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LA FELICIDAD DE LAS SOMBRAS

Tiempo de lectura: 10 minutos

“La belleza pierde toda su existencia

si se suprimen los efectos de la sombra”

El elogio de la sombra – Junichiro Tanizaki

 Mariana Skiadaressis tiene dos novelas. “La felicidad es un lugar común” publicada por editorial Entropía en el año 2018 y “Siempre las sombras”, su última novela, publicada por editorial Nudista en abril de este año. Aunque con personajes, temas, diálogos y escenarios completamente distintos, las tramas de ambas ficciones pueden conectarse. Ambos libros dialogan y se bifurcan sobre un tema común: el amor como objeto de deseo,  esa cosa que se ubica para que después se escape. Contemplar el paisaje de una escritora es hacer dialogar sus textos. Para eso, esta propuesta de diálogo, como un hilo, una red. Algo tejido alrededor de una madeja.

Leer sus novelas es como subirse a un ring y a un colectivo de larga distancia al mismo tiempo. Porque en cualquier momento un personaje parece que va a knockear a otro, con una palabra, un gesto, o una trompada limpia. Y también, ese mismo personaje puede pisar en falso y dañarse a sí mismo: víctimas y verdugos. De esa manera, lo terrible se configura como esa cosa que nos frena y atrae al mismo tiempo. El goce del terror, como esa película en la que cerrás los ojos pero no podés dejar de ver o escuchar. ¿Cuántas cosas en la vida le das para adelante aunque sepas que te hacen mal? Pero ahí, ya en el borde, contra las cuerdas, contra el otro, contra uno mismo, aparece el paisaje, el trabajo, esos lugares, esas ficciones, esas aperturas poéticas para salirse del yo: atravesar el círculo infernal a veces es tan solo un paso, un viaje al Sur, un trabajo nuevo, un espacio en el medio de la nada y así el movimiento hacia la resignificación.

  La entrevista la hacemos por meet gracias a una plataforma cultural rosarina llamada Encuentro Itinerante. Ya nos conocemos desde hace un año. En el 2021 asistimos a un taller de la Revista Crisis dictado por Hernán Vanoli sobre crítica cultural y ahora, gracias a esa relación, concurro todos los miércoles al taller de narrativa que ella realiza junto a Paula Puebla, su coequiper.

 Mariana tiene una mirada insurrecta, tajante. Su tono de voz vira del chiste a la seriedad en un microsegundo. La figuro de joven como una chica dark y nerd al mismo tiempo. Una mezcla entre una personaje de Euphoria y una capitalina de biblioteca. La justa porción entre libro y calle. Es muy porteña pero me cae bien, porque sabe reírse de su condición, no solo geográfica, sino de todas las demás. Está atravesada por la matriz del psicoanálisis pero no hace lujo de eso, en fin. Algo de todo esto se deja entrever en esta conversación.

"Mariana tiene una mirada insurrecta, tajante. Su tono de voz vira del chiste a la seriedad en un microsegundo. La figuro de joven como una chica dark y nerd al mismo tiempo. Una mezcla entre una personaje de Euphoria y una capitalina de biblioteca. La justa porción entre libro y calle."

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¿Por qué elegiste dos géneros distintos para tocar una temática común?

En el primer libro como nunca lo había hecho -eso de escribir un libro- fue un trabajo de corte y pegado muchas veces. Me parece que esa misma multiplicación que sucedió en ese libro es una metáfora que se terminó plasmando en lo narrado. Los clones tienen que ver también con la metáfora de que la literatura es una multiplicación de palabras y cosas. El proceso y la metáfora literaria fueron de la mano, y de alguna forma me pareció un modo elegante de arrancar en ese mundo de la escritura de tranco largo, que para mí era nuevo. Escribí una novela y salió eso. Cuando uno escribe, lo que escribe va cobrando un  sentido propio y entonces fue por ahí, al ser tan experimental apareció la ciencia ficción como recurso. En la segunda novela fue al revés, se me ocurrió la historia antes de arrancar a escribir, entonces sabía que tenía que ser hiperrealista para que cumpla la idea de la incorrección, porque si edulcoraba la historia con un recurso de ciencia ficción le bajaba la posibilidad de molestar a la gente hablando descarnadamente. En la primera me demandaba más el proceso y en la segunda me demandaba el hiperrealismo. Son dos historias y dos ideas distintas.

Del 2018 a 2022 hubo muchos cambios ¿La época de cada novela te pidió algo distinto?

El primer libro  fue más un chascarrillo literario. Siempre haciendo maldades yo. El segundo fue más para quejarme un poco. La segunda novela tiene algo más de acto político en contra del bien decir, decir las cosas de determinada manera, el amor y el romance como una forma que hay que cumplir. Voy en contra de la máxima “el amor no duele”, me pone muy nerviosa esa frase, por eso la segunda novela es más deliberada, más política también, podríamos decir.

Igualmente en algo coinciden ¿las dos novelas son novelas de amor?

Sí, me salieron dos novelas de amor. Son temas que me convocan en la vida real. Te aviso que la tercera no es de amor igual. El tema de las parejas me convoca mucho a la reflexión y escribir sobre eso es una forma de explorar el territorio.

