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22 de junio 2024

Mariano Cuvertino

EL GIRO POLÍTICO DE UN ESPACIO QUE BUSCA SU LUGAR

Tiempo de lectura: 12 minutos

El espacio pampeano argentino no es una realidad única. Por el contrario, es difícil de definir y contiene matices importantes. Por ejemplo, el espacio chacarero de la colonización agrícola, que se desarrolla entre Santa Fe y Entre Ríos primero, y posteriormente Córdoba, constituye un modelo particular que Ezequiel Gallo, caracterizó en “La pampa gringa” (1983). Frente a ello, podemos tomar una figura más o menos opuesta en la prototípica pampa ganadera, del caudillo fundamentalmente bonaerense y el Martín Fierro. Ambos modelos dan cuenta de la diversidad del espacio pampeano, pero al mismo tiempo de la convergencia que ambos viven a lo largo de la historia, en la formación de un amplio espacio social que todavía busca su lugar en la política argentina.

El modelo social de la pampa gringa se ha explicitado nominalmente en la expresión “Región Centro”, pero su peso social, económico y, sobre todo, político ha avanzado de forma subrepticia y silenciosa. Hoy en día esta etiqueta tiene sus limitaciones. Allí se incorporan a las tres provincias mencionadas (Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe), pero su materialidad tiende lazos de proximidad socioeconómica y cultural en todo el espacio de la Región del Litoral mesopotámico, incluso más allá de las fronteras nacionales, alcanzando a los orientales (Uruguay), el Paraguay de las misiones jesuíticas y a los gaúchos del Rio Grande do Sul en Brasil.

A ello debe agregarse que, a esta altura, el desarrollo de la agricultura con características modernas se ha extendido por todo el espacio pampeano argentino, combinándose con las formas tradicionales de la hacienda pastoril. La revolución tecnológica reciente en el mundo agroindustrial y el incremento de los precios internacionales de los productos agrícolas de exportación no han debilitado esta tendencia, por el contrario, la han fortalecido. Encontramos entonces que los rasgos de la colonia agrícola se vislumbran hoy en ejemplos como el semicírculo geográfico que conecta Pergamino, Chivilcoy, Lobos y Chascomús.

A lo largo del desarrollo histórico de la Argentina es posible ver ciclos de expansión y declinación, articulación y crisis del espacio pampeano, que quizá encubren una tendencia general de convergencia y organización. Todo ello despierta la pregunta por el futuro, es decir, la pregunta por la posibilidad de que ese espacio adquiera eventualmente un rol político renovado, y proyecte sobre la nación un modelo alternativo, que supere las limitaciones que caracterizan a la Argentina contemporánea.

"El espacio pampeano argentino no es una realidad única. Por el contrario, es difícil de definir y contiene matices importantes. Por ejemplo, el espacio chacarero de la colonización agrícola, que se desarrolla entre Santa Fe y Entre Ríos primero, y posteriormente Córdoba, constituye un modelo particular. Frente a ello, podemos tomar una figura más o menos opuesta en la prototípica pampa ganadera, del caudillo fundamentalmente bonaerense y el Martín Fierro."

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De la pampa histórica a la pampa futura

Las tensiones entre la pampa pastoril y la de la colonización agrícola tuvieron un papel activo y conflictivo tempranamente. Pueden verse como antecedentes las tensiones entre la Liga de los Pueblos Libres y la ciudad de Buenos Aires, y con mayor claridad, en tiempos de la Confederación Argentina, la oposición entre el orden constitucional de 1853 (sancionado en la ciudad de Santa Fe) al mando de Justo José de Urquiza frente a la sesionada Buenos Aires, con su resolución en Pavón cuando el primero es derrotado por las fuerzas porteñas.

Con la organización del Estado Nacional argentino, y la plena incorporación del país a los circuitos comerciales del capitalismo liderado por la industrialización británica, el espacio pampeano pierde gravitación política, aun cuando pasa a ser el espacio exportador por excelencia. En el caso de la región litoraleña y de la colonización agrícola esto es más evidente, pues se diluye en la historia la osadía política puesta en la construcción de la Confederación Argentina. En este período también se habrá de debilitar la pampa pastoril que se precipita sobre un acelerado proceso de modernización, con la consecuente debilidad de la estancia como unidad económica tradicional y base de sustentación de largas generaciones de elites propietarias.

