22 de julio de 2026
Ciertas circunstancias pueden llevar a los actores políticos a encontrarse en la disyuntiva sobre si deben permanecer estáticos o si, por el contrario, deben dar un salto de relevancia. Tal dilema se intensifica, aún más, cuando existen factores críticos que se prolongan en el tiempo. Mantenerse inactivo ante las circunstancias, puede resultar un retroceso; sin embargo, dar un salto de protagonismo conlleva afrontar costos económicos y militares que no todas las sociedades están dispuestas a asumir.
En la actualidad, Brasil se encuentra afectado por dos procesos que lo condicionan dentro de su área de influencia: a) al oeste, la conflictividad con los pueblos originarios que objetan la noción de organización estatal en los países limítrofes de la frontera andino-amazónica; b) al norte, la inestabilidad política de Venezuela. Ambos factores operan en contra del orden regional y en un área de particular sensibilidad para Brasil: el Amazonas. El primer conflicto, descompone la coexistencia armónica entre sociedades en determinados territorios del costado andino; y el segundo, actúa como plataforma operacional de potencias extrarregionales, en el territorio que Brasil necesita velar para ser reconocido como potencia global.

La cuestión venezolana arroja a Brasil a evaluar si está en condiciones, o no, de ser una potencia regional, capaz de equilibrar los hechos políticos ocurridos en Caracas y que pueda, por lo tanto, estabilizar la sección norte del Cono Sur. Pero, ¿está dispuesto a asumir los costos e inversiones que significa ser una potencia regional?¿Está en condiciones de discutirle a China, Rusia e Irán la influencia sobre Venezuela, teniendo en cuenta las consecuencias que puede significar en los BRICS, en su comercio y en su seguridad nacional?
La autoridad de Brasil se dejó ver en el conflicto de Venezuela con Guyana por la zona del Esequibo, área con importantes reservas de petróleo. El Presidente Lula actuó más allá de los meros instrumentos diplomáticos. Ordenó a sus fuerzas armadas un desplazamiento a la zona fronteriza norte para disuadir a Caracas de que una operación militar era desaconsejable. Unidades de infantería, mecanizados, cazas interceptores y naves de la armada, en escala reducida, se movilizaron a la zona en tensión y así, el gobierno venezolano archivó cualquier intento mínimo de agresión.
Brasil tiene una relación de confianza mutua con Washington que se remonta hasta sus orígenes coloniales
Una lectura geopolítica del mapa regional, nos muestra que tanto Guyana, Guyana Francesa, como Surinam, son territorios que ofician de “estados tapón” entre Venezuela y Brasil. Este último los instrumenta como colchón de seguridad y a partir de ahí poder proyectar su influencia en el sur del Mar Caribe.
Ahora bien, si Brasil pretende consolidarse como un protagonista del orden global, no debería permitir la injerencia de potencia extrarregionales sin su beneplácito. Debería, por ejemplo, imitar a la India en el modo que defiende su soberanía regional y el control marítimo que tiene sobre el Océano Índico para marcar al mundo cuál es su espacio de influencia.
Por tal motivo resulta importante advertir que Brasil tiene una relación de confianza mutua con Washington que se remonta hasta sus orígenes coloniales. Este vínculo se vio reforzado y renovado por los acuerdos de Franklin Roosevelt y Getulio Vargas en enero de 1943, durante la II Guerra Mundial, y fue sostenido por los diferentes gobiernos hasta la actualidad.
Así mismo, debemos tomar en consideración que EEUU se enfrenta al desafío de lidiar con una alteración de su influencia en su propio continente y en este caso particular en América Central y el Caribe . Por lo tanto, es de esperar que implemente medidas para corregir su desacople. A partir de ahí, se puede conjeturar que los EEUU ofrezca a Rusia y China una negociación donde todos obtengan lo deseado… ¿Similar a la crisis de los misiles de 1962? En tal caso, sería reemplazar Cuba por Venezuela y Turquía por Ucrania.
Brasil es nuestro aliado estratégico más importante con el que compartimos un espacio continental común y a su vez, confluyen nuestras proyecciones en el Atlántico Sur y la Antártida
La historia nos lleva a pensar que, desde hace tiempo, Estados Unidos intenta depositar en Brasil la autoridad ordenadora de Sudamérica. Para que pueda asumir este legado, debe ejecutar acciones de carácter político en la región que lo lleven a un destino de mayor incumbencia en los asuntos internacionales de cercanía. Por lo tanto cabe preguntarse si el conjunto de las fuerzas estatales, los sectores económicos y sociales que componen su estructura de poder, confluyen en la misma concepción para ejecutar las acciones políticas que se requieren.
En este punto debemos tomar en cuenta que, sin una dirección colectiva, será muy difícil implementar una estrategia de alcance regional, totalizadora, que le permita a Brasil ser un actor considerable en un escenario global. Nuestro país tiene su destino atado a la región. Nos involucran coincidencias que van desde lo geográfico pasando por lo histórico hasta lo económico-comercial. Brasil es nuestro aliado estratégico más importante con el que compartimos un espacio continental común y a su vez, confluyen nuestras proyecciones en el Atlántico Sur y la Antártida. Es imposible una disociación mutua por una razón central: tenemos una continuidad geográfica compartida que va desde la Pampa Húmeda hasta el centro de Matto Grosso, extendiéndose, también, a los Estados Gaúchosdel Sur. Son más de 1236 km de frontera común que no hacen más que unir nuestros destinos políticos dentro del continente sudamericano.

El Mercosur, es la política común compartida y Brasil nunca se desprendió de la región, y si lo hiciera, ¿a dónde iría? En la historia de Itamaraty se considera a la política internacional del Brasil como la del cangrejo: desplazarse hacia atrás, sin embargo, nunca alejar la mirada en el continente. Su política regional no fue separatista porque siempre consideró, a partir de la doctrina de su patrono en diplomacia, el Barón de Rio Branco, que su fortaleza se definía unido al continente. En esta cuestión, las fuerzas armadas brasileras tienen acabada opinión estratégica en materia regional. Llevan adelante tres hipótesis de conflicto en la geografía continental: i) el Amazonas, ii) el Caribe y iii) la frontera Amazónica-Andina. Pero a diferencia de las recién mencionadas, su frontera al sur con Argentina es considerada espacio de paz y se descarta toda amenaza de índole militar. Fortalece esta postura la consideración, dentro de su doctrina de defensa, de que el Mercosur es un acuerdo garante de paz, más que un tratado comercial. Consecuentemente, romper el Mercosur significa el renacimiento de nuevas amenazas que las fuerzas brasileras no quieren volver a tener ni recrear, según consta en varios de sus documentos oficiales.
Nuestra responsabilidad en el ordenamiento regional debe ser cooperativa con Brasil y el actual gobierno argentino debe abandonar los contenidos líquidos de adeciones superfluas y pasar a la política de soportes físicos sólidos. Se torna necesaria una colaboración mutua en el ordenamiento de la región. El presente y futuro promisorio comienza, ante todo, en nuestra área de pertenencia geográfica para extenderse luego a los espacios de cercanía, la región sudamericana, el hemisferio y la esfera global.



