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16 de junio 2022

Alejandro Droznes

Nació en Buenos Aires en 1980. Libertadores de América, su primer libro, acaba de ser publicado por Blatt & Ríos.

ESPAÑA EN FITO

Tiempo de lectura: 7 minutos

“Escucho público de otros continentes, ¿puede ser?”. Fito sabe que un porcentaje altísimo de la gente que lo vino a ver a este teatro de Madrid es latinoamericano, y se pone a enumerar los ritmos típicos de cada país. Sólo retengo “marinera peruana”, pero no importa: es una excusa para que cada nacionalidad pegue un grito. Los argentinos somos mayoría pero también hay muchos venezolanos y colombianos: para ellos, Fito es el Fito. “Acá estamos todos”, agrega, y después empieza con «Detrás del Muro de los Lamentos». No sé si habla del teatro o de la canción: la versión original de ese tema en El amor después del amor está hecha de voz tucumana, bajo colombiano, guitarra peruana, palmas chilenas y cajón español. Fito parece atento al contexto y eso es bueno: el recital se acerca a su tramo final y todavía guardo la esperanza de que toque «La Verónica». Quiero escuchar “y se dejó llevar por un tipo / que bajaba solo / por la Calle del Calvario” cerca de la Calle del Calvario. Desde este teatro son solamente unos minutos caminando: hay que ir hasta la esquina, subir por la Calle de Valencia, seguir por esa misma cuando se transforma en la Calle de Lavapiés y ahí aparece la Calle del Calvario. Dura sólo cuatrocientos metros, es lo suficientemente angosta como para que no pasen coches y tiene un declive por el que, efectivamente, se puede bajar.

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Aunque papá Abrasha estaba en contra de los Montoneros y el ERP (“todas las revoluciones son mañana regímenes conservadores, con los hijos de los revolucionarios”, decía), los Rotenberg decidieron hacer las valijas. Corría 1977 y el pequeño Ariel había sido interrogado por la policía en términos que a él, con dieciséis años, no le llamaron la atención, pero que a sus padres les parecieron preocupantes. En el avión eran cuatro: Abrasha, mamá Dina, Ariel y Cecilia, que ya había cumplido los veinte.

Quiero escuchar “y se dejó llevar por un tipo / que bajaba solo / por la Calle del Calvario” cerca de la Calle del Calvario. Desde este teatro son solamente unos minutos caminando

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En España Cecilia siguió desarrollando su incipiente carrera de actriz y más tarde, en 1989, se casó con un español. La cuestión es que en el verano de 1991 los fanáticos de Fito la vemos aparecer en una fiesta en Punta del Este que es también un baile de disfraces. La anécdota se contó muchas veces: él le dice “¿nena, me das vino?” y el disco que ya está armando empieza a tomar su forma definitiva, la que le conocemos, la que incluye la frase “ella se vuelve carmesí / no sé si es Baires o Madrid”. 

Calle del Calvario, Madrid.

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Habían pasado sólo dos años desde Tercer mundo. Fito dijo sobre ese disco: “refleja lo que vi en mis viajes por América Latina”. Pero con El amor después del amor el paisaje de su obra era, de repente, muy distinto: de recorrer Pompeya toda la noche y la cama de una chica en Nicaragua a la lluvia cayendo sobre París y las revistas en el metro. ¿De qué estaba hablando Fito?

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Y eran los primeros tiempos de la convertibilidad. Fito dejó en ella muchas postales primermundistas que hicieron juego con la época: cuando cantó “no sé si es Baires o Madrid” fue como si el momento cantara, porque el menemismo trabajaba para lograr una confusión bastante parecida (El amor después del amor podría haberse llamado, atendiendo a los lugares en los que transcurre, Primer mundo). También por eso Fito impregnó la etapa hasta ser, finalmente, la banda de sonido de los primeros noventa. Exactamente la misma geografía aparece en mi otro disco amado de 1992, que es, y con ese título, Chocolate inglés de Celeste Carballo. En 1993 el Indio Solari diría lo suyo sobre la creciente madridización del rock nacional: “se fue a Madrid / donde parece que es feliz”.

Con El amor después del amor el paisaje de su obra era, de repente, muy distinto: de recorrer Pompeya toda la noche y la cama de una chica en Nicaragua a la lluvia cayendo sobre París y las revistas en el metro

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Yo, a todo esto, cumplía los doce años y, entre los arreglos de corno, trataba de imaginar cómo corno era Madrid. No me daba cuenta de que a una parte de la canción del “no sé si es Baires o Madrid” la cantaba Spinetta. No sabía qué era el carmesí. Y, en cuanto a la Calle del Calvario, jamás consideré que una calle realmente pudiera llamarse así. Para mí las calles se llamaban Olleros, o Freire, o Maure, o Zapiola, o cosas por el estilo.

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La presencia de España en Fito se manifestaría, al principio, en las expresiones naturales e imperceptibles que fueron parte de El amor después del amor: “no tengo prisa, no hay a dónde llegar” y “tú podrías darme fe”, entre tantas otras. Después, andando el tiempo, aparecería una afectación en él y una incomodidad en nosotros. En Abre se escucha, por ejemplo: “la cogieron con dos kilos” y “te juego un pulso a ver quién se mete más tragos esta noche”.

