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07 de noviembre 2022

Federico Zapata

JORGE CASTRO: “ESTÁ EN MARCHA UN PROCESO DE REFORMULACIÓN DEL SISTEMA POLÍTICO.”

Tiempo de lectura: 9 minutos

Jorge Castro es algo así como intelectual de Estado. Un bismarckiano en el laberinto argentino. En país adepto a los parroquialismos, nunca abandonó la idea de pensar políticamente a la Argentina desde el mundo. Desde hace décadas, Jorge es una referencia ineludible en el análisis de las tendencias mundiales y la inserción global de la Argentina. Tuvo varios compromisos en su vida, y posiblemente ninguno tan intenso como su latinoamericanismo desarrollista. A raíz de ello, recibió la insignia de la “Orden Nacional de Cruzeiro Do Sul” otorgada por la República Federativa de Brasil y la “Orden de Bernardo O´Higgins” otorgada por el Gobierno de Chile. Fue Secretario de Planeamiento Estratégico de la Presidencia de la Nación entre 1998 y 1999. En su intensa actividad periodística cubrió la Caída del Muro de Berlín (1989), la insurrección militar de Chávez (1992), la sublevación zapatista en Chiapas (1994), la elección presidencial de George W. Bush (2000). Nunca dejó de pensar, escribir y transmitir con generosidad: de la globalización a la Argentina, de la sociedad del conocimiento a la revolución del conocimiento, de Perón a Frondizi, del crecimiento a la justicia. A la invitación para participar en el dossier, Jorge nos responde con una certeza: hablemos de política.

Has escrito mucho sobre la estrategia de desarrollo de la Argentina y sobre cuáles son las condiciones políticas, sociales y económicas que podrían viabilizar una estrategia productiva adecuada a las transformaciones que se han producido con la crisis del fordismo. ¿Cómo estás viendo la situación en la Argentina hoy y qué perspectivas consideras que se abren después del 2023?

Yo creo que para establecer cuál es la estrategia de desarrollo del país es preciso partir de un análisis concreto, de una situación concreta que es la crisis actual que vive la Argentina. No hay estrategia posible ni efectiva sino se basa en un diagnóstico acertado de cuál es la situación del país. En este sentido lo que hay que establecer, desde mi punto de vista, es que la Argentina tiene ahora una crisis cambiaria derivada de la inexistencia de dólares en el Banco Central. Y esto a su vez, es ocasionado por una fenomenal salida de capitales del país que ha tenido lugar este último año. En otros términos, lo que existe en este momento en la Argentina actual es una crisis de credibilidad del país. La credibilidad en la Argentina no es un fenómeno psicológico, sino que deriva del hecho que, como la Argentina no tiene moneda nacional, la totalidad del ahorro argentino está en dólares norteamericanos.

¿La raíz de la crisis está en la economía o en la política? De esa respuesta parecería depender el canal de solución.

Efectivamente, allí donde está la crisis está también el camino a la solución. Esta es una regla del análisis político que es necesario tener en cuenta siempre. No hay solución fuera del origen de la crisis, porque no se trata de encontrar una respuesta de tipo académica sino una respuesta derivada de las circunstancias intransferibles de las cosas. De esto surge el aspecto estrictamente político de esta crisis. Argentina tiene un sistema político absolutamente presidencialista. Pues bien, desde el 10 de diciembre de 2019 se ha producido, en forma progresiva, un proceso de desaparición de la autoridad presidencial. El resultado es un vacío de poder. El vacío de poder genera crisis de confianza que se manifiesta en crisis cambiaria.

La credibilidad en la Argentina no es un fenómeno psicológico, sino que deriva del hecho que, como la Argentina no tiene moneda nacional, la totalidad del ahorro argentino está en dólares norteamericanos

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Ahora bien, suponiendo que en 2023 existiese una recomposición de la autoridad política, esa condición necesaria no da la impresión de constituir una condición suficiente. Porque efectivamente, hay problemas de estructura económica que se requieren modificar. ¿Cuál es tu análisis al respecto?

El problema fundamental que tiene la Argentina en términos económicos es la crisis crónica del sector externo. Esto es, la Argentina exporta poco en relación con su producto y su población. Además de exportar poco en relación con el producto y la población, no más de ochenta o noventa mil millones de dólares por año con una población de 47 millones de habitantes, que tiene en general alto nivel de consumo debido a que posee uno de los mayores ahorros internos del continente, sólo que en dólares norteamericanos y en el exterior. Al mismo tiempo, la Argentina tiene un segundo problema: los dólares que exporta provienen de un sólo sector económico. En el 2021, más del setenta por ciento de las exportaciones argentinas provinieron del sector agroalimentario. Dicho de otra manera, el conjunto del sistema económico argentino no sólo exporta poco, sino que lo poco que exporta proviene prácticamente de un sólo sector. Esta es la causa básica de la crisis económica argentina: la crisis del sector externo. Ahora bien, la crisis del sector externo se vincula en forma directa al grado de poder político que exista en un sistema político absolutamente presidencialista. Cuando se debilita la autoridad presidencial o desaparece, se crea un vacío de poder que desata de por sí una crisis de credibilidad y una tendencia a la fuga masiva de capitales del país a los dólares estadounidenses. Este es el problema, pero aquí también está la solución. Dicho de otra manera, hay que pasar del análisis sociológico al análisis político.

