hipeactividad nos quitó algo de lo más valioso, que es el tiempo de contemplación, dando origen así a la violencia neuronal.

El sujeto que antes era controlado por la familia, la escuela y la cárcel, plantea Han, ahora es controlado por sí mismo: la violencia neuronal es sistémica y se impregna en nuestra cotidianidad, en nuestros hábitos más comunes. Y el cuerpo, diseñado para crear anticuerpos frente a cualquier virus de índole bacterial, no está preparado para defenderse de las patologías neuronales.

Escrito en 2010, el ensayo cita y refuta algunos autores y autoras del campo filosófico, entre ellos Foucault, Arendt y Nietzsche y Agamben, más cercano en el tiempo.Uno de los mayores descubrimientos que hace el autor es la caracterización del componente central en los tiempos posteriores a los dosmiles: el exceso de positividad.

Sé tu propio jefe. Han dice: el mundo nos grita “podés hacer todo lo que quieras”. Entonces, ese exceso de positividad es el que genera sujetos fracasados y depresivos que enfrentan realidades políticas, culturales y económicas cada vez más duras y menos posibilitadoras

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Esta idea central que recorre su obra, la del paso de la prohibición y negatividad a la habilitación y positividad, desemboca en la praxis en el nacimiento de patologías como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la depresión, el trastorno límite de la personalidad (TLP), el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) y el burnout o el “síndrome del trabajador quemado”. Ya no se trata simplemente de la categoría “violencia neuronal” sino de una red de acción concreta, sobre la que intervienen diferentes campos profesionales, mercados y ciencias, como son los laboratorios y los médicos especializados, como parte de un nuevo formato de socialización.

La salud mental, incluida hoy como tema central en planes de gobiernos de la región como por ejemplo el de Honduras de Xiomara Castro, logra alcanzar más protagonismo entre las preocupaciones y prioridades de las vidas luego de la pandemia.“Estoy quemado”, naturalizamos decir.

Si bien el autor escribió antes del suceso global epidémico, los neoliberalismos de contraoleada le dieron un nuevo sentido a la dialéctica amo-esclavo transformándola ahora en un solo sujeto todopoderoso. Sé tu propio jefe. Han dice: el mundo nos grita “podés hacer todo lo que quieras”. Entonces, ese exceso de positividad es el que genera sujetos fracasados y depresivos que enfrentan realidades políticas, culturales y económicas cada vez más duras y menos posibilitadoras.

En la sociedad que describe Han, “lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna”.

Fuimos reducidos a comportamientos netamente vitales y no por negativas ni prohibiciones sino por exceso de positividad

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No es más que eso: se profundiza un sistema mundo que convirtió a la libertad en una paradoja, en donde los límites, las fronteras y lo extraño se entrelaza con lo idéntico, lo saturado y lo viral para darle forma a nuevos procesos sociales y, por ende, políticos. “Las enfermedades psíquicas de la sociedad del rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esta libertad paradójica.”

Mientras que las sociedades disciplinarias se encargaron de construir muros, las sociedades del rendimiento crean sujetos que cargan con los muros sobre sus propios hombros. ¿Acaso hubo otro momento político cercano en donde estuviese en agenda en tantas legislaciones del mundo la reducción de la jornada laboral? “Que un paradigma sea de forma expresa elevado a objeto de reflexión es a menudo una señal de su hundimiento”, nos diría Han.

El filósofo oriental le discute a las nuevas condiciones laborales que surgieron entre los ‘90 y los ‘2000, condiciones que se pauperizaron luego del aislamiento. ¿Cuáles son las reglas para los trabajadores hoy? ¿Quién las pone y quién las cumple? Es su punto de partida, el camino y la llegada. A partir de una clásica influencia griega, Han cree que el tiempo de ocio, ese que nos permite reconectarnos con lo más profundo de nosotros mismos, está roto.

Fuimos reducidos a comportamientos netamente vitales y no por negativas ni prohibiciones sino por exceso de positividad, esa misma positividad que, con hermosas frases hechas y consignas cerradas que apelan a la felicidad y la armonía individual, habilitan un campo de sentido para que sean las personas las culpables de sus propias miserias, sin importar nada más.

“El explotador es al mismo tiempo el explotado, es a la vez criminal y víctima, señor y vasallo. El sistema capitalista, para acelerarse, conmuta la explotación externa por la autoexplotación”. Es interesante pensar cuál es el escenario que atraviesa la organización del trabajador como sujeto político y de derechos frente a esta paradoja de la libertad, ya que sólo una profunda pelea por las condiciones laborales puede habilitar una verdadera pelea por la redistribución.

Mientras que las sociedades disciplinarias se encargaron de construir muros, las sociedades del rendimiento crean sujetos que cargan con los muros sobre sus propios hombros

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El trabajador ya no puede pelear por sus condiciones laborales cuando su pelea es por la supervivencia: “la preocupación por la buena vida, que implica también una convivencia exitosa, cede progresivamente a una preocupación por la supervivencia”, dice el autor. El famoso día a día, ese que se respira en las colas de los supermercados, en las filas de los cajeros o a la salida de algún bar. Importa lo urgente y lo urgente.

Al análisis, además del pensamiento situado que otorga las particularidades del contexto que atraviesa cada sociedad, en una región y bajo un signo político determinado, le agregaría la noción de tiempo y medida. Lo que sucede con la sociedad del rendimiento es que, eliminados todos los límites, con la violencia neuronal como síntoma, asignarle un carácter político al tiempo resulta imperante.

Resaltar que el tiempo de contemplación es un tiempo político es entenderlo, en última instancia, como a la producción en sí misma, porque sin ese tiempo todo lo demás será repetición de lo mismo. Han reconoce que, al suprimirse ese tiempo, no hay más que la saturación de lo idéntico.

Pero cuando las urgencias mandan, cuando solucionar lo inmediato resulta imposible, cuando el mercado te ofrece como solución convertirte en un millonario vendiendo cremas faciales, el debate volverá a buscar repolitizar aquello que se presenta como lo natural, como lo violento, que no es más que una nueva forma de dominación.

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