17 de Abril de 2024 •

17:59

Buenos Aires, AR
24°
cielo claro
37% humidity
wind: 5m/s W
H 24 • L 22
24°
Wed
22°
Thu
22°
Fri
21°
Sat
20°
Sun
Weather from OpenWeatherMap
TW IG FB

24 de marzo 2024

Martín Rodríguez

LAS JAULAS DEL SOL

Tiempo de lectura: 17 minutos

Nuevo gobierno y nueva pregunta: ¿qué hará con el 24 de marzo? Como todo gobierno: se funda algo ahí. Su gimnasia hace más previsible su juego “malditista”: caer en la provocación banal de un tema que Argentina intentó resolver con justicia y testimonio. Pero como la impotencia también consiste en encontrar un problema donde hay una solución, el espectáculo se mece sobre la amenaza de una reapertura infinita: deshacer el acuerdo pacificador de la justicia. No se trata de inhibir debates del pasado, sino de no romper lo mínimo que costó arreglar algo in-arreglable.

¿Qué podemos hacer salvo contar historias? La historia de Nelly Daldovo es una historia encontrada, una de miles que piden ser contadas. Es la historia de una mujer formoseña que tuvo, en palabras del poeta Francisco Madariaga, “el coraje que germina en la aurora más roja”. A Nelly la entrevistamos con Pablo Touzon en 2018, en el octubre ardiente de su tierra prometida: Riacho Hé Hé, localidad en el extremo oriental norte de la provincia de Formosa. Viajar detrás de historias hasta encontrar una, especialmente: los años del movimiento rural en esa provincia joven y lejana, ancestralmente guaranítica. ¿Cómo habían sido las cosas ahí? Para Nelly, para el movimiento y para Formosa hubo un día que fue hermoso: la histórica asamblea en Riacho Hé Hé, Riacho. Los comienzos de una lucha a la que llegó como joven peronista, docente y evangelizadora, hasta ser una “militante campesina” más, y, décadas después, reconstruirse como intendenta de su pueblo. Nelly fue diputada nacional también, hasta hace poquito. Fue madre, y enterró un hijo. Fue presa en dictadura. La pasó mal, malísimo, en una provincia en la que los militares reprimieron a una militancia autóctona (a la que una acción montonera empantanó). ¿Cómo adivinar el pasado de una persona? ¿En qué gestos? Pero como ese poema de Wallace Stevens que dice que “Hay hombres del Este, que son el Este”, hay mujeres de Formosa, que son Formosa. He aquí su historia y su destino. Nelly Daldovo.

Nelly en la primera asamblea campesina.

Los años setenta de la maestra normal  

El encuentro con Nelly fue en primavera, un día agobiante. Recorrimos las fincas del pueblo, ahí donde cosechan y crían ganado muchos campesinos que el gobierno de Formosa llama “paipperos”, en virtud del programa PAIPPA; que asiste a pequeños productores. Kilómetros de ruta hasta llegar a ella y su unidad básica construida en un galpón de ladrillo a la vista en el que tenía su cuarto de reuniones. Nos encerramos en esa pequeña “oficina” donde funcionaba un aire acondicionado para alivio de todos. Llegamos de tarde, nos fuimos de noche.   

“Mis padres fueron peronistas de toda la vida y yo empecé a vivir en lo que fue la proscripción del peronismo, en lo que tiene que ver con la democracia cristiana. Yo era chiquita. En el 58, se vivió eso con mucho dolor porque se tuvo que acompañar a la democracia cristiana para poder participar en estas elecciones. Porque el peronismo fue proscripto. No se dejó participar.”

Lo primero fue revisar el archivo: fotos y fotos. Blanco y negro, alguna a color, teñida de sepia. Una es la foto histórica: Nelly con el pelo atado, subida al escenario, su perfil aguileño, que se mantiene intacto. La consigna de época (“Obreros y estudiantes / unidos adelante”) en Formosa adaptaba sus motivos: “Campesinos y docentes”. La asamblea histórica fue el 28 de marzo de 1971, cuando el Movimiento Rural convocó a la primera asamblea campesina en la localidad de Riacho Hé-Hé. Los campesinos claman: “aunque sea para nuestros hijos”, su gesto fundacional en una bandera. Así recuerda ella:

“La primera asamblea fue justamente acá en Riacho, donde están los galpones municipales. Yo tenía 20 años… No éramos todos jovencitos. Estábamos acompañados por gente que tenía mucha experiencia.”

