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27 de agosto 2021

Alejandro Droznes

ENTRE BOLÍVAR Y URUGUAY

Tiempo de lectura: 7 minutos

Promediaban las guerras de la independencia americana cuando Simón Bolívar se dirigió, entiendo que por primera vez, a los habitantes del Río de la Plata. La proclama está fechada en el cuartel general de “Angostura”, hoy Ciudad Bolívar, el 12 de junio de 1818. Para ese momento las Provincias Unidas del Río de la Plata hacía tiempo que eran libres; sus armas se habían batido en Chile y se preparaban para hacerlo en Perú. Venezuela, por el contrario, se debatía entre la conquista definitiva de su libertad y la vuelta al yugo del imperio. Aunque Caracas había iniciado el movimiento independentista y Bolívar no se privaba de decirlo, impugnando al 25 de mayo como fecha de inicio de la gesta (“Vuestros hermanos de Venezuela han seguido con vosotros la gloriosa carrera, que desde el 19 de abril de 1810…”), el territorio venezolano caía una y otra vez bajo el poder de unos ejércitos realistas que, en esas latitudes, estaban mucho mejor nutridos que las magras guarniciones apostadas en el sur del continente. Pero Bolívar confiaba en la victoria, y por eso en su proclama decía a los rioplatenses que Venezuela, una vez expulsados los tiranos que profanaban su suelo, “os convidará á una sola sociedad, para que nuestra divisa sea unidad en la América Meridional”.

Finalmente Venezuela se emancipó y Bolívar se lanzó a libertar otros territorios, como había hecho y estaba haciendo San Martín. Sus llaneros dejaron atrás las selvas del Orinoco, se encaramaron a la cordillera e independizaron la Nueva Granada, que hoy es Colombia, y también Quito y Guayaquil, que más tarde formarían Ecuador.

Pero aunque San Martín y Bolívar eran los dos libertadores, con los años y los hechos ambas revoluciones irían diferenciándose. San Martín dejaba a su paso la semilla de la organización independiente y republicana: Chile y Perú eran naciones soberanas y decidían sus destinos por sí mismas. Bolívar, en cambio, refundía los territorios que liberaba en una entidad nueva que entonces se llamaba Colombia y hoy conocemos como Gran Colombia.

"Más tarde, después del primer abrazo, ya en el banquete, cuando los libertadores se aprestaban a comer, alguien propuso un brindis. Bolívar levantó su copa “por los dos hombres más grandes de la América del Sud: el General San Martín y yo”. Nuestro prócer respondió alzando su vaso “por la organización de las diferentes repúblicas del continente”"

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Así fue avanzando cada uno con su caudal de batallas y victorias y patrias libres hasta que se encontraron en Guayaquil, en la famosa entrevista del 26 de julio de 1822. (Martín Kohan escribió lúcidamente que a esa entrevista apenas la entrevemos, y es por lo tanto una entrevista entrevista).

 Las diferencias en cuanto a los planes de cada cual para la América liberada eran inocultables: Bolívar le había anticipado en una carta “las ansias que tengo de estrechar en el suelo de Colombia al primer amigo de mi corazón y de mi patria” y, para recibirlo, había atiborrado los muelles del estuario guayaquileño con el rojo, azul y amarillo que en ese entonces simbolizaban la Gran Colombia y que todavía vemos en las banderas de Colombia, Venezuela y Ecuador: era una manera de recordarle que Guayaquil debía formar parte del inmenso país que él había ideado.

Más tarde, después del primer abrazo, ya en el banquete, cuando los libertadores se aprestaban a comer, alguien propuso un brindis. Bolívar levantó su copa “por los dos hombres más grandes de la América del Sud: el General San Martín y yo”. Nuestro prócer respondió alzando su vaso “por la organización de las diferentes repúblicas del continente”.

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En 1818 Bolívar les decía a los habitantes del Río de la Plata que, apenas pudiera, Venezuela los convidaría a una sola sociedad. En 1822 le aclaraba a San Martín que Guayaquil estaba en el suelo de esa inmensa Colombia que reunía territorios y jurisdicciones. En 1825 los ejércitos de Bolívar liberaron el Alto Perú y el nuevo país se llamó República de Bolívar, por su primer presidente. Unos meses más tarde pasaría a llamarse Bolivia.

Una sola sociedad, un país gigantesco, una influencia que llegaba hasta el sur del continente y que ya lindaba, en Jujuy y en Salta, con las mismísimas Provincias Unidas. ¿Cuáles eran, se preguntaban en Buenos Aires, las fronteras del proyecto de Bolívar?

 En la “Ley Fundamental de la Unión de los pueblos de Colombia” que instauró el monumental país, el tema de sus límites no quedaba claro: “El territorio de la República de Colombia será el comprendido dentro de los límites de la antigua capitanía general de Venezuela y el virreinato y capitanía del Nuevo Reino de Granada. Pero la asignación de sus términos precisos queda reservada para tiempo más oportuno”.

"Una sola sociedad, un país gigantesco, una influencia que llegaba hasta el sur del continente y que ya lindaba, en Jujuy y en Salta, con las mismísimas Provincias Unidas. ¿Cuáles eran, se preguntaban en Buenos Aires, las fronteras del proyecto de Bolívar?"

