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28 de junio 2021

Tartu

LA CAÍDA DEL HALCÓN NEGRO

Tiempo de lectura: 5 minutos

Perdido en las calles polvorientas de su propia batalla de Mogadishu, Tinelli no ve. Debe ser por el polvo, claro. El sábado a la mañana, Marcelo recibió la planilla oficial de Ibope Kantar, la empresa brasileña encargada de medir el rating de televisión en el mercado argentino y el número oficial registró el guarismo oficial más bajo de la historia de Show Match: 7.9 puntos. Quedó noveno en la tabla general de la tevé del día y lo vieron 470.000 personas, una cifra que parece importante hasta que tenés en cuenta que, por ejemplo, a Sergio Lapegüe lo escucha en LA RADIO la misma cantidad de gente volviendo a casa mientras habla de su esposa Bochi.

El halcón negro ha caído en forma precipitada y cruel. Y de ése modo es como la teleaudiencia abandona a sus favoritos. Por supuesto que todos los que trabajan en la industria de la tele y la creación de contenido pueden decir que las semillas de pudrición ya estaban germinando, sólo esperando florecer pero, claro, nadie se atreve a decírselo a Tinelli. El rey está desnudo y los cortesanos no se lo dicen ahora como no se lo dijeron nunca desde hace tres años cuando Marcelo desplazó a gente de confianza que lo había visto crecer y eligió rodearse de Simarcelistas. Un error político de alguien que se define como cercano al peronismo blanco de Horacio Rodríguez. De haber leído historia en libros, quizás hubieran encontrado consejo en un Juan Domingo Perón al que su entourage siempre le preguntaba por qué tenía a Fulano en su mesa chica o a Mengano en lugares de influencia o a Zultano tomando decisiones cuando ésa gente no eran almas de cristal, precisamente. -Porque para alcahuetes ya los tengo a todos ustedes, decía el general con su voz ora ronca, ora aguardentosa. Y seguía: – A los hijos de puta hay que tenerlos cerca. No por desconfianza sino porque son los únicos que me van a decir que no. Siempre hay que tener cerca un hijo de puta que te diga la verdad. -Pero los hijos de puta no son leales, general. -¿Quién dijo que no? Son MIS HIJOS DE PUTA, cerraba el General.

Después de un año y medio ausente de la televisión por pandemia, Tinelli volvió como si Argentina fuera todavía esa angustiosa deriva macrista y ninguno, ni cerca, ni lejos le advirtió a Marcelo que estaba a sufriendo el Síndrome de Repetto, esa fulgurante desconexión entre su modus vivendis y lo que pasa en las calles abandonadas de la mano de Dios, que hoy son todas. Una semana antes del regreso de ShowMatch estuvo en Casa Rosada y cuando se comunicó otra vez un endurecimiento de la cuarentena y se volvió a impedir el contacto con los otros que esperan un beso y un abrazo, Tinelli abrió la temporada 2021 con un plateau de tevé con 29 bailarines, 9 bailarinas y 49 personas frente a cámara más tres veces más entre gente de técnica, producción, jerarcas y curiosos.

"El rey está desnudo y los cortesanos no se lo dicen ahora como no se lo dijeron nunca desde hace tres años cuando Marcelo desplazó a gente de confianza que lo había visto crecer y eligió rodearse de Simarcelistas"

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La falta de empatía con el drama social demostrado es insólita en alguien que le tenía el pulso a los gustos de la mediana. ShowMatch, en lugar de haber sido visto como un hachazo de neón y glitter en la sordidez de la pandemia, es visto como la exhibición de una casta de privilegiados a los que hisopan todos los días para estar seguros que no tienen la peste. En esta particular formación económico-social donde la tele abierta aún actúa como aparato ideológico mediante su lugar de privilegio en la superestructura, Tinelli sintió que lo lijaban desde la segunda línea de su querido oficialismo y después de embadurnar con alquitrán y plumas al ministro de salud de Axel Kiciloff se enfrentó, ignorante, ante la epifanía de que el poder es una creación social que no se tiene sino que se ejerce, que encima es móvil y que de ninguna manera es homogéneo sino atávicamente singular. La gente ejerció su poder con el control remoto y expulsó a Tinelli de sus preferidos.

