Un momento...

02 de julio de 2026

02 de julio de 2026

2 de julio de 2026

SOLOS Y DESOLADOS

Elena Mariani

@TROYANA5556
#MedioSiglo
Tiempo de lectura: 4 minutos

Se cumplieron cincuenta y dos años de aquel día de julio en el que murió el General Perón. Evoco aquel día y los siguientes con particular nitidez, quizá por el impacto de un acontecimiento que iba a marcar en forma definitiva nuestro porvenir o mejor dicho nuestro malvenir.

Estábamos, como casi siempre, en mi casa familiar, uno de los lugares elegidos por la banda de amigos y compañeros de colegio, club, barrio y por esos días ya varios convertidos al peronismo de la juventud maravillosa. Mi viejo Elías -un antiperonista buen tipo e ilustrado, aventurero que había emprendido a sus veinte años un viaje como tripulante en el velero que daría la vuelta al mundo, le tocó presenciar la batalla del Rio de la Plata y ser intérprete entre las autoridades uruguayas y los protagonistas de aquel evento inesperado para los nautas que atracaban en el puerto- ese día nos dijo a todos los que nos preparábamos para ir al velatorio del General: “Muy inoportuno Perón en morirse justo ahora, los deja solos, los van a matar a todos…”. Como siempre, creímos que era parte de sus habituales humoradas y no supimos hasta muy poco después la verdad de aquella sentencia. Todavía quedan algunos amigos y amigas que recuerdan su particular humor y la hospitalidad y gentileza con que eran recibidos.

Apenas habían transcurrido dos meses de aquel Primero de Mayo en el que desafiamos la consigna impartida de concurrir sin banderas ni pancartas que indicaran pertenencia a alguna organización. En aquella casa familiar y en mi habitación que daba a la calle -y en la que muchas veces salíamos e ingresábamos por el balcón con elementos que no debían ser vistos por el resto de la familia-, allí preparamos las banderas y las letras en cinta aisladora que formaban la palabra Montoneros, las vinchas que se ponían del revés que tenían la misma impresión. Y pasó lo que ya sabemos, ¿nos echaron o nos fuimos? Solo guardo la sensación de una ola que se movía hacia la salida en forma violenta, corrimos por Diagonal Norte y Avenida de Mayo para llegar a las decenas de micros que nos llevarían de vuelta. En el camino hubo palos y agresiones que no escalaron sólo porque Perón siguió hablando después de los calificativos de imberbes y estúpidos con los que fuimos beneficiados.

Pese a ese enfrentamiento y el cambio en las relaciones con el gobierno y el notable avance de la derecha y los grupos sindicales leales a rajatabla, nuestro accionar esos dos meses siguió y la muerte nos sorprendió en un clima que los que militábamos en el ámbito barrial veíamos crecer en tensión e incipiente persecución. ¿Podía ser posible lo que nos había vaticinado Elías? ¿Era Perón el dique de contención de la masacre? Teniendo en cuenta los que fue aconteciendo a partir de su muerte se podría afirmar que sí, los grupos parapoliciales, CNU y la triple A no tardaron en regar de muertos en especial en nuestra ciudad de La Plata.

De aquella marcha interminable e infructuosa por llegar a ver el féretro del General en el Congreso Nacional guardo algunas anécdotas. La columna de la tendencia era enorme y era permanentemente boicoteada por otros grupos que impedían el avance. En un momento de la noche con dos amigos nos sentamos en las escalinatas del Colón que fue donde la columna estuvo inmóvil varias horas. Ahí nos dormimos los tres en un abrazo. Y cuando despertamos estábamos en medio de la columna de la Juventud Sindical y los que llamábamos la Jota Perra, todos con un gran palo en las manos, se reían y hacían chistes sobre los montoneros, uno que quedó grabado en mi memoria—“Ahí va el circus show de Carlitos Caride, ¿los matamos ahora o esperamos unos días?”-. Se referían al dirigente peronista Caride que encabezaba y conducía una de las columnas de la Juventud Peronista, justamente la nuestra, que había avanzado unos metros, pudimos salir, pero el miedo lo puedo volver a sentir cada vez que lo recuerdo.

El frío de esa madrugada del 2 fue intenso, pero se sumó un diluvio que nos empapó y agravó ese estado de desolación  que sentimos todo el tiempo allí y por muchos años. Con Roque, a quien se llevó la larga noche de la dictadura, a las 6 de la mañana y viendo que jamás llegaríamos nos fuimos caminando por la 9 de Julio hasta Constitución donde tomamos el tren a La Plata. De los días posteriores solo recuerdo la neumonía que adquirí y que por mis diecinueve años y mi buena vida pasé sin mayores inconvenientes.

¿Podía ser posible lo que nos había vaticinado Elías? ¿Era Perón el dique de contención de la masacre? Teniendo en cuenta los que fue aconteciendo a partir de su muerte se podría afirmar que sí

Compartir:

No puedo escindir la evocación de la muerte de Perón con la figura de mi padre, Elías, del que tanto aprendí, el que me ayudó a escapar sin reproches, como si hubieran sido contrincantes en mi destino, ese Perón al que tanto se parecía él físicamente y muy a su pesar. Y su gusto por los cuentos ingleses que me contaba en los primeros años de mi vida, y el cine con él, y los versos de Manrique que repetía como una letanía:

“Pues si vemos lo presente / como en un punto que es ido y acabado. / Si juzgamos sabiamente / Daremos lo no venido por pasado.”

Ya estoy en el futuro, lo no venido ya ha venido y quizá ellos permanezcan como en La Invención de Morel en un mundo paralelo o en el más allá mirando lo no venido.

(Fotos de la autora sobre muestra de Sara Facio.)

#MedioSiglo