¿Cómo habían sido las cosas ahí? Para Nelly, para el movimiento y para Formosa hubo un día que fue hermoso: la histórica asamblea en Riacho Hé Hé

Compartir:

¿Cómo llegó ahí? Nelly estudió desde el 63 hasta el 67 en el colegio religioso de las Hermanas Vicentinas Santa Catalina Labouré de Clorinda. Se recibió de maestra normal nacional. Y desde entonces salió a los barrios con las Hermanas para hacer catequesis. En 1968 consiguió su primer trabajo en una escuela frente a la casa donde vivían unos primos, que le alquilaron una pieza. En esa escuela continuó con catequesis. Se acercó al Movimiento Rural de la Acción Católica de la capital de Formosa, donde había un sector campesino y otro docente. Todo gracias a Rosa Esquivel, quien la invitó a un curso de organización y formación jesuita. A partir de entonces se relacionó con el obispado de Formosa. La iglesia de la provincia funcionaba como protectorado de esta incipiente organización rural: cuidará su impulso, pero también sus bordes frente a la tentación armada de la época.

Así comenzó a militar: “Yo me sentía más misionera que docente. Mi misión era la catequesis, pero reuniéndonos con jóvenes, vecinos en todas las colonias posibles”. Se reunían hasta cinco días por semana para ver las inquietudes y la evangelización de los lugareños. Recuerda que participaban sacerdotes y dirigentes, y de a poco, la catequesis se transformó en política. En esas reuniones religiosas, lo primero que surgió, obviamente, fue el problema de la tierra. Estaba muy a flor de piel el reclamo de los pequeños productores porque los campesinos no tenían tierras para trabajar.

A fines de los años sesenta, Sosa Laprida, el gobernador a cargo de la intervención provincial, implementa un proyecto de desarrollo territorial que, si bien abarca un conjunto de obras públicas, es cuestionado en cuanto a su política de distribución de tierras fiscales. Nelly recuerda que Sosa Laprida era “dentro de todo bastante amigable, pero no dejaba de ser una intervención militar en la provincia”. De acuerdo con el libro imprescindible de Mónica Daldovo –la hermana de Nelly–, Campesinado, Iglesia católica y Estado en Formosa, la figura de este interventor es controversial dado que tiene una mirada “técnica” y “eficiente”, pero utiliza las fuerzas de seguridad para desarticular los organizaciones. Nelly comenta que la relación con Sosa Laprida era áspera: “Querían desactivarnos. Nosotros tuvimos conversación hasta la madrugada con Sosa Laprida, quien sacó un decreto por el que adjudicaba hectáreas, pero una comitiva fue con un camión a ver los lugares del oeste y comprobaron que no había caminos. Entonces en un Congreso se rechazaron esas 380 mil hectáreas”. Les ofrecían tierras inaccesibles.

Antenor Gauna es quien asume en 1973 y es el tercer gobernador constitucional de la provincia y el primer peronista en llegar al poder, luego de la truncada provincialización en 1955. Formosa se hace provincia pocos meses antes del golpe a Perón. En un discurso queda dicha la visión de la tierra que tenía Antenor Gauna, con apoyo campesino: “No se permitirá la existencia de campos sin labrar, sin producir, teniendo en cuenta la necesidad de tantos trabajadores del agro que carecen de predios para lograr el sustento familiar”. Al asumir, firmó el decreto 408, que dispuso la revisión de todas las adjudicaciones de tierras entre 1966 y 1973, y la ley 339, que declaraba que los campos de grandes propietarios son de utilidad pública y están sujetos a expropiación. La gestión de Gauna duró seis meses. Con la intervención de la provincia empezaron a sentir la presión los campesinos y la Iglesia.

Nelly entrevistada, octubre de 2018.

