05 de julio de 2026
3 de abril de 2026
ENTREVISTA A JULIETA LASO: CADA CUAL CREE QUE NO CAMBIA
Cynthia Berguier & Agustín Valle
“El duende no está en la garganta, el duende sube por dentro desde la planta de los pies. Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura y a la vez de creación en acto”. Federico García Lorca pronunció estas palabras en Buenos Aires el 20 de octubre de 1933. En su ensayo “Teoría y juego del duende” opone la figura andaluza del duende al ángel y a la musa: viene de la tierra, no del cielo; no busca forma, sino “tuétano de forma”. El duende embriaga, muerde a la cantora y le envenena la sangre. Lastima, y después lame los bordes de la herida. Lorca pondera los trances de una belleza imperfecta, que incluye lo que nos excede y nos precede. “Sí, me gusta la sangre”, dice Julieta Laso. Le pasamos ese ensayo antes de la entrevista. Ella nos cuenta que justo estuvo en un cumpleaños recitando a Lorca, con la voz mordida.
-Es muy común que refieran como discos de tango aún a discos tuyos que no son de tango. ¿El género más que en el repertorio, está en la voz?
-Bueno, casi que ninguno de mis discos es de tango. Pero, claro, el tango se siente en la forma de cantar. Yo vengo de ahí y tengo muchos vicios del género. De hecho ahora cuando canto folclore me tengo que cuidar de no ir y tirarme para atrás, cosas que son muy tangueras. Eso intento. Ahora estoy por sacar un disco, que viene retrasado pero ya llega, y es hermoso, Fabriquera se va a llamar, producido por Melingo. Él me hizo trabajar muchísimo en la interpretación, en buscar otros colores, otros lugares. Me cortaba cuando entraba en una situación que no era lo que estábamos buscando. Y todo ese proceso me está cambiando un poco la forma de cantar. Los cambios son chiquitos, cosas sutiles, por supuesto, pero era un lugar al que yo quería ir.
-Podríamos pensar la historia de la voz. Lo que arrastra, lo que guarda. Cómo se va transformando. En tu primer disco [Tango rante], que no está subido a plataformas, cantás muy distinto al segundo, Martingala.
-Sí, lo hice varios años antes. Igual son vicios del género también. Porque salís a cantar, yo he cantado en plazas, restaurantes, con tres guitarras, y toda la situación te empuja a cantar fuerte. O a no matizar mucho. Mismo el folclor también, está muy presente ese vicio de cantar fuerte para hacerse escuchar. He cantado en Plaza Dorrego, por ejemplo… ¿sabés cómo tenés que cantar para que te escuchen, con un sonido horroroso? Y bueno, eso te va forjando el animal.

-Melingo es otro que arrastra el tango en la voz incluso cuando no canta tango.
-Claro. Ha paseado por tantos géneros… ¡Qué músico sólido, por favor! Ahora va a salir una película suya, un documental que hizo, una investigación muy profunda sobre el tango, sobre sus orígenes, en la que participaron muchos músicos: Pablito Lescano, Fito, el Pity, Maxi Prietto, yo también estoy, y un montón de gente más. Pude ver algunas partes, es increíble. Incluso lo acompañé en algunas grabaciones, a raíz de cosas que fue investigando sobre la negritud y el tango. Muy interesante todo. Cada vez que estoy con él me dan ganas de prender el grabador. Es muy sabio. Y hay muchos músicos muy fanáticos de la obra de Melingo. El Potro, por nombrarte uno; fanático de Tangos bajos especialmente, que fue un disco que realmente nos marcó; también al Pity, a Lescano. Es un discazo. Ufa! también; bueno, todos.
-En un momento vos das un paso más deliberado hacia el folclore. Y de pronto hacés una versión de “Guitarra dímelo tú”, de Yupanqui, que es re atrevida, caribeña, como si en ese gesto estuvieras abriendo la puerta a latinoamérica. Como si dijeras que Tucumán o cualquier otra provincia argentina es también Colombia o Venezuela.
-Soy una enamorada de la música latinoamericana. Colombia en particular es mi país favorito del mundo. Fui de muy chica, a los diecisiete años, antes de cantar, y tuve la suerte de conocer Palenque, y ahí conocí a Graciela Salgado, a Petrona Martínez, a Etelvina Maldonado. A mí me gustaba la percusión, estudiaba con un maestro senegalés, loca por el yembé, por las congas. Me gustaba la música cubana, la música afro, la música peruana.
