Un momento...

20 de julio de 2026

20 de julio de 2026

28 de marzo de 2026

SOBRE LA HORA, A 50 AÑOS

Juan Pablo Kryskowski

@jpkrysko
#MedioSiglo
Tiempo de lectura: 8 minutos

Escribir de un tirón. La dictadura. Esa cuestión presente desde que tengo memoria. Los recuerdos, los relatos, después el estudio, la investigación, la mirada propia que no siempre es la misma. 50 años. Una marca imborrable. Esto no tiene que ver con reflexiones políticas ni con análisis de los efectos de aquello ni sobre los 40 y pico de años de democracia. Tiene que ver con el recuerdo y algunos relatos familiares.

Cuando era chico -soy del 73- nunca dejamos de festejar los cumpleaños ni ir a los festejos de otros ni las fiestas tradicionales. En ello confluían amigas y amigos, familiares, compañeros y compañeros de colegio. Gente con algunos acuerdos, con cosas en común y cosas que no. Desde ya, en casa habían sido muy visibles las preferencias políticas familiares, desde las paredes como testimonian las fotos que han sobrevivido a todas las mudanzas y hasta una inundación, ya mucho más acá en el tiempo. Pero también las musicales. Perón, Evita, los Beatles, Spinetta, alguna imagen del Platense paterno y luego de Boca, cuando mi hermano y yo pasamos a ser parte de la mitad más uno. La política, el fútbol y el rock entremezclados, desde siempre.

En las fotos de esos cumpleaños se mezclan las caras de los que celebraban con nosotros con esas imágenes en las paredes. Hay una mía de muy chiquito en la que detrás se ve la imagen de Perón y Evita en aquel abrazo de dolor de octubre del 51, el último 17 de la mujer incomparable de todas las horas. Nos contaron a mi hermano gemelo y a mí, allá por los 80, que algunas personas que venían a casa no querían que se les sacaran fotos, para no comprometernos a nosotros por si alguna vez, alguna noche o alguna mañana o alguna tarde, como les pasó a tantos, alguien invadía nuestra casa y encontraba esas imágenes y las comparaba con los archivos que tenían (o iban armando con lo que iban rapiñando, agregaría hoy). Después supimos que había Grupos de Tareas y su organización, métodos y todo lo demás.

Una de esas personas que venían a casa seguido era un familiar de mamá, que había sido cabo de Policía Federal y que había sido echado en 1956, básicamente por ser peronista. Muchos años después, en una de las tantas búsquedas en el Boletín Oficial encontré el decreto firmado por Aramburu en el que lo daban de baja, junto a otros acusados de peronistas. Supe también que por muchos años, en la habitación matrimonial de su casa, había un mueble con un estante con imágenes y textos del peronismo. Mamá contaba que lo veía desde chiquita

La dictadura terminaba. Pocos días después de llegar fui (fuimos) a la primera manifestación en mi vida. Que era, creo, una de las primeras ediciones de la Marcha de la Resistencia, en Plaza de Mayo

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Otra de esas personas vino a casa el día de la final del Mundial 78 y después salimos a Cabildo, que estaba cerrada al tránsito automovilístico. En casa se festejó Argentina campeón del mundo. Por esa misma persona mis padres sabían algo de lo que pasaba, que había desapariciones ya lo sabían por lo que se comentó antes, pero por ella supieron que había gente secuestrada en la ESMA, que a muchos los habían matado, pero no de la magnitud de todo eso, que conocieron años más tarde.

Por esa mujer también, y para ayudar a que se difundiera de la forma que se pudiera, papá recibió ese mismo año una copia de un primer plano de lo que fue el centro clandestino de detención de la Escuela de Mecánica y en un rato que tuvo acceso en soledad a la fotocopiadora que había en su trabajo, hizo una serie de copias que fueron poco después a las mismas manos que le habían acercado esa primera copia. Pudo hacerlo después de decirle a su jefa, una alemana católica que había llegado al país en los años 40, que necesitaba usar un rato esa máquina que entonces no era de fácil acceso (como no había tantas fotos, eran con rollo, se cuidaban mucho)

