Un momento...

21 de julio de 2026

21 de julio de 2026

6 de octubre de 2025

CHACHO Y MI BITÁCORA PERSONAL DEL OLVIDO

Lorena Álvarez

@Lualvarez
Dossier Chacho
Tiempo de lectura: 7 minutos

1

La cantidad de chistes que he hecho con amigos sobre “frepasismos tardíos” es, quizás, directamente proporcional a lo frepasista que fuimos. Y ser frepasista incluye, en muchos casos, no militar políticamente, pero abrazarnos a todo el mundo que eso representaba. Algo que los noventa dejó escondido en el placard en pos de poner en alto esa anomalía de “fiesta para pocos” permanente que acabó tiñendo la pintura sobre esos años.

Habitualmente puedo escribir más sobre ese dorado ocaso que fue el menemismo como fenómeno porque quizás no me afecta en absoluto, nunca simpaticé con él. Pero pensar y escribir sobre lo doloroso que fue en lo personal esa etapa hace que me cueste más. Las consecuencias económicas de esos años hacen que el olvido funcione como anestesia y en ese olvido, por ahí, escondemos todo aquello en lo que creímos. Y quizás Chacho Álvarez sea uno de esos personajes en el que se dificulta adentrarme. En general, las cosas del pasado que apreciamos se guardan con cuidado.

Haber sido adolescente y joven en los noventa para muchos, me incluyo, es haber recorrido varios mundos en paralelo. Un multiverso antes que se ponga de moda la palabra multiverso. La caída del muro, el escepticismo, la apertura a consumos dolarizados, empezar la vida nocturna a corta edad (desde boliches under, a espacios de rock o discotecas glamorosas, entre las variantes para satisfacer todos los gustos), las marcas de ropa que dividían a los que podían y los que no, como alguna de las tantas y variadas características de una generación que mayoritariamente sentía que la lucha era cruel y mucha y prefería ir a bailar o colmar recitales en su tiempo libre a intentar cambiar el mundo. Cuando no se trabajaba flexibilizado por dos mangos. El mote de escépticos parecía que lo teníamos bien ganado mientras el fin de la historia nos aplastaba la cabeza.

Hacia dónde íbamos a ir nadie lo sabía. El cómo, otra incógnita. Lo que sí quedaba claro era el contra quién

Compartir:

La política siempre me pareció atractiva. Leer desde chica, escuchar radio y prestar mucha atención a la tele era mi acercamiento para entender el mundo que me esperaba. Con un plus muy ridículo y personal: nacida en el seno de una familia de bonaerenses, con pinceladas de varias provincias, fui la primera de la familia en nacer en Caballito, lo cual me hizo ganar el mote de porteña desde la más temprana infancia y, se sabe, lo que introyectan de muy pequeño se tatúa a fuego: era la urbana del clan, lo cual me hizo amar las luces del centro ni bien me las mostraron a cortísima edad.

Si bien era una familia muy informada y politizada en sus gustos mediáticos siempre estuvieron muy ocupados en su cotidianidad para militar. Casarse lindando la adolescencia y tener prole rápido tiene esos escollos. Pero el anti menemismo fue otra de las marcas de agua con las que me sellaron. Es que fueron tiempos donde muchos se amucharon en la desolación de una nueva situación sentimental: gente que no era antiperonista (o peor: aún peronistas desilusionados) oponiéndose al peronismo gobernante. Dando forma a un momento histórico novedoso, Menem había mancomunado a peronistas y antiperonistas en su contra. Hacia dónde íbamos a ir nadie lo sabía. El cómo, otra incógnita. Lo que sí quedaba claro era el contra quién.

Aunque tal vez “el durante” haya sido el momento más confuso para explicar, inclusive, hoy en día. Pero explicarlos o explicarme sin ese torbellino mediático que fue Carlos Álvarez es muy difícil. Es que Chacho fue el hombre que le hablaba a la gente entendiendo la tele y los medios, una de mis pasiones, en tiempos donde la política nos fue más cómoda de transitar frente a una pantalla, al menos en el primer lustro del menemismo. En la segunda parte nacieron los piquetes y la gente en la calle volvió a poner el cuerpo ante los despojos. Pero su preponderancia mediática es imposible no remarcarla: sentó las bases que llegaron al día de hoy nos guste o no (nos gobierna un panelista).

Una época en la cual, se supone, estábamos mayoritariamente despolitizados, pero consumimos, como pocas veces, mucha política por vía mediática

Compartir:

2

Se ha dicho hasta el hartazgo que los noventa fueron la década frívola, nos cansamos de desmenuzar cada tilinguería que se puso de moda y se consumió, pero poco se ha hablado de su contraparte: el anti menemismo. Que no solo fue una postura frente al gobierno de Menem sino también un gran lazo estético-cultural que unió a un insólito mundo de opositores. Aunque nadie ha resumido mejor que León Gieco en su hit “Los Salieris de Charly” a los “comunes” anti menemistas de esa época: “Queremos ya un presidente joven

que ame la vida que enfrente la muerte. / La tuya, la mía, de un perro, de un gato / de un árbol, de toda la gente. / Compramos el Página, leemos a Galeano, / cantamos con la Negra, escuchamos Víctor Jara. / Dicen la juventud no tiene / para gobernar experiencia suficiente. / Menos mal, que nunca la tenga. / Experiencia de robar. / Menos mal, que nunca la tenga. / Experiencia de mentir”.

