21 de Junio de 2024 •

17:43

Buenos Aires, AR
17°
llovizna ligera
95% humidity
wind: 9m/s S
H 18 • L 17
17°
Fri
17°
Sat
14°
Sun
11°
Mon
11°
Tue
Weather from OpenWeatherMap
TW IG FB

IRÁN: ¿Y AHORA QUÉ?

Tiempo de lectura: 4 minutos

Ebrahim Raisí, elegido presidente en 2021, apodado “el carnicero de Teherán”, por su participación en la ejecución de más de 3 mil presos políticos en 1988, falleció después de sufrir un accidente de helicóptero. El régimen de los Ayatollahs se queda sin su carta preferida para la sucesión del Líder Supremo, Alí Khamenei.

Durante el mandato de Raisí, un clérigo representante del ala más dura del régimen, Irán siguió fortaleciendo su expansión en la región: respaldando a sus milicias aliadas en todo Medio Oriente, acelerando el programa nuclear, e intensificando su confrontación con Israel que alcanzó su punto más alto el mes pasado cuando por primera vez en la historia, Irán lanzó cientos de misiles y drones contra Israel desde su territorio, en respuesta al ataque israelí de su sede diplomática en Damasco.

Bajo Raisí el país experimentó algunas de sus mayores protestas antigubernamentales en décadas. Las protestas fueron motivadas por el asesinato de la joven kurda de 22 años, Mahsa Amini, a manos de la policía de la moral. Las movilizaciones que sacudieron a todo el país en septiembre de 2022 fueron sofocadas con una represión que costó la vida de 500 personas, la detención de más de 22.000 y la condena a la horca de 8 manifestantes. Además, durante los años de Raisí en el gobierno, el país se sumergió en una crisis económica impulsada por las sanciones internacionales y el alto desempleo.

Según la Constitución una nueva elección presidencial deberá ser organizada en 50 días, en ese ínterin queda al frente del gobierno el primer vicepresidente. El artículo 131 establece que la convocatoria de las elecciones queda a cargo de un consejo compuesto por el presidente de la Asamblea Consultiva, el jefe del Poder Judicial y el primer vicepresidente.

En las últimas elecciones presidenciales que se celebraron en el 2021 sólo fue a votar el 47%, de los 60 millones de iraníes habilitados para hacerlo, casi un 20% menos que las presidenciales de 2016 que le habían dado la victoria al moderado Hassan Rohani

Compartir:

A pesar de que el sistema iraní está diseñado para no tambalear frente a transiciones abruptas es necesario tener en cuenta el equilibrio que deben mantener los dos sectores que hoy gobiernan: los Pasdaran (la Guardia Revolucionaria) y los Clérigos. La poca credibilidad que tiene el sistema va a ser puesta a prueba para gestionar la transición.

La Guardia Revolucionaria fue fundada durante los primeros días de la Revolución de 1979 como una fuerza de élite independiente del ejército regular, su misión era defender la Revolución de posibles golpes de estado por parte del ejército y proteger a su Líder Supremo, el Ayatollah Ruhollah Khomeini.

Los Cuerpos de la Guardia, que suman alrededor de 125 mil miembros, son la columna vertebral del sistema y reportan directamente al Líder Supremo. Esto hace que el control del resto de los poderes del sistema iraní sobre esta fuerza sea casi nulo. Junto con el ejército y la policía son uno de los tres pilares de las fuerzas armadas en Irán, pero están mucho mejor equipados y dotados que los primeros.

Los Pasdaran controlan el aparato industrial militar y, además, tienen en sus manos todos los sectores económicos estratégicos, incluido el poderoso conglomerado Khatam al Anbiya, el holding “Setad Ejarie farmene Imam”, al que pertenecen, entre otras cosas, bancos, empresas petroleras y de telecomunicaciones; “Bonyade Mostazafin”, una fundación cuya base fueron los bienes confiscados a funcionarios del régimen del shah, y “Ashtan-e Qods-e Razavi”, que cuenta con decenas de empresas y fábricas. Su poder económico y militar los transformó en un verdadero Estado dentro del Estado, y son la punta de lanza para “exportar la revolución” y fortalecer a las milicias aliadas en los países vecinos.

A esta altura los altos niveles de abstención son parte de un ejercicio de resistencia civil que los iraníes vienen llevando adelante, alternado con periodos de fuerte movilización contra un régimen al que impugnan hace décadas

Compartir:

En la nueva etapa que se abre tras la muerte de Raisí, los Pasdaran podrían dominar el escenario y arrebatarle el control a la élite clerical. Una muestra de esto es que políticos relacionados con la Guardia Revolucionaria ocupan cargos clave como: Mohamed Mojber, el actual vicepresidente primero y presidente en funciones; el ex oficial de alto rango Mohammad Baqer Ghalibaf, presidente del Parlamento; y el nuevo ministro de Exteriores, Ali Bagheri Kani, que ocupa el lugar de Hossein Amir-Abdollahian, quien también falleció en el accidente junto con Raisí.

Tan importante como la disputa dentro del esquema de poder es la reacción de la sociedad iraní frente a un nuevo proceso electoral. En las últimas elecciones presidenciales que se celebraron en el 2021 sólo fue a votar el 47%, de los 60 millones de iraníes habilitados para hacerlo, casi un 20% menos que las presidenciales de 2016 que le habían dado la victoria al moderado Hassan Rohani. En las elecciones parlamentarias que se celebraron en marzo de este año, el escenario de 2021 se volvió a repetir y la participación alcanzó un mínimo histórico del 40%.

Para entender esto es necesario conocer el rol que el Consejo de Guardianes tiene en el sistema iraní. El Consejo tiene la potestad de habilitar las candidaturas electivas y revisar todas las leyes que pasan por el Parlamento, lo que le permite concentrar un enorme control político, la mitad de sus miembros son clérigos nombrados por el Líder Supremo y la otra mitad son juristas elegidos por el Parlamento, pero recomendados por el Líder del Poder Judicial… quien también es nombrado por el Líder Supremo.

Al igual que en las presidenciales de 2021, en las parlamentarias de 2024, el Consejo de Guardianes prácticamente prohibió a la mayoría de los candidatos reformistas o moderados presentarse. Ni siquiera al ex presidente Rouhani se le permitió presentarse como candidato a la Asamblea de Expertos, que será la encargada de designar al próximo Líder Supremo. Esto dio como resultado una composición del Parlamento de mayoría conservadora.

A esta altura los altos niveles de abstención son parte de un ejercicio de resistencia civil que los iraníes vienen llevando adelante, alternado con periodos de fuerte movilización contra un régimen al que impugnan hace décadas, al que le exigen que cumpla con su carácter “republicano” respetando la división de poderes y sus libertades individuales, por encima de su carácter clerical islámico. Algo en lo que hasta ahora han tenido poco éxito.

La muerte de Raisí abre un nuevo periodo, todo indica que estará definido más por las peleas internas que por recuperar algo de legitimidad dentro de un sistema obsoleto para la mayoría de los ciudadanos.