Esa mujer alemana sabía de las simpatías políticas de mi padre, de hecho lo tuvo enfrente como delegado unos años antes y nos conocía a todos nosotros. Ella misma, un día de 1976, llamó a casa un día que papá no había ido para decirle que habían estado preguntando por él y ella se había encargado de disipar cualquier duda. Por supuesto, en el fichero de los empleados de la empresa estaban las direcciones de todos, pero para llegar debían pasar por sobre ella. Por el motivo que fuera no lo hicieron. Por esos días y en varios negocios y empresas comerciales de la zona (Belgrano) secuestraron a una cantidad de militantes de lo que había sido la JP, entre ellos algunos que mi padre y mi madre conocieron sin saber su apellido. Años después, cruzando fechas y alguna cara aún registrada en la memoria pudo saber algunos de los apellidos.

De la hermana de quién recorrió Cabildo con nosotros la noche del festejo por el primer campeonato del mundo se conservó durante años una foto sacada, sin que supiera, en un cumpleaños de ese mismo 1978. La inundación referida barrió con esa foto como con otros muchos recuerdos, apenas un mes antes de la muerte de mamá, en 2013.

Ambas fueron secuestradas de su casa en el Gran Buenos Aires en noviembre de ese mismo 78 e integran la lista enorme de desaparecidos. Al parecer antes de ser llevadas a la ESMA, estuvieron en el Pozo de Banfield y en Quilmes, pero de su destino no se supo nada en concreto. El pequeño hijo de una de ellas, que no llegaba a tener un año, pudo ser rescatado del destino de tantos otros bebés robados. En casa se enteraron muy rápido del secuestro, creo que por la madre de ellas. Los maridos de ambas también integran la lista que nunca podremos completar de desaparecidos y muertos. Todos ellos eran de la colectividad judía, y no eran practicantes por lo que sé. Pienso ahora en esos cruces de nuestra sociedad entre la alemana católica y loa argentinos judíos y se me viene también la imagen de los distintos colegios públicos a los que fuimos, donde había una integración mucho mayor a la de ahora.

Era una época en la que aún se vendían muchos diarios, revistas, fascículos, enciclopedias. En casa se leía mucho. A fines de 1979, Papá escribió a una revista que era bastante novedosa por entonces, contracultural, por llamarla de alguna manera. Expreso Imaginario. Su carta salió publicada en la edición de enero de 1980 que tenía en su tapa el regreso de Almendra en Obras Sanitarias y entre otras decía “Fue un año duro, con tristezas, con desilusiones, con silencios, con desapariciones, pero también, gracias a Dios, con nuevas palabras, con nuevos amigos”. Al pie de la carta aparecía el nombre de los cinco que éramos entonces y la dirección de donde vivíamos entonces, en Villa Urquiza. Meses después nacía nuestra hermana menor.

Por diversos motivos, a fines de 1981 los seis nos fuimos a España. Poco antes hubo un intento por irnos a Canadá, pero creo que había otras dificultades, requisitos, etc. No puedo decir que fuimos exiliados políticos, más allá de todo lo cerca que se estuvo de mucho de lo que pasó. Confluyeron distintas cosas, pero también la falta de una perspectiva de libertad. Pocos meses después llegó Malvinas y la dictadura entró en descomposición. Para nosotros lo que de entrada iba a ser una estadía permanente en España no lo fue. España no era precisamente un país con un momento próspero y recuerdo claramente tiempos de mucha escasez económica. También que solidaridad puede haber en todos lados. Una vez, distintos vecinos del pueblo donde estábamos viviendo, enterados de nuestra situación a través de un cura catalán, nos hicieron llegar cantidad de comida a casa, dejando las bolsas en la puerta. Lo cierto es que hubo pocos momentos con buena perspectiva. Y en el 83, cuando se vislumbraba el retorno a la democracia, mamá y papá decidieron que volviéramos. Recuerdo perfectamente cuando nos los dijeron a mi hermano y a mí y la alegría que sentimos, en medio de ese verano catalán en un pequeño pueblo de Tarragona en el que, supe años más tarde, estuvo veraneando Perón en su largo destierro español. Saltábamos de alegría en un patio que recuerdo lleno de plantas.