¿Cuál sería la salida política?

Lo primero que quiero decir es que, si la salida es política, es intransferible. No se trata de analizar cuáles son los sectores sociales que deben intervenir ni la correlación de clases. Se trata de ir hacia el sistema política. La respuesta a la crisis de fondo de la Argentina es el surgimiento en términos políticos de una coalición de fuerzas capaces de sustentar con respaldo popular una coalición exportadora que multiplique por tres las exportaciones argentinas en los próximos diez años. En un contexto mundial altamente favorable para las exportaciones del país, en un contexto mundial donde el sistema internacional le está reclamando a la Argentina un aumento de sus exportaciones.

Desde el 10 de diciembre de 2019 se ha producido, en forma progresiva, un proceso de desaparición de la autoridad presidencial. El resultado es un vacío de poder. El vacío de poder genera crisis de confianza que se manifiesta en crisis cambiaria

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Hagamos foco ahí: ¿Qué le demanda el sistema internacional a la Argentina?

En principio, te diría agroalimentos y energía. Pero no solo. A esos dos sectores, hay que agregar, en la etapa post pandemia, una recuperación minera en el mundo con precios récords de los commodities mineros. Ahí el potencial de crecimiento es muy grande. Por ejemplo, Argentina y Chile comparten la cordillera de los Andes, pero Chile exporta todos los años (con 19 millones de habitantes) más de 50 mil millones de dólares de productos mineros. La Argentina en cambio, en el mejor de los casos, exporta entre 4 y 6 mil millones de dólares. A ese potencial minero, hay que adicionarle una nueva ventaja comparativa que tiene la Argentina: la industria del litio. Argentina junto con Bolivia y Chile son los tres principales países en materia de reservas de litio en el sistema mundial. Ahí aparece también una enorme oportunidad para desplegar la potencia exportadora del país. Recapitulemos. Tenemos industria agroalimentaria, industria energética e industria minera. Y para rematar, tenemos la ventaja competitiva fundamental que tiene la Argentina, que es la calidad extraordinaria de su fuerza de trabajo y de su sector intelectual (de alto nivel cultural). La economía del conocimiento. Estas son las fuerzas que permiten enfrentar y resolver el problema de cómo la Argentina hace para multiplicar por tres o por cuatro sus exportaciones en los próximos diez años y de esa manera enfrentar y resolver la crisis del sector externo. Por lo tanto, crear las condiciones estructurales para establecer una estabilidad macroeconómica que permita el pleno despliegue del potencial del país, que es enorme. Para eso, lo que está en juego ante todo es la política.

Vamos a la política. Del 2008 a esta parte se ha ido consolidando un sistema político organizado en torno a dos grandes coaliciones. ¿Cómo analizás su rol en la crisis? ¿Pueden operar como un principio de solución o son parte de la crisis?

Estamos frente a una crisis del sistema político que abarca tanto al gobierno como a la oposición. La regla en la política es la de Carl Schmitt señaló: en la política no hay pasado ni futuro, sólo un eterno presente. Por lo tanto, yo me refiero al momento actual, no a lo que puede ocurrir ni a lo que ha sucedido, me refiero ahora a la Argentina 2022. En este sentido, lo que está en marcha en la Argentina, en el momento actual, es un proceso de reformulación del sistema político que abarca tanto al gobierno como a la oposición. ¿Qué va a surgir de eso? ¿Cómo va a surgir? No lo sé, nadie lo sabe, por la razón fundamental que este es un proceso en marcha. En un sentido estricto la idea de oposición en la Argentina es una metáfora, que tiende a producir equivocaciones analíticas, porque el eje del sistema político argentino no es la relación gobierno/oposición, el eje del sistema político es el carácter presidencialista (o hiperpresidencialista, para ser más estricto) que tiene el sistema político. Si en el sistema político argentino el Presidente de la Nación es quien tiene concentrado en sus manos el escaso poder político que hay en la Argentina, la pregunta relevante es si su autoridad se fortalece o se debilita. En un extremo, si desaparece. Ese escenario extremo, es el que mejor expresa la situación actual del país con Alberto Fernández. Y el resultado es, una crisis de desintegración, de desarticulación tanto del gobierno como de la oposición.

Nos detengamos en el proceso de reformulación del sistema político. Me gustaría tu opinión sobre las micro dinámicas de esa tendencia general en el oficialismo y en la oposición.

