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17 de julio de 2026

17 de julio de 2026

5 de junio de 2025

LEÓN XIV: “EN CRISTO SOMOS UNO”

Guillermo Jensen

Política y Religiosidad
Tiempo de lectura: 7 minutos

¿La discreta mano de Francisco?

No tengo la más mínima prueba, pero de alguna manera tengo la impresión de que Jorge Mario Bergoglio lo volvió a hacer. Robert Prevost, el flamante Papa León XIV, debe mucho al legado del Papa Francisco, por lo menos en dos aspectos. En el primero y más obvio es que en estos pocos días de pontificado León XIV ha manifestado una clara sintonía con la agenda de Francisco, en temas como la paz y los migrantes. Guste o no, la Iglesia Católica será liderada por alguien que considera que la sensibilidad de Francisco para con ciertas problemáticas sociales es una poderosa inspiración. Creo que esto habla más de la fuerza de ciertos aspectos del legado de Francisco que de la afinidad personal entre ambos Papas.

En segundo término, tal parece que Prevost llegó al Cónclave con más apoyos de los que sabíamos. Y detrás de ello no podemos más que reconocer la visión que tuvo Francisco cuando lo hizo Obispo primero y Cardenal después (transformándolo automáticamente en elegible al papado) , y cuando lo designó a la cabeza del Dicasterio que formalmente nombra a los obispos en el mundo y presidente de la Pontificia Academia para América Latina en 2023. Francisco no eligió a su sucesor antes de morir, pero dio los pasos necesarios para que un perfil como el de Prevost estuviera disponible en el Cónclave. ¿Qué perfil es ese? El más necesario para un contexto de fragmentación ad intra de la Iglesia Católica: un hombre que parece reunir en él, de manera sobria y sin pomposidad, la sensibilidad de Francisco con los periféricos existenciales de este mundo y la refinada formación intelectual y gusto por la liturgia de Benedicto XVI. ¿El más ratzingeriano de los bergoglianos? No estoy seguro, pero algo de eso hay. Si asumimos por un momento que Francisco hizo algo para que Prevost fuera Papa, podemos inferir que no puso las fichas en alguien idéntico a él. No quiso o no vio posible- por la razón que fuere- que le sucediera un “Francisco II”.

Desde ya, hay quienes ven en la elección de Prevost el triunfo del Bien (un Papa de continuidad con Francisco, más bien progresista) sobre el Mal (los Cardenales y obispos más conservadores y refractarios al pontificado del Papa argentino). En lo personal, no lo veo así, ni me parece productivo, intelectual y espiritualmente, analizar los fenómenos religiosos con esas categorías dicotómicas y simplistas. Si ya en la política las etiquetas de derecha e izquierda son enormemente problemáticas para explicar algo, ni que decir cuando las aplicamos a la valoración de un Papa, que es, por definición, un líder espiritual a nivel mundial, de muchísimas y muy diversas personas en todo el mundo.

No por obvio debemos dejar de decirlo: hay personas de muy diversas orientaciones ideológicas genuinamente cercanas a Dios y con espíritu evangélico. También de las otras, de las que ven en un Papa una oportunidad personal y buscan instrumentalizar la figura de un líder espiritual que es relevante para millones en el mundo. Le pasó a San Juan Pablo II con sectores más conservadores; le pasó a Francisco con cierto progresismo.

Me adelanto a la objeción obvia: algunos podrán decir que ambos Papas hicieron guiños a esos sectores; que si instrumentalizaron sus figuras y acciones fue porque, en parte, se dejaron instrumentalizar. Aún concediendo que algo de eso fuera cierto, no podemos leer todas y cada una de las acciones de un Papa a la luz de la ideología de turno. Si hacemos eso, el maniqueísmo terminará por gobernar nuestra mente y contaminar nuestro espíritu. Propongo humildemente que no juzguemos a los pontífices desde el zócalo de una ideologización sobregirada y centrífuga. De lo contrario, corremos el riesgo de caer en posiciones intelectualmente cerradas y hasta deshonestas: si así lo queremos, siempre podremos forzar una “lectura política” partisana de los hechos.

"Un hombre que parece reunir en él, de manera sobria y sin pomposidad, la sensibilidad de Francisco con los periféricos existenciales de este mundo y la refinada formación intelectual y gusto por la liturgia de Benedicto XVI. ¿El más ratzingeriano de los bergoglianos?"

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La importancia de llamarse León

La elección del nombre del nuevo Papa deja mucha tela para hacer reflexiones. Dejo tres, de carácter provisorio.

La primera es que a partir de la confirmación Prevost quiso explícitamente referenciarse con León XIII y no con otros “Leónes”, cabe pensar que, de alguna manera, quiso linkear con un Papa del siglo XIX y “saltarse” las tensiones del catolicismo del siglo XX, particularmente las que emergieron del Concilio Vaticano II. ¿Decidió bajar el tono de los debates permanentes y algo extenuantes del pre y el posconcilio, para retomar la cuestión social apoyándose en el Papa que creó, a partir de la encíclica Rerum Novarum (1891), la moderna Doctrina Social de la Iglesia? Hay algo ahí: estoy seguro de qué, como hizo estas semanas, citará profusamente documentos de los papas conciliares y posconciliares. Es tan importante lo que eligió como lo que no:  eligió no ser Juan XXIV, ni Pablo VII, ni Juan Pablo III, ni Benedicto XVII, ni (sobre todo) Francisco II.

