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28 de julio de 2026

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9 de agosto de 2025

EL PERONISMO DE LAS TRES TIRAS

Pablo Marchetti González

@marchettipablo
DE FRENTE MAR
Tiempo de lectura: 11 minutos

Jesse Owens es un símbolo. El negro que ganó cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Hitler. Pero es un símbolo sobrenarrado. Porque, más que un símbolo, es un tipo que hizo lo que pudo con su vida y con su tiempo.

En 1936, Owens fue la gran figura del atletismo de los Juegos Olímpicos de Berlín. Se llevó medallas de oro en carrera de 100 metros, de 200 metros, de relevos 4×100, y de salto en longitud.

Owens suele ser considerado un símbolo de lucha contra el racismo: un atleta negro discriminado por los nazis. Ser políticamente la representación del mal absoluto (como lo es, con razón, el nazismo) puede generar que luego, ante la duda, te hagan responsable de todos los males. Pero las cosas a veces no son tan lineales. Y el propio Owens se encargó de descartar esta versión.

Owens llegó a Berlín como la gran estrella que era. Un poco más acá en el tiempo, aquello debe haber sido como cuando Michael Jordan o Magic Johnson llegaron a Barcelona en 1992, con el primer dream team de la NBA de la historia.

Roosvelt necesitaba votos del sur racista, gente para la que Owens era un negro, no un campeón olímpico

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Owens tenía muchos fans que lo recibieron y lo aclamaron. Hasta se cuenta que hubo chicas que lo esperaban con tijeras, para cortar partes de su ropa y llevárselas como recuerdo. Por el acoso de las groupies alemanas, Owens tuvo que ser custodiado por las SS. “Protegemos al negro con la nuestra, mein führer”, podrían haber dicho quienes acusaban a Hitler de garantista. Que debería haber, seguramente. Como había también groupies alemanas, rubias arias, calientes con un negro estadounidense. El interracial no nació en el porno, sino en la Alemania nazi.

Hay muchísimas versiones sobre Owens y Hitler. ¿Se vieron? ¿Se encontraron? ¿Se dieron la mano? ¿Hay foto de ambos juntos? ¿Es cierto que Hitler se negó a darle la medalla porque consideraba que “los negros venían de la selva y no eran humanos”, como contó después Albert Speer? ¿O fue un simple protocolo, pues Hitler sólo quería entregar medallas a atletas alemanes, y al notar que también ganaban deportistas de otros países, decidió no entregar ninguna?

Hay hasta una supuesta foto, que circula en internet, de Owens y Hitler sonriendo, abrazados. Claro que en internet también circula cómo se montó esa foto, entre una imagen de Hitler con un jerarca nazi, y otra de Owens junto a otro atleta. El uso del Photoshop para una imagen de 1936 habla de la importancia histórica de este símbolo en el que se quiso transformar al atleta.

Cuando volvió a los Estados Unidos, Owens pensó que le iban a llover las ofertas de patrocinadores, y que podría vivir como una estrella, al igual que en sus días en Berlín. Pero, aunque tenía mucha fama, también tenía poco dinero. Ya no había groupies rubias, sino mucho racismo. Entonces aceptó una oferta del Partido Republicano, que le pagó un buen billete para hacer campaña, entre los negros, a favor del candidato Alf Johnson.

En ese contexto, Owens salió a bardear al entonces presidente y candidado demócrata a la reelección, Franklin Delano Roosvelt. Y lo hizo en actos públicos, armados por los republicanos. En octubre de 1936, poco después de llegar de Berlín, en una manifestación en Baltimore, aseguró:

“Algunos dicen que Hitler me despreció. Pero yo les digo que no lo hizo. No estoy diciendo nada en contra de nuestro presidente. Recuerden, no soy un político. Pero también recuerden que el presidente no me envió ningún mensaje de felicitación porque, según dicen, estaba muy ocupado”.

El interracial no nació en el porno, sino en la Alemania nazi

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Owens estaba muy dolido porque el presidente Roosvelt no lo invitó a la Casa Blanca tras ganar las cuatro medallas en Berlín. Ni siquiera le había enviado un telegrama de felicitación. Y eso que había logrado una marca histórica, que recién sería igualada por Carl Lewis en Los Angeles 1984. Tras este desplante por parte del presidente (y de los demócratas), Owens aceptó la oferta republicana.

Los motivos de Roosevelt para ningunear a Owens eran similares a los de los republicanos para contratarlo: conveniencia política. Roosvelt necesitaba votos del sur racista, gente para la que Owens era un negro, no un campeón olímpico.

