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28 de junio 2024

Emmanuel Taub

LA PORNOGRAFÍA QUE NO QUEREMOS VER

Tiempo de lectura: 13 minutos

(algunas tesis sobre el porno trash)

1. Mucho se ha hablado, pensado y teorizado sobre la pornografía. Más aún, con la revolución tecnológica, con mejores equipos de filmación y producciones a la medida del consumidor. Pero hay algo que nunca ha cambiado ni va a cambiar: la carne humana.

2. Aldo Pellegrini en Lo erótico como sagrado escribe: “La obscenidad designa una manifestación que se desarrolla en el plano social, y abarca el terreno del lenguaje, del gesto, de la expresión. En el lenguaje comprende los términos considerados tabúes, que son todos los de la esfera sexual […] La pornografía pretende actuar como excitante sexual y se desenvuelve especialmente en el plano privado”.

3. Sin embargo, la desnudez fue primero un acto público, en los Jardines del Edén, y ante un Dios voyeurista que no juzgaba a sus creaturas sin ropa, y quizá se deleitaba con la desnudez de su creación. Todo lo contrario, fueron Adán y Eva los que descubrieron la vergüenza y se cubrieron. Así dice el relato del libro de Génesis (3:7-11) que ocurrió luego de que comieran del fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal: “Y los ojos de ambos se despejaron, y se percataron que estaban desnudos, y se tejieron taparrabos con hojas de higuera. […] Entonces IHVH Elohím llamó al hombre diciéndole: ¿Dónde estás? Y él respondió: Escuché tu sonido en el huerto, y tuve miedo, por estar desnudo, así que me escondí. Y le dijo: ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te he ordenado no comer?”

4. Adán y Eva, en su inocencia edénica habitaban su desnudez como una normalidad, pero esta misma inocencia los alejaba del deseo y el goce de los cuerpos: sin conocimiento su desnudez carecía de sexualidad, y recién al abrir los ojos y verse desnudos luego de comer el fruto del árbol del conocimiento se vieron la carne sin vestir y la presencia de un tercero, Dios, los avergonzaba de su condición de inocente desnudez. En el Edén tampoco había sexualidad, ya que Adán y Eva recién engendraron a sus hijos una vez que fueron expulsados y arrojados al mundo material, al tiempo y a la historia.

La desnudez fue primero un acto público, en los Jardines del Edén, y ante un Dios voyeurista que no juzgaba a sus creaturas sin ropa, y quizá se deleitaba con la desnudez de su creación

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5. En su bellísimo texto Desnudez, Giorgio Agamben agrega sobre el versículo bíblico que “la desnudez se da por así decirlo sólo negativamente, como privación del vestido de gracia y como presagio del resplandeciente vestido de gloria que los beatos recibieron en el Paraíso. Una desnudez plena se da, tal vez, sólo en el infierno, en el cuerpo de los condenados, irremisiblemente ofrecido a los eternos tormentos de la justicia divino”.

6. Más allá de realizar un filológico análisis de las fuentes judías en donde el infierno es una idea muy marginal y completamente opuesta al ideal cristiano, igualmente Agamben nos propone una lectura que si quisiéramos leer entre líneas nos ubicaría la desnudez como condición infernal: la carne es el terreno de los castigos y la desnudez sufre y goza del BDSM de Satán. En este sentido, si la desnudez plena es la que se abre en las profundidades del infierno, la pornografía como práctica de los cuerpos desnudos es un invento del Rey de los bajo mundos. Y a mayor castigo, más trash se vuelven las prácticas sexuales.

7. Hoy en día, el universo de la pornografía es cada vez más grande y variado, y los sitios de pornografía nos presentan temáticas y categorías que permiten una más rápida elección de temas, formas, colores, actores y actrices, posiciones, inserciones y el más amplio abanico de pornografía para todo tipo de consumidor. Y hoy nuevamente el consumo pornográfico es una práctica privada, individual o compartida, que se orienta al goce pero que también puede llevarnos al desagrado y al repudio.