Tan distinta y a la vez contradictoria era esa Argentina que, después de meses de espera y gestiones yendo a Barcelona, en noviembre del 83 volvimos. En un barco de ELMA (Empresa Líneas Marítimas Argentinas), de la Marina Mercante nacional, cruzamos el Atlántico en un viaje inolvidable para el chico de 10 años que era. Aún guardo el diario que escribí en un cuaderno espiralado. Volvimos entre las elecciones y la asunción del nuevo presidente electo. Desde Algeciras a la Dársena Norte del puerto de Buenos Aires, donde nos esperaba un grupo muy numeroso de familiares y amigos, adultos y niños. Un día de fiesta contrastante con el día en que nos habíamos ido vía Ezeiza, también acompañados de un grupo muy numeroso que estaba esa mañana en el aeropuerto.

Mi hermano recordaba a mi mamá asomándose a medias entre la cortina y la ventana que daba a Álvarez Thomas, cuando escuchaba el frenazo de un auto y que ese reflejo de temor le quedó por mucho tiempo. El miedo incorporado

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La dictadura terminaba. Pocos días después de llegar fui (fuimos) a la primera manifestación en mi vida. Que era, creo, una de las primeras ediciones de la Marcha de la Resistencia, en Plaza de Mayo. Recuerdo que me pareció que había una multitud y el asombro cuando cruzamos la 9 de Julio, que me pareció enorme, aunque ya había estado antes de irnos para Europa. Había mucho optimismo por entonces.

No había certeza alguna sobre lo que vendría, salvo que se terminaba la dictadura. Y ese 10 de diciembre me acuerdo que fuimos a la casa de una pareja amiga de mis padres. Ninguno de los cuatro adultos que compartieron esa noche eran radicales, pero había alegría, algo que trascendía quién había ganado. Cuando el amigo nos llevaba en auto de vuelta estaba bien entrada la madrugada, en un semáforo nos cruzamos con un grupo de radicales que estaban festejando. Tiempo después se los recordé y se reían. Esa es una imagen del final de la dictadura.

La otra que me acuerdo ahora es el día de las condenas por el juicio a las primeras tres Juntas del Proceso. Fue la única vez que escuché a mi madre decir “Hijos de puta”, agregando un par de veces una pregunta que era dolor: “¿Que les hicieron a las chicas?”. Ni ella ni papá quedaron conformes con las condenas. Sobre todo con los 8 años a Agosti. Yo escribía mi revistita semanal a la que llamé Ficción y Realidad y hacía unos reportajes a familiares y amigos que se prestaban a mis tendenciosas preguntas.

Años después, hablando con mi hermano, como tantas otras veces, sobre nuestra historia personal y familiar y los cruces con la historia de nuestro país, cada uno decía lo que recordaba de chico, de esos años y específicamente de los años previos a irnos a España.

Menciono un par de cosas, para terminar. Había noches en que salíamos a caminar, a eso de las 10 u 11 y para nosotros era ir a jugar a la pelota en una plaza de Villa Urquiza, con la pared externa de una cancha de bochas como arco. Mi hermano recordaba a mi mamá asomándose a medias entre la cortina y la ventana que daba a Álvarez Thomas, cuando escuchaba el frenazo de un auto y que ese reflejo de temor le quedó por mucho tiempo. El miedo incorporado, de alguna manera. No por eso significaba dejar de ayudar en lo que se pudiera. Vivir entre el miedo y la cotidianeidad. No tengo ese recuerdo de temor, en verdad tengo un recuerdo del festejo de cada fecha nuestra.

Ambos recordamos entonces algo que ella nos había contado, a partir de preguntas nuestras, que habían hecho con Papá cuando vivíamos en ese departamento –hoy sería llamado un PH- de planta baja de Álvarez Thomas y Pampa. Hasta entonces solo lo sabían ellos. Una de esas copias del plano de la ESMA fue colocada entre la chapa y la puerta del horno de la cocina de casa, en el intento de resguardarlo, obviamente, de cualquier posibilidad. Seguramente fue en aquel 78. Lo cierto es que nosotros nos fuimos a España, ese departamento se vendió para ese viaje y la cocina quedó ahí. Desconozco si, en algún momento de todos estos años que pasaron, alguien habrá encontrado ese papel hecho con la pretensión de denunciar en el mundo la profundidad de la masacre clandestina en su lugar central. Una entre tantas incógnitas que no tendrán respuesta.

#MedioSiglo