Un momento...

08 de julio de 2026

08 de julio de 2026

11 de enero de 2026

ARISTOCRACIA, TILINGUERÍA Y NACIÓN: ENTREVISTA A VICTORIA LIENDO

Pedro Yagüe

@peyague
Entrevistas Panamá
Tiempo de lectura: 9 minutos

¿Te gustaría ver tu novela traducida?

Me muero de ganas, y al francés. Sí, ¡que lean, hijos de puta! Que lean todo lo que me hicieron.

¿En qué momento de “lo que me hicieron” viste que había una historia para contar?

Nunca. Me espanta un poco cuando leo el libro. Hay partes que digo, ay, pero… ¡señora, cálmese! O sea, ¡qué intensidad! Pero bueno, es algo que sale. Hay algo creativo en la cólera, que a la vez es muy gracioso. A todos nos gusta la parte de la película en la que se putea. El otro día, por ejemplo… Te cuento un chisme. Era 31 de diciembre en Retiro y me encontré a Alan Pauls en la fila del Plusmar.

Una imagen de este momento del país: Victoria Liendo y Alan Pauls yendo a la costa en un Plusmar.

Yo estaba inflamada de odio. Primero, porque la idea de tener que cohabitar en espacios abiertos con gente alrededor me parece atroz. ¡Encima el calor que hacía! Y una viene y me dice: “Plusmar es una mierda. Va a salir, pero va a tardar una hora más”. ¿Qué estamos… en el purgatorio? O sea, ¿dónde termina y dónde empieza esto? ¿Hasta cuándo se puede abusar de una persona? En el medio de eso, con un malhumor… lo veo. “¡Alan Pauls!”. “Sí. Sí”, y me mira. Ya cuando me mira… o sea, subo una story y el primero que la ve es Alan Pauls. Y me mira como si no me conociera. “Victoria Liendo soy”. “Ah, hola”. Le digo: “¡Alan Pauls! ¡Yo leí todo de vos! ¿Quién fue tu escritor, quién fue tu Alan Pauls?”. Y me dice: “Manuel Puig”. ¡Pará! ¡Bancá! Trancu, Alan.

Él cuenta que viajó a Brasil a conocerlo. Y que no fue la experiencia que imaginaba.

No, ni la sabía. Entonces, queriendo armar complicidad, le hablo en francés. Le digo en francés: “¿Qué es esta multitud de gente? ¿Qué es este calor de mierda? ¿Por qué el chofer no arranca?”. Y el tipo me ignora. ¡Me ignora! Íbamos en el mismo colectivo. Subo, me siento en mi lugar, tuc tuc tuc, saco el teléfono y le escribo por Instagram. Ahí me doy cuenta de que todos los chats son míos, que yo le respondo cosas y él nada. Entonces le pongo: “Alan, acá desde  el asiento 3. Me gustaría regalarte Besos, no (novela)”. No me responde. Le escribo por Whatsapp. Tampoco me responde. Ahí nomás abro Twitter y arranco: “Pero qué pelotudo que es Alan Pauls, ¡no lo puedo creer! Se hace el que no me conoce cuando me mira todo. Encima es kirchnerista”. No lo digo así, pero más o menos. De golpe veo que me contesta por Instagram: “estoy en el 17, vení a traerme tu novela”. ¡No la tengo encima, Alan! ¡O sea, no ando con un librito por si me encuentro con un escritor medio europeo! Igual le respondo: “No la tengo acá. Te escribí por wa (stalker). Te trolleé por Twitter (graciosa). Me mata que seas kuka, pero me fascina que seas Alan Pauls”. No me respondió nada. La verdad que es un gran escritor, pero me mata que sea kuka. En Twitter vi unas cosas tremendas. Una solicitada firmada que dije: ¡Oh my God, Alan!

Yo me re identifico con Victoria (Ocampo). Pero hay algo de Victoria que no me va, que nada que ver. No me gusta esa distancia que manejan las clases tan altas. Soy más bestia en eso.

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Algo que aparece en esta historia y también en Besos, no es el borroneo de la realidad. Está en los celos, en el amor, en la fobia, en el odio.

¿Pero fue borroso lo de Alan Pauls? Me parece muy claro: la fila, el calor, el Plusmar. Quizás tengo un problema de percepción. Mi padre siempre lo dice. ¿Qué habrá pasado en realidad? Igual él me ghosteó. Podría haberme respondido y no me respondió. ¡Y es un tilingo!

Otra cosa común entre Alan Pauls y la narradora de la novela es la fantasía aspiracional con respecto a Europa. Incluso en esas diferencias entre un kuka y una anti kuka persiste ese sueño aspiracional de las clases media altas y altas porteñas.

Ser uno más allá. Ser de todas partes. ¡Ciudadanos del mundo!

