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02 de junio 2024

Facundo Lucero

PATO HERNÁNDEZ: “EN ALGÚN PUNTO AMLO LE GANÓ A LA CASTA 5 AÑOS ANTES QUE MILEI”

Tiempo de lectura: 8 minutos

“Los mitos que nos dieron traumas” se llama un libro de Juan Miguel Zunzunegui que me recomendaron para entender cómo la historia de México había formado su idiosincrasia. Leí la mayor parte sentado en el primer piso del “Café Tal” de Guanajuato en 2013. Un café barato, de estudiantes, donde había refill ilimitado y unos salones de reuniones con mesas grandes y pizarrones.

El texto personaliza a México. Una persona que  va a terapia y comienza a hablar de sus orígenes, sus padres y sus conflictos y un terapeuta va que  paulatinamente desarmando cada uno de esos nudos, haciéndole aceptar la realidad y enfrentar sus miedos. Es muy divertido. Pero lo que más me sorprendió, fue que ese libro parecía estar hablando de mi país, Argentina. Nuestros miedos, nuestros anhelos y nuestros complejos son extremadamente similares. Tenemos mucho más en común de lo que nos diferencia, como sociedad y como Estado. 

El domingo 2 de junio nuestros vecinos del norte elegirán presidente, junto con 19.634 cargos entre los que están senadurías, diputaciones, gubernaturas, la jefatura de gobierno de CDMX, congresos locales, ayuntamientos, juntas municipales y alcaldías. Una gran elección en un país enorme y diverso, con dilemas profundos tanto dentro como fuera de sus fronteras. Con grandes carencias, pero con una experiencia histórica riquísima en cuanto al desarrollo de sus instituciones y de su economía.

Para profundizar el análisis, entrevistamos en PANAMA REVISTA a Patricio Hernández. “Pato” es politólogo, consultor y director general de Methodo, una consultora de comunicación política y asuntos públicos con décadas de experiencia en México. Ha participado de esta y otras campañas presidenciales en el país, además de haber vivido gran parte de su vida allí. 

-Es tremendo México- fue lo primero que me dijo. –Una sociedad rica y plural, con historia y cultura vivas, que se perciben en todos lados. Cuando Caparrós escribe su libro sobre Latinoamérica (Ñamerica, 2021), empieza por México, como debe ser. El Distrito Federal es como nuestro Nueva York, porque es caótico, tiene todo, es gigante, vive una innumerable cantidad de gente. Y después se agrega lo latino, que son los colores, la comida, la pobreza, lo crudo. 

-Además de ser tremendo está tremendo, ¿no? Uno no puede evitar la violencia cuando habla de México.

Totalmente. En la última serie de estudios de opinión pública que hicimos allá, pudimos profundizar sobre el tema. La muerte, el miedo y el miedo a la muerte, que parecen lo mismo, pero no lo son, están presentes en el día a día de la gente. Las madres, que son importantísimas en la estructura familiar y cultural, son quienes más miedo tienen. Miedo de que sus hijos se metan en alguna banda, miedo a que se enfermen y tengan que acudir al precario sistema de salud pública, miedo a que se vayan, miedo a que por más esfuerzo que haga la familia para evitar que la violencia los alcance, esto termine pasando de igual manera. 

Un ejemplo muy gráfico que encontramos en un focus group nos los dió una mamá que contaba cómo, con mucho esfuerzo, habían logrado que su hija pudiera estudiar para que no cayera en el narco, y cómo después en la universidad terminó siendo coptada por un grupo que vendía droga dentro de la institución. Una circularidad trágica

-¿Cómo se relaciona este miedo con la política? ¿La sociedad responsabiliza a los gobernantes por la violencia?

-Es complejo, porque fue variando con el tiempo. A partir de 2006 el presidente  Felipe Calderón hizo de la “guerra contra el narco” una política de Estado.  Utilizó a las fuerzas armadas en una ofensiva que fracasó. La violencia en la calle aumentó significativamente, con el costo social que eso significa, y el problema no se resolvió. Recordemos que en esa época el cártel de los Zetas comenzó a exhibir los cuerpos colgados de los puentes. El posterior presidente, Enrique Peña Nieto, continuó con la guerra y fracasó aún más. Nuevamente el problema quedó irresuelto. 

En consecuencia, la sociedad se frustró y comenzó a interiorizar al narco como un problema sin solución. Se resignó, intentando mantenerse al margen y haciendo de cuenta que no existe para seguir con su vida. 