En segundo lugar, León XIII fue un Papa bisagra, de los que dejan huella. Visto a la distancia, fue un pontífice que tuvo rasgos complejos, difíciles de definir con categorías simples. Veamos: fue el Papa que decidió que la Iglesia Católica explicitara una posición clara sobre temas sociales modernos, en particular referidos al mundo del trabajo, la dignidad del trabajador y la denuncia de la explotación a la que era sometido. De alguna manera, la Iglesia fue a pelearle la cuestión social al socialismo. También fue el Papa que quiso que la Iglesia deje atrás su repliegue respecto del mundo secular y enfrentase los desafíos propios de la modernidad. Además, impulsó la formación académica a partir de la fundación de la Escuela Bíblica de Jerusalén, la apertura a los estudios histórico-críticos de la Biblia y la creación de la Comisión para los estudios históricos por la Saepenumeros Considerantes, con el fin de reafirmar el lugar de los estudios históricos modernos en la vida de la Iglesia tras la apertura de los Archivos Vaticanos que él mismo dispusiera. Simultáneamente, hizo del tomismo, a partir de la Encíclica Aeterni Patris, la concepción teológica oficial de la Iglesia. Ortodoxo en lo doctrinal, denunció al liberalismo y al socialismo como males de su tiempo y defendió a la recristianización del Estado en su encíclica Inmortale Dei, mientras convertia en cardenal al converso (y bastante liberal) John Henry Newman.

Finalmente, si León XIV sigue la estela de León XIII, será un Papa para nada neutral en cuestiones sociales. Solo basta leer este pasaje de la encíclica Rerum Novarum para hacerse una idea: No se ha de pensar, sin embargo, que todos los desvelos de la Iglesia estén tan fijos en el cuidado de las almas, que se olvide de lo que atañe a la vida mortal y terrena. En relación con los proletarios concretamente, quiere y se esfuerza en que salgan de su misérrimo estado y logren una mejor situación. Y a ello contribuye con su aportación, no pequeña, llamando y guiando a los hombres hacia la virtud”

Veremos hacia dónde se desenvuelve el magisterio de León XIV. Una pista bastante clara la dio en uno de sus primeros discursos, el pronunciado ante las delegaciones del cuerpo diplomático acreditadas ante la Santa Sede: “Es tarea de quien tiene responsabilidad de gobierno aplicarse para construir sociedades civiles armónicas y pacíficas. Esto puede realizarse sobre todo invirtiendo en la familia, fundada sobre la unión estable entre el hombre y la mujer, «bien pequeña, es cierto, pero verdadera sociedad y más antigua que cualquiera otra». Además, nadie puede eximirse de favorecer contextos en los que se tutele la dignidad de cada persona, especialmente de aquellas más frágiles e indefensas, desde el niño por nacer hasta el anciano, desde el enfermo al desocupado, sean estos ciudadanos o inmigrantes”

¿Un Papa posliberal contra los políticos posliberales?

Hace unos meses el Prevost criticó al vicepresidente J.D. Vance por afirmar que en virtud del “ordo amoris” (orden del amor) agustiniano, la caridad cristiana debía priorizar a los ciudadanos nacionales sobre los inmigrantes. El entonces cardenal pareció aplicar un correctivo doctrinal a un político que quiso defender una medida política con un argumento religioso. ¿O estaba haciendo algo más? ¿Le estaba indicando a Vance que la posición política de un católico sobre la cuestión de los inmigrantes debía ser diferente a la sostenida por el vicepresidente de los Estados Unidos? La respuestas a estas preguntas no son irrelevantes.

No deja de ser curioso que el actual Papa haya reprendido a un político como Vance, vinculado al mundo intelectual de los posliberales o integralistas, un grupo de académicos y periodistas norteamericanos que son o se convirtieron al catolicismo, quienes apoyan a presidente Trump y que al mismo tiempo admiran el aparente conservadurismo doctrinario (pero socialmente comprometido) de León XIII. En otras palabras: los políticos defensores de León XIII parecen tener puntos de tensión con León XIV.

Veremos si estas tensiones se encuentran circunscriptas a temas específicos como la migración o si se extienden a otras cuestiones. El reciente y amable encuentro que tuvo el actual vicepresidente de los Estados Unidos con el nuevo Papa parece indicar que, por el momento, el conflicto no escalará.

"No deja de ser curioso que el actual Papa haya reprendido a un político como Vance, vinculado al mundo intelectual de los posliberales o integralistas. En otras palabras: los políticos defensores de León XIII parecen tener puntos de tensión con León XIV."

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En busca de la unidad en Cristo

Para cerrar estas primeras impresiones sobre León XIV, me resta apuntar que los cardenales han elegido a un hombre que representa la salida del papado del fin del mundo, pero de a poco: digamos que se dirige de Argentina hacia los Estados Unidos, con escala en Perú. Me gusta la imagen porque evoca un cambio suave, sin ruptura, un horizonte nuevo que puede cambiar con respecto al pasado, pero en diálogo y no en confrontación con el mismo. Los cardenales parecen haber decidido que al tiempo de hacer lío y sacudir un poco las estructuras, le siga una época más calma.

El Colegio Cardenalicio pone los jugadores, pero al partido lo define la acción del Espíritu Santo. Creo que al final, el pontificado de León XIV será juzgado positivamente si logra hacer visible el Evangelio y el amor de Cristo en cada uno de sus gestos, sus palabras y sus acciones: si el mensaje evangélico vence a la ideologización extrema, si el mensaje de paz es trasmitido y no solo declamado, si el compromiso social proviene de una fe que trascienda largamente la mundanidad de las coyunturas políticas, si el cuidado en las palabras se condice con el cuidado a las personas. Mas importante aún, si efectivamente la unidad y la armonía se terminan dando porque nos encontramos en Cristo, y si en ese norteamericano nacionalizado peruano de 69 años podemos percibir un pedacito del Jesús resucitado.

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