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18 de mayo 2024

Ramiro Gamboa

FERNANDO MORRA: “EL PERONISMO SE VOLVIÓ UN MOVIMIENTO CONSERVADOR”

Tiempo de lectura: 16 minutos

“El peronismo en los últimos años se volvió un movimiento conservador”, asegura Fernando Morra, quien le abre las puertas a Panamá Revista en su oficina en el centro porteño. El exviceministro de Economía sostiene que “Massa quería entrar al Ministerio de Economía desde mucho antes”, y afirma que estuvo en contra de la suba de tasas de la gestión de Massa, “una aberración que fue una política inflacionaria”. Además, detalla que cuando ve a Guillermo Moreno en la televisión, le da bronca y frustración: “Guillermo Moreno es una catástrofe para las pymes. Es triste que esa sea la renovación”. Sobre el presente, Morra entiende que “Milei es audaz y es cruel porque la recesión no le importa”, y que “los argentinos tendríamos que aplaudirnos por haber financiado a Mercado Libre”.

Fernando Morra fue secretario de Política Económica de Martín Guzmán, cargo equivalente al de viceministro de Economía. El rol —dice Morra— es el de mirar la integralidad de la política económica, “ver toda la cancha” para ayudar mejor al ministro. Morra cuenta que participó de discusiones con el Fondo Monetario Internacional y con acreedores privados (como PIMCO o BlackRock), donde “se vive con mucha presión”. Se discute de plata, sobre todo con los acreedores, que son profesionales de la negociación, saben cómo jugar el juego y cómo presionar; algunos gritan o dicen cosas feas del país, eso es molesto”.

Hoy es director de Análisis Macroeconómico del think tank “Suramericana Visión”, que fundó Martín Guzmán luego de salir de la gestión en julio de 2022. Morra hizo la licenciatura, maestría y doctorado en Economía en la Universidad Nacional de La Plata, donde conoció a Guzmán cuando los dos eran ayudantes de una cátedra de “Moneda, crédito y bancos” en la licenciatura de Economía. Publicó su primer trabajo académico junto a Martín Guzmán en 2008, y desde que entró al Ministerio de Economía, en 2019, trabaja todas las semanas con el exministro y profesor de Columbia. Morra nació en la Ciudad de Buenos Aires, pero hizo el primario y el secundario en Navarro, Provincia de Buenos Aires.

—¿Qué efectos económicos tuvo la interna entre Cristina y Alberto a cielo abierto?

—Lo que más impacto tuvo fue la desorganización en el proceso de toma de decisiones. No es un tema de interna sí o interna no. Podrías tener opiniones distintas, pero la forma en que esas opiniones se validaron y procesaron no funcionó. No funcionó en la estructura de toma de decisiones dentro de la coalición. ¿Qué efectos tuvo? Dificultó la gestión enormemente porque el apoyo político es una condición necesaria. No es suficiente, pero es una condición necesaria para cualquier política económica. La toma de decisiones colegiada y la distribución de funciones dentro del gobierno hacía que se generaran trabas cruzadas todo el tiempo. Imaginate si jugás al fútbol y el equipo considera que la mejor estrategia es el achique de espacios, pero alguien dentro del equipo dice “yo no quiero jugar achique” y se queda parado. Eso limita todo. Con que uno no funcione, toda la estrategia no funciona. No podés tener una discusión en un momento en el que no es momento para discusiones, es momento para ejecución de políticas.

—¿Por qué creés que Cristina Kirchner le dio más apoyo político a Sergio Massa que a Martín Guzmán?

—No lo sé. Massa era un socio de la coalición, Martín no lo era, era un ministro. Cristina debe haber considerado que era el momento de que un socio de la coalición tomara las riendas en ese momento. Aunque también creo que Massa quería entrar al Ministerio desde mucho antes.

—Cuando el kirchnerismo perdió las elecciones legislativas del 2009, tuvo después una estrategia para ganar en el 2011. Después, volvió a perder las elecciones de medio término en el 2013 y en el 2015 Scioli perdió solo por un 1 % después de doce años de gobierno. En el 2017, Cristina pierde la elección legislativa contra Esteban Bullrich en la provincia de Buenos Aires, pero luego gana la elección nacional en el 2019. Si Cristina y La Cámpora hubieran apoyado al gobierno de Alberto Fernández en el 2021, después de la derrota electoral, ¿el final podría haber sido otro en lugar de perder por once puntos frente a Javier Milei?

