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27 de octubre 2021

Esteban Actis

ESCASEZ, CRISIS DE SUMINISTROS Y GLOBALIZACIÓN DE RIESGOS

Tiempo de lectura: 6 minutos

“Hemos perdido más de 10 semanas de producción por los cierres en Indonesia y Vietnam, puede haber faltantes de productos para la navidad”:  Matt Friend, CEO de Nike

“¿Cómo que van a cerrar la terminal del Puerto de Shenzhen? ¿por cuánto tiempo? Es el tercer puerto más importante del mundo! Esto es un gran problema para nuestros negocios en Asia”, Ejecutivo de una empresa argentina  

“En un día cualquiera, algo queda fuera de stock en nuestras tiendas”, Viven Sankaran, CEO de Albertsons

Ocho veces al año la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) publica el Summary of Commentary on Current Economic Conditions –conocido como el Libro Beige- un informe que revela las condiciones económicas. En 2021, la palabra “escasez” (shortage) ha estado mencionada más de 70 veces. Hay que remontarse al año 1973 (más de 80 veces) con la crisis petrolera para encontrar esa centralidad del término en los informes. 

En Estados Unidos, Europa y parte de Asia –los tres grandes hubs del comercio mundial- faltan todo tipo de bienes: energía, insumos y bienes finales. Los cuellos de botellas  y las disrupciones en las Cadenas Globales de Valor (CGV) están afectados a empresas y consumidores, aumentando las presiones inflacionarias y poniendo en duda la solidez de la recuperación de la economía global luego de inédita depresión global del 2020. Los pronósticos en el mundo corporativo anticipan que hasta el segundo trimestre del 2022 la situación no mejorará, y inclusive podría agravarse.

¿Qué está pasando? La “crisis global de los suministros” tiene una explicación coyuntural, explicada principalmente desde la economía: el fuerte desbalance entre oferta y demanda en el comercio de bienes. El rebote de la actividad económica, primero en China a fines del 2020 y luego en EEUU a comienzo de este año, y consecuentemente las políticas fiscales y monetarias contracíclicas, impulsaron fuertemente la demanda. Los distintos Recovery Package en EEUU lograron poner (de Trump a Biden) “money into the pockets of millions of Americans”. Ante las restricciones de acceder a ciertos servicios (turismo, entretenimiento) en el contexto de la persistencia del Covid-19, los consumidores estadounidense han clickeado sin parar el “Buy”  de Amazon y otros sitios de compras electrónicas. Este sector experimentó en un año un crecimiento esperado para dentro de cinco.

"Los cuellos de botellas  y las disrupciones en las Cadenas Globales de Valor (CGV) están afectados a empresas y consumidores, aumentando las presiones inflacionarias y poniendo en duda la solidez de la recuperación de la economía global luego de inédita depresión global del 2020"

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Dicha “aceleración de tendencias” no fue acompañada por el lado de la oferta,  todo lo contrario. Las continuas parálisis en fábricas y puertos por distintos lockdowns alrededor del mundo en más de un año y medio de pandemia han alterado y discontinuando los procesos productivos y logísticos. Si los argentinos nos quejamos por haber tenido la “cuarentena más larga del mundo”, los chinos y vietnamitas por ejemplo han sufrido los “cierres más duros del mundo”. El cierre del puerto de Shenzhen es un ejemplo de que la política sanitaria china ha estado por encima de cualquier interés y que no le ha temblado el pulso (las autocracias tienen esa ventaja)  para tomar drásticas medidas en el marco de una zero-tolerance. La brecha entre oferta y demanda se manifiesta en demoras, faltantes y en subas de precios. El valor de los contenedores y de los fletes se han incrementado en más de un 300% en lo que va del año representa el ejemplo más claro. Los economistas se preguntan si esta situación es pasajera y el mercado se irá normalizando durante el 2022 o de lo contrario la presión inflacionaria seguirá afectando la recuperación de la economía global. El fantasma de la estanflación de los años setenta sobrevuela Wall Street.

Ahora bien, además de explicar la coyuntura desde un enfoque economicista del fenómeno, es pertinente realizar un análisis temporalmente más amplio desde la Economía Política Internacional. Acá los internacionalistas tenemos algo que decir. Desde hace un lustro estamos dejando atrás el fin de una etapa particular del proceso de globalización, lo que Dani Rodrik llamó la etapa de hiper-globalización. El triunfo de Trump, el Brexit, las tensiones comerciales entre EEUU-China en 2018 y la crisis de la pandemia han derrumbado la denominada “globalización de costos” (1990-2016) y han dado origen a la denominada “globalización de riesgos”. La tan anunciada “des-globalización” no es un regreso a una etapa histórica ya conocida como muchos anhelan –por derecha e izquierda-  sino el ingreso a una absolutamente desconocida.