El obispo provincial, Monseñor Pacífico Scozzina, estuvo vinculado al Movimiento Rural desde sus orígenes y fue quien, según Nelly, comenzó a sugerir que estaba sobrepasando lo que la misión evangelizadora de la Iglesia tenía como finalidad en estos grupos de Acción Católica: “Nos reunió y nos dijo a todos –los que a su vez representábamos a cinco, seis, diez colonias– que sería bueno que nos constituyéramos en nombre propio, que correspondiera a estos sinceros y urgentes reclamos del campesinado”. Así, en 1971, el Movimiento Rural se transforma en la Unión de Ligas Campesinas Formoseñas, la ULICAF. Un folleto que recupera en su libro Mónica Daldovo reproduce el tono con que el movimiento rural invitaba:

“Chamigo no te olvides de que el 28 de marzo los delegados de cada colonia de la zona de Laguna Blanca hablarán y dirán sobre los distintos problemas que tienen — No falten chamigos que es importante — Si llueve haremos la asamblea el 4 de abril en el mismo lugar y hora ‘EL QUE NO LLORA NO MAMA’. Tenemos que decir nuestro dolor. Unidos y organizados el campesino va a sufrir menos. Unite chamigo vamos a defender nuestros productos y vamos a defender los derechos de los demás también. Movimiento Rural”.

En aquella asamblea de Riacho, el agricultor paraguayo Sebastián Arce gritó: “¡un gigante dormido se ha despertado!”. La escala formoseña podría asegurar que había ahí una multitud. La combinación de catequistas, maestros, campesinos y jóvenes le dio un sustento sólido a la incipiente organización. No golpeaban para negociar: su negociación era el golpe, la discusión sobre la tierra. El obispo Scozzino abrió la asamblea así: “Muy queridos campesinos de Formosa: les aseguro que desde esta mañana estoy aguantando las lágrimas ante todo lo que he oído. Sabía que tenía a mi cargo, por misión de Dios y de la Iglesia, un pueblo sufrido, pero sinceramente les digo que hoy he descubierto en ustedes otro mundo de héroes silenciosos del dolor y del sufrimiento…”.

El paso había sido dado. Como en Chaco y Corrientes, Formosa jugaba ya con su “Liga” campesina. Sobre la transición del Movimiento a las Ligas y el rol de la Iglesia formoseña, Nelly analiza el trasfondo de los conflictos:

“Dentro de la juventud peronista, dentro de los distintos movimientos que a nivel nacional estaban emergiendo, estaban los que estaban decididos y que fueron utilizados. Después supimos toda la verdad de lo que ocurría, llámese Montoneros, llámese ERP. Muchos años después entiendo por qué el obispo nos cuidaba tanto de que las Ligas se mantengan un poco al margen de la política, que cada uno se mantenga en su posición de política partidaria y que nosotros seamos la Unión de Ligas Campesinas.”

El proceso era de adentro hacia afuera, sin mezclar el agua y el aceite dentro de lo posible. Era firme, organizado, pacífico, pero no manso. El desafío: cuidar esos bordes para no transformar a la Ligas en un brazo de la lucha armada y mantenerlas en unidad. Formosa caminaba la época a su paso. Lejos del foquismo, de las ciudades y sus estallidos. Las problemáticas económicas y sociales de aquel entonces eran la distribución de la tierra, la falta de créditos para pequeños productores y las consecuencias perjudiciales de la comercialización del monocultivo de algodón. Tradicionalmente, a la provincia entraban los “braceros” procedentes del Paraguay. El intermediario pagaba lo que podía seguramente, en algunos de los casos lo que quería, porque el algodón se le entregaba y le tenían que hacer el descuento de la deuda y el productor se encargaba de pagar. “Estaban tan a la buena de Dios que realmente no sabían”, dice Nelly.

