Un momento...

19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

23 de mayo de 2026

LA CORRIENTE ARRASTRA A TRUMP

María Constanza Costa

@constanzacost
Mundo
Tiempo de lectura: 5 minutos

A medida que el conflicto se acerca a su tercer mes, la sensación de estancamiento se vuelve más evidente. Lo que comenzó como una serie de ataques puntuales se transformó en una confrontación prolongada, marcada por la incapacidad de EE. UU. de imponer una salida rápida. La prolongación del enfrentamiento no solo desgasta a los actores involucrados directamente, sino que también multiplica los riesgos para la región y complica los esfuerzos diplomáticos que buscan contener la escalada. Un conflicto puede resolverse rápidamente si se tienen claros los objetivos, los recursos con los que se cuenta y, por supuesto, un conocimiento pleno del enemigo. Tres aspectos en los que el gobierno de Trump falló en lo esencial. Sus metas cambian de semana a semana, la superioridad militar no se tradujo en resultados concretos y la lectura de la estrategia iraní fue, al menos, incompleta.

Por su parte, Irán busca proyectar su poder más allá de sus fronteras inmediatas utilizando la amenaza de expansión del conflicto como herramienta de presión. La advertencia de la Guardia Revolucionaria de que cualquier nuevo ataque provocaría extender la guerra fuera de Oriente Medio refleja una estrategia de escalada controlada. La incertidumbre regional, la amenaza latente sobre los países del Golfo que carecen de la capacidad militar suficiente para defender sus propias infraestructuras críticas frente a ataques iraníes, es un punto fuerte de disuasión y una herramienta de negociación que condiciona las propuestas diplomáticas.

Mientras Trump necesita recomponer la confianza de los países del Golfo para sostener la presión sobre Irán y evitar que sus aliados se desmarquen, Netanyahu juega otro partido y su objetivo es dividir al frente árabe. Y en ese terreno consiguió un triunfo: Emiratos Árabes Unidos aparece cada vez más ante sus vecinos como un aliado de Israel. La salida de Abu Dabi de la OPEP en mayo de 2026 debilitó el liderazgo saudí en la política petrolera y marcó un giro hacia Washington y Tel Aviv. A esa ruptura se sumó la cooperación militar durante la guerra contra Irán, cuando Emiratos recibió sistemas defensivos israelíes como la Cúpula de Hierro para interceptar misiles y drones. El resultado es una fractura que Netanyahu celebra, un Golfo dividido, con Emiratos señalado por sus vecinos como “proxy” de Israel.

Si hay algo que este conflicto deja claro es que la diplomacia en Oriente Medio ya no se juega únicamente en el eje Washington–Teherán, sino en un triángulo donde los Estados del Golfo, vulnerables y estratégicos, se han convertido en pieza clave de la ecuación.

Para Teherán, Hezbollah es su criatura más preciada, pese a los golpes recibidos, sigue siendo su principal herramienta de disuasión frente a Israel y un pilar de su influencia regional

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Trump se dejó persuadir por las promesas israelíes de que el régimen iraní estaba a un empujón del colapso, sin considerar las particularidades del país al que enfrentaba. Irán cuenta con una estructura militar descentralizada, diseñada precisamente para no repetir los errores de Saddam Hussein en Irak, cuyo aparato bélico altamente centralizado quedó expuesto y vulnerable ante los bombardeos estadounidenses en 2003, capaz de dispersar sus recursos y resistir ataques en múltiples frentes; además, su extenso territorio y población multiétnica le otorgan una resistencia que no puede ser quebrada únicamente con ataques aéreos.

En lugar de acelerar un cambio político interno, la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel terminó retrasándolo. El asesinato del líder supremo, Alí Khamenei, interrumpió la evolución natural de Irán y le dio al régimen una chance más para fortalecerse. Paradójicamente, la presión externa que buscaba precipitar su caída lo mantuvo en pie. Lo que debía ser el inicio de una transición se transformó en un cierre de filas, con predominio de las líneas más duras, reforzando su poder frente a la amenaza extranjera.

El control iraní sobre el estrecho de Ormuz -arteria vital para el comercio energético mundial- se mantiene como uno de los principales puntos de tensión, un frente que antes de los ataques de EE. UU. e Israel contra Irán en marzo de 2026 no existía. La amenaza de un bloqueo o de incidentes en esa vía estratégica refuerza la posición negociadora de Irán y eleva el riesgo de una crisis regional.