Viñas hablaba de un “ser para y desde Europa” en los escritores argentinos. Se celebran traducciones, reseñas inglesas, dar clases afuera…

Viñas sí me gusta. Siempre lo disfruté mucho. Pero no sé, en mi vida no se dio así. Por ejemplo: yo salía con un chico que era barra brava de River, que claramente andaba en cosas turbias.

¿Qué año?

Esto habrá sido en el 2002.

¿La banda del Yogurt? ¿La barra de los hermanos Schlenker?

¿Qué es eso? Por ahí estuve en eso y no lo sé. Es probable. O sea, él me había comprado un equipito polar y a mí me encantaba, lo usábamos para ir a la cancha. El barra era un adonis total. Yo estaba re enamorada, pensaba que íbamos a formar una familia. La cuestión es que este pibe, cuando se iba a hacer sus cosas, me encerraba en la casa “por seguridad”. Como yo no tenía llave, me quedaba encerrada en ese departamento. Y tenía una televisión que funcionaba en un solo canal. En ese canal daban la película de mi gran sueño europeo: Only You con Marisa Tomei y Robert Downey Jr. No sé si la viste, pero es mi vida. Vi esa película desde ese departamento encerrada, en el fondo de no sé qué parte de Buenos Aires. Y me di cuenta de que quería vivir en Europa, enamorarme allá, casarme con el príncipe. Quería llegar a tocar ese sueño. Para mí Europa era eso. No la cultura.

En toda tu novela hay dos polos. Por un lado, Lucien y París; por el otro, Buenos Aires y el padre de la narradora. Buenos Aires y el padre es de donde la narradora se va y es a donde vuelve. En ese retorno que narrás, ¿se desarma el sueño tilingo de validación en Europa? ¿O persiste desde acá?

No, no. Se convierte en Emily in Paris. Es been there, done that. Es como: “mirá cómo te gané”. O sea, ¿the house always wins? Todo lo que vi, todo lo que pasa en la serie, lo hice. Anduve con la moto, en la péniche, acá, allá. Corrí en el andén persiguiendo al vagón que se llevaba al chico que me amaba con locura. O sea, hice todo, todo. Todas las escenas las cumplí. Agoté el sueño europeo y volví.

Son una porquería las clases altas argentinas. Son el gran problema de la Argentina. Yo siempre critiqué a la clase alta, a nuestra clase alta. La clase alta es muy boluda. Eso te lo tengo que dar. No financian la cultura porque no entienden el valor que tiene lo que hacemos. No entienden de dónde vienen

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Hay una escena de Besos, no que revela el fondo más frágil de ese sueño europeo: cuando la narradora arma complicidad con unos africanos. Ahí es como si hubiera una conexión mucho más cercana con ellos, desde el odio y el desprecio, que con cualquier francés.

Totalmente, sí. Es algo que mi padre no entiende. Mi identificación con la inferioridad es total en Francia. En ese sentido, es una novela muy peronista.

Tu tesis doctoral es sobre Victoria Ocampo y Witold Gombrowicz, que tienen dos formas diferentes, casi opuestas, de entender lo aristocrático. Besos, no es un libro muy Ocampo y poco Gombrowicz. Salvo por ese momento con los africanos. Ahí aparece la aristocracia marginal, la inversión de lo alto por lo bajo.

Lo que pasa es que es una doble identificación. Por un lado, yo me re identifico con Victoria. Pero hay algo de Victoria que no me va, que nada que ver. No me gusta esa distancia que manejan las clases tan altas. Soy más bestia en eso. Por eso con Gombrowicz también me identifico mucho. Esa cosa de ser el inadaptado, de sentirte mucho más cómodo en la cocina que en el salón. Cuando Gombrowicz le dice al príncipe: “¿usted cree que yo soy lo suficientemente distinguido para hablar con usted?”. Y se caga de risa el príncipe, porque, ¿quién le va a decir eso? Nadie. Pone en evidencia lo ridículo y lo verdadero. ¿Por qué dos personas que son iguales no van a poder hablar en pie de igualdad? ¿Por qué va a ser más importante el príncipe, cuando Gombrowicz es más inteligente? Pero el príncipe es el príncipe. O sea, no gana ninguno.

Besos, no puede ser leída como una imagen de las clases altas, de sus fantasías, de sus frustraciones. Y en eso siempre hay un juego del adentro y el afuera, de lo argentino y lo extranjero. ¿Hay alguna idea de nación que te interese?

¿En qué términos? A ver… decir patria para vos es de derecha, ¿no? A mí me emociona la patria. Hay gente a la que ya no le importa más.

A los kirchneristas también les emociona la patria, dicen “la patria es el otro”. 

Claro, a los kirchneristas les emociona la patria.

