19 de julio de 2026
Por más que quieras nunca estás solo, siempre te acompaña la deuda que tenés. Esperás el bondi maquinando cómo la vas a pagar. Caminás hasta la estación flasheando que por ahí lo solucionás. En el laburo pensás que si pagás el mínimo ahora, el otro mes por ahí le pagás lo que le debes a tu primo. Volvés cansada acordándote que el 12 tenés la 3era cuota de uno de los préstamos. La deuda es tu sombra que te asfixia.
Arrancás, salís, viajás, no llegás, no das más. A la tristeza que es este presente le agregamos la angustia de las deudas. La guita no alcanza, el tiempo es escaso, el sueldo es un mal chiste. Las deudas imposibles, omnipresentes, asfixiantes. Estamos todos endeudados, que la heladera, que las zapas, que pagar el alquiler, que el finde largo, que el asado del viernes, que el 15 de Cielo, que es el año que viene.
Visa, Mercado Pago, Rapicuotas, Tarjeta Naranja, mi hermano, la financiera del barrio, mi condena. Una carta documento, un llamado desde un número desconocido, un WhatsApp a tu vecina, un mail del Veraz que no entendés, otra deuda que no esperabas. Deuda de la deuda, imposibilidad de endeudarse por la deuda, esa amarga condena.
En el laburo pensás que si pagás el mínimo ahora, el otro mes por ahí le pagás lo que le debes a tu primo
Ahora ya no lo dicen tanto, pero los políticos, como creen que somos tarados, solían decir que un país es como una familia que solo puede gastar lo que le ingresa. En realidad, una familia es como un país, mi familia particularmente es mi país endeudado. Maniatados por las deudas, sin posibilidad de crecer, de soñar, de tener nada propio. Somos Argentina.
Desinstalás la app para que ocurra la magia y la magia no sucede. Te armás un Excel como si anotar los gastos te ordenara y no hay orden posible. Sumás horas de trabajo para con esos pesos extras pagar lo que debés y nunca alcanza. Llamás a tu vieja, que siempre te da una mano y ya no puede.
Somos más de 20 millones los que tenemos morosidad con entidades financieras y no financieras en este año. Muchos más que el año pasado, el número es similar al del 2001. ¿Te imaginás el año que viene? Un año electoral con un gobierno como este, una oposición como esta, timberos como estos, fugadores como estos, una angustia como la nuestra. La lenta y angustiante cancelación de nuestro futuro empeora mañana. El año que viene se fugan, nos dinamitan, se ríen, nos queman.
No llegar a fin de mes es una condena, quedarte en tu casa maquinando es una condena, salir a hacer unos pesos para pagar deudas es una condena. Sobreexplotación, sobregiro, sobreendeudamiento y condena. Nada por aquí, nada por allá, no hay magia. Si algo podemos esperar del futuro son deudas, imposibilidad de pagarlas, angustia de enfrentarlas. Sufrimos la condena perpetua de ser nuestra propia deuda.
Desinstalás la app para que ocurra la magia y la magia no sucede. Te armás un Excel como si anotar los gastos te ordenara y no hay orden posible
Caputo, que es un hijo de mil trader, dice que nos endeudamos por un error de cálculo, porque pensamos que la deuda se iba a licuar con la inflación. No es que no calculamos, no llegamos al 20, apenas sobrevivimos.
Abrís la app y te ofrece la guita que necesitás, te tiran un préstamo por la cabeza para salvarte y condenarte. Así de fácil, así de rápido, así de garrón. No te fijás en la letra chica, no calculás el interés, no pensás más allá de la urgencia. Trabajás, te cansás, no llegás, te endeudás. ¿Qué ganás?



