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IDENTIDAD PAN-BIÓNICA

Tiempo de lectura: 6 minutos

(Progresismo, cocaína y poesía)

1.

“La noche empieza y no va a poder parar

porque hace tiempo que no quiere llorar

la cocaína seca las lágrimas

y es el combustible del huracán

yo te cantaba Lunita de Tucumán”.

“Si esta locura nos hizo comprender

que la alegría no supo consolar

dejá que lloren tus ojos, corazón

que tu tristeza es el sol de mi ciudad

y esta violencia, regalo de mi papá

me está doliendo mucho cada día más”.

La crisis del 2001 no sólo destruyó desde la economía y las esperanzas del país, sino que sacó a la luz que todo proyecto que intenta orientarse a futuro es una pérdida de tiempo. Entonces, si saliste ganador de la debacle financiera, si la guita te sobra, un camino es arruinarse y gastarla, porque en cualquier momento el Estado te la puede confiscar.

Mientras los pobres se empobrecían, la clase media era guetificada en los corralitos bancarios; el resultado: una generación sin ganas y con plata que crecía entre Palermo y las fiestas de la Costanera. En esa nueva realidad, Tan Biónica llegó para quedarse, y ocupó rápidamente un espacio que estaba vacante. Los sónicos representan la banda de pop-rock de la generación wannabe: retrata el esnobismo Amelié progre porteño pero resignificado por la droga y el exceso. Como canta el Chano en “Chica biónica”: “Sobreviví, mi novia biónica empolva su nariz / En duras tardes cotidianas […] Baila sin parar, contagia amor, delirio, insomnio y ansiedad / Y cuando quiere, te hipnotiza / Grita nada más, consigue siempre lo que quiere y sin parar”.

2.

Rápidamente la banda no fue asociada con la generación sónica pre-estallido social como los Babasónicos, Juana La Loca, Los Villanos o Martes Menta. Y la razón no fue artística ni de sonido: la razón se llama Santiago Moreno Charpentier, o Chano. El líder de la banda retrata una generación encerada entre la miseria y la oligarquía argentina post-2001 sin esconder que él mismo también sale y vuelve de los excesos. Escribe con metáforas por momentos tan desnudas que generan una empatía y amor por su persona que no soportará el día que se la ponga por última vez. El Chano genera amor y tristeza de igual forma. Y a esta altura de nuestro tiempo ya no puede ser quitado de las clasificaciones de nuestros mejores compositores musicales. Nadie como Chano compuso como espejo a esa generación arruinada. Y con el Chano y sus secuaces llegó “el Huracán”: “Yo no pedí nacer en la ciudad / Donde se muere con velocidad / El incesante ruido demencial / Cunde en el nicho de la soledad […] Al final pensaron que lo podían controlar / No lo vas a controlar / Caballeros, con ustedes: El Huracán / Saquen a esos payasos / Sáquenlos de la cancha / ¿Quién dijo que no estoy vivo? / ¿Quién dijo que no hay revancha?”

A veces, aparece un horizonte a dos pasos, sobre las baldosas rotas y mojadas de la Ciudad de la Furia: el deber y la posibilidad ilimitada

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3.

Pop para arruinarse y redimir el vacío de no querer nada más que el imposible aquí y ahora. Una banda que parte de una identidad que persigue la vacuidad del puro presente sabiendo que es inhabitable. Excepto, que soportes alcanzar la única experiencia que por un instante nos vuelva reales y presentes: las experiencias del placer y el dolor como absolutos. Y Chano te lo canta sin metáforas incomprensibles, te lo canta mientras se deshace: “No te lastimes con tu rock and roll / Porque el gigante despierta / Ser yo, ser alguien, soy y quedar / O no ser nada pero ser especial / Es porque siempre queremos más / Nuestro destino, la libertad”.

4.

No fuimos una generación sin metas o posibilidades, sino una generación aburrida y enfrentada a la lógica laboral de nuestros padres, nuestros abuelos y del peronismo. Una generación hedonista, sin límites que transformó la libertad en una ruleta rusa. Con sobrevivientes que se realizaron a medida que avanzaban empujados por los coletazos de un país que alguna vez se creyó de verdad el harinero del mundo, aunque nunca dejamos de ser una segunda o tercera marca.

“Y a veces, pienso, cuando me quedo solo

Te extraño, te lloro, qué lindo arruinarse con vos

Y el día estuvo mal

(Hoy te soñé)

No quiero recordarte más

(No me hace bien)

Quisiera comprender que estás muy lejos y que no te importa nada de lo que me pasa”

5.

