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10 de febrero 2021

Nicolás Rivas

Profesor regular.Fundamentos e Historia del Trabajo Social I y II. Ex Director de la Carrera de Trabajo Social. Facultad de Ciencias Sociales, UBA.

LA VACUNA COMO IMAGEN: ENTRE LA CIENCIA Y LA VIDA COTIDIANA

Tiempo de lectura: 6 minutos

Este artículo se estructura en dos partes considerando los sentidos que puede tener una imagen. Según Walter Benjamin, en los extremos de este abanico de posibilidades puede considerarse por un lado tanto su valor de culto, de referencia para algunos en relación a tradiciones, memorias, para que otros (por ejemplo, las nuevas generaciones) consideren y también veneren y, por otro lado, su valor de exhibición, eso que muestra, más repetitivo, de serie. A partir de esos valores diferentes, este escrito se pregunta acerca del sentido de la imagen de personas vacunándose hoy para prevenir la enfermedad y, por otro lado, le hace preguntas a la fotografía de 1901 en clave de aportes para la interpretación de la vida cotidiana de los otros.

Vacunación contra la viruela, 1901. s/d.

La imagen como refuerzo mágico para la ciencia.

José Ramos Mejía presidió el Consejo Nacional de Educación y antes había sido Director del Departamento Nacional de Higiene, organismo encargado de hacer política pública considerando el paradigma higienista dominante, brazo de positivismo amalgamado por el cruce de la historia, la sociología y la medicina. Acerca de la epidemia de viruela y a 100 años ya de existir la vacuna, decía: “…como la gota de agua tenaz que al fin horada la piedra concluirá por despoblar nuestras campañas y ciudades, si su carácter habitualmente maligno no se atenúa con la vacuna, o por marcarnos a todos con las terribles maculaciones que desfiguran el rostro de los que olvidan el precepto elemental e ineludible de vacunarse al menos una vez en la vida.” (María Silvia Di Liscia, Marcados en la piel: vacunación y viruela en Argentina). 

En estos días proliferan por las redes fotos de personas vacunándose: de políticos que asumen su responsabilidad, de familiares y quizá haya pronto de famosos con rating y pergaminos. Esas fotografías pretenden convertirse en evidencia de verdad que resulta necesario mostrar y que circule, para que sea más verdad, para que sea ciencia. Lo que se puede ver en la fotografía central de este escrito configura una serie de observaciones que, desde diferentes perspectivas de análisis y considerando una referencia histórica, representa más que la vacunación en un conventillo en el año 1901.

Reflexionando acerca de los modos de recepción de las obras de arte, Walter Benjamin señala que este proceso puede suceder bajo diversos acentos y describe dos que se destacan por su polaridad: “uno de esos acentos reside en el valor cultual, el otro en el valor exhibitivo”. Para Benjamin, el valor cultural (de culto) tiene su enclave en su asociación con lo mágico primero y con lo religioso después, una especie de veneración a partir de la imagen, por ejemplo, una estampita de la virgen, de aquellas que tenían nuestras abuelas/bisabuelas y de las cuales emanaba cierto espíritu cuando las miraban, mirar para creer. Luego retoma este valor para la fotografía y describe como, a partir de la proliferación de modos de reproducción técnica -los avances tecnológicos- el carácter exhibitivo va ganando lugar por sobre el carácter cultual, dándose también el corrimiento de hombre – retrato en la fotografía generando otras escenas, más “sociales”, cercanas a la vida cotidiana. A riesgo de forzar la interpretación de Benjamin, con la exhibición hoy de fotos de personas vacunándose que arriba referimos, pareciera que estamos retomando en esas fotos de estos días el valor del “culto” de la imagen, asistiendo a una suerte de inversión donde ahora la ciencia necesita de la imagen, del culto a esa imagen (la política hace ratotransita por ahí) para legitimar su saber. Con Eugenio Atget (fotógrafo francés), dice Benjamin “comienzan las placas fotográficas a convertirse en pruebas en el proceso histórico. Y así es como se forma una secreta significación histórica. Exigen una recepción en un sentido determinado”.

con la exhibición hoy de fotos de personas vacunándose que arriba referimos, pareciera que estamos retomando en esas fotos de estos días el valor del “culto” de la imagen, asistiendo a una suerte de inversión donde ahora la ciencia necesita de la imagen

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La imagen como acceso a dimensiones de la vida de los otros: preguntas a la fotografía

Esta imagen data del año 1901. Ya desde varios años antes, en todo el territorio del Río de la Plata se estaba expandiendo la fotografía como consecuencia de abaratamiento de los costos de los materiales, vidrios y líquidos necesarios para uso de los primeros fotógrafos, los denominados daguerrotipistas. Pero, como se observa, no captura un retrato sino una situación externa -probablemente una campaña de vacunación en algún patio de conventillo o alguna “visita domiciliaria” higienista de control de vacunación- donde participan varias personas.

Haciendo el ejercicio de responder a preguntas formuladas a la fotografía y considerando ahora su carácter exhibitivo, se reconstruyen algunos aspectos que probablemente contribuyan a conformar una idea aproximada de la vida cotidiana de este grupo fotografiado. 

