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06 de abril 2021

Nahuel Blazquez

NOMADLAND

Tiempo de lectura: 2 minutos

En Nomadland el sol está en el ocaso. Antes de los diez minutos, Fern, personaje principal, yace en una enorme tienda de camping. Allí, por orden del azar, se encuentra con la hija de una amiga acompañada de sus niñas. “Se te ve bien, ¿cómo has estado? ¿Volviste a trabajar en Amazon?”. Fern, alegrándose del encuentro, responde y manda cariños a la familia. En una película donde la marca etaria gana peso, la escena es particular, la única en la que aparece una niña. Ésta enfrenta a Fern y dispara: “mi mama ha dicho que no tenés hogar, ¿es así?”. Fern, con un semblante que trasmite todo con poco responde: “No, no soy indigente, lo que no tengo es casa, que no es la misma cosa, ¿verdad?”. Homeless y Houseless son palabras sustanciales que se pierden en la traducción al castellano.

Ya bien podemos hacernos una idea sobre el título de la película dirigida por la directora china Chloé Zhao y la multipremiada Frances McDormand como actriz central. Entre un montón de furgonetas, esta roadmovie (repleta de epifanías y paisajes del western) nos lleva de paseo por el oeste de Estados Unidos, Arizona y Nebraska entre otros puntos del camino, para observar cómo se sobrevive al American Dream donde cada uno los sueños de hoy se compran y venden en cajas prolijamente empaquetadas.

La ficción y la realidad se encuentran aquí tornando insignificante cualquier distinción. Fern es un personaje construido a lo largo del rodaje mientras otros no, son personas reales que viven y testimonian experiencias de desarraigo.

Nomadland parte como la gran favorita a ganar el Oscar a la mejor película (además de mejor actriz, mejor dirección y mejor guion adaptado). Basada en el libro de no ficción de País nómada: supervivientes del siglo XXI (Capitán Swing), de la periodista Jessica Brude, la ruta se transforma en ese signo tan explotada por la literatura norteamericana de mostrar cómo los personajes ávidos e incandescentes por vivir revientan cómo estrellas al lado del camino. Pero a diferencia de la Beat Generation y otras expresiones, en Nomandland el sol ya está en el ocaso. Los personajes, más que comenzar un viaje iniciático de ascetismo y salvación, viajan con lo puesto, con lo único que no se puede tirar, a fin de buscar una manera digna de acabar con la vida.

Aprender a viajar en el siglo XXI, dentro de la cultura norteamericana parece ser la forma de escaparse de un mundo cerrado, parece ser el camino para soportar no solo la muerte del otro, sino la de uno mismo.

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