En la primera aparece un hombre consagrado de las letras y en la segunda un niño que todavía no se fue de la casa de sus padres ¿Cómo fue la elección en ese cambio de personajes?

La primera es un micromundo, el de la literatura. La segunda es más amplia. El primer personaje es más figurativo, como una caricatura. El segundo sale más allá. No me gustan tanto las marcas de época, por eso intenté no hablar mucho de redes sociales o del uso de tecnologías pero en la segunda sucede algo de una discusión con el presente relacionada al tema de la violencia de género, me parece que de todas maneras en las dos trato de hablar del deseo más allá de lo que pasa, el deseo como algo ridículo y universal.

En ambas trabajás detalladamente el sexo y el erotismo ¿Tomaste cierto coraje para tocar esos temas? ¿De dónde te nutrís para escribir sobre eso?

Desde chica siempre miré mucho porno. Siempre me pareció fascinante. A los 16 años miraba una porno super gore y pensaba ¡¿Qué es esto?! Hay algo ahí que me atrajo mucho desde siempre. El porno y sus categorías bizarras. Las perversiones específicas con titulos hermosos me parecen algo súper rico porque habla del deseo de los humanos. Hay un público para esos titulares ridículos, ahí hay algo. El porno como algo de lo que no se habla, que está oculto. Por eso, desde ahí lo escribo, para salir del bien decir y del bien pensar. Todo el mundo mira porno pero nadie habla de eso. Es algo tan hiperreal que es fantasioso ¿Seré una degenerada? No sé. Pero me tuve que sacar unas capas de vergüenza de encima para poder escribir estas cosas. Después se me pasó, al final, no son más que palabras.

"La segunda novela tiene algo más de acto político en contra del bien decir, decir las cosas de determinada manera, el amor y el romance como una forma que hay que cumplir. Voy en contra de la máxima "

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En esta época hay una hipersexualización constante de un montón de discursos y al mismo tiempo una corrección constante a la hora de pensar el sexo. Lo interesante de tus novelas es que los personajes cojen.

Cuando alguien se entrega realmente al sexo de esa manera pornográfica me parece que hay algo más allá. Entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte hay un hilo. El orgasmo como la pequeña muerte. Esa cuestión más freudiana está ahí, se toca mucho superficialmente pero de ella se habla poco. Hay un lugar del placer y del goce que es sacado, que está ahí. Hay gente que le gusta que la fajen en serio para excitarse, ¿eso vamos a corregir? Yo prefiero hablar de eso.

Paula Puebla escribió una reseña que dice que la segunda novela que escribiste tiene algo de tragedia también ¿Percibís algo de eso?

La verdad que no sabía que la novela iba a terminar mal hasta que le fui dando forma a los últimos capítulos. No estaba tan segura del final, pero el texto me exigió eso. No es trágica en el sentido de que la gente se muere pero sí  en el sentido de que no hay salida, no hay opción. No podés elegir tu propia aventura en la novela. El texto me pidió ir hacia ese lado.

Pero siempre hay algo en la escritura de la reinvención… Hay vías de escape en la novela. Los viajes, el trabajo, ahí aparece otra escritura.

Creo que el trabajo es algo universal, un poco somos lo que hacemos. Una persona que no hace nada es una persona que enloquece. No sé qué hacen los millonarios, estarán todos locos. Los viajes al sur son  un lugar donde exploro el vacío. Un lugar adonde voy a poner todo el significado. En cambio la ciudad ya tiene impreso su significado y  se lo imprime a la personas y a los personajes. En cambio los lugares más desérticos, siguiendo a  Deleuze, son lugares donde los personajes se pueden reinventar. Está bueno mover a los personajes porque le podés dar más aire, más plasticidad. 

"Creo que el trabajo es algo universal, un poco somos lo que hacemos. Una persona que no hace nada es una persona que enloquece. No sé qué hacen los millonarios, estarán todos locos. Los viajes al sur son un lugar donde exploro el vacío."

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Cuando aparecen los escapes aparece lo poético, ¿Ahí le das más lugar al paisaje?

Ahí veo que el paisaje completa a los personajes y no al revés. Eso nos pasa a las personas cuando  viajamos, te volvés más plástico, en la ciudad somos más precisos, por no decir presos. Cuando los personajes cambian de lugares aparecen nuevas capas de sentido. Los personajes se van lejos para definir otras cuestiones. Tanto el lugar del trabajo como el desierto son fundamentales. La segunda novela, por más que sea trágica, le da un lugar para seguir explorando a los personajes. También se pueden explorar las sombras, está claro. 

¿Por qué elegiste títulos tan potentes?