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 Mientras tanto, además de Colombia, Venezuela y Ecuador, también Panamá había pasado a formar parte de la coalición de países. Y lo mismo anhelaban Cuba, Puerto Rico y lo que en esa época se llamaba hermosamente el Haití español y hoy es la República Dominicana. Bolivia lo declaraba presidente, Perú lo nombraba dictador y, desde Chile, O´Higgins y Blanco Encalada le escribián manifestándole la imperiosa necesidad de sentir su influencia.

La pregunta se planteaba sola: ¿podían las Provincias Unidas del Río de la Plata quedar bajo la tutela bolivariana?

Bartolomé Mitre, en su Historia de San Martín y de la emancipación Sud-americana, afirma que en otro de los varios brindis que se sucedieron en Guayaquil Bolívar levantó su copa y anunció: “no tardará mucho el día en que pasearé el pabellón triunfante de Colombia hasta el suelo argentino”. San Martín no estaba presente en ese momento, pero Lavalle, que además de ser un militar eminente era hombre de confianza del libertador argentino, sí estaba, y (siempre según Mitre) al escuchar semejante cosa pidió la palabra, se puso de pie y dijo, refiriéndose a nuestro país y sugiriendo una analogía: “en todas las tentativas para reconquistar su territorio, los españoles han sido derrotados”.

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Las Provincias Unidas del Río de la Plata siguieron siendo independientes tanto de los reyes de España como del libertador venezolano, pero los conflictos internos del país, que habían empezado poco después de 1810 y eran básicamente entre la ciudad de Buenos Aires y las provincias, empezaron a complicarse. Y cuando esos conflictos se agudizaron, y la guerra civil se precipitó, y las Provincias Unidas se desunieron y quedaron divididas en pequeños estados provinciales, y de un lado quedaron los porteños (literatos, cajetillas) y del otro el interior (los trece ranchos con sus pueblos incultos), las provincias empezaron a considerar que la intervención de Bolívar podía ayudarlos en su disputa con la ciudad que disfrutaba del puerto. En Córdoba, por dar solamente un ejemplo, la legislatura expidió un decreto que solicitaba “levantar tropas para sostener las libertades de la provincia de Córdoba y proteger a los pueblos oprimidos poniéndose de acuerdo con el Libertador Bolívar por medio de un enviado encargado de promover una negociación al efecto”.

Bolívar, finalmente, no medió en la discordia argentina, pero su nombre empezó a asociarse a una nueva lucha: ya no la de los patriotas americanos frente a la dominación española, sino la de los pueblos americanos contra las dirigencias e instituciones que los sometían.

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El nombre de Bolívar volvió a pronunciarse en las Provincias Unidas, esta vez por boca de los porteños, cuando sobrevino la guerra contra el Imperio del Brasil, que estaba ocupando la Banda Oriental. El choque, por varios motivos, era desparejo. Y las Provincias Unidas llevaban las de perder. Por eso en un primer momento desde Buenos Aires le pidieron a Bolívar que dirigiese la campaña contra los brasileños: era una manera de fortalecerse utilizando los ejércitos de la Gran Colombia. Bolívar prometió considerarlo, pero poco tiempo después esos mismos porteños revisaron su propia iniciativa: no valía pena incitar evitar su posible alianza con los caudillos populares argentinos. Por eso prefirieron ceder en el conflicto con los brasileños y perder la Banda Oriental, que se constituyó en una nación independiente, antes que permitir que la influencia bolivariana, de consabida impronta, se hiciese sentir en el país.

"Bolívar, finalmente, no medió en la discordia argentina, pero su nombre empezó a asociarse a una nueva lucha: ya no la de los patriotas americanos frente a la dominación española, sino la de los pueblos americanos contra las dirigencias e instituciones que los sometían."

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De esa manera fue que se instauró la República Oriental del Uruguay, que se llama así por estar al oriente del río Uruguay y no, como suele pensarse de este lado, al oriente de la Argentina.

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Indalecio Liévano Aguirre, uno de los principales historiadores colombianos y, además, biógrafo de Bolívar, sostiene que, al no poder asociarse al libertador venezolano, “a los sectores populares argentinos no quedó otro recurso, para su liberación futura, que una serie de violentas insurrecciones (..) Entre esas violentas conmociones revolucionarias se destacan, por su celebridad, la que tuvo su mejor expresión en la dictadura de Rosas”.

Los “sectores populares” de Liévano Aguirre, que eran los “pueblos oprimidos” del decreto de la legislatura de Córdoba, despertaron igual. Pero no lo hicieron a través de Bolívar sino de Juan Manuel de Rosas.

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En 1851, hacia el final de la tiranía de Rosas, José Mármol publicó Amalia. Considerada la primera novela escrita en el Río de la Plata, su tema es el drama político de la época. En las primeras páginas vemos a seis hombres caminando por “la calle de Belgrano”. Ha de ser la avenida de hoy, porque podemos seguirlos en su caminata: “y siguiendo la calle de Venezuela, dobló por la callejuela de San Lorenzo”. Van hacia el río y se mueven en el mayor de los silencios, evitando ser oídos, porque están huyendo. Huyen de Rosas y de ese pueblo al que llaman rosista pero que también pudo embanderarse con Bolívar. Buscan un paraje en la costa: ahí los espera una ballenera que los va a llevar a “la otra banda”, un lugar libre de los males que aquejan a la patria.

Así, entre Bolívar y Uruguay, transcurrían las primeras décadas de la vida nacional.

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