—Cristina priorizó mantener su capital simbólico, fue leal a eso, pero el capital simbólico no resolvió los problemas de las personas. Ahí hay una contradicción de la que no se puede escapar. Esa elección de mantener el capital simbólico y no resolver los problemas de las personas fue vivir en el pasado. No sé qué piensan ellos de lo que hicieron. Me gustaría que alguien les pregunte: ¿por qué hicieron esto? ¿En algún momento pensaron que llevar adelante una interna tan intensa dentro del propio espacio era lo mejor para resolver los problemas de las personas? Fue un error.

Imaginate si jugás al fútbol y el equipo considera que la mejor estrategia es el achique de espacios, pero alguien dentro del equipo dice “yo no quiero jugar achique” y se queda parado. Eso limita todo

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—Si Alberto hubiera aceptado la renuncia de los ministros que respondían a Cristina en el 2021, post derrota electoral, y Martín Guzmán hubiera seguido al frente del Ministerio de Economía hasta el 10 de diciembre del 2023, ¿qué hubiera sido diferente?

—Es contrafáctico, no lo sé. Vamos a ser claros: Cristina era la socia mayoritaria, y por eso ella tenía que conducir. Sin Cristina era muy difícil porque había un montón de capital político alrededor del espacio que ella conduce, y está bien que así sea. Hubiera sido muy complicado pelearse con el socio mayoritario, y Alberto trató de procurar lo que él creía que era mejor para el conjunto de la población, que era no quebrar la coalición de gobierno que había ganado las elecciones del 2019, aunque eso le hiciera mucho daño a su propio gobierno.

—¿Cuánta recesión y motosierra aguanta una sociedad?

—Hay una visión de que el Estado no está funcionando hace mucho tiempo. De que el Estado no está funcionando como la sociedad le gustaría que funcione. Eso no incluye a una parte del Estado que la sociedad entiende que sí cumple una función valiosa; por ejemplo, las universidades. Cuando Milei fue contra las universidades, encontró un límite. El límite está en la percepción de la sociedad de que eso funciona, hasta ahí la sociedad se aguanta la motosierra. Cuando Milei percibe que la sociedad no le pone un límite, avanza. Hay una parte importante de la sociedad que apoya el retiro del Estado de algunas funciones que cree que no son necesarias o que no están funcionando de manera adecuada.

No toda la sociedad entiende lo que significa retirar al Estado, y eso explica lo que pasó con las prepagas. El Estado tiene un rol redistributivo muy importante en la sociedad argentina. Tiene un rol muy importante en la ciencia, en la innovación, en la educación, en la infraestructura. Retirarlo es un problema enorme que está invisibilizado por los defectos que el Estado tiene. También es cierto que el peronismo en los últimos años se volvió un movimiento conservador. No se plantean reformas, como si todo tuviera que quedar exactamente como estaba. El mercado de trabajo cambió, y el peronismo no planteó ninguna reforma. Nosotros tampoco pudimos conducir esa reforma. Hoy el peronismo es más defensivo que ofensivo. El peronismo no discute el sistema tributario, que no está bien diseñado técnicamente porque tiene un montón de impuestos al consumo y a la producción, y muy pocos impuestos a la riqueza y al patrimonio. Comparado no con Europa, sino con América Latina, y eso desincentiva la producción. Pero no se puede discutir porque es tabú. Es tabú cambiar los derechos de exportación, es tabú tocar el impuesto a las transacciones financieras, todo es tabú. Cuando la sociedad ve esto, se siente inconforme con los resultados porque hace diez años que no crecemos y no ve propuestas de reforma, por eso busca al que promete reformas. No sé si la sociedad quiere esto, no sé si termina de entender lo que significa Milei. Vos me preguntás a mí cuál es el límite, y hasta que no aparezca del otro lado alguien que pueda conducir con claridad reformas que la sociedad valore, va a ser muy difícil que vos puedas ponerle un límite a la motosierra. También hay propuestas que aparecen que huelen a rancio, a viejo.

—¿Por ejemplo?

