Un momento...

27 de junio de 2026

27 de junio de 2026

24 de junio de 2026

39

Guido Mignogna

@guidomignogna
La pelota no se mancha
Tiempo de lectura: 4 minutos

Anatomía de un instante

A los 94 minutos del segundo tiempo, después de que la pelota le cayera de un rebote largo de su amigo Leandro Paredes, Messi encaró para adelante, trazando una leve diagonal, como hace 20 años, pura iteración, pero esta vez más tímida, calculando un pase gol a Julián que venía por el otro lado. Lo asistió. Pero no paró. Aprovechó la inercia y siguió su carrera entrando a la zona de interés mientras Julián erraba, y cuando el rebote del arquero lo pescó -otra vez- Paredes, Messi frenó, dio un paso atrás cuando todos se amontonaban en el arco y abrió ambos brazos, reclamando el pase. Su marca austríaca que lo venía acompañando se fue con la pelota. Paredes la acomodó, amagó arco y abrió el pie para pasársela a su amigo, esta vez sin casualidades. La marca austríaca, que venía con Messi y ahora iba con Paredes, mordió el pase con la punta de su botín. Lo suficiente para que la pelota se levantara de golpe, tomando otra velocidad y otro destino; un balazo en altura.

Un reflejo: tac. ¿Adónde vas?

Con el cuerpo lanzado hacia adelante y en carrera quedó pasado. Una orden inmediata, desde arriba: una pierna disociada para ir a capturar esa pelota. Un gesto chaplinesco. Una torsión de su pie: la gracia de un taco para amortiguar la bola. Una memoria muscular. Un fotograma que necesita transformarse en un gif para verlo una y otra vez. Cuadro por cuadro. Para entender el detalle. Como si Luciana Aymar hubiera parado la bocha en el aire con el palo. Tac.

Después lo de siempre. Otra vez la iteración; el prompt perfecto para diseñar la jugada que siguió. La gambeta en busca del hueco. Entre piernas, muros y botines europeos. Y él ahí, en el día de la marmota, hociqueando, flotando en el cuadrilátero mientras sus compañeros y sus rivales miran. Todos sabíamos que iba a ser gol sin entender cómo lo iba a hacer. Va el zurdazo y rebota. Le queda ahí mientras todos quedan freezados; el único que puede moverse es él, que con esfuerzo va de vuelta. Los demás, quietos, esperando que haga lo que tiene que hacer; otro gol, uno más.

Hoy Messi cumple 39 años de edad.

Son miles de experiencias almacenadas, años de inventar tacos, de sumarlos a su repertorio; de entrenar la astucia y la eficacia. A los 39, ese taco no fue reflejo de juventud: es parte de su propio material de archivo

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Métis

Hace poco entrevisté a Fernando Signorini para un documental. Un querido PF de Maradona. Quizás uno de los personajes más fieles a Diego. En un momento empezó a hablar de Maradona y de Messi, a quien conoció y acompañó en el Mundial 2010. Trajo al filósofo François Jullien y su conferencia sobre la eficacia para explicar algo curioso: la animalidad de estos cracks. Contó que, a partir de esa lectura, entendió que el concepto de estrategia que describe Jullien -pensado desde la Grecia antigua, anterior a los filósofos- se podía leer en la Ilíada y la Odisea: Ulises no era inteligente desde el punto de vista psicológico, sino estratégico; llegaba al combate y miraba por dónde podía ir. La lectura del escenario. Tres mil años después, decía el profe, Diego, Leo, Román, Ronaldinho -los grandes jugadores- hacen lo mismo: cuando tenés encima tres o cuatro pares de piernas, hay un instinto de supervivencia que surge, una situación que se resuelve a favor de la eficacia.

Jullien le pone nombre a eso: métis. “Sacar partido de las circunstancias, ver cómo evoluciona la situación y explotar lo que en ella es la orientación favorable. Detectar los elementos “facilitadores” de la escena para dejarse llevar por ellos. Agarrar la situación en el sentido en que se desarrollaba, no a contrapelo, y así sacarle partido a su evolución”.

Pero hay algo más de fondo en esa conferencia, algo que el filósofo francés explica a través de los chinos: no se trata de tener un plan y ejecutarlo, sino de leer el potencial de una situación -cómo está parada la cosa en cada instante- y dejar que ese potencial se resuelva a favor de uno, sin forzar nada. El estratega no parte de un escenario que ya modelizó de antemano, sino de la situación en la que se encuentra, tratando de identificar dónde estaba el potencial y cómo explotarlo.

Son miles de experiencias almacenadas, años de inventar tacos, de sumarlos a su repertorio; de entrenar la astucia y la eficacia. A los 39, ese taco no fue reflejo de juventud: es parte de su propio material de archivo. Messi no anticipó el rebote en el pie austríaco con un plan; leyó, en una fracción de segundo, hacia dónde se movía esa pelota desviada, y la atrapó al vuelo como un animal.

No fue magia. Fue métis.

La pelota no se mancha