Casi que ninguno de mis discos es de tango. Pero, claro, el tango se siente en la forma de cantar. Yo vengo de ahí y tengo muchos vicios del género. De hecho ahora cuando canto folclore me tengo que cuidar de no ir y tirarme para atrás, cosas que son muy tangueras
-Lorca dice en ese ensayo que el duende proviene de los “sonidos negros”.
-Son sonidos que a mí me encantan. Yo quería ser percusionista. Tocaba en una banda africana. Fui a Colombia, me compré los tambores, me fui a un buen luthier, me traje el alegre, el salidor, la tambora, y había una colombiana que vivía ahí, en ese lugar un tanto sospechoso en donde yo alquilaba un cuartucho, que me decía: “¡Pero dejá de estudiar eso y ponete a cantar tango!”. Le había cantado uno de los tres tangos que me sabía de la infancia, porque me gustaba. Y me dijo: “Te tenés que dedicar a esto”. Pasaron diez años hasta que me empecé a dedicar a cantar tango. Durante mucho tiempo seguí con la percusión. Fue un viaje muy formativo, conocer a esas mujeres… En Palenque me habían escuchado cantar, aunque yo no era cantante, era actriz (era desocupada en realidad, bueno, tenía diecisiete años), pero se ve que me habrán escuchado tararear algo, y una me ve fumando y me dice “¿Qué hacés fumando? No fumes, vos cantás”. Y yo le contesto que no me diga eso, que me daba culpa, y ella me pregunta: “¿Qué es culpa´?” No sabía lo que significaba.
-¿No conocían la palabra?
-Claro, es que ellas hablan lengua palenquera, mitad africana y mitad española. Es patrimonio intangible oral de la humanidad, declarado por la UNESCO. Muchos no conocen ni Bogotá. Es increíble. Le dicen “el África colombiana”. Ahí nació la cumbia. De hecho, mi sueño -bueno, soy fanática de Héctor Lavoe- es cantar en una Big Band de salsa. Obviamente no lo haría porque no me sale, pero me vuelvo loca, toda esa música a mí me enloquece, la música afro, el vals peruano. Todo ese mundo, la música de este continente y la música afroamericana, me enloquecen. La percusión me lleva. Pero bueno, después abandoné ese mundo y me dediqué al tango, con tres guitarras.
-Que tiene raíces negras también, el tango.
-Melingo me hizo conocer todo eso, el origen africano de la palabra tangó. No voy a spoilear su película, pero estuvo investigando por ahí. Y cada vez que fue a filmar en relación a estos temas, le pedí por favor que me llevara. Lugares en los que estaban tocando candombe, por ejemplo. Él me avisaba y yo iba. Me levantaba tempranito a la mañana y acompañaba al equipo. Fue enorme todo lo que me mostró.
-¿Y con Pata de perra [su último disco, de folclore argentino y latinoamericano] estuviste viajando mucho por el continente?
-Sí. A Pata de perra lo produjo Macha [músico chileno de Macha y el bloque depresivo]. Él me adoptó un poco y me llevó a viajar. Ahora canté con él en el Estadio Nacional de Santiago, fue una experiencia increíble, y también me mostró Chile, un país con el que tengo una relación muy fuerte. De hecho, en Chile me escuchan más que en la Argentina. También porque Macha allá es un fenómeno cultural, una persona muy importante, muy popular. Como le pasaba al Indio, le pasa a Macha: llena el Estadio Nacional sin hacer publicidad, ni nada. Empezó con una banda punk, La floripondio, es una persona como… mítica. Y él me lleva siempre a las presentaciones en el Caupolicán (Teatro en Santiago de Chile), hace siempre como cinco fechas para diez mil personas cada noche. Voy a Chile todos los años y tengo allá mucha gente muy querida, músicos con los que canto, con los que grabo, y Macha para mí es un referente muy grande. Ahora me fui a Colombia a tocar con él. Cuando toca acá, voy. Es como un hermano mayor, un maestro también. Un padrino musical. Hace boleros, escribe canciones espectaculares, bueno, Chico Trujillo también. Y es muy generoso, muy productor, porque le encanta la música latinoamericana, entonces encuentra músicos increíbles y los empieza a ayudar, los invita a tocar. En sus conciertos siempre hay cantidad de músicos invitados, de México, de Colombia, de Argentina, que vos decís “¿Cómo hace? Esto es amor por la música”. Él me fue conectando, grabé con los Gato´e monte, de Colombia, con La Dame Blanche, de Cuba… todo ese mundo que yo también salgo a buscar porque es música que escucho.

