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16 de junio 2024

Roberto Arias

Economista.

NO JODAMOS CON LA MACRO

Tiempo de lectura: 7 minutos

La estabilidad económica como condición del progreso y la justicia social

La batalla por la distribución

Si hay algo progresista y keynesiano es la idea del noruego Haavelmo, denominada “el multiplicador del presupuesto equilibrado”, y que se resume en que con las políticas fiscales correctas (recaudar impuestos a los ricos y dar subsidios a los pobres), se mejora la distribución del ingreso, pero también la economía crece. Esto es así porque las personas más pobres consumen la mayor parte de sus ingresos, con lo cual darle dinero hará aumentar el consumo privado, la demanda agregada y el PBI, especialmente si ese dinero se le quita vía impuestos a ricos con alta capacidad de ahorro.

En la misma dirección está la poderosa idea del economista polaco Kalecki, expresada en un artículo con un título sugestivo (La Economía Política del Pleno Empleo): “el límite a la redistribución es político”. A través de políticas fiscales progresivas, siempre la economía puede crecer más, reducir hasta eliminar el desempleo y profundizar la redistribución. El límite a este proceso no es técnico ni económico, lo fijará la política: las personas de mayores ingresos se organizarán para combatir los impuestos cada vez más altos y en el juego democrático en algún momento le torcerán el brazo a la mayoría de menores ingresos.

Estas ideas, que son simples, poderosas y en mi opinión esencialmente correctas, están en el corazón del pensamiento económico del peronismo de las últimas dos décadas. De hecho, la “pelea por la 125” (cuando nace el kirchnerismo con una identidad ideológica y política propia) se puede entender perfectamente en la lógica de una batalla por la redistribución, en ese caso perdida.

Sin embargo, cuando se quiere aplicar una visión económica hay que ver la integralidad del asunto y no es casualidad que el teorema de Haavelmo se denomine “multiplicador del presupuesto EQUILIBRADO”. La bondad de la política fiscal es su progresividad, sacar dinero a los ricos y dárselos a los pobres. No tienen bondad en sí mismo aumentar el gasto público, que puede ser ineficiente o contraproducente. Es más, si no tiene financiamiento (presupuesto des-equilibrado) ese aumento del gasto puede afectar tanto la redistribución como el crecimiento, por la inestabilidad que genera un Estado que necesita endeudarse más o emitir dinero para sostener su política fiscal.

Por supuesto que todo esto es una obviedad, pero lamentablemente tenemos que explicarlo porque la política económica del peronismo funcionó con varios períodos presidenciales que no reconocieron que existe una restricción presupuestaria

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La restricción presupuestaria

Aquí entramos en un concepto muy básico de las finanzas públicas, pero absolutamente descuidado, el de la “restricción presupuestaria”. La idea es simple: cualquier gasto que realice el Estado tiene tres fuentes posibles de financiamiento: 1) impuestos, 2) deuda pública y 3) emisión monetaria. Esto no es algo opinable, es una identidad contable. No se puede gastar dinero que no existe y si se gasta lo que no se tiene significa que te estás endeudando.

En nuestro país, se utilizan dos criterios de contabilidad pública, el “devengado” y el “percibido” (o “base caja”), cada una con sus ventajas y desventajas. El más simple de entender, ya que no requiere de interpretaciones, es el criterio de “base caja”. En este caso, se registra cada ingreso y gasto cuando efectivamente se realiza, se cobra o paga, hay movimiento de dinero. De este modo, cuando un organismo público hace un gasto (según el criterio “base caja”) significa por ejemplo que está transfiriendo dinero a la cuenta de un empleado público (pago de salarios), de un proveedor (pago de bienes y servicios) o de un jubilado. Por supuesto que para poder hacer esas transferencias el organismo público debe tener dinero en su cuenta bancaria, o en su defecto usar un descubierto previamente acordado. En este último caso, se está generando deuda pública. En el primer caso, el organismo público utilizará dinero que le depositó el Tesoro que a su vez obtuvo vía: 1) recaudación de impuestos, 2) operaciones de deuda pública y 3) emisión monetaria (técnicamente adelantos transitorios y transferencia de utilidades del Banco Central).