La combinación de catequistas, maestros, campesinos y jóvenes le dio un sustento sólido a la incipiente organización. No golpeaban para negociar: su negociación era el golpe, la discusión sobre la tierra

Compartir:

En los setenta la discusión sobre la tierra en Paraguay fue lo que se llamó la “minga guazú”. Allí surgieron movimientos campesinos muy combativos. Había prácticas de solidaridad de los dos lados de la frontera. “Era todo a pulmón el combatir lo suyo. Entonces el algodón, para que pueda crecer y para que pueda producir, tenía que ser raleado, las plantas que estaban demás tenían que ser sacadas y después cuidar esas plantas”, dice Nelly. Una vez que ya se cosechaba el algodón, trabajaba toda la familia, desde el niño de cinco años hasta la madre: “El esfuerzo por producir y por mantener su familia era a pulmón, tenían agallas”. Arado, siembra del algodón, raleo. Todo “tracción a sangre”.

Nelly estaba casada con Carlos, que estaba más metido en trabajar la chacra, mientras ella seguía en la escuela y las Ligas. “Él un poco me acompañaba, no porque estuviera convencido de que íbamos a conseguir nada, era más bien desconfiado. Hicimos algodón y hacíamos en el medio la banana, aprovechando al máximo la tierra. Vivíamos como campesinos, pero yo era maestra y directora de escuela.”

Las luchas de la ULICAF se extendieron durante el breve gobierno de Gauna y después durante la tercera presidencia de Perón, hasta su muerte, y luego con la asunción de Isabel Perón, hasta el 76. En la composición de la Liga había un dirigente histórico del partido radical: Catalino Morel. El movimiento preservaba su raíz plural, silvestre, no partidaria. Cuando comenzó la dictadura Nelly era maestra de grado y ya tenía un hijo de dos años. El 27 de marzo de 1976, mientras volvía de la escuela, su esposo le dijo que Carlos Sotelo, un importante referente político de la ULICAF, ya estaba preso, aunque también fue “salvado” -como muchos- por gestiones contrarreloj del obispo (la historia de Carlos amerita ser escrita).

“El 28 a las 12 de la noche irrumpieron en la casa y nos llevaron a nosotros, pero fue un poco distinto a las otras detenciones. Porque a nosotros nos desaparecieron. Eso fue el castigo por ser yo maestra y estar en la organización de los campesinos. No le encuentro otra explicación. Entonces nos llevaron en un vehículo. A mi hijo lo dejaron solo con dos añitos recién operado de una hernia, y un vecino que pasaba escuchó el llanto de la criatura a eso de las 7 de la mañana. La puerta fue totalmente destruida a patadas porque era de tablas… eran gendarmes, no estaban de particular… Yo estaba semidormida, así como estábamos. Después, cuando me sentí ya atada de manos y vendada, cuando me sacaron la venda después de cuatro días, me di cuenta de que tenía una pollera, porque yo no podía saber qué ropa tenía.”

En Formosa se lleva a cabo un proceso de desarticulación de las Ligas desde noviembre de 1973, fecha de la intervención federal a la provincia. A partir de 1976, los dirigentes de la ULICAF son encarcelados y las organizaciones desarticuladas. Sin vínculos con una guerrilla lejana al sentir formoseño, el castigo tenía la explicación más sencilla que le da Nelly: los “excesos” contra una maestra normal, evangelizadora y organizadora de su comunidad rural. Nelly sigue contando su detención:

“Sentí algo frío en la sien y alguien me dijo: ‘una palabra y sos boleta’. Yo le dije ‘pero déjeme avisar’ y me respondió ‘cállese’. Un viaje que no terminaba nunca hasta que a mí me tiraron en un lugar húmedo. Eran como unas duchas, pero ni contrapiso tenían. Era eso: no sabíamos dónde estamos. Lo último que sentí fue un grito desgarrador de Carlos. Yo pensé que ahí lo habían matado. Porque antes de eso nos bajaron en un lugar en donde nos hacían caminar con los ojos vendados, siempre con el ruido del arma, martillando el arma. Y nos preguntaban de gente, no sabíamos de quiénes nos preguntaban.

A él le habían propinado uno de los golpes más fuertes, que fue en el estómago, sin la posibilidad ni siquiera de prepararte para recibir ese golpe. Efectivamente le hicieron pedazos el hígado. Lo tiraron en un aljibe seco, ahí lo dejaron a él con los ojos vendados y a mí en un lugar donde se notaba que los gendarmes se bañaban, no sé. Mientras, ellos me sacaban la ropa y yo tenía que desfilar desnuda, siempre con el gatilleo.”

