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MACRON SIN GRIETA: UNA VICTORIA CANTADA

Tiempo de lectura: 4 minutos

Seguido en las encuestas por los tres partidos principales de derecha, con la izquierda híper fragmentada, los chalecos amarillos muy debilitados y Rusia como el enemigo que vino a sustituir a la pandemia, el presidente francés paladea el triunfo de abril en las urnas.

Es un sábado de sol y muchos parisinos se agolpan en los jardines de Luxenburgo a disfrutar de los, en general, escasos rayos que depara el invierno. En efecto, este invierno en particular viene siendo curiosamente muy soleado, como si el clima conspirara para que Emanuel Macron llegue triunfante a las elecciones de abril. No muy lejos, en Montparnasse, otros parisinos, simpatizantes de Florean Phillipot, cabeza de una de las tantas ramificaciones que sufrió la izquierda, también se reúnen bajo el sol al grito de “Viva la Resistencia, Viva la libertad” mientras sus oradores señalan muchas de las trapisondas del presidente de cara a la campaña electoral. Una de ellas, acaso la más evidente para el visitante ocasional, es la suspensión del pase sanitario a partir del 14 de marzo, a fin de aliviar las tensiones con los disidentes y de propiciar la asistencia a las urnas. La estrategia calca la de marzo 2020 cuando “nuestro pequeño tirano”, como lo llama parte de la prensa opositora, postergó la implementación de la cuarentena obligatoria a fin de captar adhesiones, para instalar luego de los comicios uno de los sistemas más férreos de control sanitario de toda Europa.

Según las voces más críticas y sesudas, esta victoria cantada se apoya fundamentalmente en dos motivos: la fragmentación ad infinitum de la oposición y la omnipresencia de un enemigo externo que sirve de aglutinante

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Más cerca de las periferias de la ciudad, en la Puerta de Orleans, un grupo reducido de chalecos amarillos, el movimiento de protesta fundado en 2018 que hoy quiere renacer de sus cenizas y jugar un rol de peso en la política local, se congrega con consignas variadas que también apuntan al caprichoso uso de las medidas de control social “disfrazadas de cuidado de la salud” dispuestas por un gobierno al que acusan de trabajar “en beneficio del poder financiero internacional y las corporaciones”. Pero pese a las expresiones de rechazo focalizadas en diferentes y variopintos grupos minoritarios, todas las encuestas coinciden en marcar a Macron como el gran ganador del período que viene. Según las voces más críticas y sesudas, esta victoria cantada se apoya fundamentalmente en dos motivos: la fragmentación ad infinitum de la oposición y la omnipresencia de un enemigo externo que sirve de aglutinante. Primero fue la guerra “contra un enemigo invisible”, y ahora es el turno de la guerra contra un enemigo mucho más palpable, Rusia y el genuinamente temible Vladimir Putin, juzgado en la actualidad por muchos franceses como un nuevo Hitler o un nuevo Stalin.

(Foto: Nancy Giampaolo)

Como si la democracia sirviera, también, para alimentar ciertas fantasías, el aval de los votantes abre la puerta a que las arengas macronianas en televisión rocen tantas veces el ridículo, como cuando pretende posicionar a Francia como una suerte de representante de Europa en su conjunto, desconociendo, en apariencia, el rol relativamente secundario que tiene frente a otros países que hasta ahora la están jugando mayormente de callados, como Alemania frente a la invasión a Ucrania. Pero al revisar los adelantos de los resultados, casi cualquier delirio de grandeza presidencial parece justificable porque, sin grieta, sin los consabidos dos polos que en Argentina o Estados Unidos constituyen el esquema político usual (dejando de lado el estudio objetivo de las diferencias reales versus las nominales, entre esos dos polos) la victoria tiene, definitivamente, otro sabor.

Este invierno en particular viene siendo curiosamente muy soleado, como si el clima conspirara para que Emanuel Macron llegue triunfante a las elecciones de abril

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A Macron, muy de lejos, lo siguen las tres fuerzas de derecha: primero Marie Le Pen, quien reconfiguró la derecha clásica encarnada por su padre al gusto de los tiempos que corren; luego Valérie Pécresse, al frente de “Los republicanos”, y por último el carismático y no por ello poco odioso Éric Zemmour, personaje que merece unas líneas aparte. Proveniente de una familia del norte de África, cobró gran notoriedad como polemista en televisión gracias a sus críticas al Islam- que dada su procedencia conoce de primera mano- la inmigración y las políticas de género. Autopercibido defensor de la quintaesencia nacional, se postula con una cita adjudicada a Napoleón “Imposible no es francés”, dejando en evidencia, al igual que las dos candidatas que lo preceden, que de socialistas, los franceses contemporáneos, mucho no tienen. 

El turno de Jean-Luc Mélechon, el candidato más conocido de la izquierda al mando de “Francia insumisa”, llega recién después de Zemmour con un apoyo a la Otan que provoca recelo entre los corazones nostálgicos de aquella izquierda anti imperialista que ya nadie parece querer rescatar. Le sigue Yannick Jadot de “Europa ecologista. Los verdes” con un decálogo de buenas intenciones de corte ambientalista e identitario que sólo parece hacer furor en redes sociales, pero que en nada pesa a la hora de definir elecciones.

Sin grieta y con un enemigo temible, la victoria de Macron está asegurada más allá del beneficio o los perjuicios concretos de sus políticas para Francia.

(Foto: Nancy Giampaolo)

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