-¿Y cómo se conocieron con Macha?
-Hace como dieciséis años. Con la Fernández Fierro viajábamos a unos festivales a los que nunca más volví a viajar, de “world music”, muy muy grandes, y solíamos coincidir con Macha, también con Anita Tijoux y Chico Trujillo. Y muchas veces en el año nos encontrábamos de gira por países rarísimos, o sea, países a los que uno no suele ir, y me fue adoptando, nos fuimos queriendo, yo me volví loca con su música. Y es la persona más punk que conozco… Después de Lucrecia.
-Fue una especie de triangulación, entonces. Ustedes dos, de países vecinos, sudamericanos, se conocieron en festivales de países “del primer mundo”
-Bueno, sí, de hecho fue en Canadá que nos conocimos.
-¿Cómo vas armando tu mapa, cuáles son tus afluentes, tus cauces, tus recorridos?
-Yo voy a buscar con desesperación cuando algo me interesa. Ponele, Camila Sosa Villada. La leí y me volví loca, y empecé a hablar de ella por todos lados. Hasta que un día publicó: “Julieta Laso, si seguís hablando de mí te voy a poner una perimetral”. Y nos hicimos íntimas amigas. El otro día cantamos en Córdoba un repertorio todo de Horacio Guarany; estuvo buenísimo. De hecho, le leí este texto de Lorca sobre el duende en los ensayos. Ella canta muy bien y aparte es muy culta. Sabe una cantidad de repertorio tremendo, la admiro muchísimo. Tangos que nadie conoce, y a Guarany se lo tiene de taco. Tiene una memoria… se acuerda guiones de cine, todos los de Lucrecia me los actúa por teléfono, de cine italiano, es increíble. Y las canciones de Guarany no pueden ser… Todas canciones nuevas, fue puro vértigo. Las dos somos un poco vertiginosas… Formamos con guitarra, bombo y vértigo.
-Como intérprete vas armando un repertorio, pero en tu primer disco las canciones fueron compuestas especialmente para vos ¿Cómo fue ese pasaje?
-Sí, en el primero [Martingala] los temas son todos de Diego Baiardi y Lisandro Silva Echevarría y están hechos un poco a medida. Estoy re feliz con ese disco, fue muy importante para mí. Y después en La Caldera también hay algunos temas de ellos. A mí me gusta que en los discos haya clásicos, pero también canciones de compositores nuevos, porque además hay un montón, Maxi Prietto, Lucio Mantel, Mochi, muchísimos. Hay canciones hermosas, pasa que uno tiene que encontrar la canción que le quede bien a uno. Hay canciones que están bárbaras, pero no son para mí.
En todos lados pasa, en Buenos Aires también, pero fuera de Buenos Aires tal vez pasa más. Hay más zapadas, encuentros. En un asado en Salta todos cantan, todos tocan, uno agarra el violín, otros cantan a tres voces, son familias
-Ejercicio, de Mochi, por ejemplo, te calza muy bien, porque es una canción en la que se ve la rotura… los bordes de la herida, como dice Lorca.
-Ay, sí, esa canción, totalmente…Y bueno, yo la siento así, cuando la estoy cantando siento que fue hecha para mí, aunque no lo sea. Esa es la magia de las canciones.
-Hace poco hiciste el ciclo “La visitación” en el que invitabas cada vez a un artista: Lidia Borda, Liliana Herrero, Daniel Melingo y Maxi Prietto. Son cuatro artistas con estilos muy marcados, y a todos se les nota la herida.
-Bueno, sí, me gusta la sangre a mí. Con las personas con las que hicimos La visitación nos solemos juntar, tomamos, cantamos, lloramos, hacemos parranda, o sea, hacemos música afuera del escenario. En tertulias, con amigos. Momentos muy lindos, sagrados. Pasa que el manejo del tiempo y el trabajo van dejando cada vez menos espacio para esas juntadas. Pero igual siempre encontramos el momento. Y eso es algo que no hay que perder. En todos lados pasa, en Buenos Aires también, pero fuera de Buenos Aires tal vez pasa más. Hay más zapadas, encuentros. En un asado en Salta todos cantan, todos tocan, uno agarra el violín, otros cantan a tres voces, son familias.