"A partir de 2006 el presidente Felipe Calderón hizo de la “guerra contra el narco” una política de Estado. Utilizó a las fuerzas armadas en una ofensiva que fracasó. La violencia en la calle aumentó significativamente, con el costo social que eso significa, y el problema no se resolvió. Ahora, cuando un político habla de terminar con el narco, baja su nivel de credibilidad. Lo tenemos medido."

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-¿Por eso López Obrador evita el tema?

-Exactamente. Ahora, cuando un político habla de terminar con el narco, baja su nivel de credibilidad. Lo tenemos medido. Algo parecido pasó cuando Alberto Fernández lanzó la guerra contra la inflación en Argentina. La gente sabía que no iba a poder terminar con el problema.

En términos de comunicación pública es muy evidente el siguiente contraste. Calderón y Peña Nieto utilizaron títulos grandilocuentes sobre el tema, elevaron las expectativas y fracasaron. AMLO, a diferencia de ellos, logro la “administración” del problema en base a bajarle el volumen y a que su gestión sea reconocida por otras cosas. México sigue siendo un lugar violento y peligroso. De hecho, durante esta campaña la cantidad de casos de criminalidad asociados a candidatos es la más alta de la que se tenga memoria, hay 60 víctimas por mes, pero el gobierno logró ser evaluado por otras promesas, que sí pudo cumplir. 

-¿Cuáles son esas promesas?

-Principalmente, la estabilidad económica. AMLO llevó adelante un proceso muy ortodoxo de administración de la macro. No se le escapó la tortuga ni durante la pandemia. No tuvo que emitir ni tomar deuda. Durante su gestión el Peso fue una de las monedas que más se apreció en el mundo. Además, subió significativamente el salario mínimo y aumentó la ayuda social a sectores vulnerables. 

-No es lo que uno hubiera esperado, teniendo en cuenta su discurso de izquierda. 

-Para nada. AMLO es un conservador popular. Y uno muy nítido, muy simple de entender. Mano firme en la economía, algunas obras emblemáticas, como el Tren Maya, y austeridad constante y coherente. 

Hay que entender que el tipo llega después de uno de los gobiernos más palaciegos e inútiles de la historia de México. Peña Nieto era el colmo de la casta. Un Golden Boy de Televisa, con una vida de reality show y una corte rancia que no pudo hacer la diferencia en prácticamente nada. 

Entonces, AMLO buscó diferenciarse de todo eso con política pública dura, pero también con actos simbólicos como rifar el avión presidencial y convertir a la residencia de Los Pinos en un museo, lo que vendría a ser su Quinta de Olivos. México para los mexicanos, decía. Estuvo prácticamente un tercio de su mandato sin viajar al exterior. Todo esto, tuvo un impacto muy fuerte en la gente, que estaba acostumbrada a una política elitista, que se expresaba en una frecuencia totalmente distinta al mexicano de a pie. Por eso López Obrador, sin sobre venderse mucho, pudo mantener niveles altísimos de aprobación durante todo su mandato y se está yendo con más del 60% de positiva. El contraste con lo anterior era notable. 

-Tiene algunos puntos de comparación con Milei esto que nombras, ¿no?

 -Totalmente. Es que en algún punto AMLO le ganó a la “casta” cinco años antes que Milei. Y les terminó de ganar durante la gestión. Hoy el PRI, el PAN y el PRD, los partidos tradicionales de México, están yendo juntos en una alianza contra Morena, desdibujando totalmente su identidad. No supieron reinventarse ante la política de López Obrador y hoy sólo contienen a un núcleo muy anti Morena. Por eso están veinte puntos abajo en las encuestas.

AMLO realmente pudo conectar con el pueblo colorido de México y caminar por la misma vereda. El electorado empatiza con él y ve un líder que cumplió. Es muy genuina esa conexión. Pensá que, en tiempo de redes sociales, el tipo nunca puso un peso en Facebook. Su comunicación es sencilla, honesta, sin prefabricados. 

Además, el PRI se vanagloriaba de manejar una estructura territorial, que descuidó por darla por sentada. Y AMLO además de conectar con esa gente, hizo que realmente le llegue la ayuda social, le comió las bases electorales.

"Hay que entender que el tipo llega después de uno de los gobiernos más palaciegos e inútiles de la historia de México. Peña Nieto era el colmo de la casta. Un Golden Boy de Televisa, con una vida de reality show y una corte rancia que no pudo hacer la diferencia en prácticamente nada. Rompía el “castómetro”, era peor que acá."

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-¿Podríamos decir entonces que el hecho más determinante de esta campaña es la gestión del presidente saliente?