Pero no es una generación líquida o vacía de sentido, sino desbordante de malestar por ser, por poder, por no desear, por no saber. Así lo canta Chano: “Este mundo es un pozo profundo / Y perder el control es cuestión de segundos […] Llegan los gangsters / llevan la pala / Gimme a poquito, ya me conectaba / Viene conmigo, vienen las ganas / Vengo con hambre, cantando, ja / Ya ni me deprimo, ya ni tengo ganas / Y ya no salgo, no camino más / Estaba cansado de asimilar / Hace algún tiempo que no tengo paz”. La generación wannabe es una generación autoerógena, automasturbatoria y autoflagelante. Ante el vacío, la merca; ante el dolor, el clona; ante el placer, la satisfacción sin culpa; ante la culpa, la rueda mágica, que vuelve a empezar: merca, clona y la mentira de la libertad.

“Se conectó a su nada

dejando la alegría

para vivir de adentro

la porquería mía

la culpa del pernocte

me la dio la rutina

mi amor está durmiendo

yo dormiré algún día

Locura vespertina

con sangre de aspirina

desesperina harina

desolación”

No fuimos una generación sin metas o posibilidades, sino una generación aburrida y enfrentada a la lógica laboral de nuestros padres, nuestros abuelos y del peronismo. Una generación hedonista, sin límites que transformó la libertad en una ruleta rusa

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6.

El tiempo avanza y el brillo se apaga, y al final, esa supuesta “posmodernidad” porteña no llega ni espera una segunda parousía. Avanzan sin estar encadenados a las generaciones anteriores, sino a través de un per saltum generacional: caen ahí, son arrojados y se arrojan. Y sin devenir y progresión permanecen experimentando las mil vueltas de ese aquí-ahora de placer y dolor. A veces, aparece un horizonte a dos pasos, sobre las baldosas rotas y mojadas de la Ciudad de la Furia: el deber y la posibilidad ilimitada. Son completamente modernos y no posmodernos: porque viven en el siglo XXI y sienten melancólicamente, dramáticamente que todo aún es una catástrofe. Viven el instante, pero se autoflagelan porque saben que, en definitiva, no podrán salir de esa aporía:

“Cada mañana de suerte

aunque está ya no cuente,

voy a contarla como un día más que no viví,

tú ausencia contra fuerte, multiplica la muerte,

se apoderó de todo el cielo de nuestro jardín,

princesa amanecida, estas oscurecida

[…]

Ay yo mismo te preparé tus cosas,

las horas penosas a su lugar,

me faltaran tus mañanas caprichosas,

me duelen las cosas que pasan,

ay yo mismo me preparé la fosa,

no quiero perderte ni mucho más,

me ayudarán enfermeras milagrosas,

me duelen las cosas que pasan”.

7.

Hasta los 90’s la merca era rockera, desde el siglo XXI la merca se volvió la droga de los jóvenes clase media porteña que ya no creía en los proyectos vetustos de sus padres, ni en ideologías de proyectos políticos alcanzables: de un futuro de redención familiar que había transformado la idea de “mi hijo el Doctor” en “estudiar te da futuro, te salva, nosotros trabajamos, ustedes estudien”. Tampoco la utopía de que el trabajo dignifica, la familia te completa. La merca pasó a los bares y boliches de Palermo y el Rosedal, en donde se mezclaban y también terminaron apagándose la Creamfield y el Pop. Y Chano casi cantándote al oído dice:

“Algo habré perdido que ando tan comprometido

en buscar adentro tuyo algo que está adentro mío y

algo para poder tapar

mi gran agujero espiritual

mis ilusiones rotas”

8.

Tan Biónica es la banda que recogió en sus letras los “dramas existenciales” de las generaciones “Cris Morena”: los niñxs blancxs que en los noventa se angustiaban por no ser huérfanos cantores y anhelaban la vida idílica en un Orfanato de uniformes coloridos, niñxs bellxs, sin drogas, abusos sexuales y violencia. Una generación que se decepcionó al entrar al mundo real del trabajo, la explotación, las vejaciones y el aburrimiento. Generación que ahora, entierra los dramas existenciales de su vacío de niñx blancx en el placer insuficiente y pasajero, en el que cada noche vive la última noche, la última raya, la última cogida.

Esto es Tan Biónica.