—Lo veo a Guillermo Moreno en la televisión y me da bronca y frustración porque es triste que esa sea la renovación. Lo pienso solamente desde el punto de vista económico. Moreno dice que hay que ir a negociar con las empresas porque con ellos se negocia. Eso funciona cuando vos tenés sectores concentrados, cuando las empresas, por ejemplo, en el sector del petróleo son cinco, vas y te juntás con las cinco empresas del petróleo; plástico son seis, vas y te juntás con las seis. Pero cuando tenés un montón de pequeñas y medianas empresas en un sector, la política de Moreno no funciona. Hay que preguntarle al sector ganadero lo que le pasó con Moreno y lo que sufrió la Argentina con Moreno. El sector ganadero perdió millones de cabezas de ganado por su política económica. Tardamos diez años en recuperar las cabezas de ganado por ese tipo de diseño de política económica, de ir a querer hablar con tres frigoríficos cuando el problema son los miles de productores agropecuarios ganaderos. El stock ganadero de Argentina no se recuperó en más de diez años. Tardamos más de diez años en recuperar eso. Guillermo Moreno es una catástrofe para las pymes porque es una persona que no puede diseñar política económica para las pymes, porque quiere sentarse en una mesa a conversar con tres actores, y hay sectores que no tienen tres actores, que tienen un montón y que no están concentrados.

Además, fue el autor intelectual de la intervención del INDEC. ¿Quién no sabe que Moreno fue el responsable, el ideólogo de esa intervención? Lo quieren mostrar como renovación y, la verdad, que como renovación es una política catastrófica. Nos costó mucho en términos productivos y nos costó un montón en términos de volatilidad económica. Cuando uno mira la fuga de capitales a partir de la intervención del INDEC, hay una relación directa entre salida de capitales, formación de activos externos, entre la gente comprando dólares y la intervención del INDEC.

En diciembre o enero, yo pensaba que la inflación no iba a bajar tan rápido, pero subestimé la crueldad y la audacia de Milei. Milei es audaz y cruel

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—Después de perder la elección de medio término en el 2013, Cristina Kirchner le pide la renuncia a Guillermo Moreno, que se va a Italia, y Augusto Costa asume como Secretario de Comercio. Hernán Lorenzino renuncia al Ministerio de Economía y asume Axel Kicillof como ministro, acompañado de Emmanuel Álvarez Agis como viceministro. ¿Cuáles son tus matices con la gestión de Kicillof 2013-2015? ¿Cuáles son tus diferencias con su imaginario político?

—Guillermo Moreno está peleado con Axel y eso es porque la política económica de Axel fue bastante distinta. El espacio de Axel hoy es un espacio que se está renovando. La política económica de Axel fue más razonable. Hubo un intento de estabilizar las tasas de interés, de tratar de que no haya una tan elevada presión cambiaria, de tratar de llegar a acuerdos con acreedores y organismos internacionales. También hubo una reforma del INDEC. Hubo un intento de normalización de la política económica durante ese período, por más que podamos tener diferencias.

—¿Podrías llegar a sentarte en una mesa con Axel?

—Por supuesto, también me puedo sentar con Moreno. Discutir se puede discutir con cualquiera. Lo más importante no son nuestras discusiones, sino que la gente, que es la que tiene que votar y elegir a una persona o a otra, entienda las consecuencias de lo que hicieron algunas personas cuando estuvieron a cargo, cuando tuvieron una función. Lo de Moreno contra las pymes es una realidad, no es algo que yo me esté imaginando. Lo de la pérdida de millones de cabezas de hacienda y los diez años para recuperarlas es una pérdida enorme para el país, y es directamente responsabilidad de la política económica. Hoy hay que tratar de acordar qué cosas queremos para el país que no son Milei. Si me preguntás, creo que una política que solo se sienta a discutir con los monopolios, o que solo es efectiva para una discusión con cinco empresas concentradas, no funciona en un país que tiene una enorme cantidad de pymes y con el que hay que discutir con múltiples sectores. Además, hay que tener una visión estratégica de largo plazo para el país, donde también hay que tener estadísticas claras y una política macroeconómica prudente.

—En Brasil, el PT de Lula se acercó a la centroderecha, representada en la figura del vicepresidente Geraldo Alckmin para ganarle al bolsonarismo. ¿Ves un peronismo acercándose a sectores del radicalismo, del PRO, de la Coalición Cívica para ganarle a Milei?