8. Justamente aquí nos interesa abordar algunos ejemplos específicos de un porno trash y marginal que está frente a nosotros en la pantalla de los sitios y buscadores y que por razones que sólo uno sabe, como los efectos de excitación o la imposibilidad de masturbación, nunca se ha animado o atrevido a entrar.

9. Como escribe Henry Miller en La obscenidad y la ley de la reflexión: “Si hay algo que merezca ser llamado «obsceno» es esta confrontación fugaz y de soslayo con los misterios, este caminar hasta el borde justo del abismo, gozando de todos los éxtasis del vértigo, pero rehusando ceder al hechizo de lo desconocido. Lo obsceno tiene todas las propiedades de la zona oculta”. Y podemos decir que esta zona oculta siempre está ahí, frente a nosotros, a un click de distancia entre lo que llamaremos la buena o la mala pornografía. Y aunque nos rehusamos a pensar el porno desde valores morales, sin embargo, hay una práctica ética que condiciona nuestros consumos pornográficos y nos hacen chocar contra nuestras limitaciones autoimpuestas llamadas cultura, religión, sociedad o temor.

Si la desnudez plena es la que se abre en las profundidades del infierno, la pornografía como práctica de los cuerpos desnudos es un invento del Rey de los bajo mundos

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10. Consumimos porno u observamos porno. La diferencia está en el resultado y en la duración: masturbación o paja teórica. No necesariamente ambas van por separado, sino que al final, muchas veces, suelen combinarse. En este sentido, las reflexiones que presentaremos están sostenidas por la observación de lo que llamaremos la pornografía marginal: el porno de los consumidores secretos, de la pornografía olvidada o aquella que lleva nuestros límites al mismísimo infierno de lo trash, consumidores obsesionados por el guión y las historias, y que la película tenga un sentido que no sea el producto enlatado de quince minutos para una masturbación exprés. Es importante aclarar que lo que aquí llamamos “marginal” no significa ilegal, violencia, ni siquiera la deepweb, sino todo lo contrario: entendemos pornografía marginal a aquellas categorías poco visitadas, olvidadas y, especialmente, no consumidas porque nos ponen en un debate ético sobre los límites de nuestro goce.

11. La pornografía olvidada: el porno vintage. Lo primero que debemos decir de la pornografía vintage de los años 70’s y 80’s es una de las características que se han perdido salvo excepciones en la pornografía moderna: en aquellos años la característica principal eran sus producciones en formato de películas, no sólo con un guión –a veces mejor y otras veces no tanto– sino en formato de historias de una hora de duración. Y es justamente la historia lo que nos resulta interesante aquí. Podríamos decir que estas películas tenían dos caminos diferentes: por un lado, re-versionaban pornográficamente una historia, película, o leyenda que sea conocida por la audiencia consumidora desde una perspectiva cuasi-cómica pero con las escenas transformadas en escenas porno. Y por otro lado, el formato más tradicional estaba sostenido en la historia de un personaje masculino que mantiene relaciones sexuales con diferentes mujeres que van apareciendo en cada escena que atraviesa a lo largo de la película. En estas películas algunas de las más tradicionales son las del rubio e inocente granjero que hereda una casa familiar llena de mujeres ardientes que quieren cogerlo, o las diferentes versiones de la cárcel de mujeres o del convento de monjas y curas. Pero lo que prima en el porno vintage es el guión y el sexo hetero o lésbico, así como estéticamente tanto hombres como mujeres mantienen sus vellos.

12. Otro elemento muy particular del porno vintage es la música que se transforma en un personaje más en el acto sexual –lo que a veces puede desconcentrar al consumidor– como si el acto de coger debiera estar musicalizado en nuestro imaginario. Como indicamos, pero es importante remarcarlo, en el porno vintage los cuerpos son “normales” en el sentido que entendemos que con la pornografía moderna también los cuerpos fueron transformados en cuerpos sin vellos, tanto hombres, mujeres o trans.

