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25 de mayo 2024

Lorena Álvarez

SINCERAMENTE, MILEI

Tiempo de lectura: 8 minutos

1

Corría el año 1988 y Carlos Saúl Menem ya había dado el gran batacazo al ganar sorpresivamente la interna peronista. Su ambulancia, repleta de caídos, le había ganado al número puesto de esa puja, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Antonio Cafiero. Esa pelea entre la civilización atildada del máximo representante bonaerense, mancomunado a los jóvenes más brillantes del partido, frente al bárbaro jefe de una provincia norteña y su variopinta Armada Brancaleone, dejó atónito a todos cuando este último se impuso.

En ese contexto, Carlos Menem es invitado a una entrevista al programa ómnibus más prestigioso de la época, Badía y compañía. La semana previa al convite había pasado por ese mismo decorado su contrincante más potente de cara a las elecciones generales venideras, Eduardo Angeloz, el gobernador cordobés radical y continuador del oficialismo reinante. Un hombre de anteojos gruesos, con un porte acartonado, prolijo y tan gris como sus propuestas.

El programa que a lo largo de todo el sábado mezclaba mini recitales con reportajes y secciones de humor, era el elegido por buena parte de la clase media. Por ende, el lugar donde Angeloz podía sentirse cómodo. Es que al margen de ser un gran producto contaba con la estrella de calidad del buen gusto progresista de la época. No poca cosa. De la mano de destacadas figuras (Charly Garcia, Virus, Los Encargados, Daniel Riolobos, La Torre, Roberto Goyeneche, Marilina Ross, Julia Zenko, el Cuarteto Zupay, Los Abuelos de la Nada o Zas) todo el arco musical podía tener su lugar. Aunque a decir verdad más de una vez perdía en la competencia por el rating con su par de corte popular, “Sábados de la bondad”, donde descollaron, en general los artistas melódicos. Limpiar la casa a fondo un sábado tenía, con dicho programa, la música perfecta para cantar a los gritos. “¡Mentira! Tu vida ha sido siempre una mentira. Una vulgar y estúpida mentira”.

Así pues, Carlos Menem, jugando de visitante en el espacio que mejor representaba a la cultura de la primavera alfonsinista, accedió a contestar las preguntas que el siempre amable Juan Alberto Badia, el factotum del envío y Mario Mactas, uno de sus columnistas estrellas, solían hacer en cada emisión.

Menem, vestido como el pariente de ingresos bajos o gustos menos refinados, intentando lucir perfecto el día del cumple de quince de su sobrina, pudo mostrarse absolutamente sincero sobre quién era

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Ante un público televidente que mayoritariamente le era esquivo, el gobernador de las tierras de Facundo Quiroga fue a despejar todas las inquietudes. Lo que respondió en aquel entonces a los pocos años lo terminó borrando con el codo, sin embargo, hoy volviendo a ver cada detalle estético de ese reportaje, uno termina comprendiendo su ascenso al poder y la fascinación que despertó en los primeros años. Sumado a la esperanza que generaba: se lo veía sincero, no tanto por aquello que decía, sino por quién era.

Aún lejos de los trajes caros que luciría durante la década dorada de los noventa, ese hombre sentado ahí con sus mejores galas, un traje impecable pero usado, algo demodé ya para ese entonces, e intentando por todos los medios no parecer pelado, ayudado por una compleja ingeniería capilar, que incluía frondosas patillas, más las uñas perfectamente cuidadas y un brillo en los zapatos que podrían servirle para volver a tomar la comunión, nos dejaba, al finalizar la entrevista que era una rara avis en ese programa cuya bienvenida se la dio una improvisación medio jazzera interpretada en vivo por Inés Molina, la hermana menor de Juana, y el pianista Oscar Cardozo Ocampo.

Pero también nos mostraba lo mucho que se parecía a buena parte del subsuelo de la patria. Ese que nunca tiene quien le escriba. Ese que estaba cada vez más empobrecido por la disparada de los precios, por la pérdida de poder adquisitivo y descreía de las muchas palabras que escuchaba a diario del oficialismo. Muchos lindos discursos y pocas nueces. La guitarreada radical iba agotando su repertorio por más sobrios y prolijos que fueran los trajes que usara.