Los que sí tuvieron problemas con los nazis fueron los propietarios de la primera empresa que patrocinó a Owens: la Gebrüder Dassler Schuhfabrik. En castellano, Fabrica de Zapatos de los Hermanos Dassler. Creada en 1924 por Rudolf y Adolf Dassler, la empresa había logrado consolidarse en Alemania, hasta llegar a vender, a mediados de la década del 30, 200 mil pares de zapatillas deportivas por año.

Los Dassler tenían su fábrica en Herzogenaurach, la pequeña ciudad en la que habían nacido. Desde allí habían crecido a todo el país. Y los juegos olímpicos de 1936 eran la oportunidad para expandirse a todo el mundo. Mientras Rudolf se ocupaba de las ventas y la distribución, Adolf era el cerebro del diseño y la fabricación. Como hombre de negocios, Rudolf tuvo buenos vínculos con los jerarcas nazis y estos contactos hicieron crecer la empresa. Pero a Adolf no le gustaba asociar a su fábrica con los seguidores de su tocayo.

Al ver que había un atleta estadounidense muy famoso, a Adolf Dassler se le ocurrió que sería una buena idea patrocinarlo. Y que corriera con sus zapatillas deportivas. Fue hasta la villa olímpica (evitando olímpiamente la opinión de su hermano) y convenció al corredor negro. Jesse Owens ganó sus cuatro medallas olímpicas compitiendo con el calzado de los Dassler.

A los nazis no les gustó que una empresa alemana patrocinara a un estadounidense. Y menos a un estadounidense negro. Entonces pidieron explicaciones y pusieron a los Dassler en la mira. Pero el que más se calentó con la medida fue Rudolf, porque su hermano tomó esta decisión sin consultarlo. Las cosas entre los Dassler comenzaban a ponerse jodidas en serio.

Durante la guerra, la fábrica fue intervenida y obligada a ensamblar armas. Cuando cayó Hitler, estuvo a punto de ser destruida por los estadounidenses, que creían que los Dassler eran cómplices de los nazis. Pero los hermanos les explicaron que les habían intervenido la fábrica y los obligaron a hacer armas. Pero que, en realidad, ellos se dedicaban a hacer zapatillas deportivas. ¿Cómo probarlo? Muy sencillo: con la foto del campeón olímpico con el calzado de los alemanes.

Gracias a haber patrocinado al atleta negro, los Dassler zafaron y pudieron retener la fábrica. Pero la relación entre ellos dos estaba rota. Rudolf (o Rudi) era extrovertido, encantador, seductor. Por su fama de mujeriego, le decían Puma. Igual que “Mi amigo el Puma”, la canción que Sandro le dedicó a su amigo Julián Mandriotti, a quien también le decían “el Puma”. Otro puma seductor, irresistible.

Adolf era introvertido, poco social, muy metido en su universo creativo. Para el resto del mundo, era un excéntrico y estaba un poco loco. Cuando se separaron, cada uno creó su propia empresa de calzado deportivo. A Adolf le decían Adi. Así que le sumó este apodo de tres letras a las primeras tres letras de su apellido para nombrar su marca. Y así nació Adidas.

Rudi, en un principio, hizo lo mismo, pero con dos letras de nombre y dos de apellido. Y llamó Ruda a su empresa. Pero poco después lo cambió por otro parecido, apelando al viejo apodo con el que lo llamaban las chicas. Una palabra en quechua, que daba nombre a una especie de león sudamericano, que era considerado sagrado por los incas. La palabra se había extendido en Alemania, y se vinculaba a un felino, rápido, ágil y elegante. Así nació Puma.

Si se miden las cosas con un detector de progresismo más sutil que el que se necesita en un balotaje electoral, Adidas es la “opción progre” en el pan y queso de las corporaciones deportivas

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Hoy Adidas y Puma siguen teniendo su sede central en Herzogenaurach, en Baviera. La ciudad natal de los Dassler tiene hoy apenas 25 mil habitantes. Ridículamente pequeña para tener dos multinacionales gigantes como Adidas y Puma.

Hay una película alemana de 2016, que se llama Adidas vs. Puma y cuenta la historia de los Dassler durante 30 años, desde la creación de la empresa, en 1924, hasta 1954. La película comienza y termina durante el Mundial de fútbol de Suiza 54, la primera vez que Alemania (en este caso, Alemania Occidental) usó calzados Adidas. Y coincidió con la vez en la que Alemania levantó el primero de sus cuatro trofeos.

El director técnico de la Selección fue a ver primero a Rudi, para proponerle que la selección usara calzado Puma. Pero Rudi le dijo que no. Que la Selección no ganaba nada y que a él le iba muy bien patrocinando a los principales clubes de la Bundesliga.