—No lo sé. López Murphy también se dio cuenta de que no puede estar con Milei. Milei niega lo que un liberal aceptaría, que es la intervención pública. Una persona como Ricardo López Murphy, que además fue docente de la Universidad de La Plata y que sabe muchísimo de economía, jamás diría que el Estado no debe existir. Nuestro conocimiento común como economistas, desarrollado durante muchos años, es que hay razones para la intervención pública. Las externalidades son una razón para la intervención pública: los monopolios, la desigualdad, los bienes públicos, la educación, la infraestructura, son todas razones para la intervención pública. ¿Con quién puede haber alianzas? Con un montón de sectores, pero tiene que haber voluntad política y alguien que conduzca ese proceso, y hoy esa persona no está. Veo un montón de actores con los que coincidimos en que el Estado no debe desaparecer y con los que podemos discutir si puede ser más chico, más grande, si queremos más impuestos al consumo o a la producción, si queremos regular más o menos a los monopolios. Con todas las personas con las que me puedo sentar a discutir los niveles de la intervención del Estado, uno puede formar alianzas, porque del otro lado está la negación y la destrucción completa del Estado.

—El politólogo Daniel Lutzky considera que el problema de Milei va a llegar cuando la inflación baje notablemente, la gente mire a su alrededor y se pregunte “¿tanto esfuerzo para llegar a esto?”. ¿Qué pensás de esta tesis?

—Estoy fuertemente de acuerdo. La sociedad le pidió a Milei y a la política estabilización macroeconómica. La mayor demanda de la sociedad en las elecciones era bajar la inflación, saber los precios para poder planificar la vida y poder mirar dos o tres años para adelante. La típica noción de estabilización macroeconómica. Si Milei estabiliza y consigue capital político para avanzar con sus reformas, es probable que veamos una economía que puede crecer, pero que va a ser más desigual. Si el Estado se retira, todo se regula por la ley del más fuerte, y está bien que el mercado se regule así, porque es el mecanismo que tiene para asignar recursos. Asigna recursos de acuerdo a quién tiene más. ¿Quién puede acceder a mejor salud? El que tiene más plata. ¿A mejor educación? El que tiene más plata. El mercado no piensa “vos deberías acceder porque sos un ser humano y porque la salud es un derecho humano, y porque todos tenemos derecho a ciertos pisos de igualdad”. El mercado es otra cosa, y si el Estado se retira, lo que va a terminar pasando es que vamos a tener una sociedad más desigual. Al final del día vamos a encontrar una sociedad en donde muchos no se van a poder educar, no van a poder comer, no van a llegar a fin de mes.

Desigual, pero estable. Por eso, Milei está haciendo todo lo posible para darle a la sociedad lo que quiere: estabilización macroeconómica. En diciembre o enero, yo pensaba que la inflación no iba a bajar tan rápido, pero subestimé la crueldad y la audacia de Milei. Milei es audaz y cruel. Ha hecho todo lo posible para conseguir estabilidad: enorme baja del déficit fiscal, acumulación de reservas con todos los instrumentos disponibles, como frenar las importaciones, emitir bonos a largo plazo o cortar la emisión de cuajo. También baja la tasa de interés y así licúa todos los activos de los bancos. Es audaz y es cruel porque la recesión no le importa. Todos los instrumentos están puestos en estabilizar lo más rápido posible.

Guillermo Moreno es una catástrofe para las pymes porque es una persona que no puede diseñar política económica para las pymes, porque quiere sentarse en una mesa a conversar con tres actores, y hay sectores que no tienen tres actores, que tienen un montón y que no están concentrados

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—En el paper “Asignación de liquidez y política monetaria. Cómo canalizar el ahorro argentino hacia la inversión productiva”, que escribiste junto a Martín Guzmán, Ramiro Tosi y Guido Zack, elogian la acumulación de reservas del primer kirchnerismo, que llegaron a 36.000 millones de dólares. Milei sumó, en lo que va de su gestión, 15.000 millones, y hay en el Banco Central un total de 28.000 millones de dólares en reservas. ¿Cuál es la diferencia entre la acumulación de reservas del primer kirchnerismo y la de Milei?