Menem, vestido como el pariente de ingresos bajos o gustos menos refinados, intentando lucir perfecto el día del cumple de quince de su sobrina, pudo mostrarse absolutamente sincero sobre quién era. No había dejado en la puerta del canal su estilo para complacer a ese público. Él representaba a quienes lo seguían mientras paseaba sobre el menemovil o quienes lo esperaban al costado de las vías del tren que lo llevaba a recorrer cada rincón de las provincias. “La esperanza en marcha”, rezaban las banderas que decoraban el convoy.

Esperanza que mantuvo intacta durante varios años, ya que además de prometer salariazo y revolución productiva, en la campaña también habló de sacrificios. El spot “Arremánguese” era una clara señal de tiempos duros en pos de un futuro. En el camino estabilizó la moneda, recordemos, y fue así fue que llegó a ser reelegido.

Pero todos sus juramentos no llegaron a consumarse en hechos y así fue como pagó con protestas, hartazgo y desprestigio, durante su segundo mandato, todo aquello que no cumplió. Pues ya sabemos no hay sinceridad estética sin resultados que dure cien años.

2

Hasta ahora Javier Milei tampoco hizo nada concreto para beneficiar directamente a sus votantes. Es más, hasta ahora está haciendo en materia económica todo lo contrario. Sí por el momento acumula una pila de gestos como auditar planes, despedir masivamente en el estado o cambiar el nombre a un centro cultural. Caramelos ácidos mientras se espera que sirvan la tan ansiada cena. Sin embargo, aún mantiene su popularidad y muchos de sus seguidores sienten que todo va a mejorar, manteniendo en alto la esperanza mientras perciben sinceridad en sus ojos. Creen que cree en lo que cree y hace.

Casi un fondo de olla emocional, pueden pensar algunos pero que debería interpelar, y mucho, a la política. Aunque siempre sea más fácil suponer que el otro no entiende, que es un iluso o peor aún, es un roto ignorante. Es que muchos aun sienten recelos por los años de sentir que las promesas se las lleva el viento y que lo que se dice en un discurso ordenado, prolijo, supervisado por decenas de asesores, termina siendo simplemente un truco de magia que no sale a la hora de llevarlos a cabo, siente que hacen bien vuelven a apostar al sincero, al convencido, al que tiene una meta personal. Algo que hace años muchos dejaron de sentir hacia los políticos tradicionales que llegan muchas veces con las mejores intenciones, pero acaban en el mostrador del estado, entre bizcochos de impotencia, transformándose en becados premium de por vida. Que el estado y la política es más que eso, por supuesto, pero que también durante años ha sido un potus con grandes beneficios mientras el mundo de muchos se ha derrumbado también. Lo cual implica que la palabra sinceridad sea de gran peso.

Sinceramente odia al comunismo, al que probablemente asocie a un malvado Iván Drago matando a Apollo Creed en Rocky IV. Sinceramente le gusta el rock anarco de finales de los 90 de La Renga o La Bersuit, como a la mayoría de nuestra generación que no soporta la música actual, contraponiendo, inclusive, su imagen a la de muchos otros políticos que sobreactúan pasión por Wos o Trueno y en el fondo uno se los imagina escuchando una playlist de FM Aspen, pero que en su afán de agradar a públicos más jóvenes terminan, al final, siendo el objeto de sus burlas. ¿Alguien imagina en serio que Taylor Swift emociona a Larreta?

Limpiar la casa a fondo un sábado tenía, con dicho programa, la música perfecta para cantar a los gritos. “¡Mentira! Tu vida ha sido siempre una mentira. Una vulgar y estúpida mentira”

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Con su agenda en la mano, que tanto recuerda a la carterita que usaban los hombres en los años setenta y ochenta para llevar documentos, llaves y algún peine (un sobre de cuero que luego quedó como parte involuntaria del uniforme de los colectiveros y también sea, tal vez, el lazo más afectivo que mantiene hoy con su padre -que antes de ser empresario profesaba el oficio de conducir buses- Javier Milei puede jactarse de ser el último showman televisivo.

