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20 de junio 2021

Lorena Álvarez

OKUPANDO LA PANTALLA

Tiempo de lectura: 5 minutos

“La América profunda” suele ser un tema que parte de la clase media a la hora de elegir qué ficción ama amar. Desde el cine o en cualquier plataforma sentarse a mirar cómo Hollywood nos muestra el lado B de la tierra prometida suele ser premiada a la hora de la entrega de las estatuillas y halagada desde los livings calentitos de los espectadores.

El último crush de la audiencia privilegiada, “Mare of Easttown”, sumó a las buenas críticas sobre el guión la discusión sobre la estética de su protagonista Kate Winslet que para protagonizar -y siendo su productora ejecutiva- logró que no haya ningún retoque tecnológico sobre su cuerpo. Arrugas, un cuerpo real y el cansancio de una mujer común viviendo en un lugar silvestre fueron aplaudidas en tiempos donde el entrenamiento y el ácido hialurónico es un hit inigualable.

Algo que nos alivia aunque en el fondo nada cambie. Si bien a simple vista uno podría reconocer que hasta su peinado se asemeja al de Sarah Linden, la detective gris y perturbada de la versión norteamericana del policial “The Killing”, el tema del pueblo chico y difícil siempre tiene una consideración especial. No todo lo que nos venden como brillante es oro, pensamos, mientras agregamos un tema más para ideologizar alguna discusión con amigos post cena.

un cowboy (de los últimos), un aviador de la segunda guerra devenido en trabajador golondrina, un chico desheredado que deambula por los rodeos, una mujer mayor que sale de testigo en divorcios (Nevada es el corazón del divorcio exprés) y una ex bailarina de poca monta

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Pero si hubo un film que puede decirse nos perturbó mostrando la caída del sueño americano, ese fue “The Misfits”, cuyo guión escrito por Arthur Miller -luego publicado como libro- fue dirigido por el ojo letal de John Huston y protagonizado por tres auténticas estrellas de la era dorada: Clark Gable, Marilyn Monroe y Montgomery Clift. Y en un momento de sus carreras que padecían el pánico de sus propias caídas. Película que desterró un poco la idea de la decadencia como belleza, aunque la exponía.

El descenso es observado con temor, sin piedad y amenazante. El film retrata la vida de gente sola, oscura y en el fondo aterrada. Fuera del sistema y sin fuerzas (disfrazadas de ganas) de pertenecer. En Nevada, un cowboy (de los últimos), un aviador de la segunda guerra devenido en trabajador golondrina, un chico desheredado que deambula por los rodeos, una mujer mayor que sale de testigo en divorcios (Nevada es el corazón del divorcio exprés) y una ex bailarina de poca monta que acaba de separarse, se cruzan por azar para entretejer la última ilusión. Ninguno es feliz en ese desierto.

La luz que los abraza es justo, Roslyn, la danzarina, bella, rota y mal querida. Su llegada, y su falsa inocencia, los va poniendo en autos de sus vidas oscuras, mientras va haciendo añicos, uno por uno, con los mitos de la aparente felicidad: tener hijos no une a las parejas, una mujer que no se queja no significa que es feliz y que se pueden armar lazos desde el cuidado y no tanto desde la desesperación, esa que los encuentra en un bar mientras el mundo cambia y los deja afuera.

La no maternidad, la paternidad abandónica, la tensión sexual, el fracaso amoroso y “conformarse con migajas” son los temas que van desfilando y terminamos olvidando que esa América profunda no es tan lejana. Somos ellos también aunque vivamos en la ciudad y creamos que transitamos lo que queremos.

va haciendo añicos, uno por uno, los mitos de la aparente felicidad: tener hijos no une a las parejas, una mujer que no se queja no significa que es feliz y que se pueden armar lazos desde el cuidado y no tanto desde la desesperación

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El espejo, en los diálogos, va rompiendo la frontera. A Guido, la bella Roslyn, y mientras bailan acompasados, le reprocha, sorprendiéndolo, por qué no compartió la sapiencia de su buen ritmo con su esposa muerta, le dice: “es una pena, ella se murió sin saber que bailabas tan bien”, después de que él confesara la desidia (“porque no tenía tu gracia”) para enseñarle.

Y así también como ante la pregunta de Guy, el cowboy, de por qué no fue madre, ella solo relata la invitación a salir  de un sujeto el día que su esposa estaba pariendo. “Él prefería estar conmigo antes que con ella, bueno igual siguen casados.”

La hipocresía es el límite para que Roslyn no desee pertenecer a la vida de los matrimonios descripta al pasar en una anécdota. Todo en 1961, dando el puntapié a la década que hizo añicos el sueño de la casita con rejas blancas. Pero, así y todo, la película deja en claro que no hay romantización en la pobreza o la soledad. Todos queremos encontrar la salida.

Hoy nuestra “Argentina profunda” va a ser expuesta en una plataforma, para conmemorar los veinte años de esa ficción hito que fue la serie “Okupas”; y en el estreno en televisión abierta de “1-15-18”, cuyo avance muestra, cual grupo de zombies, a actores con un discurso con todos los clichés románticos de la angustia de vivir caídos.

la nueva ficción de canal 13, en su presentación, parece invitarnos a un culebrón con culpa de clase

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Mientras “Okupas” fue la cara de los que se habían resbalado de la década y sobrevivían con los artilugios de los nuevos duros tiempos, exponiendo por primera vez a la generación que se flexibilizaba al calor de la unidad básica que los agrupaba (las esquinas con su faso y su birra), la nueva ficción de canal 13, en su presentación, parece invitarnos a un culebrón con culpa de clase. Del envío semanal que nos atragantaba los lunes, allá en los viejos tiempos dónde se germinaba el estallido, a cenar con un costumbrismo que nos acerca a nuestro mayor temor en tiempos pandémicos: la pobreza.

Todavía no se emitió pero su adelanto ya generó controversias, nadie pareció estar satisfecho ante ese clip donde los pobres parecen llegar al modo “The Walking Dead”, con apariencia de personas de clase media sensible que cayeron en el monotributismo.

Habrá que esperar si esta ficción nos invita a ver al cura de la telenovela entreverarse con alguna feligresa y que ahí quede la profundidad que pretende o que, al igual que en “Okupas”, nada sea tan lineal y nos deje una historia para recordar. En breve nos enteraremos. En el fondo, como en “The Misfits”, todos los televidentes queremos encontrar la felicidad. Aunque sea detrás de una pantalla.

Henry Miller & Marilyn Monroe

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