Se puede suponer que estas personas vivían en un conventillo, que el “jefe de hogar” era un obrero con “tarea fija”. El ingreso del grupo familiar -mensualizado- podría ser de $100 ($70 en el caso del hombre, $30 aportando la mujer). El costo de la habitación en el conventillo oscilaría entre los 15 y 30 pesos mensuales. Si a esto se le agregan los costos de “la reproducción social” (alimentos, ropa, útiles, cigarrillos, etc.; $ 50) se puede deducir que esta familia era una de las que formaba parte de ese 75% de personas que estaban por debajo -en ingresos- de lo necesario para poder vivir. Datos tomados de “La Vida Obrera en Argentina” de Julio Mafud.

Es evidente la diferencia de vestuarios. Los hombres, vestidos de negro, tenían un salario mayor al de las mujeres (ellas cobraban entre un 25 y 50% menos que los hombres en igual tarea). Quizá la tela utilizada para la confección de los vestidos de las mujeres y pantalones de los y las niñas haya sido el “percal”; prenda barata y para ropa de personas pobres.

las modas masculinas del fin de siglo en sí mismas tendieron a generar cierta rigidez corporal, tanto por los cuellos duros como por la raya marcada con la plancha en los pantalones, que se impuso en los años 1890

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No es posible acceder a la comparación de precios de las diferentes ropas, datos que arrojarían las distancias económicas que separan a unos de otros. Sí se puede señalar el carácter simbólico y de representación de la vestimenta tomando como vía de entrada a “la moda”. En el “Libro de los Pasajes”, Benjamin desarrollo un capítulo sobre este tema presentando aforismos, frases, textos, relatos provenientes de las más diversas fuentes: literarias, de libros de historia, de libros que hacen mención a la vida en las ciudades, entre otros. La cita de Rudolph von Jhering, del año 1883, hace referencia a la moda como “barrera” y afirma su carácter social, en contraposición con las motivaciones individuales: “Pero la moda, en el sentido que tiene hoy para nosotros, no posee una motivación individual, sino social, y de comprenderlo como es debido depende entender toda su esencia. Es el intento de las clases altas por separarse de las bajas, o más bien de las medias (…) la moda es esa barrera, que constantemente se vuelve a levantar porque constantemente se abate, mediante lo que el mundo distinguido intenta asilarse de la zona media de la sociedad (…). Esto explica los rasgos que caracterizan la moda de hoy. En primer lugar, su origen en los círculos sociales elevados y su imitación por parte de las clases medias. La moda va de arriba abajo y no de abajo arriba”.

Observando al hombre que se encuentra en el fondo de la fotografía, se podría suponer que era un ayudante de “higienista” o “inspector”, que era un representante de la Municipalidad o, quizá -aunque es poco probable todavía en esos años- un integrante de alguna sociedad filantrópica o caritativa. No lo sabemos. Lo qué si podemos aproximarnos -por medio de su vestimenta- es a su posición social y / o de clase. No se puede distinguir con claridad si es un moño o pañuelo lo que tiene el hombre de bigotes, aunque sí se observan los cuellos de la camisa firmes, almidonados; al igual que toda su postura. En el minucioso estudio de La alta sociedad en Buenos Aires en la Belle Epoque realizado por Leandro Losada se analiza -entre otras características- el vestuario de la época. El autor señala que “en verdad, las modas masculinas del fin de siglo en sí mismas tendieron a generar cierta rigidez corporal, tanto por los cuellos duros como por la raya marcada con la plancha en los pantalones, que se impuso en los años 1890”. Si a esta observación le agregamos la motivación social de la moda descripta por von Jhering y -sobre todo- el carácter de “imitación” de los sectores medios (de la moda de los “círculos sociales elevados”), podemos aproximarnos al perfil sociocultural de los hombres vestidos de negro que aparecen en la fotografía.

Mirando el piso del conventillo se advierte que no es de tierra ni de ladrillo cocido. A partir de 1871, se prohíbe cualquiera de estas formas y se indica que debe hacerse con piedras y cal. Este detalle puede dar la pauta de que el grupo familiar que se ve en la foto no es sorprendido por estos “inspectores higienistas”. Seguramente, otros inspectores y en otro momento, hayan controlado no sólo el piso sino el blanqueo de las paredes internas de las habitaciones, las banderolas en las puertas, el estado de la letrina y cocina y la pintura en aceite de las puertas y ventanas de madera; todas medidas vigentes desde 1880 aproximadamente en la Buenos Aires higienizada.

Tres reflexiones finales sobre fotos de personas vacunándose

Si alguna duda quedaba acerca de la crisis de credibilidad del conocimiento en relación a su condición de garantía de progreso y bienestar general, las actuales fotos de personas vacunándose son una muestra más que ratifica esta crisis.

Al mismo tiempo y como la otra cara de esa misma crisis, las personas vacunándose y esas fotos afirman su confianza en la ciencia y credibilidad en la política, exhibiendo (se) para los (nos) otros.

Quizá también esas exhibiciones tengan el propósito de achicar la resistencia entre ese herido progreso, esa ciencia cuestionada, la política deslegitimada y los otros, que, nuevamente, exigen conductas de ejemplo como condición de adhesión y credibilidad.

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