Si bien su impacto en las redes sociales es indudable para llegar a su base electoral, los jóvenes, su estilo es muy del siglo XX. Preocupado por las luces como se preocuparían estrellas tales como Mirtha o Susana, esa obsesión por bajar la intensidad de las lámparas, se acerca a la máxima que tienen las figuras del espectáculo: “no hay gente fea, solo hay gente mal iluminada”. Javo, el último parto de la tele abierta.

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El show del libro montado en el Luna Park este jueves también sirvió para observar a su público. En primera fila los años 90 parecieron un museo andante. Desde Zulemita a Yuyito González, sindicada en los años menemistas como una de las favoritas de Carlos, hasta Mariano Cúneo Libarona, hoy ministro de justicia y ayer estrella jurídica de la tele. Sin olvidarnos de la ministra de capital humano que tres décadas atrás fue parte del espectáculo al casarse con Pablo Rago en el pináculo de su carrera, “Amigos son los amigos”, el programa que encabezaba junto a Carlín Calvo y que era un éxito absoluto.

Y en el medio, fervorosos jóvenes y adultos mayores movidos por la fe. Un programa musical que hoy sería la envidia de Alejandro Romay, el zar de la televisión. Danzando al ritmo del panic show.

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Mucho se dijo también sobre los asistentes, además, en términos estéticos. Quizás porque tanta pelea de clases medias contras clases medias, la progre versus la aspirante a cheta, signó para siempre los prejuicios sobre la clase media baja. Todos usaron la metáfora de la gorrita y el chori. Unos para bajarle el precio, otros para resignificarla. Pero en el medio y después de mucho silencio, un día apareció ese aluvión zoológico mostrando sus verdaderas formas. Cortes de pelo de barbería, uñas de gel, pestañas aladas y trajes entallados. Rappis aspirantes a traders y manicuras, para ser simplistas, cuya máxima de prolijidad ante los eventos públicos serían el orgullo de Mirtha Legrand: “como te ven te tratan y si te ven mal te maltratan”.

Lo que pasa cuando se mira el ombligo es que aparece la pelusa en otros lados.

Preocupado por las luces como se preocuparían estrellas tales como Mirtha o Susana, esa obsesión por bajar la intensidad de las lámparas, se acerca a la máxima que tienen las figuras del espectáculo: “no hay gente fea, solo hay gente mal iluminada”

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Frente a la creme de la creme antes de su show musical, Milei dio una charla y citó de ejemplo a “El zorro”. Una serie que debe tener el record de repeticiones. Cuatro generaciones han almorzado mirando sus capítulos. O al menos sabiendo que existían. Otro punto interesante para comprender que lo hace atractivo en medio de un ajustazo fatal y la caída del empleo: quizás no necesita mostrarse joven y actualizado. No citó ni a la serie “House of cards”, la ya clásica Biblia de los realpolitiqueros, ni a “Bebé Reno”, esa serie “que nadie puede perderse” hoy.

Citó algo que le gustaba. Simple, sencillo. Haciendo que los jóvenes que no saben de qué habla googleen si no quedaron conformes con su explicación (un poco alejada a lo que la serie en realidad contaba) o apelando a la memoria emotiva de otro sector que, a pesar de ser el más golpeado por sus políticas, conserva la esperanza: los mayores de sesenta años. Sinceramente no sobreactúa estar en la pomada. Quizás su necesidad de verse joven sea frente al espejo. Como casi todos los que transitamos este demencial y exigente siglo XXI. No en cuanto a lo que lo entretiene. Si pudiera por decreto pasaría Brigada A, antes de la cena. Sin pruebas ni dudas.

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Lo que sucederá en adelante nadie lo sabe. Si no da pie con bola en breve, muchos podemos imaginar, que lo que hoy conmueve a muchos, mañana puede ser detestado por los mismos. Por eso ante la confusión general de este presente, tal vez, nos quede, mientras pensamos cómo pagar la luz, indagar cómo fue posible que la base electoral del partido de las mayorías hoy sienta cobijo bajo otras promesas más mundanas. Es que al parecer no todo es economía y esta elección dejó en claro que, sobre gustos, definitivamente, no hay nada escrito.

Continuará…