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04 de julio 2021

Marco Mizzi

BRINDIS POR PANAMÁ SANTA FE

Tiempo de lectura: 2 minutos

En la escuela nos enseñan que los cartógrafos dieron a Santa Fe la forma de una bota. Pero, en realidad, es una cuña. Desciende como un rayo desde el litoraleño Chaco austral para irrumpir en la siempremisma Pampa, justo entre Buenos Aires y Córdoba, entre el Puerto y el Interior.

La cuña tiene, como todo símbolo, dos polos o funciones: puede separar un objeto de otro pero también es lo que los mantiene unidos. Es tanto el cincel como el clavo. Es este último sentido el que Invencible se dio a sí misma. La cuña llamada Santa Fe es una cuna. Del Virreinato del Plata, de la Bandera confederada, de la Constitución, de la mejor cumbia, del buen fútbol. También de un yuyo clave en la Historia nacional. Que no es la soja. Hablamos del mío mío, que fue usada como un arma por la Federación, y que acaso inspiró a Carlos Salvador Bilardo durante un partido del Mundial de 1990.  

"La nueva sección “Santa Fe” de Revista Panamá, que generosamente se nos invita a inaugurar, quiere calzarse ese poncho tejido por la astucia guerrera de López. Un paño donde se entremezclan política con pedagogía, conocimiento de la tierra con picardía criolla. Queremos meter la Cuña Invencible en la discusión nacional."

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En 1829 Lavalle invadió Santa Fe. El gobernador Estanislao López no le presentó combate. Lo dejó avanzar. De a poco, como temeroso, empezó a mandar algunas partidas hacia el sur, con la orden de verduguear al enemigo lo justo y necesario y enseguida retirarse. Los unitarios, cebados por la confianza en su número y arsenal, siguieron a los gauchos tierra adentro. Cerca de Carrizales, las escaramuzas se detuvieron de súbito. Los de Lavalle suspiraron: habían llegado desde el Pergamino preparados para la guerra, no para jugar a las carreritas. Desensillaron. Podemos imaginar que, ya con las piernas estiradas, celebraban por anticipado la victoria. Pusieron a los caballos a pastar. Pero en esos campos lo que crecía no era gramilla: el mío mío, o romerillo, es un arbusto perenne, cuyas hojas cohabitan en perfecta simbiosis con un hongo tóxico. La ingesta de este hongo es fatal para el ganado. A las pocas horas todos los caballos porteños estaban muertos. Las tropas federales sólo tuvieron que acercarse con sus caballos debidamente embozalados, presentar armas, y cosechar la victoria.

La nueva sección “Santa Fe” de Revista Panamá, que generosamente se nos invita a inaugurar, quiere calzarse ese poncho tejido por la astucia guerrera de López. Un paño donde se entremezclan política con pedagogía, conocimiento de la tierra con picardía criolla. Queremos meter la Cuña Invencible en la discusión nacional. Que los Lavalle sigan dale que dale, rumiando mío mío. Vamos por una Argentina nuestra, nuestra.

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