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SIEMPRE SE VUELVE A PICHUCO

Tiempo de lectura: 3 minutos

El gordo es como la plaza de pueblo que está en el centro, con la Iglesia, la comisaría, la intendencia y el club social rodeándola, una institución en cada cuadra. A Pichuco se lo puede rastrear en la música de Piazzolla, de Berlingieri o de Garello, en esa lista inmensa de nombres propios, todos salidos de su orquesta y su cocina, que es donde le gustaba sentarse con los arregladores a puntear algún arreglo específico ¿Cómo se logra ser esa plaza para que todos pasen, la caminen, se vayan y vuelvan una y mil veces? Se logra como en todos los géneros musicales donde hay artistas -solistas o agrupaciones- que por virtudes propias son referencia ineludible de sus contemporáneos y de las nuevas generaciones. Duke Ellington en el jazz, Tom Jobim en la bossa nova o Los Beatles en el rock son, a su manera, plazas céntricas como la del gordo Troilo, plazas que simbolizan la importancia de una orquesta y un sonido que marcaron época y con el paso de los años se van asentando en algo así como lo estándar o lo clásico aunque siempre se van remodelando sin perder su originalidad. La orquesta de Pichuco sonó siempre a él pero con modificaciones, basta comparar las formaciones de los 40, 50 y 60 para verificar que si bien todas suenan a Troilo son muy diferentes entre sí.

Duke Ellington en el jazz, Tom Jobim en la bossa nova o Los Beatles en el rock son, a su manera, plazas céntricas como la del gordo Troilo, plazas que simbolizan la importancia de una orquesta y un sonido que marcaron época

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Por la orquesta del gordo pasaron voces como las de Fiorentino, Goyeneche, Rivero, Marino, Rufino y Nelly Vásquez, entre otras. Por la orquesta del gordo pasaron pianistas como José Basso, Osvaldo Manzi, Osvaldo Berlingieri y José Colángelo. Por su orquesta pasaron bandoneonistas como Piazzolla, Baffa, Garello; contrabajistas como Kicho Díaz y Rafael Ferro; guitarristas como Robero Grela, Ubaldo de Lío y Aníbal Arias; violinistas como Hugo Baralis o Fernando Suárez Paz. Y sus arregladores fueron Astor Piazzolla, Raúl Garello, Osvaldo Berlingieri, Emilio Balcarce, Julián Plaza, Ernesto Baffa, Argentino Galván y hasta Eduardo Rovira. ¿Cuántos seleccionados del tango se pueden formar con estas figuras? Todos los grandes directores vieron pasar infinidad de grandes figuras por sus plazas, pero ninguno vio tantas como Aníbal Troilo. Otra cosa seria fue el cuarteto que armó con Roberto Grela, dicen muchos -sin exagerar- que ese cuarteto fue de lo mejor de la historia del tango. ¿Sabe usted de dónde viene el fraseo de Roberto Goyeneche y esa costumbre de separar más de la cuenta dos palabras si una terminaba con la misma vocal con la que comenzaba la otra? “Era más blanda que el agua… que el agua blanda”. Todo viene de Pichuco.

Troilo, Pugliese & Abel Córdoba

Para escribir estas líneas hice lo primero que siempre se debe hacer: escuchar su obra, sus momentos más significativos y tal ejercicio me sirvió para ratificar ese lugar común que dice “siempre se vuelve a Pichuco”. En su obra está todo o casi todo o, si se quiere, todo lo importante que le pasó al género. Y es bueno señalar que contrariamente a lo que han hecho los difusores, siempre anclados en los costados más tradicionales o conservadores del tango, Pichuco tuvo la virtud de grabar en su momento obras a las que todavía se les sigue discutiendo su pertenencia al mundo del tango, como “Lo que vendrá”, de Astor Piazzolla. Pichuco se mandó un LP como Troilo For Export (1963) con joyas que en ese momento aparecían muy distantes de lo clásico como “Danzarín”, “Nocturna” o “Melancólico” de Julián Plaza, “La bordona” de Emilio Balcarse o la citada de Piazzolla, en un trabajo donde el gordo le confió los arreglos nada menos que a Julián Plaza, un adelantado a su tiempo de aquellos.

En suma, Aníbal Troilo logró eso que siempre dijo cuando les espetaba a sus músicos y arregladores que la orquesta debía sonar a Troilo y no a tal o cual arreglador. Lo desvelaba que su música fuera fundamentalmente para bailar, porque no se cansaba de repetir que la gente paga para bailar, no para escuchar. Pero eso fue algo que en Troilo For Export él mismo se encargó de enterrar. A Troilo, sencillamente, ya se lo iba a escuchar. El Gordo inventó el puente. Entre el pasado glorioso y lo que vendá.

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Comentarios

  1. Andrés

    el 21/05/2021

    Gracias por la nota, Gerardo.

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