Monumento al soldado Hermindo Luna.

En las elecciones presidenciales de septiembre de 1973 que consagraron a Perón presidente por tercera vez, el 70% de los formoseños había votado al peronismo. La provincia, una de las más jóvenes del país, no había vivido tan expuesta a la violencia política de esos años.

Pero esa condición de ser una de las provincias más peronistas del país, su lejanía y relativo aislamiento y el hecho de ser un lugar con poco desarrollo de la organización, tal vez hayan decidido a la conducción montonera a dar allí su golpe más osado y, a la vez, el bautismo de fuego del Ejército Montonero. En la propia evaluación de la operación, Montoneros finalmente encuentra un escollo “inesperado”: los conscriptos, lejos de acatar la orden de rendición, defendieran encarnizadamente el cuartel. Los colimbas, formoseños humildes, resistían el ataque guerrillero con una valentía inesperada, criolla, heroica.

Tan así que el emblema de esa resistencia es Hermindo Luna, un soldado hijo de una familia muy pobre de Las Lomitas, que se convirtió en símbolo de la defensa del cuartel. Los relatos de ese día, en la clave ya de una mitología, cuentan que cuando dos de los atacantes le dieron la voz de rendirse, bajo el argumento de que la cosa no era contra los soldados, Luna gritó “¡Acá no se rinde nadie!” y tomó su fusil, antes de ser acribillado por una ráfaga de disparos. Ese grito es casi el prólogo constitucional de la provincia. Lo usa el largo gobierno de Insfrán, lo usa la gente, lo usa todo el mundo. Luna, como los otros nueve conscriptos muertos en el ataque, eran de origen humilde, muchos de ellos estaban ese domingo en el cuartel porque no tenían plata para ir a la ciudad, o estaban dispuestos a cambiar el franco por unos pesos.

Finalmente, los atacantes abandonaron el cuartel con muchas bajas y pocas armas (18 FAL y una FAP) rumbo al aeropuerto donde los esperaban el Boeing de Aerolíneas secuestrado y otro avión más pequeño en los que huyeron. El ataque al cuartel empezó a las 16: 23, y duró hasta las 17. La “Operación Primicia”, tal como la bautizó Montoneros, había terminado. Sin embargo, tras el ataque, el Ejército mató a tres formoseños en Villa Ketty, un barrio de casas muy humildes al este de la ciudad. Celso Pérez, de 15 años, estudiante, Felipe Ibáñez, de 25 años, agente de policía y Mamerto Cáceres, de 24 años, jornalero. Sus cuerpos fueron cargados e introducidos en el cuartel junto a los de los montoneros muertos en el combate. El Ejército justificó esas muertes en virtud de que eran parte del plan de copamiento. Los familiares sostuvieron una versión muy diferente: ninguno había participado del ataque, y habían sido ejecutados desarmados, en el caso de Ibáñez, delante de su propia familia.

En los días siguientes, el Ejército organizó una cacería en la ciudad y el resto de la provincia. Más de 150 personas fueron detenidas. “Los interrogatorios se realizan en el Regimiento 29, donde los corresponsales observaron a una veintena de detenidos ubicados cuerpo a tierra en el Patio de Armas de la unidad”, decía el Clarín del 8 de octubre de aquel año. Hay rumores de combatientes escapados a Paraguay, se dice que no todos abandonaron la provincia. En las noches siguientes se escuchan tiroteos y redadas militares continuamente. El terror invadió la ciudad y la represión se extendió. El 19 de noviembre fue detenido el sacerdote francés Santiago Renevot en la parroquia de El Colorado, cerca del límite con Chaco, junto a él son detenidos militantes de las Ligas Agrarias. Ese mismo día corren la misma suerte militantes de la Juventud Peronista de la provincia y del Partido Auténtico, integrado por sectores de la izquierda peronista y Montoneros. Así, la acción guerrillera, calculada desde los escritorios militantes, produce consecuencias concretas: los militares aprovechan para romper aún más la organización campesina.

