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25 de noviembre 2022

Gerardo Fernández

GAL, PABLO Y ERASMO

Tiempo de lectura: 4 minutos

Tres muertes han conmovido la canción popular de este continente en los últimos días. Fueron semanas negras. Que nos enfrentan a un lógico vacío imposible de llenar. Todo comenzó con la partida de Gal Costa, quizá la voz más emblemática de Brasil, sin menoscabar otras voces como la de Elis Regina. Gal llegó a los 77 años y uno suponía que aún le quedaba rollo en el carretel. La bella Elis, nacida también en 1945, murió temprano, en 1982, con sólo 36 años.

Pablo Milanés, Víctor Heredia, Silvio Rodríguez y León Gieco, Buenos Aires, años 80.

Bahiana, Maria da Graça Costa Penna Burgos conoció a su artista predilecto, Joao Gilberto, gracias a Caetano Veloso, su amigo del alma, una noche que fue con él y su guitarra a la casa de Joao y ahí se produjo una suerte de bendición. Luego llegarían sus trabajos con Gil, Bethania y Caetano, Los Doce Bárbaros y la carrera rutilante. Para Tom Jobim era sencillamente la voz de Brasil. Recorrer su obra lleva mucho tiempo. Es de esas artistas cuyos discos no pueden picarse saltando temas. Profundamente enfrentada al bolsonarismo, en este tiempo, y naturalmente terminó muy cerca de Lula. Gal, seguirá haciendo de las suyas en nuestra memoria. Es indudable.

Pablo fue sin dudas el más Tropical de la Nueva Trova y también, más tardíamente, fue uno de los más críticos del proceso revolucionario al que apoyó años atrás

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Luego se le dio por morirse a Pablo Milanés. Tenía en su haber la creación de himnos fundamentales incluso para esa revolución con la que murió peleado. Integró La Nueva Trova Cubana junto a Silvio Rodríguez, Sara González, Eduardo Ramos, Amaury Pérez y Noel Nicola, entre otros. La Nueva Trova inspiró un movimiento de canciones politizadas en América Latina. Eran también, parte de la propaganda revolucionaria de Cuba. Pablo sonaba en “Si el poeta eres tú” o “Pobre del cantor”, muchos de los sentidos más clásicos de esa arenga. Había arrancado en los sesenta en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, junto a una serie de figuras comandadas por Leo Brower. Sin embargo una de sus características más notables fue su apego a la música tradicional cubana. Se destacó como intérprete en el Son y el Bolero (cuyo origen es cubano y no mexicano, como lo hace creer la industria del disco), géneros no aptos para cualquiera, y tuvo vinculación con figuras significativas del jazz cubano como el pianista Emiliano Salvador, genio de las teclas, considerado como el nexo entre Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba. Pablo fue sin dudas el más Tropical de la Nueva Trova y también, más tardíamente, fue uno de los más críticos del proceso revolucionario al que apoyó años atrás, pero que en sus últimos años no dejó pasar oportunidad para marcar a fuego sus diferencias con un gobierno cubano que se había quedado detenido en el tiempo. “Es irresponsable y absurdo culpar y reprimir a un pueblo que se ha sacrificado y lo ha dado todo durante décadas para sostener un régimen que al final lo que hace es encarcelarlo”, dijo el año pasado durante los agitados días de movilizaciones de protesta en la isla. Aquella pelea de Pablo con la Revolución tiene una historia que alguna vez contaremos, pero quizá ese un aporte valioso a toda idea revolucionaria: la clara vocación de transformar hasta lo ya transformado ante la evidencia de errores.

En nuestro país tuvo mucha difusión allá por mediados de los setenta “Cachaca Mecánica”, un samba dramático que relata el último día en la vida de un trabajador que muere en pleno festejo del carnaval carioca

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Y finalmente se fue Erasmo Esteves. Decidió adoptar ese nombre artístico (Erasmo Carlos) en homenaje a Roberto Carlos y Carlos Imperial. Su obra prácticamente desconocida en Argentina; o menos referenciado que lo que su importancia exigía. Socio de Roberto Carlos en composiciones inmortales como “Amigo”, “Detrás del horizonte”, “Amada amante”, “Desahogo” y hasta de “Mi nombre es Gal” (himno de la mismísima Gal Costa). Erasmo fue un importante vanguardista en el desarrollo del rock en Brasil, en el programa televisivo Jovem Guarda, un suceso a mediados de la década de sesenta. En nuestro país tuvo mucha difusión allá por mediados de los setenta “Cachaca Mecánica”, un samba dramático que relata el último día en la vida de un trabajador que muere en pleno festejo del carnaval carioca. La cantidad de homenajes que los artistas brasileños le han brindado en las redes demuestra la importancia de este carioca nacido en Tiyuca, Río de Janeiro.

¿Qué se muere con ellos además de ellos? Sería un lugar común decir que son irremplazables. Y caeremos en la cuenta de que toda una generación de artistas populares que nos acompañaron en este último medio siglo se está yendo. Pero mientras la biología hace de las suyas llegará la etapa de redescubrirlos. Y de marcarle a los que vienen la importancia de cargar esa responsabilidad: tenemos una tradición y una deuda con quienes abrieron el horizonte.