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16 de diciembre 2015

Daniel Santoro

Daniel Santoro es un pintor argentino. Autor de la serie Mundo Peronista y de los libros Manual del niño peronista, Manual del niño edípico, Libro de viaje (Singapur), Manual de arcanos porteños, etc...

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Tiempo de lectura: 3 minutos

¿Cómo se resuelve la tensión entre kirchnerismo y peronismo? ¿Cómo se distribuyen entre ambos espacios las inevitables facturas por la derrota? ¿Quién hará la lista de esos torvos reproches que circulan en las conversaciones entre compañeros? Tiendo a pensar en una distribución equitativa de facturas y así resolver el embrollo con una autocrítica de bajo presupuesto. Pero igualmente las cuentas se acumulan en una entropía imparable, que no distingue militancia ni conducciones. Sospecho que hay un estado de asamblea explosivo y que se está produciendo un vórtice que no augura buenas perspectivas de unidad para el sistema kirchneroperonisra.

¿Hay un kirchnerismo metabolizable en el peronismo y otro irreductible al mismo?

¿Sin la presencia dinámica del kirchnerismo que lo tracciona hacia una izquierda moderna, el peronismo termina siendo un simple partido neo-conservador?

¿Es autosuficiente el kirchenrismo para plantearse como una superación del peronismo? ¿Por qué entonces en los últimos días de campaña los compañeros se planteaban con desesperación encontrar formas de hablar directamente al corazón del “pueblo peronista”?

Temo imaginar a una parte de kirchnerismo cerrándose sobre sí mismo y plegando el proyecto en su interior, si esto se produjera me viene la imagen del PI (Partido intransigente), que actuó, al igual que otros partidos de izquierda, como un resto no asimilable en el interior del movimiento Es ese conocido progresismo alma bella que permanece a prudente distancia, lejos de las salpicaduras que produce el accionar político del justicialismo. Son restos éxtimos que se extinguen con el correr de las elecciones, quedando al final como pequeños partidos testimoniales de izquierda.

Creo que hay un sistema articulado entre peronismo y kirchnerismo, pero necesita una conducción territorial firme, presente y flexible. Una conducción que retome el viejo oficio de ocupar el centro del dispositivo. Para existir como tal necesitará poner en práctica una convivencia que solo es posible si se controla cierto rigor “pulsional” expulsivo, que ha maltratado y ofendido a muchos compañeros a lo largo de estos años. En todo dispositivo conviven una diversidad de intereses que el arte de la conducción debería saber administrar.

Creo que hay un sistema articulado entre peronismo y kirchnerismo, pero necesita una conducción territorial firme, presente y flexible

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Más allá del infortunio creo que hubo fallas evidentes en la conducción territorial. Que acabaron en una catastrófica interna en la provincia de Buenos Aires -Justo donde había que ser cuidadosos e intervencionistas se dejó actuar a las fuerzas locas del mercadito electoral bonaerense-

Creo que no fue acertada esa consigna que proponía al “proyecto” como candidato, una imposible y aberrante propuesta que acabó construyendo un golem, que como no podría ser de otra manera, se volvió contra nosotros. Se ponderaba un “proyecto” con tan enormes e intangibles cualidades que humillaba a todo candidato que se propusiera asumirlo ¿O no será que alardeamos de un gran proyecto para poder justamente no tener candidato?

Creo que lo que llamamos “el proyecto” es lo que se pudo ir conformando, en una práctica heroica, difícil y muchas veces traumática, un poco a los tumbos (la política ferroviaria, por ejemplo). Es un proyecto que como tal está incompleto, es poroso, lleno de huecos  y en permanente reformulación. Por otro lado, nunca estuvo a salvo de esa vieja y odiosa máxima que dice que “la política es el arte de lo posible”. Por lo tanto, todo forzamiento acababa por mostrar los límites del propio proyecto (la reforma de la justicia, por ejemplo). El ”ir por todo” terminó  lastimando la piel del proyecto y sabemos que el sangrado excita el olfato del adversario.

Para concluir ¿habrá llegado el momento de permitir, en serio, que florezcan mil flores? Ahora por fin fuera de los patios (almácigos) de la casa rosada. Será el momento en que cada militante saque el bastón de mariscal de su mochila, que pueda expresarse con una voz propia y que se plantee una nueva orgánica, abierta y horizontal, que haga sentir el nuevo aporte generacional, sin mudos verticalismos ni exclusiones. Creo que es esa la nueva amalgama histórica que espera el movimiento nacional.

Por si Perdemos - historieta 2015 -

 

 

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