Nuestro último contacto por guasap muestra su fe intacta: “Saludo y bendiciones!!”, me dice. La “maestra normal”, que es una construcción que organiza muchos de los relatos sobre las provincias, en Nelly organiza también su tragedia y redención

Compartir:

La suerte de Nelly en marzo del 76 ya parecía echada, y, sin embargo, unos gendarmes amigos de su padre contaban a la familia que los caminos que recorrían generalmente eran siempre distintos. A ella y a su marido Carlos, en vez de llevarlos directamente a Laguna Blanca, les hicieron un rodeo. Mientras tanto, sus padres estaban enloquecidos buscándolos: “la policía diciéndoles ‘a éstos los llevaron sus socios, los montoneros, no ve cómo le dejaron la casa’”.

“Carlos fregó todo el tiempo contra la pared hasta que logró carcomer el trapo, el paño, entonces cuando entraron y le dieron el primer puntazo de vuelta, hizo que se cayera eso y lo vio a Arena, el subjefe de la sección Laguna Blanca. Esa noche entró una persona y me dijo ‘bueno, ahora sí, ahora sí vamos a ver a quién le contás el cuento’, y lo nombró a Alturria, que era el jefe del ejército, ‘ahora vas a saber lo bueno’. Me sacaron por supuesto entre dos y me tiraron a la carrocería de un vehículo y ahí, no conforme, y después de ser la segunda noche que estaba, en la que tenía otra persona más, empezaron a toquetearme y dije ‘por favor, basta, por qué tanto ensañamiento’. Entonces escuché: ‘Nelly, estás viva’. Era Carlos.

El vehículo en el que los llevaron era un rastrojero de la empresa Agua y Energía. Nelly supo que estaba en Laguna Blanca porque a la madrugada entró un señor, un gendarme, y le dijo: “¿cómo se llama usted?”. Los tenían atados como en un quincho, “como un quincho rústico”, dice Nelly. Y desde ahí estuvieron juntos ella y Carlos. Pero el gendarme le dijo: “usted es la hija de mi amigo”. Un gendarme de apellido González.

“Eran amigos porque a mi papá le gustaba la carrera organizada por las escuelas, eran carreras de pollos, en esos años eran muy comunes porque para mantener la cooperadora las teníamos que hacer domingo de por medio. Entonces me dijo: ‘¿qué puedo hacer?’. Le dije: ‘tengo la panza dura, quiero ir al baño’ y me dijo que esperara. Dio un vistazo. Me hizo palpar. Estábamos donde está el casino de oficiales. Él me llevó, me mostró dónde tenía que sentarme, no era un inodoro sino algo hecho de cemento, y me trajo de vuelta. O sea, se jugó. Y otro gendarme directamente sin decirnos nada, fue a la casa de mi hermana, a Formosa, averiguó y le contó dónde estábamos.”

Luego de pasar varios días detenida en ese sitio, Nelly fue llevada a otro lugar, frente a la escuela número 224: “Ahí me tuvieron hasta el 25 o 26 de mayo, y esa noche a las 11 de la noche nos soltaron. Estábamos aterrados”. Volvieron a su casa, en la que vivieron dos años. Por cada ruido de vehículos casi no dormían. Al año Nelly quedó embarazada, su segundo hijo. Durante todo el embarazo pasaron muchas noches en la casa de sus padres. Nelly lo cuenta, se levanta, trae más agua para el mate. Hay preguntas o interrogantes del testimonio que siguen abiertos. Todavía no entiende, por ejemplo, la saña de esa biaba cruel sobre ella y Carlos. Una suerte de culpa que Nelly se traga. Aún cree que pagó él ese precio por su responsabilidad. Detrás de esa mujer había un buen tipo bancando los trapos en la chacra.

“Yo me refugié en la fe, pero Carlos no. Quedó muy traumado. Me fui para tener a mi bebé y después, cuando lo tuve, nos instalamos en esa casa rancho. Teníamos que presentarnos martes y viernes a la comisaría a firmar, e ir a Laguna Blanca. Me habían sancionado en la escuela por abandono de cargo. Me explicaron bien: era una manera de ver cuál era mi situación ante el poder ejecutivo. Ahí nos atendió el teniente Espada. En agosto me dejaron cesante hasta presentar el certificado de buena conducta.”