Y en esa canción podríamos poner el retrato de Chacho, que representaba para muchos esa bocanada de aire fresco. Una época en la cual, se supone, estábamos mayoritariamente despolitizados, pero consumimos, como pocas veces, mucha política por vía mediática. Los años de Página 12 como diario de culto, de Jorge Lanata como el faro periodístico para los más jóvenes, y de programas periodísticos que hicieron historia y tuvieron hijos exitosos.

Si Bernardo Neustadt era la cara periodística del neoliberalismo oficialista, su ex socio en Tiempo Nuevo, Mariano Grondona, era el rostro de un cierto progresismo televisivo. Un milagro, ya que Grondona había sido durante años catalogado como un admirador de golpes, del que incluso se lo acusaba de escribir discursos militares. Pero, luego de su divorcio televisivo de Neustadt, y gracias a una famosa autocrítica frente a cámaras, fue “perdonado” por el público que le permitió relanzar su carrera.

Chacho fue cambiando, pero muchos de nosotros también. La convertibilidad era el drama, pero tocarla implicaba importunar a mucha gente, que no soportaba los modos menemistas, pero así y todo bancaba ese yunque anti productivo del “un peso, un dólar”

Compartir:

Quizás cómo bien le espetó en su ciclo “Hora clave”, el Turco Asís de manera irónica en pleno debate frente a Lanata: “Si, creo que Menem hizo milagros: convirtió en demócrata a Aldo Rico, convirtió, por ejemplo al profesor Grondona, que sea considerado progresista, cosa que me parece muy bien, a veces lo veo con Verbitsky de la mano como Hansel y Gretel”.

Si el peronismo estaba copado por el neoliberalismo, si los radicales aún eran tildados de llevarnos al fracaso, ante tanta orfandad ideológica, fue casi natural ampararse en el progresismo. Y Chacho, también fue parte en lo cultural de ese estilo. Hace poco recordábamos a Tato Bores cuando sufrió un intento de censura en su programa y fue apoyado por un nutrido grupo de artistas y gente de los medios. La gente y sus artistas en la cúspide de las esperanzas.

Esa imagen también fue parte de la época que años más tarde al ser releída deja en claro lo fácil que fue ser antimenemista y lo difícil que terminó siendo, tiempo después ubicarse, para muchos, frente al kirchnerismo. La corrupción y el anti republicanismo fueron hits frepasistas que cantamos casi todos. Gracias a la verba de Álvarez.

3

Del Frente Grande del primer lustro donde todo era nuevo a la derrota frente a José Octavio Bordón en la interna presidencial del 95 llegando al vendaval de votos cosechados por Menem en su reelección ese mismo año trajo nuevos cambios. Chacho fue cambiando, pero muchos de nosotros también. La convertibilidad era el drama, pero tocarla implicaba importunar a mucha gente, que no soportaba los modos menemistas, pero así y todo bancaba ese yunque anti productivo del “un peso, un dólar”. A esa altura ya independizada de mi casa, con los apagones como forma de protesta ya no me alcanzaba.

La formación de la Alianza, la posterior fórmula con Fernando de la Rúa, encabezando la lista, fueron las imágenes que se iban superponiendo mientras todo se hacía añicos e intentábamos sobrevivir. Por mi parte iba cerrando de a poco una etapa: me despedía de los años de ilusión. Mi madre de origen familiar peronista se reperonizada en modo votar a Duhalde y Ortega. El desastre económico, entre otras muchas cosas, desarmó a mi familia original y mi mamá empezaba una nueva vida en su barrio natal. Nada, nada quedaba de esa zona de trabajadores fabriles donde había nacido y eso fue clave en su cambio de postura. A mí me costaba renunciar a las ilusiones, pero no tardaría en hacerlo.

Si el peronismo estaba copado por el neoliberalismo, si los radicales aún eran tildados de llevarnos al fracaso, ante tanta orfandad ideológica, fue casi natural ampararse en el progresismo

Compartir:

El 6 de septiembre del 2000 amaneció como un día de derrota personal: me estaba terminando de mudar de vuelta a Ballester. Pero ni siquiera a la zona donde me había criado, la céntrica, sino a una parte que me era ajena, ubicada apenas a treinta cuadras de distancia de donde crecí. Pero a kilómetros de mi mundo. Siempre me quedó más cerca el Obelisco que esa parte del barrio.

Hacía un par de años que había podido cumplir el sueño de ser una auténtica porteña: vivía en la Capital. Pero la crisis hizo insostenible mantenerme allí y tuve que volver. También, como mis padres, me casé joven. Así que me volví al conurbano pero esta vez con un porteño que antes de abrir las cajas desperdigadas en la nueva casa ya había conectado la tele. Ni bien la encendió, la irrupción del Chacho anunciando su renuncia a la vicepresidencia fue la señal que faltaba para entender que el sueño progre se había terminado.

Tendría otros sueños más adelante pero nunca volvería a ser la misma. Es que la cantidad de chistes que he hecho con amigos sobre “frepasismos tardíos” sea, quizás, directamente proporcional a lo frepasista línea Chacho Álvarez que fui.

Dossier Chacho