Y así como Foucault criticaba la idea iluminista que el obrero fuera revolucionario y Marcuse ubica al poder en los marginales, ambos coligen que el poder no es localizable ni tampoco global: hasta los Avengers se inclinan ante burócratas de traje de gabardina en las películas de Marvel/Disney.

¿Qué tiene que ver esto con Marcelo? Que si su poder fue drásticamente devaluado por la gente, también está siendo devaluado por su otro gran capital simbólico: las marcas. Y acá es donde todos se ponen nerviosos porque es un tabú hablar de la plata quemada de los anunciantes en la televisión. Según el tarifario oficial de Canal 13 y de Telefe, la tanda en Masterchef y en ShowMatch vale exactamente lo mismo: $220.000 por segundo. Así que un comercial estándar de 15 segundos debe pagar 3.300.000 pesos a precio de lista. Después consiguen descuentos en función de criterios opacos, insondables e ininteligibles pero lo cierto es que comparando el rating de Masterchef y ShowMatch el costo de un anunciante por llegar a una persona es casi tres veces más caro con Tinelli que con el simpático Damián Betular. Los costos para las marcas con esas tarifas full price son 135 pesos por cada mil individuos impactados vía Masterchef versus 329 pesos por cada mil impactados vía ShowMatch. En una curiosa mimetización de roles, la pauta privada se comporta tan idiotamente como la pauta estatal y paga caro lo que debiera ser barato subsidiando el lifestyle de estrellas millonarias en dólares. El anunciante privado bobo, el mismo que financiaba CQC porque los treintañeros que compraban los avisos aspiraban a ser amigos de Mario Pergolini, digo, el privado bobo hoy puede volver a mirarse en el espejo del Estado bobo, ése que le baja avisos estatales a Marcelo cuando en una rémora de uso de poder tira al aire la nube de palabras “qunita”, “ministro”, “justicia” en ése estilo tan macrista de soslayar los verbos y los conectores.

"Tinelli sintió que lo lijaban desde la segunda línea de su querido oficialismo y después de embadurnar con alquitrán y plumas al ministro de salud de Axel Kiciloff se enfrentó, ignorante, ante la epifanía de que el poder es una creación social que no se tiene sino que se ejerce"

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Los PNT, o publicidad no tradicional o más conocidos como chivos, son ahora en ShowMatch territorio de segundas y terceras marcas más que nada cuando antes había que convencer a Tinelli de hacer el PNT de una multinacional como DirecTV o como cuando se hizo el baile del caño por primera vez, y la gente de Pérez Companc, dueños de Molinos Río de la Plata, retiró horrorizada la campaña de Mama Luchetti de Showmatch… de ahí en más fueron una empresa ninguneada en el programa.

Hoy por hoy también las multinacionales le escapan a ShowMatch. En Artear están realmente preocupados. La nueva gerencia que está a cargo de la comercialización en el grupo está pidiendo reuniones con los directores de medios de las multinacionales, que un poquito los están descansando. Es que a los anunciantes privados les estaban pidiendo X millones por una salida en PNT hasta fin de año, y ahora les ofrecen lo mismo por la mitad de precio. Además de que en PNT estaban pidiendo casi 30 o 40% más que MasterChef y ahora están casi 30% por debajo del programa donde, si cerrás los ojos, no sabés si el que está juzgando los platos de Alex Caniggia es Donato de Santis o el querido Gino Renni.  Cinco firmas a las que les habían garantizado 14 puntos de rating de promedio como contraprestación a su inversión publicitaria están tan decepcionadas que evalúan retirarse del desquicio. Es que la tanda se está consolidando programa tras programa en alrededor de 6 puntos de rating, mucho menos de lo esperado.

En esta batalla de Mogadishu, librada en forma extempóranea y muy por fuera de sus extramuros, el halcón negro recibió dos impactos lanzados por sendos RPG 7: uno lo maneja la tribu de tu calle y el otro, el capital del capitalismo.

Black Hawk Down, Marcelo.

Ilustración: Juan Di Loreto (@elchara)

Correo Argentino

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