13. Si reflexionamos el cine porno vintage y su relación social en el sentido de la relación con otro y en la relación con la propia generación de placer a través de la masturbación (en todas su formas) no podemos dejar de nombrar la película hito de los años 70’s que fue Garganta profunda. Estrenada en 1972 y protagonizada por la eterna Linda Lovelace fue una de las películas pornográficas más exitosas y reproducidas de todos los tiempos (vale la pena agregar que fue distribuida y producida por Columbia Pictures). Un guión antológico centrado en la insatisfacción sexual de Linda hasta que descubren que tiene el clítoris en la garganta y que lo que la excita y finalmente la hacen llegar al orgasmo es el sexo oral. La película se fue volviendo cada vez más exitosa ya que además la presión política del gobierno de Nixon se esforzaba por prohibir su reproducción en cines comunes en donde coincidía el público pornógrafo y el publico que buscaba defender la libertad de expresión y luchar contra la censura. Estos elementos transformaron la película en una de las más importantes de la industria del cine porno. Al mismo tiempo fue también el extraordinario guión el que con su imaginación rupturista genera una diferenciación con las tradicionales películas centradas en el sexo vaginal y anal, revolucionando el porno desde aquellos años hasta nuestros tiempos, liberando el porno de las temáticas porno-conservadoras que aún prevalecían.

Consumimos porno u observamos porno. La diferencia está en el resultado y en la duración: masturbación o paja teórica

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14. La pornografía negada: la zoofilia. Considerada una parafilia, o sea, una perversión o desviación sexual, el sexo entre seres humanos y animales es una práctica que ha construido a lo largo de la historia una mitología muy interesante para la misma práctica sexual que se bifurca hacia la clase media alta y aristócrata, y hacia la clase media baja campesina: dos extremos sociales y dos prácticas zoofílicas acordes a cada una de ellas. Por un lado, tenemos el mito del pequeño perro lamedor de vaginas y, por el otro lado, la penetración peneana de los animales del campo por parte de los trabajadores rurales.

15. Pero no es necesario buscar en las profundidades de la web la pornografía zoofílica ya que las principales páginas de estas prácticas aparecen con sólo escribirlas en nuestros buscadores. Si hay algo interesante que se puede decir de estás páginas es: primero, recorriendo diferentes páginas de zoofilia uno se da cuenta que no hay actualización de videos –cortos o largos– y que los mismos se empiezan a repetir página a página. Segundo, la mayoría de los videos son de los años 80’s y 90’s. En este sentido, pareciera que luego de la cantidad de videos de sexo principalmente de mujeres con una gran variedad de animales (perros, caballos, burros, víboras y hasta hipopótamos) se detuvieron antes del siglo XXI como consecuencia de las prohibiciones, las campañas de concientización y protección animal y, principalmente –ya que es lo que en definitiva determina el mercado y el consumo– el público haya cambiado, se haya cansado y haya disminuido. Tercero, en los videos que se pueden (que no son pocos) la calidad posiblemente generada por la clandestinidad con la que se filman videos de zoofilia es muy mala, no existe ningún tipo de guión sino los intentos cuasi-amateurs de mujeres tratando de introducirse el miembro animal mientras las filman y les dan instrucciones. Cuarto, la consecuencia directa de ver esta pornografía desde una mirada que intenta reflexionar sobre estas perversiones es difícil de comprender la posibilidad de una erotización en base a la caótica búsqueda de conjugar a las actrices con los animales.