Nelly no volvió a tomar contacto con sus compañeros de la ULICAF, se abrió porque sentía la necesidad de “respetar la situación de Carlos, de asistirlo y cuidar a mi hijo”. Cuando en el 83 volvió la democracia, la fueron a buscar, pero ella se sentía bloqueada. Carlos también. “Mi esposo tuvo cinco o seis intervenciones quirúrgicas después de todos los golpes que le dieron.” Mientras, sigue ligada a la actividad docente, como supervisora y luego como directora de la escuela donde ella había hecho la primaria. En 1995 se jubiló en el cargo más alto.

“Todo el mundo pensó que yo me vengo a la escuela porque quería ser intendenta. Pero nada que ver. Dejé la supervisión porque era un trabajo muy solitario. Entonces vengo y justo, el gobernador no podía tener un tercer mandato, el vice era Gildo Insfrán y va como candidato. Y me invitaron para las preparatorias del PAIPPA. En una reunión pasaron los lineamientos. Me enganché porque era una reivindicación que a mí me daba la vida para el pequeño productor agropecuario por el que tanto peleamos. Con mis alumnos y el campesinado. Me acordaba cuando en las escuelas no teníamos tiza, teníamos que hacer las carreras de pollos o sorteos para comprar los libros de lectura a los chicos.”

Los habitantes originarios de la provincia –tobas y pilagaes de la nación indígena guaycurú; matacos y wichis como representantes de la nación mataco-paraguaya- apenas si entablaron relación directa con el “blanco” durante siglos enteros, exceptuando algún contacto esporádico con sacerdotes de las reducciones jesuíticas del sur del Gran Chaco. Como grafica Irene Goiburu: “la región quedó aislada sin otros hechos remarcables que la ocasional explotación de sus montes o humaredas que indicaban la presencia de las tribus en movimiento”. Formosa era misteriosa incluso antes de nacer. Hasta bien entrado el siglo XIX –hasta la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay de 1864- la región formoseña vivió en una temporalidad aparte, una biósfera propia. La Guerra primero, y la organización nacional después, lo cambiarían todo. El periodo que llega hasta la primera guerra mundial -que en Formosa tiene su propio símbolo provincial con la llegada del Ferrocarril Formosa a las Lomitas en 1914, primer mojón físico de la integración del territorio nacional- será en lo económico el inicio precario de la era forestal y ganadera. Para los indios es el punto de partida de su proletarización forzosa. De cazar y recolectar al trabajo asalariado en obrajes madereros e ingenios azucareros: una clase obrera que no va al Paraíso. Sin la prosapia aristocrática de Salta ni el caudillaje célebre del “Facundo” riojano, y a diferencia del argentino prototípico -que es, en buena medida, el argentino de la región pampeana- los formoseños parten del principio de que sus bienes y su riqueza son escasos: no nacieron condenados al éxito. Si parte del ethos de la “argentinidad” más típica consiste en asumirse “ricos, pero mal gobernados” -esa Australia que no fue-, muchas provincias asumen el extremo opuesto: no estaban siquiera destinados a existir. Provincias que creó la nación, formoseños que crearon Formosa. Nelly fue maestra y evangelizadora. No “llegó”, como los Montoneros en su legendario asalto, en avión, vestida de fajina, para una “operación”. Ella creció y actuó donde nació y vivió.  

En 1999 Nelly asume como concejal del Concejo Deliberante de Riacho y en el 2003 es elegida como intendenta hasta 2015, con mandatos consecutivos. Ahora vive en su chacra, rodeada de hijos, de nietos, de amigos. Nuestro último contacto por guasap muestra su fe intacta: “Saludo y bendiciones!!”, me dice. La “maestra normal”, que es una construcción que organiza muchos de los relatos sobre las provincias, en Nelly organiza también su tragedia y redención. ¿Qué fue normal en sus años setenta?, ¿qué precio pagó? Maestra, madre, catequista, dirigente rural, intendenta y sobreviviente.

Gran Mujer del Pilcomayo, a tu salud. 

Bancate este proyecto¡Ayudanos con tu aporte!

SUSCRIBIRME