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22 de noviembre 2023

Florencia Angilletta

¿QUÉ ES ESTO? DIEZ HIPÓTESIS DE LECTURA

Tiempo de lectura: 4 minutos

“Cartas en el asunto” es el primer newsletter de Revista Panamá, escrito por Florencia Angilletta, sobre los 40 años de democracia. Aquí la suscripción para recibir quincenalmente los siguientes envíos por mail.

Uno. Como una versión distópica de la ficción de Monterroso (“cuando despertó…”), si nos hubiéramos despertado esta semana y el resultado del domingo hubiera sido otro, habríamos dicho que Argentina lo logró. Que le hizo “oso” a los llamados ciclos regionales, que los resortes, que la conversación pública, que la gran clase media. Se hizo todo lo posible para que así fuera. Las pequeñas anécdotas sobre las instituciones: el orgullo argentino que decía límite, límite y podía hacer convivir en un mismo sello de “alerta” al Cippec con el Cels. El convencimiento de que en Argentina no pasarán. ¿Por qué no? Confiamos. Se dejó todo en la cancha. Primero, entonces, no somos tan singulares: el giro de los llamados outsiders, del partido joven y nuevo, de la bendita antipolítica. La discusión, por arriba y politológica, de que estaremos ante un gobierno de “ultraderecha”. Somos comunes. A la asunción del presidente electo vendrá Bolsonaro y tendrá tus ojos.

Dos. Por abajo, sociológicamente, los votantes de Milei tienen razón: tienen razones. Los subrayados de “derechización”, o más aún “fascismo”, son formas de hacer pasar por sociales definiciones politológicas. Llevado hasta el estereotipo: cuando los repartidores de Rappi eran convocados por sus docentes de universidades del Gran Buenos Aires: “es el mal”. En la marcha del 28 de septiembre por los derechos reproductivos, una colega había dicho, con fino humor, que estábamos como las intelectuales horrorizadas ante Trump. Imaginar a esas señoras de las costas este u oeste de los Estados Unidos, con sus matchas verdes en las manos, sus tote bags de ilustraciones de museos, diciendo qué es esto. Una reacción epidérmica. No se vino el estallido: se vinieron los mersas, los iletrados, los que no entienden. La patria es el otro, pero ojo con lo que vota. El bárbaro, también (es el otro). ¡Vienen por mí y por mis ideales! Nos llenamos de populismo y nos fuimos quedando sin pueblo.

La democracia nos hizo más dueños de nosotros mismos que dueños de las cosas. ¿Cuál fue el punto de quiebre en los últimos quince años? El cepo

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Tres. Alberto Fernández y Sergio Massa son distintos. Hubo un tiempo en que Massa fue capaz de representar un pueblo. Alberto, lamentablemente comprobado, no fue capaz de fundarlo nunca. Probablemente la presidencia de Sergio Massa hubiese sido mejor. Quedará como otra línea distópica. Porque en el fondo, para una porción que hoy leemos como mayoritaria, la síntesis continuidad-cambio, fue más fuerte. ¿Por qué votar al ministro de Economía de una economía rota? ¿Qué podía ofrecer? ¿Qué la crisis no empeore? Se votó por romper el techo y no por mantener el piso.

Cuatro. El progresismo pierde cuando generaliza. Cuando una parte de él arma horizontalidades ficticias. Una paradoja que el cierre de campaña mostró de manera ostensible: Massa saltando entre chicos del Colegio Carlos Pellegrini, casi con literalidad recostado sobre el sector más leal (que fue, en efecto, el progresista, el cultural, el de los desgarros y por momentos las solemnidades). Lo que en esa foto quisimos imponer como derecho –el colegio dilecto al que nos gustaría haber ido o al que fueran nuestros futuros hijos– puede leerse como privilegio: una rave a la que los demás no tienen forma de entrar. ¡Abran las puertas! El brutal sonido de lo real. El sonido de la motosierra de córranse un cacho. Que florezcan mil diferencias. Porque para quienes están en las líneas más frágiles para la que viene no hay “abrazo”, “consuelo” o “buenas ondas” que los ampare. El mandato de la palabra también está terminado.

Cinco. En retrospectiva cada quien encontrará el punto de giro. El momento en que lo supo. Después de las PASO en una charla con estudiantes olí esa extrañeza. El filo de una época distinta. Fue cuando compartieron que todas conocían a alguien que lo había hecho o hasta ellas mismas habían barajado la barajado la posibilidad de abrirse un Only Fans (básicamente, cobrar por subir fotos en Internet desnudas). Que los dólares salgan del culo: pasaje al acto.

Seis. Como en ese meme de Spiderman, la campaña del miedo que agitaba “vienen por la salud pública” era respondida por la acusación de época “hippie con Osde”. Y al revés: a Milei lo votaron peronistas, trabajadores, feministas, estatales, docentes. La lista sigue. Lo votaron entre cinco y seis personas de cada diez que viven en Argentina.

El bárbaro, también (es el otro). ¡Vienen por mí y por mis ideales! Nos llenamos de populismo y nos fuimos quedando sin pueblo

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Siete. Al final no se trataba ni de la salud ni de la educación pública, se trataba de tener un sueldo del Estado. Y cómo que no. Muchas veces magro, muchas veces a cambio de pila de trabajo (el fantasma del “ñoqui” agitado) pero que marca una distancia. Una que no queremos perder. Esa apelación a la “casta” es, también, apelación a la distinción entre quienes “viven del Estado” y quienes no. La pandemia fue una experiencia de quiebre cuyos efectos perviven. Más allá del IFE, del ATP, de las medidas paliativas, hubo sectores de la sociedad que mantuvieron idénticos ingresos y sectores que no. Eso pudo más. El bolsillo siempre puede más, porque todo empieza en el bolsillo. Aunque el bolsillo no lo diga todo.

Ocho. La democracia nos hizo más dueños de nosotros mismos que dueños de las cosas. ¿Cuál fue el punto de quiebre en los últimos quince años? El cepo. 

Nueve. El voto a Massa, en un afán último, era un voto conservador. En definitiva era votar que no cambiaran (demasiado) las reglas del juego. Resignarse a la inflación, a la falta de ahorro, a la imposibilidad del acceso patrimonial, al empobrecimiento, a la precarización… pero con resortes. El algodón entre cristales de la crisis. Vivir en crisis aunque con reglas del juego conocidas. Hubo una parte mayoritaria de la sociedad que dijo “no”. Y saltó.

Diez. El 10 de diciembre vamos a cumplir 40 años de democracia en medio de la asunción menos pensada. La democracia nació con una zona de promesas. Con la democracia se come, se cura, se educa. El voto mayoritario no fue un voto antidemocrático ni fascista: recordó el incumplimiento de esa promesa. Ahora queda por delante que, de alguna forma, desde la incertidumbre y la perplejidad por lo que viene, esa zona de promesas, renazca.

Hasta la que viene.

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