Trump intentó desafiar directamente el control iraní del estrecho con su “Proyecto Libertad”, una operación militar lanzada para escoltar buques comerciales atrapados por el bloqueo iraní. La operación desplegó más de 100 buques y 15.000 militares, pero fue suspendida apenas días después por tensiones diplomáticas y falta de apoyo regional.

La transformación de Ormuz en epicentro del pulso geopolítico muestra cómo la guerra abrió un nuevo terreno de disputa que multiplica los costos para Washington y sus aliados. En ese movimiento, Estados Unidos terminó jugando contra sí mismo. Quizás Witkoff y Kushner, el “dúo para la paz”, nunca imaginaron que Irán se animaría a llevar la confrontación hasta el corazón del comercio energético mundial.

El 64% de los encuestados cree que Trump cometió un error al atacar a Irán (opinión compartida por 93% de demócratas y 73% de independientes), lo que podría costarle apoyo al Partido Republicano a seis meses de las elecciones legislativas de medio término

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Un posible marco de negociación entre Irán y Estados Unidos, en el contexto actual, tendría que abordar varios ejes simultáneamente. La administración Trump ha fijado como objetivo central destruir las capacidades de enriquecimiento de uranio y producción de misiles, aniquilar su marina y cortar el financiamiento iraní a grupos armados, asegurando que Teherán nunca pueda convertirse en potencia nuclear. Este punto es el núcleo de cualquier acuerdo, pero también el más difícil de resolver.

El segundo eje es la seguridad energética y marítima, especialmente en torno al estrecho de Ormuz. Irán utiliza su control sobre esta vía estratégica como palanca de presión, y EE. UU. quiere garantías de libre tránsito para los buques petroleros. Parece poco probable que Irán acepte regresar a un “status quo” anterior, porque fue la propia intervención militar la que le otorgó un instrumento de presión que nunca imaginó tener con tanta fuerza.

Un tercer punto es la influencia regional de Irán, que se extiende a través de actores como Hezbollah en el Líbano. La cuestión libanesa puede ser un obstáculo para cualquier negociación que busque reducir la tensión, deberá incluir mecanismos para limitar la escalada en ese frente, quizá mediante mediación internacional o acuerdos específicos.

En cualquier negociación, Irán insistirá en que se establezcan garantías de seguridad para Hezbollah. Esto supone exigir el cese de los bombardeos israelíes en el sur del Líbano y la protección de la infraestructura civil, además de asegurar que la milicia shií no sea desarmada ni marginada de la vida política libanesa. Para Teherán, Hezbollah es su criatura más preciada, pese a los golpes recibidos, sigue siendo su principal herramienta de disuasión frente a Israel y un pilar de su influencia regional. Por ello, cualquier acuerdo que no contemple mecanismos claros de protección difícilmente sería aceptado por Irán, aunque esa exigencia choque de manera frontal con el rechazo permanente de Israel.

Con las elecciones legislativas de medio término a seis meses y las encuestas en la mano, Trump está obligado a buscar una solución al conflicto que más o menos lo deje bien parado. El índice de aprobación más bajo de su segundo mandato se convierte en un indicador preocupante para el Partido Republicano.

Esta semana el New York Times muestra un desplome en la popularidad: apenas un 37% de los estadounidenses aprueba su gestión, mientras que un 59% la desaprueba. La encuesta refleja el rechazo a la guerra contra Irán y al impacto económico del conflicto, especialmente el aumento del precio de los combustibles. El 64% de los encuestados cree que Trump cometió un error al atacar a Irán (opinión compartida por 93% de demócratas y 73% de independientes), lo que podría costarle apoyo al Partido Republicano a seis meses de las elecciones legislativas de medio término.

Trump se verá obligado a presentar como una victoria un pacto de paz que, en esencia, podría terminar siendo muy parecido al acuerdo firmado por Obama en 2015 (del cual él mismo decidió retirar a Estados Unidos en 2018). La diferencia es que ahora no se trataría de una iniciativa de diplomacia preventiva, sino de un intento desesperado por contener una crisis que se desbordó, incluso abriendo la puerta a discutir formas de ayuda económica que Washington nunca había estado dispuesto a conceder en el pasado.

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