-Sin ninguna duda. Claudia Sheinbaum, la candidata de Morena, probablemente vaya a ganar por más margen de lo que ganó AMLO en su momento. Es la Jefa de Gobierno de CDMX, va a ser la primera presidente mujer de la historia de México, y no llega al 90% de conocimiento. La gente te dice que va a votar a la candidata de López Obrador.

El resultado de esta elección lo puso AMLO. Y está tan definido que terminó siendo una campaña aburrida. Los partidos tradicionales se volcaron a las elecciones distritales y locales. Y aun así, es probable que pierdan mucho poder. La cuenta que se está haciendo es si Morena va a llegar o no a tener la mayoría necesaria para una reforma constitucional. 

-¿La dependencia de Sheimbaum hacia López Obrador no podría limitar su gobierno?

-Seguramente. De hecho, Andrés Manuel publicó una lista de veinte iniciativas para la reforma constitucional que, de alguna manera funcionan, como un manifiesto político hacia el futuro. Las veinte cosas que hacen falta. Y esto ya le marca la cancha a Sheimbaum. Ella va a ser evaluada por si pudo o no cumplir los puntos que López Obrador dejó como pauta.  Son unos zapatos muy grandes para llenar. 

También queda por ver el rol que AMLO tendrá en el futuro. Si puede resolver el eterno problema de la sucesión y lograr, ya como líder de Morena y no como presidente, reformar la constitución, estaríamos hablando de una persona que podría quedar en la historia grande del país y de Latinoamérica. 

"Hoy el PRI, el PAN y el PRD, los partidos tradicionales de México, están yendo juntos en una alianza contra Morena, desdibujando totalmente su identidad. No supieron reinventarse ante la política de López Obrador. Creería que la oposición argentina debería entender que un oficialismo, un proyecto ganador, con legitimidad, empieza a diseñarse y construirse cuando sos opositor. Y para eso no alcanza con sólo resistir al oficialismo en todo lo que haga."

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-Por último. ¿Qué es lo podrían aprender, tanto el oficialismo como la oposición en Argentina, sobre el caso mexicano? 

-Hablando del oficialismo, creo que, a pesar de la diferencias estéticas y hasta éticas de ambos presidentes, los dos vinieron a ocupar el lugar de outsiders políticos y los dos accedieron a su cargo, principalmente, por mostrarse como alternativa a una clase política que no le traía ningún beneficio a la ciudadanía. La corte de Peña Nieto rompía el “castómetro”, era peor que acá.

AMLO también puede enseñar a diferenciar lo que hay que hacer para ganar las elecciones, y para lograr una evaluación positiva de la gestión posterior. Son cosas diferentes. Andrés Manuel fue muy conciso y concreto a la hora de comunicarle a la ciudadanía por qué cosas deberían evaluarlo, y cumplió con creces los objetivos que se trazó. La comunicación siempre es valiosa para un gobernante, pero después de un tiempo se lo evalúa por los resultados y el mexicano consolidó una administración los alcanzó. Ese es un desafío que tiene Milei, consolidar resultados por fuera de la retórica electoralista.

 Por otro lado, a la oposición en México se la ve tan aturdida como a la Argentina pero con el agravante de haber tenido seis años para despabilarse. Si uno tiene que evaluar rápidamente su actuación da la sensación que hicieron todo mal o algo parecido a eso. Se olvidaron del vínculo con la ciudadanía, nunca lograron consolidar una propuesta, ni entender el clima de época. Llenaron de dirigentes de mala imagen una coalición de partidos que son vistos como culpables de todos los males del pueblo y no le ofrecieron una alternativa de futuro al electorado. Creería que la oposición argentina debería entender que un oficialismo, un proyecto ganador, con legitimidad, empieza a diseñarse y construirse cuando sos opositor. Y para eso no alcanza con sólo resistir al oficialismo en todo lo que haga.

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 México parece estar adelantada un capítulo en relación con Argentina. La nitidez, la espontaneidad y la conexión con el electorado por sobre el aparato político resetearon el ecosistema primero allá y después acá. Un outsider demostró que nadie tenía la vaca atada y transformó el tablero la cancha de la discusión pública, delimitando el adentro y el afuera de un nuevo sistema político en dónde el establishment ocupa el rol que le fuera de alguna manera prefijado. Tomando prestada la analogía de Pablo Touzón y Federico Zapata, el meteorito Chicxulub que extinguió a los dinosaurios argentinos se dio antes una vuelta por México. El futuro dirá si ahí terminarán las analogías.