Otro lugar al que voy, y ahora voy a empezar el año ahí, es el Encuentro de copleros, en Purmamarca. Un alimento tremendo para el alma, para empezar, para salir. Me inspiran mucho esas fiestas populares donde hay música y la música es protagonista. Lo mismo las milongas, por todas partes hay milongas, eso es algo que no va a morir, está muy vivo. En Salta hay una milonga a la que voy siempre que es una belleza y yo voy a mirar. Igual al final siempre algo canto, pero me encanta ver a la gente bailar, a las mujeres que se preparan, todas las amigas que van juntas. Sentarme y mirar. Porque la cultura es eso, la música es eso, no es solamente el artista que se para en un escenario y canta.
-Fontova decía: “¿A quién se le ocurre que la columna vertebral de la música de un país está hecha de gente famosa?
-Claro, por supuesto. Bueno, él solía ir al CAFF y cantaba. Un maestro.

-Y de todo eso que se suele englobar en la categoría “música urbana”, ¿escuchás algo?
-Me gusta mucho el Portavoz, hip hop chileno. Me lo presentó Macha, me enloquece. Escucho los discos de Portavoz y quisiera cantar esa música. Decí que me saldría muy mal (risas). Me vuelven loca sus letras. Cuando escucho al Portavoz siento que mi música favorita es el hip hop (risas). Y me gusta Anita Tijoux, Sara Hebe… No es la música que más escucho, tampoco sé tanto, yo soy más de escuchar a Horacio Guaraní, pero me gusta.
-Es un género que se centra en el decir, el hip hop. En Terminal Norte, la película que hace Lucrecia Martel sobre esas tertulias musicales salteñas, aparece una piba que rapea a la par de las copleras.
-Sí, B Yami. La conocimos en un festival unos días antes de filmar. Me acuerdo de que ella abrió, y después tocaban bandas con muchos músicos, bandas indies, qué decirte (risas). Ella subió al escenario, así, rea como es, sola, con un equipo de sonido muy chiquito, y empezó a rapear ahí arriba y yo pensé “ni loca salgo después de esta mina”. O sea, tuvo una audacia, y así, con nada, con un equipito. Después subían de a cuatro, de a cinco y no le llegaban ni a los talones. Y ahí le hablamos. Un personaje.
-Y, ¿encontrás un hilo conductor ahí, como si fuera lo mismo, pero en otro lenguaje?
-Es que es así. A mí la cuestión de los géneros no me importa nada. A mí me gusta un artista. Ni se me ocurre pensar en esas diferenciaciones. Por ahí bueno, no soy tanto del pop, pero igual, si hay un artista ahí que me transmite, me re entrego. La verdad es que tenemos tantos artistas increíbles acá. Ahora y siempre. Este país es increíble. En la música, en el cine, en la literatura.
He cantado en Plaza Dorrego, por ejemplo… ¿sabés cómo tenés que cantar para que te escuchen, con un sonido horroroso? Y bueno, eso te va forjando el animal.
-Detrás de las voces femeninas suele correr una presunción de suavidad, de cosa limpia, prístina. ¿Cómo te llevás vos con esa idea canónica sobre lo que una voz femenina debe ser?
-Claro, eso existe, pero a mí nunca me gustaron esas voces. A mí me gusta Rosita Quiroga, me encanta Cristina Vanegas como canta el tango. Liliana Felipe. Ahora mis dos cantantes favoritas de tango son Lidia Borda y Victoria Morán, que es de Berazategui y viene poco a Capital. Victoria es una cantora tremenda; Nelly Omar la puso como su heredera. Y bueno, Liliana Herrero. Me acuerdo mis primeros desamores, todos los viví con ese disco de Liliana con Falú. Era sentarme y ponerlo, una vez y otra vez, cinco veces y llorar. Son cosas que acompañan momentos muy intensos, si no te salvan la vida, al menos te ayudan a que la vida sea posible.
-Es un poco el papel que juega el arte en todo esto, ¿no?
-Y, hasta el más libertario lloró con una canción, no sé. Una vez estábamos en Colombia con un amigo, vivía en un cuartucho él. Y se ve que el tipo que vivía en el cuarto de enfrente, un hombre colombiano, se había separado. Y durante dos días escuchó un tema de Luis Miguel, el mismo tema, que en este momento no me acuerdo, en “repeat”, pero sin parar, totalmente borracho. Mi amigo en un momento le dijo: “¿hombre, puede parar un poco?”. Bueno, no hagas eso en Colombia. De repente se abrió la puerta de una patada y el tipo le puso un cuchillo en el cuello y le dijo “hijoeputa, voy a escuchar lo que quiera”. Bueno, tranquilo, poné Luis Miguel nomás. Cualquier persona usa la música para salir de un momento duro, para atravesar la vida.