—Durante el primer kirchnerismo, las regulaciones cambiarias eran muy pocas, no había cepo cambiario y el mercado de cambios funcionaba con ciertas normas estables. Milei tiene un mercado de cambios completamente intervenido. Uno: Milei, durante los primeros dos meses, paró entre el 20 % y el 30 % de las importaciones. Recién ahora se están pagando entre el 50 % y el 60 % de las importaciones, con lo que se ahorró un montón de plata durante los meses que no pagó importaciones. Por eso, Milei es audaz. Dos: Milei les permitió a los exportadores liquidar en el dólar blend [la continuación del dólar soja de Sergio Massa], con lo cual puso entre tres mil y cuatro mil millones de dólares para reducir la brecha cambiaria. Tres: se endeudó por ocho mil millones de dólares. El Banco Central emitió ocho mil millones de dólares de deuda en moneda extranjera. Por eso, cuando dicen “acumuló reservas”, en realidad lo hizo endeudándose con importadores, interviniendo la brecha con el dólar exportador y aumentando los pasivos del Banco Central, porque en algún momento va a haber que pagar los Bonos para la Reconstrucción de una Argentina Libre (BOPREAL), que vencen en un corto plazo, en 2025. El Banco Central emitió una deuda en dólares que vence en 2025, 2026, 2027. Ahora, después de las elecciones de medio término, el Banco Central tiene un montón de vencimientos en dólares por ese BOPREAL.

Las reservas netas que tiene hoy el Banco Central no son mucho más altas. Hasta abril, a nosotros la cuenta nos daba cero porque el Banco Central había acumulado ocho mil millones de dólares y emitió ocho mil millones de dólares de BOPREAL. Recién ahora empezó a acumular un poco para que la hoja del balance del Banco Central tenga genuinamente reservas internacionales netas porque empezó la liquidación agrícola. La de Milei es una apuesta arriesgadísima porque apuesta a que el Banco Central tenga los dólares para devolver en 2026 y en 2027 sin tener una crisis, sin tener que reestructurar esa deuda.

—Joseph Stiglitz escribió en Project Syndicate: “¿Dónde estarían Elon Musk y TESLA si no fuera por el salvavidas de casi 500 millones de dólares que recibieron del Departamento de Energía de Obama en 2010?”. ¿Milei es consciente de esta información?

—MercadoLibre dio pérdidas hasta la ley del software del año 2004. Igual, no creo que el único que pone incentivos y que hace las cosas bien sea el Estado. Empresarios como Musk o Galperín son muy necesarios para una sociedad. Son quienes movilizan recursos y los asignan de una manera novedosa, y generan productos de los cuales no disponíamos y que nos simplifican la vida a todos. Los argentinos tendríamos que aplaudirnos a nosotros mismos por haber financiado a MercadoLibre. Y Estados Unidos tiene que aplaudirse a sí mismo por haber financiado a TESLA, por haber elegido promover a alguien que efectivamente tenía buenas ideas. Estos son los casos exitosos que tenemos que tratar de copiar, tenemos que salir a apoyar a los productores que nos solucionan la vida.

—Cristina Kirchner volvió a criticar a Marcos Galperín en Quilmes hace unos días.

—Entiendo la confrontación porque también el empresariado tendría que tener una noción de desarrollo nacional. Uno esperaría más, pero quizá es pedirle mucho al empresariado. Lo importante es que funcionen bien como empresarios y que, en todo caso, el Estado ponga las reglas de juego. Si el empresario se quiere ir a vivir a Uruguay y quiere mudar toda su riqueza a Uruguay, se le puede pedir un exit tax como parte de las reglas de juego. El rol principal del empresario no es promover el desarrollo nacional, sino que tiene que buscar que sus compañías funcionen, y nosotros tenemos que entender que ese es el rol del empresario. Si bien entiendo la confrontación, imaginate si los coreanos estuvieran peleando con Kia o con Samsung, o los países nórdicos con Nokia o con Ikea. Un rasgo argentino es que nos cuesta mucho que el Estado y los sectores privados vayan en conjunto a venderse hacia el resto del mundo. Me gustaría que en el futuro uno pueda ir a una ronda de negocios en donde el Estado lleva de la mano al sector privado y el privado le dice: “Mirá, si el Estado me apoya, me da reglas de juego claras, me financia, yo puedo producir bien y puedo ser tu proveedor en tu país de este producto que hago muy bien”. Y después el Estado facilitando todas las cuestiones para hacer los acuerdos comerciales ágilmente. Eso no se ve en Argentina, pero tenemos que construirlo.

—¿Martín Guzmán va a ser candidato en 2025?

—No, no estamos pensando en esas cosas. La idea es aportar a la discusión pública. No tengo respuesta y prefiero ni pensarlo. Nuestro rol tiene que ser hoy el de presentarle a la sociedad propuestas que marquen un sendero, que podamos convencer a la gente de que hay otra forma de hacer política económica, que promueva el desarrollo y el bienestar. Pero probarnos el traje no tiene sentido.