El DT fue entonces a ver a Adi, que sí aceptó. La identificación entre Adidas y Alemania a partir de entonces sería total. Desde ese momento, la pelea de Adidas sería global, y con los estadounidenses. Específicamente, con Nike. Un clásico del mundo deportivo y cultural.

Puma seguiría siendo una marca muy importante. Es la marca que viste al Manchester City, por ejemplo. Y fue la marca que históricamente patrocinó a Diego Maradona. Diego levantó la copa del Mundo en México 86 con unos botines Puma. La marca del mayor de los Dassler eligió a Diego como sucesor de Pelé, que también era un futbolista de Puma. Y también Johan Cruyff, Eusebio o Löthar Mattheus. Sin embargo, Puma es una tercera marca, que mira desde atrás la pelea de fondo. La verdadera grieta deportiva.

Si se miden las cosas con un detector de progresismo más sutil que el que se necesita en un balotaje electoral, Adidas es la “opción progre” en el pan y queso de las corporaciones deportivas. Que es la pelea que lleva adelante con Nike. Pero, ¿Adidas progre? ¿En serio? Bueno, vieron cómo es el progresismo. Y ni hablar de cómo funciona el progresistómetro. Vieron, además, cómo son los balotajes y las grietas. Entonces, sí, Adidas progre. Ponele.

Adidas tiene una línea de zapatillas de cáñamo, que tienen buena cobertura en algunos medios fumones y cool. Hace unos años contrató a dos de los raperos “contestatarios” más importantes de América latina para hacer colaboraciones: el brasileño Marcelo D2 y el puertorriqueño René Pérez Joglar, alias Residente, entonces aún integrante de Calle 13. En la canción de Calle 13 “Calma pueblo”, Residente canta:

Yo uso al enemigo, a mí nadie me controla
le tiro duro a los gringos y me auspicia Coca-Cola.
De la canasta de frutas soy la única podrida
Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas.
Mi estrategia es diferente, por la salida entro
me infiltro en el sistema y exploto desde adentro.
Todo lo que les digo es como el aikido
uso a mi favor la fuerza del enemigo.

No sólo de Messi vive Adidas. La canción de Calle 13 parece una actualización de Si se calla el cantor, de Horacio Guarany. Está incluida en el disco Entren los que quieran, de 2010. Cuatro años antes, en agosto de 2006, Fidel Castro reapareció en público tras una larga internación por un problema de salud. Durante la ausencia se había especulado mucho sobre el presente y el futuro del líder cubano, y hasta se había conjeturado que había muerto. Pero no, nada que ver: Castro, finalmente, iba a morir diez años después, en 2016.

El deseo de un mundo Adidas, con un peronismo de tres tiras: la patria, la lapicera, el cargo

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La foto de Fidel (vivo) en 2006 tuvo aires milagrosos. Fue casi una resurrección. El Comandante estaba sentado, viejo, cansado, algo desmejorado, pero entero. Tenía un ejemplar del Granma en sus manos (en el que se leía el título “Absuelto por la historia”), y, lo más llamativo: lucía un equipo deportivo marca Adidas. No fue la primera vez que Fidel usaba ropa Adidas: lo venía haciendo desde 2000. Pero esta vez el impacto fue mucho mayor: Fidel le anunciaba al mundo una resurrección de tres tiras.

Desde entonces pasó a ser común ver al anciano líder con su buzo o su pantalón Adidas. La revolución se repite como joggineta. El asunto llamó tanto la atención que las propias autoridades de la marca alemana salieron a aclarar que ellos no tenían nada que ver con la decisión del Comandante.

Algunos enemigos políticos de Castro aprovecharon el revuelo de las tres tiras y lo acusaron de venderse al capitalismo. Pero los voceros de Adidas explicaron que esta decisión seguramente se debía a que la marca alemana había firmado un contrato hasta 2012 para vestir al equipo olímpico de Cuba. Un país que supo ser potencia olímpica en esa región del mundo. Salud, educación y deporte: los pilares del comunismo caribeño, las tres tiras de la revolución.

No fue la primera vez que Fidel usaba ropa Adidas: lo venía haciendo desde 2000. Pero esta vez el impacto fue mucho mayor: Fidel le anunciaba al mundo una resurrección de tres tiras

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En Adidas vs. Puma se muestra el momento en el que a Adi Dassler se le ocurre lo de las tres tiras como forma de identificar a su marca. Adi va a un entrenamiento de un equipo de fútbol, en el que le dicen que unos jugadores están usando botines de la marca de su hermano. Le llama la atención la tira blanca que tienen los zapatos sobre el cuero negro, y un asistente le explica que su hermano usa esa tira para identificar a su calzado.

