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29 de mayo 2021

Juan Di Loreto

UNA FÁBULA CONTEMPORÁNEA

Tiempo de lectura: 2 minutos

“Mi barrio era así…”

Anibal Troilo

Un punto no es nada. Una sucesión de puntos hacen una línea. Un conjunto de líneas ya están dibujando algo. Con los relatos de la época pasa lo mismo. Si uno hiciera el ejercicio de abstraerse y buscar el sentido de un texto suelto sería imposible. Toda lectura se da en un marco y ese contexto hace que tenga un significado. A riesgo de exagerar: la época nos pone las palabras y los anteojos con los que debemos anudar esas palabras. No hay lecturas ingenuas más que en su inconsciencia, en su distracción. En ese sentido todo tiempo pasado sí, fue mejor. Porque siempre estamos leyendo desde la carencia del presente. Quizás por eso, de un tiempo a esta parte, han aparecido muchos artículos que podrías poner bajo el tema: “Fábulas contemporáneas para los jóvenes argentinos”. Veamos cómo funciona.

Primero: estas fábulas suelen llevar de título una suerte de secuencia lógica irrefutable: “Emigró a… consiguió trabajo y vive en el lugar de sus sueños”. (Esta estructura también se repite en muchos artículos de otros temas.) Lo que puede ser una historia excepcional, repetida todas las semanas dice algo más. Porque ya no es una historia, sino una cadena de narraciones que constituyen un ideal a seguir.

la época nos pone las palabras y los anteojos con los que debemos anudar esas palabras. No hay lecturas ingenuas más que en su inconsciencia, en su distracción. En ese sentido todo tiempo pasado sí, fue mejor. Porque siempre estamos leyendo desde la carencia del presente

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Sin tener el carácter explícito de la fábula -con aquel resumen final que enuncia la moraleja- estos relatos conservan intacta su función: la enseñanza de las “buenas costumbres y valores”. No por casualidad los protagonistas (¿y destinatarios?) parecen ser los jóvenes profesionales o emprendedores. De alguna forma los lugares de la fábula clásica aparecen construidos: el protagonista con la actitud que lo hará triunfar en oposición con el antagonista fracasado. Respectivamente: el joven que elige irse y el país del fracaso, inviable, condenado.

Sobre el marco en que ocurren estos relatos, uno no puede menos que sospechar lo idílicos que resultan todos los destinos. En Esas notas abundan las fotos de estilo vacacional, gente sonriente, playa, el verde y el azul de fondo. Salvo en detalles logísticos, los argentinos narrados encuentran el bienestar y se “olvidan” de la inseguridad.

No hay lejana tierra mía ni viejo querer. La identidad se desterritorializa y, como la esfera de Pascal, está en todas partes y en ninguna. Esta representación de “argentinos emigrados” (porque no estamos hablando de argentinos de carne y hueso, sino de la re-presentación que se hace en estas alegorías) no ensayan la melancolía ni la nostalgia. La fábula en sus funciones impide que sus personajes se salgan de su accionar aleccionador. Su destino es mostrar qué elección hay que tomar en “este país”.

Al fin y al cabo, lo único que tiene que hacer uno es elegir irse. Porque estas historias son el reverso del recitado deTroilo: ellos siempre se están yendo. Porque Argentina no es ni un querer, ni un tener, sino un partir.

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