Te estoy encontrando cosas en común con el kirchnerismo, con Alan Pauls.

No, no. No divaguemos. Con Alan Pauls nada.

Por lo pronto hay un Plusmar. Y un ojo mirando hacia otro continente.

Él es tilingo en eso. Yo, como bien notás, no soy nada tilinga. Yo fui detrás del sueño de Only You. Fui detrás de un nombre. El nombre es Europa y en Europa sucede todo. En Europa te pasan las cosas. En Europa te perdés y encontrás el amor.

¿No es medio tilingo ese sueño?

No es tilingo en el sentido de que no se está buscando ascender. ¿Querer casarse es de tilingo?

Querer casarse en Bordeaux sí. ¿Para vos qué es tilingo? Es un término que aparece mucho en tu novela. Es un tema de tu literatura.

Para mí tilingo es cuando a vos te importa más el póster que tu lugar en ese póster, que tu relación con ese póster, ¿entendés?

Vuelvo a la nación. ¿Qué idea te interesa a vos? Porque sos una mina con posición política, sos editora de Seúl. Y no se puede pensar la política sin pensar una cierta idea de nación.

A mí la tradición argentina me vuelve loca. Es mi pasión. Ahora me dormí una siesta leyendo Arlt. ¿Por qué? Porque estoy (estamos con Del Carril) escribiendo una novela con un personaje que se llama Tobías que tiene una mentalidad un poco lumpen y lo quiero agarrar bien. 

¿La idea de nación que más te convoca tiene que ver con la cultura?

Sí, esa es mi nación. Para mí la nación son los libros. Son las historias. Los árboles que están acá. La sombra abajo de las cuales todos nos juntamos. El río de un lado, el sur para el otro.

Ahí volvés a ser muy Ocampo. Gombrowicz, en una parte de su diario, dice que el canillita tiene más estilo y gracia que todos los escritores de los suplementos de la revista que vende.

Tiene razón también. La gracia del canillita dura hasta hoy. La gracia del argentino está y no se puede separar en clases.

Cuando Gombrowicz le dice al príncipe: “¿usted cree que yo soy lo suficientemente distinguido para hablar con usted?”. Y se caga de risa el príncipe, porque, ¿quién le va a decir eso? Nadie. Pone en evidencia lo ridículo y lo verdadero. ¿Por qué dos personas que son iguales no van a poder hablar en pie de igualdad?

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¿Coincidís en que las clases altas argentinas están menos formadas que las clases medias?

Obvio. Son una porquería las clases altas argentinas. Son el gran problema de la Argentina. Yo siempre critiqué a la clase alta, a nuestra clase alta. La clase alta es muy boluda. Eso te lo tengo que dar. No financian la cultura porque no entienden el valor que tiene lo que hacemos. No entienden de dónde vienen. No entienden que son el resultado de tradiciones. Que son un trozo de libros que no leyeron. O sea, son ignorantes, son brutos, son egoístas, son unos imbéciles. “Élite” no es una mala palabra, deberíamos tener una gran élite y no los pelotudos que tenemos. Por ejemplo, lo que hace Pablo Braun es impresionante. Usó mucha guita (¡propia!) en algo muy bueno. Armó cosas que antes no existían. El Filba, Eterna Cadencia, las otras nuevas librerías que tiene, los ciclos que arma, la fundación. Lástima que se identifique con un perfil kirchnerista que lo detesta. Su propia obra va en contra. Él mismo anula su obra con su posición política. Pero su obra es magnífica.

¿Y vos pensás que esa posición la sostiene porque es lo que verdaderamente cree o porque es lo que garpa en el mundillo en el que armó poder?

No lo entiendo. Pero es alguien que sí invierte en cultura, cuando nadie lo hace. Y queda invisibilizado porque nunca lo van a llamar del otro lado. De este lado, tiene todo por delante pero le dará cringe. Propongo abrazar el cringe y florecer.

¿En qué sentido podría ser leída políticamente tu novela?

Como una reivindicación de la patria. Como una reivindicación de la cultura argentina con todas sus particularidades, con todas sus excentricidades, con todos sus excesos. La cultura argentina como una fuerza creadora, avasalladora, magnífica, única, con un brillo propio que no se parece a nada. Para mí es un poco eso. ¿Qué otra cosa es París si no un sueño argentino? Vos tenés que tener tu jardín secreto, tu mundo interior y tu gente. Tu lenguaje, lo que te hace reír. No hay nada más fuerte que el afecto. No tengo ninguna idea que sea más fuerte que el afecto que siento por los olores, por las cadencias, por todo lo que es cursi, por lo que nos gusta de nuestros abuelos. Ese modo lo veo muy argentino. Es como estar en una. ¿Quién no quiere estar en una? Es como vivir enamorado. ¿Quién no quiere vivir enamorado?

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