16. Ahora bien, mirando la pornografía zoofílica desde una reflexión filosófica debemos decir que ésta es la estocada final de la ruptura del mundo humano y el mundo animal. El abuso sexual de los animales quiebra definitivamente un mundo en el que la historia del ser humano se puede describir como la de la dominación, destrucción y aniquilación de las condiciones de vida del reino animal. Como escribe Jean-Christophe Bailly en su fundamental libro El animal como pensamiento: “En efecto, allí están, numerosos, variados, infinitamente variados, en la tierra, en las aguas, en los aires, con nosotros y fuera de nosotros, compartiendo un mundo donde existen desde hace mucho y del que quizá van a desaparecer, y algunos de entre ellos pronto […]. Pero digamos que aún están allí y que son o han sido nuestros compañeros, nuestros rivales, nuestras presas, nuestras víctimas, nuestros esclavos, nuestros conejillos de Indias, nuestros padres y también, a veces, nuestros hijos. Sea cual sea la manera en que se haya instituido la relación, desde la más oscura magia a la más fría racionalidad económica, ésta ha sido constitutiva de la fábrica humana […] La historia de la humanidad podría contarse según la declinación de esa relación, con sus grandes rupturas”. La idea de tan sólo un siglo anterior de que el mundo estaba antes del ser humano y que estará después hoy es imposible de afirmar, y menos aún la supervivencia del reino animal que día a día se encuentra en mayor peligro de extinción. Y si ya parecía suficiente la depredación del animal por el hombre, las prácticas sexuales con animales ponen punto final a cualquier relación ética entre ambos mundos.

17. Navegando entre los buscadores de pornografía marginal se presentan dos categorías que justifican esta relación que vengo reflexionando entre pornografía y obscenidad, en donde el objetivo de la excitación por la actualidad de las producciones parece lograr su objetivo y, por otro lado, la segunda de estas categorías se transforma en una especie de videos documentales de una pornografía que escinde la obscenidad de la excitación. Nos referiremos para dar cuenta de ello a dos de las categorías más marginales de la pornografía libre: porno y caca y, por otro lado, pornografía “crackheads”.

18. La pornografía escatológica: la caca. Técnicamente, demás de ser una parafilia, la pornografía con la utilización de la caca se la conoce como coprofilia y es la excitación sexual producida por la caca o las heces. Este fetiche que se produce desde la excitación por la textura el tacto y que forma parte de la literatura, la música o la pintura produce su salto de consumo masturbatorio con la entrada al cine pornográfico en donde toma mayor visibilidad y fanatismo. Antes de analizar las prácticas pornográficas con la caca, veamos un ejemplo en palabras del maravilloso James Joyce quien, en diciembre de 1909, le escribe esa carta a su adorada Nora Barnacle:

“Mi dulce y pícara Nora, recibí esa noche tu ardiente carta y he tratado de imaginarte frotándote el sexo en el baño. ¿Cómo lo haces? ¿Te recuestas contra la pared con tu mano cosquilleándote debajo de tus ropas? ¿O te acuclillas bajo el agujero con las camisas vueltas hacia arriba y tu mano trabajando fuertemente a través de la abertura de tus bragas? ¿Te sirvió como preludio ahora para cagar? Me pregunto cómo pudiste hacerlo. ¿Acabas al cagar o te frotas acabando primero y luego cagas? Debe haber sido una horrible cosa lasciva ver a una niña con sus ropas levantadas frotando con furor su concha, ver sus calzoncitos blancos y hermosos bajados de atrás y su trasero defecando y una cosa gruesa y café que sale de su agujero. Dijiste que ensuciarías tus bragas, querida, y que después me dejarías cogerte. Me gustaría oírte primero enmierdarlas y cogerte después. Alguna noche, cuando estemos en alguna parte platicando en la oscuridad cosas puercas y sientas tu mierda a punto de salir, rodea mi cuello con tus brazos en tu vergüenza y déjala caer suavemente. El sonido me enloquecerá y cuando alce tu vestido…” (para leer más sobre la relación de la caca, la filosofía y la cultura recomiendo el libro que escribimos con Pablo Marchetti: El ser y la caca. Pequeño tratado sobre la mierda, Milena Caserola, Buenos Aires, 2023).

