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28 de septiembre 2021

Gerardo Fernández

“Q”: AUTOBIOGRAFIA DE QUINCY JONES

Tiempo de lectura: 4 minutos

Esta es la historia de un negrito criado en Chicago en medio de una pobreza feroz. Tan feroz que la leyenda dice que llegó al punto de haber sido alimentado muchas veces con carne de roedores fritos. Con el paso de los años, este “negrito”, llegó a integrar la delegación de Estados Unidos a la asunción de Nelson Mandela como presidente de Sudáfrica y realizó la producción ejecutiva de los actos de asunción de Bill Clinton en 1993. También es la historia del jovencito que a los 13 años le pidió a Clark Terry que le diera clases de trompeta a las 6 de la mañana, antes de su ingreso al colegio. Hablo de Quincy Jones. Un adolescente que no se perdía actuación e orquestas que iban a Chicago, desde Duke Ellington hasta Count Basie o Woody Herman. Todo lo que cuento se lee en su autobiografía. Quincy a los 15 tocó en Seatle con Billie Holliday e ingresó de manera formal a la orquesta del vibrafonista Lionel Hampton. Y según el saxofonista de mil batallas Jerome Richardson: “Quince era segunda trompeta, bastante bueno para su edad (18), pero lo suyo era, sobre todo, escribir música. Quincy sabía un montón y si no sabía algo se ponía a estudiar para saberlo lo más rápido posible.”

Pobreza, talento y sueño americano transpiran en la vida de Quincy Jones

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Su deseo infatigable de aprender todo lo relacionado con la música popular, principalmente el jazz y sus estudios con Nadia Boulanger, emparentan esa época de su vida con la figura de nuestro Astor Piazzolla. Veamos hitos fundamentales en su carrera: su amistad Count Basie, para quien tuvo el honor de realizar arreglos y hasta dirigirla en actuaciones y discos ejemplares nada menos que acompañando a Frank Sinatra. A propósito de Sinatra, Quincy Jones escribe: “El director y arreglista tiene que hacerle una radiografía emocional al cantante, explorar su psique creativa. Hay que entender su tesitura y su registro, el punto en que la voz natural pasa a falsete. Por eso Nelson Riddle y Sinatra mantuvieron una colaboración tan larga y fructífera. Nelson conocía el alma de Sinatra. Le daba el espacio que necesitaba y nunca metía instrumentos en su registro para que no se sintiera constreñido”. Sobre Ella Fitzgerald también escribe: “era una persona muy tímida, casi insociable, de modo que le gustaban los arreglos que le permitieran soltarse con la máxima libertad”.

Quincy Jones y Frank Sinatra.

La vida de Quincy Jones es la de un enamorado del jazz que lo aprendió todo, que fue testigo del esplendor del Be Bop pero que con la irrupción de Elvis en la década del cincuenta percibe que la era de las grandes orquesta negras estaba llegando a su fin. Nacía el boom de las juventudes blancas con el Rock & Roll. Pero él estuvo en el momento justo para, con su talento, posicionarse en el punto exacto como eslabón entre el tiempo de los reyes negros (Ellington, Basie, etc.) y lo que venía. Esta precisión nos puede forzar a pensar que Quincy quizás terminó siendo devorado por la industria, por el cine y el Hip Hop. O como bien dijo el bajista Budy Catlett: “Para muchos críticos blancos, un músico negro es auténtico sólo si le faltan casi todos los dientes, lleva un mono de trabajo y toca blues con la armónica en el delta del Misisipi”. ¿De qué modo era compatible el éxito de Quincy y la condición del afroamericano?

A Quincy lo empezaron a tratar de “vendido” por volcarse al pop. Produjo y arregló junto a Michael Jackson el disco más vendido de la historia -Thriller- y a la vez convenció a Miles Davis de volver a tocar las viejas partituras de los cincuenta poco tiempo antes de que Miles falleciera. Es decir, Quincy no puede ser objeto sentencias livianas y feroces. Vivió en carne propia la discriminación y la pobreza, el vínculo atroz con una madre internada en un manicomio cuando era niño y el padecimiento de una madrastra, la pareja de su padre, que según sus palabras los quiso “poco y mal” a él y a su hermano Lloyd. Esta autobiografía es también la historia del músico que vino a Buenos Aires con Dizzy Gillespie y fue testigo del vínculo que generó el genio de la trompeta con un muy joven Lalo Schifrin, del amigo de figuras como Sidney Poittier o Marlon Brando y gestor de la canción “We are the world”, aquel himno destinado a recaudar fondos para los pueblos africanos más desatendidos del planeta.

Con el paso de los años llegó a integrar la delegación de Estados Unidos a la asunción de Nelson Mandela como presidente de Sudáfrica y realizó la producción ejecutiva de los actos de asunción de Bill Clinton en 1993

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En su autobiografía Quincy repasa minuciosamente su carrera artística y personal, sus matrimonios, sus amoríos y las dos operaciones del cerebro. Dedica muchas páginas a su etapa como productor de música para cine y TV (“ET”, “El Color Púrpura”, la serie “Ironside”) a partir de su ingreso al sello Mercury como vicepresidente y cómo fue conociendo al detalle uno a uno los secretos del gran negocio de la música.

“Q”, autobiografía de Quincy Jones, editada en Argentina en 2021 por Libros del Kultrum es un libro indispensable para quienes se interesen en el desarrollo de la música negra estadounidense, en su industria, en sus transformaciones, todo contado por la figura central. Amigo de Clinton y hombre del Partido Demócrata que recibió la friolera de 76 nominaciones al Grammy. Pobreza, talento y sueño americano transpiran en la vida de Quincy Jones, un hombre que obtuvo cada cosa que se propuso.

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