-Vemos también que hay un trabajo muy dedicado en el arte de tapa de los discos que hacés
-Son todas de Alejandro Ros, menos una, la de La Caldera, que es de La Vieja Flores. En esa trabajó a partir de una foto que me sacó Lucre. Estábamos en lo de Bjork porque Lucrecia estaba trabajando con ella, le estaba dirigiendo un espectáculo, y estábamos en un cuarto de su casa, que tenía un almohadón con forma de pescado. La foto es con ese almohadón, y después bueno, La Vieja hizo lo que hizo. Y las otras tres sí las hizo Ale. Con Cabeza Negra ganamos como mejor portada en los premios Gardel. Le ganamos a él mismo, a Alejandro Ros, que había hecho la de Babasónicos. A él le pasa muy seguido eso, porque diseña muchísimas tapas alucinantes. Pero nunca le había pasado esto de ganar con el disco que es independiente.
-Y a vos que también sos actriz, te gusta todo ese juego de caracterización, más dramático.
-Sí, acá tomamos de un programa de televisión espectacular que se hacía en Salta, que era como un Bailando por un sueño pero de Drag Queens de toda la provincia, espectacular. “El juego de Reinas”. Mística, se llamaba la conductora. Nosotras nos volvimos fans, Lucrecia y yo, y un grupo de amigas en Salta. Y mucha gente de Salta, por supuesto, al programa le fue bárbaro. Se hacían todo para competir: los trajes, maquillaje, todo. Y había una que ganó, Katrina, que hacía unas cosas increíbles, y vivía en Palpalá, Jujuy. Así que la contacté y le dije que necesitábamos hacer un tocado, le describí lo que estábamos pensando. Era difícil de comprender la idea, hasta que fuimos ahí, y fue un espectáculo. Ella también me maquilló. Usamos un tubo como de aire acondicionado. La idea con Alejandro Ros es trabajar siempre con elementos cotidianos, baratos. La tapa de Pata de perra también, son todas cosas que compramos en el mercado de Liniers, unas frazadas y esas flores, todo.
Me gusta la sangre a mí. Con las personas con las que hicimos La visitación nos solemos juntar, tomamos, cantamos, lloramos, hacemos parranda, o sea, hacemos música afuera del escenario. En tertulias, con amigos. Momentos muy lindos, sagrados
-Ahora está muy presente la pregunta respecto a si tiene sentido todavía hacer un disco, el disco como unidad. Pero todo esto, pensar un hilo conductor, un concepto estético, una imagen que aglutine, se perdería si se abandona la unidad del disco.
-Sí, pasa que es costoso. Además, yo grabo mucho, muy seguido. Y eso es un montón de plata. Me cuesta llegar a hacer videos, por ejemplo. Hacer vinilos es toda una movida. Y hacer videos es muy pesado también, porque venís de hacer un disco, que ya es un montón. Pero este año decidí que voy con todo, así que hice un video, que lo dirigió María Alché. Y aunque yo no tenía presupuesto para pagar como se debería, muchos técnicos se acercaron a laburar porque estaba ella, y como además hay un parate muy fuerte en el cine, y nadie estaba laburando en películas, vinieron.
-¿Y de qué tema es el video?
-De Corazón y hueso.
-Ese tema lo compuso la mujer de Melingo, ¿no?
-Sí, sí. Celeste Torre. Ella es una maga, es una genia mundial. Por ejemplo, el tema que vamos a sacar con Vicentico es de ella. A parte, no es música, pero le baja la melodía con la letra completa, y así se la presenta a Melingo. Tararea.
-Como Gardel, que dicen que componía tarareando por la calle
-(Risas) Sí, sí. Y además no sé, compone en el baño, porque nunca la ves componer. Yo le pregunté a Melingo: “¿maestro, alguna vez la vio cuando compone?” “No, nunca la vi”. Y el último tema de este disco, de Fabriquera, es de ella. Lo compuso después de escuchar todo. Dijo: “me parece que tengo el tema para cerrar el disco”. Y le dejó a Melingo una hoja completita, con una grabación de ella con una voz preciosa cantando y tarareando. La canción era bellísima y el disco termina así, hermoso. Yo no puedo creer cómo hace porque además las letras son aniquiladoras. Esa mujer, por favor. Esa pareja. Bueno, esa familia, porque son todos magos. Pero Celeste es muy perfil bajo, anda en la suya, no se deja agarrar. Y es una gran poeta.