Por supuesto que todo esto es una obviedad, pero lamentablemente tenemos que explicarlo porque la política económica del peronismo funcionó con varios períodos presidenciales que no reconocieron que existe una restricción presupuestaria. Es más, hoy se ha llegado a “racionalizar” la idea loca de que en el Sector Público no existe una restricción presupuestaria, que ese es un concepto únicamente válido para las familias o las empresas.

En definitiva, cuando se decide un nivel de gasto, se está decidiendo un nivel de impuestos, de deuda pública o de emisión monetaria. Con lo cual, cada vez que se quiere aumentar el gasto (o no reducirlo ante una baja de la recaudación tributaria) hay que preguntarse si puedo tomar más deuda pública o si puedo emitir más, y qué consecuencias tiene cada una de estas acciones.

En el caso de la deuda, existen criterios técnicos claros para evaluar su sostenibilidad, lo cual está vinculado con los plazos, las tasas y con cuanto crece la economía (ya que el indicador relevante será pago de intereses / tamaño del PBI). La moneda en la cual está emitida la deuda también es relevante, ya que implica una fuente de vulnerabilidad adicional del Tesoro (ya que, a su vez, modificaciones bruscas en el tipo de cambio afectarán su hoja de balance). Sin profundizar, es muy obvio que Argentina tiene un problema serio de sostenibilidad de su deuda pública hace décadas (al menos desde el año 2000, nunca resuelto del todo).

En el caso de la emisión monetaria, también hay criterios técnicos claros que determinan cuánto puedo aumentar la oferta monetaria sin generar inestabilidad cambiaria, financiera y en los precios. Simplificando bastante al asunto, podemos decir que puedo aumentar la cantidad de dinero vía emisión en la medida en que crezca la demanda de dinero. Si hay exceso de oferta, se produce la inestabilidad.

La bondad de la política fiscal es su progresividad, sacar dinero a los ricos y dárselos a los pobres. No tienen bondad en sí mismo aumentar el gasto público, que puede ser ineficiente o contraproducente

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¿Esto significa que la causa de la inflación es exclusivamente la emisión monetaria? No, porque en nuestro país una devaluación, cualquier sea la política monetaria, será inflacionaria. También en otros países los incrementos en precios clave (como los combustibles o los alimentos) generen inflación, situación que se denomina un “shock de oferta”. Esto no quita reconocer que un aumento de la oferta monetaria no acompañada por mayor demanda generará inflación sin ninguna duda a través de diversos canales, siendo el más obvio la dolarización de los ahorros y el aumento del tipo de cambio que eso genera. Argentina obviamente tiene un problema muy serio de inflación (en el año 2023 sólo tres países del mundo tuvieron más inflación que nuestro país, Venezuela, Zimbabue y Sudán) entre otros motivos, no el único, por una emisión monetaria excesiva.

Ambos errores serios y no forzados de la política económica de las últimas décadas (aumento de la deuda pública hasta hacerla insostenible y emisión monetaria excesiva llegando a una inflación muy alta) provienen de haber desconocido una idea básica: la restricción presupuestaria.

La restricción externa

Los déficits del sector externo recurrentes (faltante de divisas para afrontar los pagos en moneda dura, principalmente importaciones crecientes) son un serio limitante al crecimiento y al desarrollo de nuestro país. Esta idea, también a mi juicio correcta, es otro pilar fundamental del ideario económico del peronismo de las últimas décadas. La forma de atacar el problema, sin embargo, fue totalmente ineficaz y de hecho contraproducente.

La estrategia fue aplicar una solución de corto plazo (“no dejemos que se lleven los dólares: cepo”) mientras se implementaban políticas para una solución de mediano y largo plazo (“aumentemos las exportaciones”). Por supuesto que el cepo es absolutamente contraproducente: se genera un mercado paralelo (las personas con más razón quieren acceder a las divisas) y esa brecha afecta a todas las operaciones del sector externo siempre en la dirección contraria a la buscada. La venta de dólares en el mercado oficial será el mínimo posible y su compra la máxima posible. Por este motivo, son muy pocos países los que aplican restricciones de este tipo al mercado de cambios y tienen brecha (ver la siguiente tabla)[1].

