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18 de febrero 2023

Juan Di Loreto

IDEOLOGÍA Y CINISMO

Tiempo de lectura: 4 minutos

Es extraordinario cómo algunas cosas nos ayudan a mostrar fenómenos complejos de forma involuntaria. Y Gran Hermano (GH desde acá), el show televisivo más exitoso de los últimos años, es un fenómeno que nos muestra como ninguno la configuración ideológica de nuestra época.

En primer lugar, hay que decir que Gran Hermano perdió aquello de experimento  panóptico que lo hizo foco de atención por los 2000: un lugar donde los participantes son observados 24 horas y el morbo es verlos ir al baño o simplemente no hacer nada. Ya no se trata de un ejercicio de vigilancia, sino más bien de un ejercicio puramente ideológico. Porque si cambia la época también cambian los productos culturales. Más que un laboratorio de control, Gran Hermano es un laboratorio de cómo se estructura eso que llamamos “la realidad”. Expliquemos un poco.

Para entender el sesgo ideológico del programa, que no es otro que el sesgo ideológico social que nos domina, hay que escuchar cómo los participantes y los panelistas de GH utilizan frases como: “Está jugando”, “Entró a jugar”, “Esto es un juego”. Dando a entender que “jugar” es hacer algo para que otros participantes puedan ser expulsados. Porque el ganador de los millones es el último que queda. En un principio “jugar“ parece significar que se acciona para perjudicar a alguien y que este sea nominado por el resto para salir de la casa. Pero sobre todo implica una actitud activa para sacar a otros del programa. Por otro lado está el “no jugar” dentro de la casa (como un “no tener ideología”, diría el sentido común), que es la posición ideológica por excelencia, como advierte el filósofo Slavoj Žižek. En la casa de GH pasar desapercibido es una de las grandes estrategias. No hacer es hacer. En el campo político también sucede lo mismo con aquellos políticos que son “como la gente”, no tienen ideología o para los cuales la economía de un país es como la de una casa. 

El rey siempre estuvo desnudo, pero descubrimos que la desnudez no existe

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Ahora bien, todo este accionar (ideológico) que se ve en la casa con transparencia (o al menos cierta transparencia dentro de lo opaco que es el mundo, obviamente), es lo que ocurre todo el tiempo en lo social. La casa de GH no está por fuera, pero escenifica lo social. ¿Por qué? Porque la dinámica del programa hace que los mecanismos ideológicos que sostienen la realidad social se pongan de manifiesto sin prejuicios. Para decirlo así: un participante hace todo para que otro se vaya (compite, conspira, habla mal, etc.), pero haga lo que haga “solo está jugando”. No se lo juzga moralmente porque responde a las reglas del programa en última instancia. Ahora, en una economía de mercado como la que vivimos o en un sistema político darwiniano también debemos “expulsar” o, mejor, ganarle al otro para poder ocupar su lugar (y administrar la caja). Para quedarse con el puesto de trabajo o quedarse en el poder. Pero esa competencia constante a la que somos sometidos se oblitera, se borra con la fantasía ideológica de las reglas del mercado. Porque uno no va al mercado de trabajo, por ejemplo, y dice me voy a formar para dejarte sin esa oportunidad o sin trabajo. La fantasía que sostiene eso es “voy a crecer profesionalmente”, “me voy a formar”, etc.

La diferencia con otras décadas es que hoy vivimos en la era del cinismo. Ya todos sabemos cómo funciona el mundo, no es necesario que nos expliquen la fórmula de la plusvalía de Marx. Como bien dice Žižek: pasamos de “ellos no lo saben, pero lo hacen”, a “ellos lo saben y lo hacen”. No hay velo o máscara que debamos correr. Porque ya sabemos que tenemos esa máscara y la sostenemos. El rey siempre estuvo desnudo, pero descubrimos que la desnudez no existe. No hay nada detrás realmente (como no hay grado cero ni literalidad, ni origen). Todo es disputa y construcción de poder, para decirlo al estilo Nietzsche. Estamos siempre en la casa de Gran Hermano porque el modo de vida es competitivo. Pero así y todo “persistimos en la máscara”, como escribe Žižek. Es como cuando vemos a los candidatos sobreactuar una postura política extrema. Sabemos que un poco fingen, pero persisten en esa máscara y se ponen serios. Porque esos políticos encuentran algún tipo de ganancia en esa insistencia.

¿Cómo mantenemos esa ficción necesaria en pie? ¿Cuál es la forma de alimentar la democracia?

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Por último, debemos decir que una época cínica es también una época amarga y de resignación. Ya está, somos eso, no hay nada que hacerle. Soy lo que creo que soy, aunque no crea lo que soy. No hay liberación porque la caverna ilusoria no existe o, peor, salimos de una caverna oscura para entrar en otra. Una época tan desdichada que ni siquiera tiene grandes relatos en qué creer, porque la ideología no es un falso reconocimiento, sino una fantasía que estructura lo social directamente. Nunca despertamos porque nunca estuvimos dormidos. (Para los que recordamos The Matrix el que no existe en realidad es Morféo, no Neo.) En ese cinismo tal vez encontremos la explicación al empoderamiento de las ideologías extremas que amenazan esa ficción necesaria que es la democracia. ¿Cómo mantenemos esa ficción necesaria en pie? ¿Cuál es la forma de alimentar la democracia? Bueno, ese es el desafío número uno de este siglo.