Son frases que están dentro de las novelas. La felicidad es un lugar común es una frase más larga que dice la protagonista: “La felicidad es un lugar común y nada que sea un lugar común puede ser considerado literatura”, esa es la frase total. Ahí encuentro lo filosófico de esa novela, porque es una novela sobre la literatura, sobre la multiplicación, es un ejercicio más lúdico, tanto en la historia como en la forma. Lo que quiero decir es que si hay un lugar común es Osho,  no literatura. Es un título irónico. Esa protagonista encuentra algo ahí, no sé si es felicidad, encuentra la literatura, una forma de sobrevivir a la vida misma. Y el otro, el editor me cambió el título, y en la corrección número quinientos cuarenta y tres me pareció que la oscuridad reflejaba toda esa mala onda que prolifera en la segunda novela. La sombra también es algo filosófico, no existe lo positivo absoluto, la felicidad absoluta, al contrario, siempre estamos acompañados de sombras.

¿Hay algo de esa sombra que escribiste que molesta?

Alexandra Kohan, que fue una de las que presentó esta segunda novela, me decía que mientras la leía la tenía que cerrar y agarrar de vez en cuando porque la incomodaba mucho. No sé qué la incomodaba en particular, pero hay algo de eso, una intención de molestar. Me parece que está bien molestar, hay algo cuando incomodamos, un nudo, una cuestión que no está siendo hablada. Soy una persona muy brutal, puteo, pero más allá de eso me molesta que la época sea tan correcta. No hacemos nada con la corrección política, ¿silenciamos las cosas que hay que decir o queremos decir en pos de qué? Dejar las cosas debajo de la alfombra es ocultar para que después todo explote. El silencio hipócrita, el progresismo silencioso, me parece muy contraproducente. A las cuestiones hay que ponerlas sobre la mesa con las palabras adecuadas, sin edulcorarlas.

Me pasó algo parecido a lo de Alexandra, pensé que la iba a liquidar más rápido y no.

Mi mamá me dijo luego de haber terminado Siempre las sombras: “Mariana me quedé temblando, esto es terrible” (Risas)

¿Qué estabas leyendo cuando la escribiste? ¿Con qué texto estabas pensando?

Como era tan deliberada esta búsqueda hacia la sombra en una de las primeras versiones Lara (la protagonista) leía algunos libros que eran oscuros. Después terminé sacándolos por recomendación  de amigos que me fueron leyendo. Lara leía Moby Dick, un tipo que hace mierda todo por algo que no tiene sentido alguno, la metáfora de la ballena y las profundidades del océano, el tema del deseo sin un sentido positivo. También leía Osvaldo Lamborghini, ahí tenés la sangre, el porno, lo roto. En muchos aspectos cuando tenía que escribir las escenas más oscuras, que más imaginación pedían, me inspiraba en pinturas. Las de Caravaggio, Bernardino Luini, Salomé con la cabeza de Juan de Bautista o las pinturas negras de Goya. La oscuridad me parece super interesante, es un lugar muy lindo la oscuridad. También pensaba en películas, Get Out por ejemplo, está en Netflix, unos negros que caen en unos pozos negros.. rarísimo el argumento, muy bueno. Fui a buscar un acervo de cosas donde primara la oscuridad y traté de sacudir todo eso para armar  un estilo. Mi propio estado del arte de las sombras. Las cosas que conocía las metí en una batidora y salió esto.

"No hacemos nada con la corrección política, ¿silenciamos las cosas que hay que decir o queremos decir en pos de qué? Dejar las cosas debajo de la alfombra es ocultar para que después todo explote. El silencio hipócrita, el progresismo silencioso, me parece muy contraproducente. A las cuestiones hay que ponerlas sobre la mesa con las palabras adecuadas, sin edulcorarlas."

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¿Ahora qué estás leyendo? ¿Estás armando una tercera novela?

Sí, estoy escribiendo otra novela, la arranqué en la pandemia, tengo 90 páginas. Es distinta, no tiene nada que ver con lo que vengo haciendo. Un rubro distópico con cyborgs y extraterrestres así dejo de hablar de amor que ya me pudrí, por ahora. Algo así como Martin Felipe Castagnet en Los cuerpos del verano. La novela de Castagnet transcurre en un futuro distópico donde la gente que tiene guita se muere, queda en suspensión en Internet y después puede comprar cuerpos, dependiendo de la plata que tenés podés comprarte un cuerpo re copado o el de una señora vieja medio arruinada y vas pasando por cuerpos distintos. Bueno, mi próxima novela no es eso, pero tiene que ver con habitar los cuerpos cyborgs del futuro y la idea de la inmortalidad. Y ahora estoy leyendo una novela de Chai, un libro que se llama Tundra de una chica que se va de viaje a Alaska, es medio modernita, me copa el tema del viaje, la voy a terminar y te cuento.

¿Fuiste alpinista cuando eras joven?

Sí, cuando era jovencita hacía alpinismo en roca, también hice escalada en hielo en los glaciares del Chaltén. Tengo un gran amor por las montañas, por  lo desértico, hay algo del lugar que ocupa uno frente a la inmensidad de la naturaleza que me convoca un montón. Ahora que soy una vieja mas cheta no te hago una escalada a la montaña pero cuando viajo capaz puedo hacer unos días de ski. Me gusta medirme frente a los abismos.

Entonces seguís en esa posición degenerada. Mirás porno y te cambiás de género literario.

Soy impredecible. Cada día soy una distinta. Cuando me repita vos avisa