La coalición gobernante está en un proceso avanzado de descomposición. La idea de que en la coalición de gobierno la fuerza directiva puede ser Cristina Kirchner es risible. No se puede gobernar la Argentina más que desde la presidencia de la Nación. El vacío de poder que implica la desaparición de la autoridad presidencial de Alberto Fernández no se puede cubrir con la denominada centralidad política de Cristina Kirchner. Resultado: descomposición. Con relación a la oposición, el proceso de reformulación se choca con un sesgo de ingenuidad. La idea de que lo fundamental de la coalición opositora es el mantenimiento de su unidad es una falta de respeto al conocimiento político. Lo fundamental del proceso político está en la aparición del liderazgo con una visión determinada de hacia dónde hay que llevar los acontecimientos, no está en el armado de esa oposición, esta es una visión burocrática del proceso político. El proceso político tiene su esencia en el liderazgo y en la visión que ese liderazgo tiene. Este es el principal problema actual de la oposición. 

Hablaste de la coalición popular-exportadora y eso nos remite desde el punto de vista político a una dimensión muy singular que tiene la Argentina: el peso geográfico y electoral del AMBA. Una geografía históricamente vinculada a la coalición mercado-internista ¿Qué análisis haces de la cuestión de la Provincia de Buenos Aires en el proceso político implicado en la construcción de una nueva coalición?

La coalición exportadora tiene ante todo una raíz popular, sino no existe. La nueva coalición no es cuestión de élite. La Argentina no es un país de élite, es un país intensa y bárbaramente democrático, con instituciones débiles. Es el país social y políticamente más democrático de América Latina. Su historia es una serie de sucesivas revoluciones sociales y políticas. Desde el punto de vista del conocimiento político, te diría, que los altos niveles de participación social y política suelen estar asociados a bajos niveles de institucionalidad. En este sentido, hay una correlación necesaria entre el hecho de que la Argentina sea un país altamente participativo y la debilidad de sus instituciones. Pero cuidado con las conclusiones de esta afirmación. Acá no hay un código genético errado, acá lo que hay es una historia, que es un constante avance del proceso político y social a través de sucesivas revoluciones sociales y políticas. El Yrigoyenismo, el Peronismo, el conflicto interno de la década del 70’, toda esta conflictividad indica que el grado de compromiso del país consigo mismo es absolutamente extraordinario. Por lo tanto, el carácter popular de la coalición popular-exportadora requiere, desde el punto de vista del sustento político, una nueva diagonal con el conurbano bonaerense. Allí está concentrado, en seis partidos del conurbano bonaerense, el 40% de la pobreza del país.

Lo fundamental del proceso político está en la aparición del liderazgo con una visión determinada de hacia dónde hay que llevar los acontecimientos, no está en el armado de esa oposición, esta es una visión burocrática del proceso político

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Intentemos hacer zoom sobre esa relación. ¿Qué diagonal te imaginás entre la argentina exportadora y la argentina popular?

Lo que permitiría avanzar en la creación de un respaldo popular con vistas a conformar una coalición popular-exportadora, es el hecho de que la primera tarea de un gobierno de este tipo debiera ser resolver, valga decir, eliminar, la inflación. Eliminar la inflación significa avanzar en forma inmediata en el ingreso per cápita de los sectores más pobres y postergados del país y, por lo tanto, disminuir también de manera inmediata la pobreza argentina. Una inflación del 100% anual como la de este año es un castigo directo a los sectores populares. Se estima que por lo menos 40-50% de la fuerza del trabajo formal de la Argentina al momento actual está por debajo de los niveles de pobreza. Revertir esa situación es asegurarse una mejora de la capacidad de compra de los ingresos reales de los sectores más postergados, más pobres, de menores recursos, tanto formales como informales de la sociedad Argentina (centrado en el conurbano bonaerense). Pero aclaro. Bajar la inflación es una fórmula y las fórmulas valen si están al servicio de una política y, como decía, la política es esencialmente cuestión de liderazgo y de visión. No se requiere que el líder político sea un intelectual, un académico, lo que se requiere es que establezca con definición nítidamente el rumbo que se propone llevar hacia adelante para los destinos del país, hacia dónde.

¿Entonces la Provincia de Buenos Aires no representa un problema para la Federación?

La Argentina no tiene un problema Federal (en la relación Estado Nacional / Provincias Argentinas). Lo que tiene es un problema referido a una Provincia que es ante todo una realidad de tipo nacional, no provincial: la provincia de Buenos Aires. No se trata de una provincia un poco más grande que la de Santa Fe o la de Córdoba. Se trata de la contracara del poder nacional. Allí dónde está la crisis de la Provincia de Buenos Aires, principalmente en el conurbano bonaerense, está en realidad la crisis del Estado Nacional. Provincias como Córdoba, Santa Fe o Salta no tienen nada que ver con esto. Se trata de la Provincia de Buenos Aires, centrada en el conurbano bonaerense, que es la contracara del poder nacional. Esa crisis es la crisis del Estado Nacional. La cuestión del conurbano bonaerense, por lo tanto, es la cuestión principal que tiene la Argentina en términos políticos y estructurales.