—Siempre entendí que la baja en las tasas de interés es algo positivo porque usualmente, cuando son bajas, es más tentador invertir en la economía real en lugar de dejar la plata en plazos fijos en el banco. ¿Es inocente verlo así? ¿Qué pensás de la baja en las tasas que está llevando adelante Milei?

—No es inocente. El problema que tiene Argentina hoy es que el Banco Central emitió muchos pesos y dio otras cosas menos líquidas en forma de Leliqs, Lebacs. La única forma que tiene para repagar esas Lebacs el Banco Central es emitir más pesos; es una promesa de pesos en el futuro. Si subís mucho la tasa de interés y tenés muchas Lebacs emitidas, estás prometiendo más emisión. Esa es la principal influencia de la tasa de interés en Argentina hoy. Milei esto lo entendió bien, y de hecho en el paper que mencionás, nosotros escribimos que había que bajar la tasa. Obviamente, hay que ser cuidadoso, porque si la bajás muy rápido y la inflación no baja, y las tasas reales se vuelven negativas, podés tener un problema con la brecha cambiaria. No me parece que esta sea una política necesariamente negativa porque financia al tesoro, lo que pasa es que hay que irla llevando y puede tener sus riesgos. El gobierno está usando ese instrumento de manera muy agresiva. No es malo, y hasta te diría que, de toda la política económica, es una de las que yo estoy más de acuerdo. ¿Con qué estuve en contra? Con la suba de tasas que hizo el último tramo del gobierno anterior. Eso me pareció una aberración que fue una política inflacionaria; era una transferencia de recursos desde el Banco Central al sistema financiero, eran ganancias para el sistema financiero y eso estaba mal.

Empresarios como Musk o Galperín son muy necesarios para una sociedad. Son quienes movilizan recursos y los asignan de una manera novedosa, y generan productos de los cuales no disponíamos y que nos simplifican la vida a todos

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—Escribiste que una dolarización implicaría bajar la inflación cercenando cualquier posibilidad de desarrollo del país en el mediano plazo. ¿Por qué la dolarización va a contramano del desarrollo?

—Preguntale a los griegos. Los griegos hicieron una moneda única con el euro y perdieron la posibilidad de decidir su tipo de cambio. Así, perdieron entre el 20 % y el 30 % del producto en tres o cuatro años, y hoy una generación entera está afuera de Grecia. La dolarización conduce a una crisis que hace estallar todo por el aire. En Argentina pasó con la convertibilidad, cuando en 1998 Brasil devaluó el real y nos quedó un tipo de cambio completamente disfuncional en términos de la relación con nuestro principal socio comercial. La dolarización también traería problemas conectados con la seguridad doméstica, con la regulación de los flujos de capitales y con la trazabilidad del dinero, que podría venir de lugares ilegales. Hay actividades que los Estados no quieren fomentar, y por eso es importante que sepan de dónde viene el dinero.

—¿Qué regulaciones tienen los países a los que nos queremos parecer?

—Argentina tiene una particularidad: pasamos de tener una regulación más baja que la de los países desarrollados (como en 2016-2017 o en los años noventa) a tener un cepo total. Nos cuesta buscar un punto intermedio, que es lo que tienen países como México, Brasil, Colombia o Chile. En 2006, después de la reestructuración de la deuda, Néstor Kirchner firmó un decreto muy interesante para evitar el ingreso de capitales de corto plazo. Fue una regulación intermedia que no molestaba el uso comercial continuo, pero le avisaba al que iba a entrar que cuando quisiera salir podía hacerlo, pero con ciertos límites. Además, los obligaba a dejar encajado un 30 % de la inversión. ¿Venís a timbear con Lebacs? Dejá un depósito del 30 %. Esto logra evitar que estos fondos, que vienen a muy corto plazo, se muevan muy rápido. Toda esa regulación empieza a desaparecer en 2016, y Nicolás Dujovne [exministro de Economía de Macri] retira la última restricción cambiaria que quedaba. Ahí es cuando las regulaciones cambiarias se fueron al mínimo, por debajo de los países desarrollados. Argentina pasó a tener menos regulaciones bancarias que Estados Unidos o Canadá, y obviamente en 2018 pasó lo que pasó: los capitales que habían venido a corto plazo sin encaje, en un esquema macroeconómico que los necesitaba, se volaron e implosionó el proyecto de Macri.