La pornografía escatológica: la caca. Técnicamente, demás de ser una parafilia, la pornografía con la utilización de la caca se la conoce como coprofilia y es la excitación sexual producida por la caca o las heces

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19. Ahora bien, volviendo al cine porno y la caca, el primer video viral que nos introdujo en estas prácticas fue sin dudas “2 girls 1 cup”, una película brasileña de 2007 que posiblemente nadie hay podido ver por completo en su más de una hora de duración, sino que se hayan impactado con su tráiler o versión acortada. En esa escena dos actrices esperan agachadas para comer y tener sexo con una copa de caca que se asemejaba a un sundae de un local de comida rápida. El video fue tan traumático para aquellos que lo recibían de forma viral como exitoso en cuanto a, uno, las miles de reacciones que produjo y, dos, la visibilización de una práctica sexual existente en el imaginario popular pero que eso no significaba el consumo de aquel tipo de material pornográfico.

20. Hoy en día, la mayor parte de los buscadores ofrece la opción de sexo y heces. Sin embargo, a diferencia de otras parafilias, en donde los videos datan de muchos años atrás, la coprofilia se puede encontrar en las páginas mainstream de pornografía con producciones actuales. Dicho esto, las películas de este género de nuestros días, parecieran realizadas por una misma productora ya que filman el mismo formato y guión de película y lo que cambian son las actrices. Y señalo lo de las actrices porque los videos en su mayor porcentaje son realizados por mujeres, por lo que también entran en los buscadores como cine lésbico. Y, en segundo lugar, la materia fecal que utilizan para sus juegos y prácticas sexuales es siempre igual (en cuanto al color, textura, consistencia, etc.) a pesar de que las actrices cambien. Este dato nos lleva a la hipótesis que, a diferencia de la pornografía con caca de años anteriores en los que parecía haber menos cuidados y más “salvajismo” en las defecaciones, hoy en día esta productora mainstream parecería tener una dieta específica para que las actrices se caguen entre ellas, y que esta caca sea más cuidada.

21. Pornografía trash: crackheads. Por último, quisiera introducir aquí la que es quizá en nuestros días la categoría de película pornográfica más hardcore en los buscadores más relevantes y conocidos de la web. Me refiero a la categoría “crackheads”. El término es en sí mismo un concepto peyorativo y con una fuerte carga estigmatizadora que se utiliza desde los años 80’s cuando se dio el furor y la epidemia de consumo de crack-cocaína en los Estados Unidos. El término describe a las personas adictas al crack y su uso fue tan potente como estigma o prejuicio que en nuestros días existen todavía campañas para que se deje de usar este sobrenombre ya que se considera contraproducente para los adictos en recuperación.

22. Esta categoría pornográfica es sin dudas una de las más marginales y trash de los videos que se pueden encontrar en la web. Por un lado, no se termina de entender si se trata de videos amateurs o si hay una productora atrás de ellos que busca jugar con esta ambigüedad. Por otro lado, muchas películas tienen el mismo desarrollo en la que los hombres o actores, que también suelen ser los mismos, mientras que lo que cambian son las mujeres adictas al crack que se prostituyen y que tampoco tienen un parámetro de edad estipulado (pueden variar entre los 18 y los 50 años, por ejemplo). Otra característica para tener en cuenta, es que son estas mujeres/actrices las “crackheads” y que algunas, como describí, son trabajadoras sexuales mientras que tras sólo practican el sexo oral para conseguir más crack. El sexo es trash, llegan a utilizar bolsas en lugar de preservativos y se suele realizar en la vía pública (en zonas descampadas) o en el auto del actor/cliente. Y, finalmente, entre los videos de esta categoría también hay una serie de pequeños documentales en donde el video no está centrado en el sexo sino en la “crackhead” que cuenta su historia y cómo llegó a ser consumidora y no poder salir de la adicción. Al final de su discurso, se ven algunos minutos de sexo, pero tan recortados que no llega a haber ni siquiera una eyaculación.

23. Del vintage al trash, de la zoofilia a la caca, la pornografía marginal sigue existiendo en los buscadores más visitados del porno mundial. La pornografía que no queremos ver existe y aunque no nos produzca un efecto de excitación, siguen poniendo en debate la relación entre la desnudez, la obscenidad y la masturbación.