Mientras los jugadores entrenan, unos empleados del club están pintando de blanco los postes de los arcos. Adi llama a un futbolista, le pide que se acerque, pone tres dedos sobre la pintura fresca de un poste, y pinta tres tiras blancas sobre el cuero negro del botín. Y así nació un ícono.

Esas mismas tres tiras que usó Fidel Castro, aparecen hoy en la ropa idéntica, azul profundo, que lucen Mayra Mendoza y Facundo Tignanelli en el afiche que los anuncia como candidatos a diputados provinciales por Buenos Aires, por Fuerza Patria. La historia de tres tiras se repite como elección de medio término.

El peronismo de las tres tiras nos anuncia que, como Adidas, surgió tras una interna tan feroz como inexplicable. Como la que peleó para siempre a los hermanos Dassler, que jamás oyeron hablar del Martín Fierro. ¿Cómo se dirá “los hermanos sean unidos/ porque esta es la ley primera”, en alemán? Una interna de Baviera, pero en el Conurbano bonaerense. Y la certeza de que allí no saldrán dos potencias como Adidas y Puma. Con sobrevivir, todos contentos.

Mientras tanto, allá afuera, aquellos a quienes solía representar el peronismo hacen lo que pueden. Como el bueno de Jesse Owens, que tras sus cuatro medallas y su cercanía a los republicanos hizo de todo, hizo lo que pudo. Intentó como promotor deportivo, pero le fue mal. Y terminó organizando carreras de exhibición en las que competía con un caballo. Al respecto explicó después:

“La gente decía que era degradante ver a un campeón olímpico competir con un caballo, pero ¿qué podía hacer? Tenía cuatro medallas de oro, pero no podía comérmelas”.

Owens era muy famoso en todo el mundo. En la Argentina, fue portada de la revista El Gráfico. Pero tras tener una lavandería y trabajar en una estación de servicio, terminó en bancarrota. Entonces fue rescatado por el gobierno de los Estados Unidos: en 1955, el presidente Dwight Eisenhower (sí, republicano) lo nombró embajador de buena voluntad, para promover el deporte amateur y la amistad entre naciones.

En 1970, otro presidente republicano (Gerald Ford) le otorgó a Owens la Medalla Presidencial de la Libertad. En 1968, en los Juegos Olímpicos de México, los atletas estadonidenses (y negros) Tommie Smith y John Carlos se subieron al podio para recibir sus medallas. Y desde el podio olímplico hicieron el saludo del black power, con el puño en alto. Owens, el símbolo, el negro que había desafiado a los nazis, tomó distancia de sus colegas. Y afirmó:

“Es un símbolo sin significado. Cuando abrís los puños, tenés a la vista tus dedos, que son frágiles. La única ocasión en que el puño cerrado tiene significado es cuando tenés dinero agarrado. Allí reside el verdadero poder”.

Mientras tanto, allá afuera, aquellos a quienes solía representar el peronismo hacen lo que pueden

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Quien sabe si por el verdadero poder, por la lectura de un cambio de época, o por convicciones genuinas. El caso es que cuatro años después Owens se arrepintió de no haber apoyado a sus colegas que hicieron el saludo del black power. Y publicó un libro de memorias, con un título que lo dice todo: He cambiado. Allí Owens habla sobre el gesto de 1968, un año cargado de gestos y gestas:

“Me di cuenta de que luchar, en su mejor sentido, era la única respuesta que el afroamericano tenía, que cualquier negro que no estaba comprometido en la lucha en 1970 estaba ciego o era un cobarde”.

Durante 35 años, Owens fumó un paquete de cigarrillos diario. El 31 de marzo de 1980, murió a los 66 años, de cáncer de pulmón. El dormitorio en el que se alojó durante los Juegos Olímpicos fue convertido en un museo, lleno de fotos y objetos que usó el campeón olímpico durante su paso triunfal por Berlín. Por el lugar en el que nació el mito veloz e incómodo. Por la ciudad en la que fue patrocinado por la empresa del creador de Adidas, la multinacional progre en la grieta de las corporaciones globales.

Tres tiras de ilusión progresista. Aferrarse a Calle 13 y repetir “Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas”. Lo popular, no ejercido desde los márgenes, sino desde lo aspiracional. El deseo de un mundo Adidas, con un peronismo de tres tiras: la patria, la lapicera, el cargo. La tercera posición como deporte. La marca que viste a Boca y a River para intentar explicar lo inexplicable.

El quinto peronismo de Alejandro Horowicz es el peronismo de las tres tiras. El símbolo con pies de barro y pilcha cool.

La única verdad es la realidad.

Impossible is nothing.

DE FRENTE MAR