Contextualicemos un poco al lector y vayamos treinta años para atrás. La estabilidad de las reglas comerciales y el optimismo liberal cosmopolita del “Fin de la Historia” animó, desde los años noventa, a las empresas a internacionalizarse con redes de producción diseminadas por todo el planeta colocando diferentes etapas del proceso productivo y de comercialización en diferentes países. El foco para las multinacionales estaba puesto fundamentalmente en optimizar los costos (salariales) y en la producción a demanda (el denominado Just in Time), todo en un contexto de mejoras de la logística, las comunicaciones y la cooperación institucionalizada (OMC). Este proceso se estructuró en el denominado outsourcing/offshoring (deslocalización) y constituyó el corazón del nexo entre bienes, servicios, comercio e inversiones del capitalismo de la pos-Guerra Fría. La fragmentación de los procesos productivos y la configuración de cadenas globales de valor solo tenían como objetivo minimizar los costos, detrás de ello se movía el capital.

Esta sincronizada y armoniosa arquitectura es la que viene siendo tensionada en el último lustro y la que ha comenzado a resquebrajarse. Factores políticos (el surgimiento de fuerzas iliberales en el corazón del sistema), geopolíticos (Guerra Comercial entre EEUU y China) y entrópicos (pandemia, cambio climático) han provocado que en cualquier hoja de ruta del mundo corporativo además de intentar maximizar costos se deban principalmente intentar minimizar riesgos.

"La tan anunciada “des-globalización” no es un regreso a una etapa histórica ya conocida como muchos anhelan –por derecha e izquierda-  sino el ingreso a una absolutamente desconocida."

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 Para poner algunos ejemplos. Las góndolas vacías en Londres se explican por el problema de oferta (laboral) de la crisis pandémica pero también por las alteraciones del traumático Brexit en el mercado de trabajo británico. El faltantes de los semiconductores (insumo clave para la Industria 4.0) se explica por la irrupción de distintos lockdown en países ensambladores pero también por las tensiones entre EEUU y China en ese estratégico mercado tecnológico en la tan ansiada autosuficiencia.  Por último, para comprender la actual crisis energética en China no sólo se debe puntualizar los problemas que trajo el Covid-19 (ej. el cierre de minas de carbón en Mongolia) y subrayar la dimensión geopolítica (la prohibición de China de importar carbón australiano por el alineamiento de Canberra con Washington) sino también la destacar la pata medioambiental y la transición energética. El compromiso del Partido Comunista Chino en avanzar más rápido en la descarbonización de su economía es un dato adicional que no puede dejar de soslayarse.             

Con relación a este último punto, a principios del corriente año el World Economic Forum (WEF) le preguntó a 650 empresarios sobre los principales riesgos globales, combinando una percepción en cuanto a la probabilidad e impacto. Los 5 principales riesgos señalados (enfermedades contagiosas, falla en la acción climática, pérdida de biodiversidad, crisis de los recursos naturales y clima extremo) entran entre lo que el Banco Internacional de Pagos (BIS) denominó como “Cisnes Verdes”: eventos disruptivos vinculados con desequilibrios medioambientales, sociodemográficos y de salud ambiental. Si desde 2018 con los distintos test de fuerzas entre EEUU y China el mundo empresarial le ha podido poner un precio al riesgo geopolítico –por eso hoy los mercados no son tan volátiles a las acciones bilaterales- todavía no le han podido asignar un valor al riesgo ambiental. Más que riesgo, el tema ambiental para los hombres de negocios es mera incertidumbre. Como señalan los analistas Ian Bremmer y Preston Keat a diferencia del riesgo, la incertidumbre implica la imposibilidad de determinar la probabilidad o el impacto (o ambas) de un determinado evento futuro. A diferencia de la globalización basada en costos, en la nueva fase estructurada sobre riesgos la oferta de muchos mercados estará por debajo de la demanda. Esta nueva etapa de mundialización es relativamente –y estructuralmente- más costosa. La transición energética además le suma un condimento extra.       

En definitiva, la actual crisis de suministros que experimenta la economía mundial tiene en los desajustes pandémicos su principal causa explicativa. Sin embargo, ampliando un poco el foco observamos un tablero mucho más complejo en donde una nueva fase de globalización se está gestando. Pasar por alto la variable sistémica representa una mirada miope del fenómeno. Las primeras pistas de la postpandemia poco parecen indicar el comienza de unos nuevos roaring 20s, por el contrario, no hacen más que presagiar  “the uncertain 20s” del siglo XXI.

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