Por el contrario, el epicentro demográfico y el sistema de infraestructuras se orientó, sobre todo, al AMBA, que fue el destino predilecto de la inmigración masiva entorno al cambio de siglo, conformando allí las bases del mercado interno y el incipiente proceso de industrialización de mayor escala. Se produjo de este modo una relación simbiótica entre la ciudad cosmopolita de Buenos Aires (de los servicios, del puerto y la logística, de la administración y las finanzas, y terminal de las relaciones diplomáticas con la potencia mundial), y el área metropolitana de las masas obreras y la industrialización temprana.

Todo este ciclo de aceleradas transformaciones y elevada conflictividad económica, concluye en torno a la década de 1930, con un estancamiento histórico de la productividad agrícola que hundirá (temporalmente) las posibilidades del mundo pampeano de recuperar protagonismo. Este no fue un fenómeno exclusivamente argentino, ya que se constató en la mayor parte de los espacios de producción agrícolas relevantes, e indicó un límite o agotamiento tecnológico de los modos tradicionales de producción. Este período de estancamiento, que hizo retroceder aún más al espacio pampeano, otorgó cada vez mayor centralidad a los conflictos desarrollados en el espacio de las masas urbanas y los procesos de industrialización, trazándose allí algunos de los principales imaginarios políticos del siglo, que nos acompañan hasta el presente arraigados como cliché, a pesar de que no se corresponden con la realidad. El trabajo de Roy Hora al respecto, de cómo los argentinos pensaron y pensamos el campo, es una excelente síntesis de este proceso.

El período de estancamiento concluyó cuando la Argentina puso en explotación su capacidad petrolera y carbonífera, que le permitió avanzar no sólo a formas de industrialización más complejas, sino también a un período largo de cambio tecnológico agrícola. La revolución del motor de combustión interna, los agroquímicos y fertilizantes de origen en hidrocarburos, dieron un impulso al espacio pampeano notable, particularmente al espacio del corredor central, que sentó las bases de un proceso de industrialización relevante. Los sistemas industriales pampeanos se articularon en torno a la producción de alimentos, metalmecánica y maquinaria agrícola directamente vinculadas con la radicación de grandes empresas, tanto en ciudades de gran tamaño como Córdoba o Rosario, pero también, en ciudades intermedias y pequeñas del interior.

A eso se agregan grandes obras de infraestructura que comenzaron a revertir el estado de fragmentación territorial que caracterizó su declinación histórica luego del proceso de organización del Estado nacional, como puede ser la emblemática obra del Túnel Subfluvial que conecta las ciudades de Santa Fe y Paraná, conformando en el presente un área económica de más de un millón de habitantes, incluidas las localidades aledañas, y conectada por la primera autopista del país, desde Santa Fe hasta Rosario. Merece la pena mencionar que ambas obras de infraestructura fueron realizadas por iniciativa y financiamiento de las provincias, destacándose el túnel que tuvo como motivo esquivar de forma subterránea el espacio de competencias nacionales que impedía la conexión interprovincial.

"Este período de estancamiento, que hizo retroceder aún más al espacio pampeano, otorgó cada vez mayor centralidad a los conflictos desarrollados en el espacio de las masas urbanas y los procesos de industrialización, trazándose allí algunos de los principales imaginarios políticos del siglo, que nos acompañan hasta el presente arraigados como cliché, a pesar de que no se corresponden con la realidad."

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Crisis de larga duración y recuperación histórica del espacio pampeano

El espacio pampeano parecía tener su revancha histórica, se encaminaba a incorporarse en un nuevo ciclo de expansión económica, con consecuencias políticas relevantes, incluso con un protagonismo creciente del corredor central de las provincias de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. Sin embargo, la historia demostró nuevamente que la linealidad es una mera ilusión. Este proceso de expansión tecnológica y económica encontró un punto de quiebre, o interrupción temporaria, a partir de mediados de la década de 1970 cuando los precios internacionales de las materias primas sufrieron una caída significativa.

