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LA GRAN COALICIÓN: UN SALVOCONDUCTO PARA SALIR DE LA CRISIS

Tiempo de lectura: 5 minutos

El rumbo de la política argentina, urgida por las definiciones electorales, ha puesto al descubierto un proceso de fragmentación partidaria y atomización de candidaturas que hasta el momento había quedado “oculto” detrás del esquema coalicional FdT-JxC que había dominado el escenario de la oferta electoral en los últimos diez años.

El sucesivo fracaso político de cada uno de estos experimentos políticos (CFK-Macri-Alberto Fernández) a la hora de ofrecer una operatividad gubernamental exitosa para sacar al país de la crisis económica erosionó la credibilidad en estas coaliciones no tan amplias ni tan capaces de convocar a toda la sociedad a una “gesta weberiana” donde la clase política asumiera el sacrificio y la responsabilidad cívica de los acuerdos y consensos palaciegos e institucionales, metiéndose en el barro de la crisis y entregándole “una economía” a la sociedad harta y polarizada. Esa “épica de la casta” que salta por encima de las llamas del “que se vayan todos” y resuelve la crisis ocurrió durante la crisis de 2001-02 y es justamente lo que hoy no sucede como “salida” ante una nueva gran crisis.

En vez del sacrificio transversal de la dirigencia política, vimos a lo largo de estos años dos coaliciones personalistas (hechas en torno a CFK y Macri) dedicadas a sostener las porciones de poder menguante de sus “líderes” ante un sector cada vez más minoritario del electorado a medida que la crisis avanzaba y la adhesión a ambas coaliciones decrecía. Esa adaptación partidaria a los núcleos duros supérstites de CFK y Macri tuvo consencuencias muy claras: el kirchnerismo transformó al peronismo en el partido de los pobres del conurbano y Macri quiere que el PRO encarne a un leviatán “liberal” del ajuste y el orden. Ambas visiones políticas dejan mucho electorado afuera, algo que la propia sociedad percibe, y que explica la fragmentación transversal de partidos y candidaturas.

Esa “épica de la casta” que salta por encima de las llamas del “que se vayan todos” y resuelve la crisis ocurrió durante la crisis de 2001-02 y es justamente lo que hoy no sucede como “salida” ante una nueva gran crisis

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¿Por qué se fragmenta la oferta electoral y la cohesión de las coaliciones se disuelve? Porque la sociedad comienza a percibir que muchos candidatos no “transmiten” las garantías de una solución política verosímil para la salida de la crisis. Se declaman ideas, nociones de orden o consignas, pero no se ofrece la capacidad institucional de “hacer la política” para una salida efectiva de la crisis (acuerdos, reformas, plazos, programas que hagan realistas y palpables a esas ideas, nociones de orden y consignas).

Este problema está modificando la agenda electoral, y muchos temas se hacen obsoletos a medida que se acerca la definición. En el caso de JxC, la puja Larreta-Bullrich ha dejado de ser una simple interna personal por la candidatura presidencial para pasar a sincerar una guerra conceptual sobre los tipos de alianza política y formas de gobernar que debería desplegar la oposición si gana las elecciones. Se trata de una discusión que el PRO había barrido debajo de la alfombra de la polarización, pero que antes, durante o después de las elecciones, surgiría de modo inevitable ante el peso de la crisis y el desafío concreto de gobernar. Un sector de la ¿coalición? JxC, agrupado en torno a la candidatura de Larreta, plantea la necesidad operativa de armar una coalición política más amplia, que incorpore la mayor cantidad de partidos y dirigentes representativos tanto para sumar en lo electoral como para darle un inicio estable al gobierno. Una mayor amplitud partidaria y dirigencial “le daría tiempo” y expertise al nuevo gobierno para generar el acuerdo institucional mínimo que cualquier reforma estructural necesita para dar sus frutos. Podría decirse que este sector de JxC acierta al promover un reformismo realista, consciente de la gravedad de la crisis y de la conflictividad hostil de la sociedad (también de la clase media) hacia la política y el “ajuste”.

El kirchnerismo transformó al peronismo en el partido de los pobres del conurbano y Macri quiere que el PRO encarne a un leviatán “liberal” del ajuste y el orden

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En este contexto, Carrió, la mayoría de la UCR y otros dirigentes de los que no se puede dudar de sus convicciones históricas “antiperonistas”, hoy plantean la prioridad de un armado plural, sin limitaciones ideológicas, que privilegie la fortaleza política para sostenerse, acordar y reformar. Para este sector de la oposición, ni el antiperonismo ni la formación de un partido de cuadros “antipopulistas” es la discusión política del momento.

Por otro lado, Macri y Bullrich aprovechan la puja con Rodríguez Larreta para avanzar en una reconfiguración del PRO-JxC hacia un partido que cristalice una “convicción de derecha” como rasgo automático de autoridad, orden y decisionismo. La voluntad personal “hace la política” y “resuelve” la crisis. La “sobredosis de coraje” del presidente sería la clave política de un disciplinamiento social exitoso. Macri y Bullrich piensan que alcanza con un liderazgo apoyado en un electorado en estado de catarsis (el electorado de Milei), para imponer reformas a toda la sociedad. Sin embargo, gobernar a caballo de la bronca de un sector del electorado como base social de un proyecto político expone la fragilidad de la dirigencia que encarna esas ideas: esa bronca es un capital muy efímero y líquido para oponerlo como contrapeso al sector del electorado a “ajustar”. Macri, Bullrich y Milei confluyen en la convicción ideológica de gobernar con “el látigo”, poniendo al conflicto por encima de cualquier proyecto político reformista duradero y avalado por una mayoría social en crisis. Es muy incierto lo que pueda salir de un proyecto que “germina” a partir de la división social premeditada.

La experiencia histórica argentina nos dice que la idea de cimentar un proyecto político a partir de apoyos sociales intransigentes, explotando el conflicto como factor de autoridad, poder y orden arranca en minoría y termina en más minoría y crisis. El Perón del 5×1 fue un indudable peor Perón que el que vuelve en el ’73. El Alfonsín que se pelea con la Sociedad Rural y la oposición política fue un peor Alfonsín que el que fundaba las condiciones republicanas del orden democrático de 1983.

Macri y Bullrich piensan que alcanza con un liderazgo apoyado en un electorado en estado de catarsis (el electorado de Milei), para imponer reformas a toda la sociedad

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En ese sentido, hay que destacar que la discusión política que hoy atraviesa a JxC se extiende al resto de la política opositora que pretende gobernar el país, y plantea como concepto central que un acuerdo partidario y dirigencial amplio en un marco de fragmentación electoral es un anticuerpo institucional básico para “ganar el tiempo” hacia reformas estables y aprovechadas por toda la sociedad. La gravedad de la crisis no ofrece oportunidades para liderazgos emocionales basados en núcleos duros en estado de catarsis permanente: los límites electorales de Milei comienzan a reflejar que con la crítica a la casta no se come, no se cura, ni se educa. Una coalición de gobierno amplia con capacidad de acuerdo no es un capricho ideológico, es un salvoconducto para salir de la crisis.

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