PaísBrecha Cambiaria en %  (marzo 2023)
Libano616
 Yemen392
 Siria150
Iran90
 Argentina87
 Etiopía84
 Zimbabue72
 Burundí63
 Nigeria61
 Algeria53
 Malawi45
 Myanmar36
 Congo14
 Angola11

Esta solución errada a un problema real ha quedado muy arraigada en la visión económica del peronismo/progresismo económico. De hecho, uno de las mayores críticas al RIGI es permitir la libre disponibilidad de las divisas a los exportadores (“se quedan con los dólares”), cuando es algo muy obvio, más si es un inversor extranjero que por sus operaciones en el país querrá dólares. ¿Por qué querría pesos argentinos? Y también es obvio que en otras condiciones no vendrá al país, irá a otro lugar (cualquier país del mundo no mencionado en la Tabla, que son muchos) donde pueda acceder al mercado de cambios y no haya un dólar paralelo.

Es muy obvio que Argentina tiene un problema serio de sostenibilidad de su deuda pública hace décadas (al menos desde el año 2000, nunca resuelto del todo)

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Respecto a la solución de largo plazo (aumentar las exportaciones), también fuimos absolutamente ineficaces (las exportaciones están estancadas desde hace 15 años). La primera dificultad es por supuesto el propio cepo. Pero también hubo otras políticas contraproducentes. De hecho, considero curioso que una vez reconocido el problema de fondo (las exportaciones no crecen lo suficiente para sostener una economía pujante, de pleno empleo) hayamos seguido aplicando políticas que van muy en contra del objetivo buscado, como los derechos de exportación.

Todos los países buscan vender más de lo que compran al resto del mundo (por supuesto no todos lo logran porque es un juego de suma cero): esto evita las crisis del sector externo que pueden ser muy dañinas. Por esto casi nadie aplica derechos de exportación, que reducen la rentabilidad del sector exportador: en el año 2022, solo cuatro países superaron a Argentina en su recaudación por un impuesto a las exportaciones: Bielorussia, Federación Rusa, Kazajistán e Islas Salomón.

¿Puede el peronismo estabilizar la economía?

Lamentablemente, esta es una pregunta muy válida. En primer lugar, creo que la esencia de la doctrina peronista está lejos de llevar al límite de la imaginación a las herramientas de políticas económicas. Pensemos en los objetivos básicos de la doctrina: “Bienestar del Pueblo y Grandeza de la Nación”, ¿no son requisitos para ello tener una economía estable, un Estado poco endeudado y una moneda fuerte?

Pero, además, sobran ejemplos en la región donde gobiernos progresistas o populares, como se los quiera llamar, aplicaron políticas redistributivas, pero sin generar desequilibrios macroeconómicos. El caso más obvio quizás sea la primera presidencia de Lula, pero hay muchos otros: Evo Morales, Mujica, más recientemente el de AMLO, Boric y también la tercera presidencia de Lula (después de todo la inflación en Brasil en mayo del 2024 fue 3,5%, anual).

¿Por qué en Brasil, Bolivia, Chile, México y Uruguay sí? ¿Por qué Argentina (y Venezuela) no? Desconozco el motivo, pero lo que no tengo dudas es que el próximo gobierno peronista debe abrazar la bandera de la estabilidad económica con mucha fuerza si queremos tener alguna chance de que el país progrese. Con tanta fuerza como se abraza la bandera de la justicia social, sin una no hay otra. La receta es simple: déficit fiscal y externo bajos (en lo posible superávits), evitar regulaciones contraproducentes (por ejemplo, el cepo) y tener una política monetaria prudente. Eso es no joder con la macro.


[1] https://blogs.worldbank.org/en/voices/parallel-exchange-rate-problem-world-banks-approach-helping-people-developing-countries