Concierto en Madrid.

Pero aún con esas estridencias (que además, al leerse como simulaciones, marcarían la relación de Fito con una parte del público argentino), Páez seguiría siendo nuestro lente a la hora de mirar España: en Abre también se escucha algo que, al menos para mí, está igual de vigente que las postales de El amor después del amor: “vamos a caminar por el Retiro, vamos que hoy en Madrid hay rico frío”.

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Y Fito entona, nomás, aquello de caminar por el Retiro. Estamos a unas cuadras del Retiro. Va promediando el show. Ya cantó «Llueve sobre mojado» y se la dedicó a “a Monsieur Madrid”. Ya cantó «She´s mine», la que dice “hoy caí en Madrid”. Ya cantó «Un vestido y un amor»: “fumabas unos chinos en Madrid”. Ahora canta «Tu sonrisa inolvidable», que además de nombrar el rico frío del lugar traduce la experiencia setentista que vivió la familia de Cecilia. Sólo le falta «La Verónica» para completar su repertorio madrileño fuerte. 

Páez seguiría siendo nuestro lente a la hora de mirar España: en Abre también se escucha algo que, al menos para mí, está igual de vigente que las postales de El amor después del amor: “vamos a caminar por el Retiro, vamos que hoy en Madrid hay rico frío

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Fito no suele tocar «La Verónica». Según Setlist, un sitio que informa sobre estas minucias, la tocó veintiseis veces en las tres décadas que pasaron desde la edición de El amor después del amor. Cuando presentó el disco no la tocó: en Setlist no figura y en YouTube el usuario GHDJDSA escribió: “cuando presentó El amor… en Buenos Aires en el 92 no hizo este tema. Fue lo único que no me gustó de ese recital”. Después, en Setlist figura que la tocó en el 2000 en Obras Sanitarias, pero es una verdad a medias: youtubeando se ve que Fito la metió en un popurrí. Le dedica menos de un minuto, canta apenas el estribillo y pasa a la siguiente canción. Recién en el 2006, catorce años después de El amor…, Fito tocó la canción en vivo por primera vez: fue en Caracas, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. Los comentarios de ese video coinciden: Fito dijo que la estaba tocando por primera vez. La tocó un par de veces más en esa época, en Córdoba y Mendoza: en una de ellas dice, antes de empezar, “este tema ha quedado allí en el archivo y lo hemos revivido ahora”. Después la canción vuelve a desaparecer hasta 2012: ese año la tocó diez veces, pero lo hizo obligado por la naturaleza del show, que consistía en tocar todo El amor después del amor veinte años después de la salida del disco y con las canciones en el mismo orden. En la fecha porteña de esa gira, que fue en el Planetario, Fito dijo antes de tocarla: “creo que nunca sonó tan bien esta canción como con esta banda”. Puede que fuese verdad pero la había tocado, como mucho, cuatro veces en veinte años. Y después la tocó una vez más en el 2017, solo con su piano, en el Teatro Auditorio Fundación Astengo de Rosario. Eso es todo. Sacando la gira de los veinte años, la habrá tocado entre cinco y diez veces en treinta años.

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Pero, ¿de qué trata «La Verónica»? En primer lugar, pareciera hablar de un rodaje: podría tratarse, entonces, de Cecilia Roth. Sobre todo cuando dice “él quiso un amor / y no una actriz”, idea que también está presente en «Brillante sobre el mic», otra canción del disco, que dice “la noche que dejaste de actuar / sólo para darme amor”. Pero Verónica también es, según la tradición cristiana, la mujer que le alcanzó un lienzo a Jesús mientras caminaba por Jerusalén hacia el Calvario: también esa puede ser la Verónica de la canción, porque antes del estribillo Fito canta “el sudor de Cristo dibujado sobre un manto”, y “tarde de crucifixión / clavan al hijo de Dios”, y porque el “tipo que bajaba solo” bajaba por la Calle del Calvario. Pero “la verónica” también es otra cosa: en la tauromaquia, es un movimiento básico que consiste en agarrar la capa con las dos manos y hacer algo que no empiezo siquiera a entender. Y ahí está Fito que en el Planetario y en Mendoza y en la Fundación Astengo dice “¡y olé!” al terminar la canción, relacionándola con España.

¿De qué trata «La Verónica»? En YouTube el usuario glasscorgan da una definición bastante buena: “hay una mística, un relax, un comfort, una angustia, un grito, un consuelo, un dolor, un vivir, un morir, un sentir, un recordar, un comprender”.  

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El show se acerca a su fin y a pesar, quizá, de algún grito mío, Fito habrá tocado casi todo su repertorio madrileño pero no «La Verónica». Está bien: hay cosas que solamente suceden en otros planos. Suben invitados. Primero Leiva y después Leonor Watling, que canta «Pétalo de sal» y muy emocionada le dice a Fito: “para mí… Argentina… eres tú”. 

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