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29 de octubre 2022

Juan Di Loreto

TODO LO QUE ESTÁ BIEN

Tiempo de lectura: 4 minutos

Ser de derecha es todo lo que está bien. Es lo más. Lo todo. Porque todos queremos pertenecer, que te inviten a eventos y al programa ese de la tardecita para decir las verdades que tiene para decir la derecha.  Ser de derecha es vivir el hoy. Si en otra época había que ser “progre”, como dice Eduardo Minutella, hoy la que va es disputar por derecha, con el pretendido “decir lo que nadie se atreve a decir” (aunque ya está lleno de gente que dice lo que hay que decir). Porque políticos, comunicadores e influencers han sabido leer, no las encuestas y los focus, sino que lo que ha cambiado: el verosímil de época. Porque las encuestas nunca mienten, muestran lo que la gente dice pero no lo que calla: con las elecciones presidenciales en Brasil sucedió eso. Ya lo había dicho Bourdieu: el problema de mi objeto de estudio es que habla.

Como sabemos, las palabras y los discursos son cualquier cosa menos lo neutro, no tienen grado cero, no hay una literalidad desde la que se inicia todo. Y como las palabras se van asociando y vinculando en el caos de lo social (el significante se desplaza, bah), también todo discurso se gasta. Se “vacía”, como nos gusta decir. Si tanto va el pájaro a la fuente, la fuente termina por no importarle a nadie. Deja de tener sentido. Pongamos de ejemplo la simbología del kirchnerismo: fueron tan efectivas, les fue tan bien… pero todo (hasta lo simbólico) tiene un límite. Se te gastó el speech. Le diste una vuelta de más a la rosca y chau. No cierra. A nadie le importa. O si le importa le soluciona poco y nada de la diaria. Ah (ay) ya metimos ”lo económico”. Lo mismo le pasó a Juntos por el Cambio, pero en ese caso su gobierno desmintió cualquier discurso. Les fue mal. Tal vez tengan un poco más de aire que el kirchnerismo, pero la cuña de la duda ya está sembrada.

No hay materialidad que no esté soportada por un verosímil, sobre lo que en una época es la verdad verdadera. Símbolos y guita, la parejita ganadora

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Todo viene junto, nunca olvidarlo. Ser de derecha es todo lo que está bien, porque cuando a los populismos (estamos simplificando, eh) les va mal en lo económico (o lo bien que les va no alcanza), la derecha que explica mejor los males de la economía se los come crudo. Dale, ponete un kiosco a ver cómo te va. Como decía Piglia (siguiendo a Borges) todo es una cuestión de lectura. Si lees mal vas a ser un pésimo político. Parece muy semiotizado, pero sabemos que se lucha por lo material OBVIO, pero no hay materialidad que no esté soportada por un verosímil, sobre lo que en una época es la verdad verdadera. Símbolos y guita, la parejita ganadora.

Hace poco estuvo el hijo del Presidente de Brasil. Todos querían la foto con él, pero no por él. Lo que se quería era una foto con una forma de hacer política que se volvió viable a través del tiempo (por más que nos pese). El bolsonarismo no es un radical libre. Y una manera de hacer las cosas que, parece, se van imponiendo en muchos lados. Les están diciendo al electorado: puedo ser el Bolsonaro argentino o la Meloni de las Pampas. Trump sembró el camino en Estados Unidos y el viento del espíritu de época lo esparció por todos lados.

Cuando veíamos el asalto en el capitolio con sorpresa y el gesto de “¡Cómo puede ser!”. Otros pensaban: “ah mirá, puede ser”. Todos creemos en la polisemia, pero la ideología hace un trabajo de borrado (muy moral también) que nos impide pensar que eso que vemos como “lo malo” o la “barbaridad que acontece”, en otro lado, es visto como algo positivo. Tiene razón Stefanoni al plantear que la rebeldía es de derecha. Pero sobre todo porque (todavía, aún) no es lo instituido. No termina de ser y de auto percibirse como lo establecido. 

Hay un trabajo político crucial que implica una verdadera autocrítica y la humildad de los que no tienen nada. Esto parece bastante difícil que se de cuando fueron los dirigentes los que hicieron la suya (la interna permanente) y dejaron solos a la militancia y a la gente que los votó

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Tienen la fuerza de lo que todavía no se solidificó. En criollo: tienen el poder de juego de quién no gobernó. Ni Juntos por el Cambio ni el Frente de Todos tienen esa ventaja. Por eso los principales espacios políticos tienen un trabajo difícil por delante, ¿y quizás haya una sorpresa? Como hipotetiza Diego Genoud. Esto no se arregla con la militancia de Twitter. Hay un trabajo político invisible que no es reemplazable por un CM o cuentas pagas. Es un trabajo que va desde las cúpulas hasta las bases sin descuidar los sectores medios, que son los dueños del sentido (porque nos muestran lo que son con lo que quieren ser; igual que los sectores bajos, claro, pero que no aparecen tan representados en los medios). Hay un trabajo político crucial que implica una verdadera autocrítica y la humildad de los que no tienen nada. Esto parece bastante difícil que se de cuando fueron los dirigentes los que hicieron la suya (la interna permanente) y dejaron solos a la militancia y a la gente que los votó. Por eso si las fuerzas que se dicen populares verdaderamente quieren cambiar algo tiene que volver a lo básico: un plan y una estrategia electoral acorde. Tenés que ser efectivo para ganar y para gobernar. Porque antes que ganarle al otro, tenés que ganarte a vos mismo.