A lo largo de este proceso histórico se produjo un fortalecimiento del AMBA, bajo una doble modalidad: mientras la Ciudad de Buenos Aires, se eleva a centro financiero internacional y se consolida como terminal geopolítica de agentes económicos globales en una etapa de predominio de las finanzas, la libre movilidad de capitales y el endeudamiento, el conurbano bonaerense vive un incremento poblacional descontrolado, en directa relación con la falta de oportunidades en el resto del país y en países vecinos, consolidándose como un espacio de exclusión social y de deterioro de las relaciones laborales. El AMBA refleja las dualidades y heterogeneidades del modelo social del capitalismo marginal que se desarrolla en este período, particularmente en los países emergentes, mientras el mundo pampeano también vive una época de grandes transformaciones.

Aquí también se desarrolla un proceso dual de cambio. Por un lado, la situación económica se deteriora en una época histórica de bajos precios internacionales, falta de infraestructura y endeudamiento de los productores. Y por otro, simultáneamente, en 1994 se produce un cambio de primer orden ya que comienza la adopción del paquete tecnológico que combinó la soja modificada genéticamente para ser resistente al glifosato, el desarrollo de este herbicida y la introducción de maquinaria para la siembra directa. Esta innovación tecnológica fue incorporada con gran velocidad y puede ser pensada como un nuevo salto de calidad después de la introducción de la fuerza y los subproductos derivados de los hidrocarburos, en la revolución verde entre las décadas de 1960 y 1980.

En pleno proceso de maduración de este cambio tecnológico se produce el fin de la crisis de larga duración, a partir de la recuperación histórica de los precios de las materias primas que en el año 2002 con la incorporación de China como gran productor de manufacturas, ampliando significativamente la demanda mundial de alimentos. Con este nuevo impulso se inició una expansión tanto de la frontera como de la productividad agrícola y ello no se limitó a la Argentina, sino que también fue particularmente importante en Brasil, Paraguay y en menor medida en Uruguay.

"En pleno proceso de maduración de este cambio tecnológico se produce el fin de la crisis de larga duración, a partir de la recuperación histórica de los precios de las materias primas que en el año 2002 con la incorporación de China como gran productor de manufacturas, ampliando significativamente la demanda mundial de alimentos."

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Las tensiones regionales del presente

La salida de la crisis histórica que vivieron los países emergentes entre mediados de la década de 1970 y comienzos del nuevo milenio, propició el desarrollo de tres tendencias contradictorias entre sí, que pueden ser caracterizadas como conflictos claves de la Argentina contemporánea:

  1. La revalorización internacional de los productos agropecuarios y el nuevo paquete tecnológico fortalecieron la capacidad económica del espacio pampeano argentino en un sentido geográficamente amplio.
  2. El “boom” exportador aceleró la importancia de la Ciudad de Buenos Aires como el punto geográfico de la planificación del desarrollo argentino y desde allí se trazó un plan de infraestructura que intensificó el país “embudo”.
  3. La mejora en las condiciones externas amplió la capacidad para el desarrollo de actividades industriales orientadas al mercado interno en el espacio nacional.

Con respecto al primer punto, la propiedad de la tierra por parte de los habitantes de la región funcionó como un mecanismo de retención de rentas fortaleciendo el mundo combinado de habitación y trabajo. Incluso dichos recursos habilitaron el desarrollo de actividades industriales conexas, tanto en la industria alimenticia, metalmecánica y automotriz, las cuales ganaron en escala hasta lograr ser proveedores en el espacio nacional e internacional.

El modelo de sociedad de la colonización agrícola ganó peso en este contexto y se expandió como un modo de vida socioeconómico de referencia, que avanzó notablemente en la integración del espacio pampeano. Desde Ceres, Santa Fe, hasta Chascomús, Buenos Aires, desde Villa María, Córdoba, hasta Concepción del Uruguay, Entre Ríos, la pampa se vuelve más homogénea y se consolida un modelo que combina la producción agropecuaria por empresas familiares con acumulación de capital, de mayor sofisticación técnica y financiera, y el crecimiento de propietarios de tamaño pequeño o mediano, que retienen rentas de la agro exportación en el espacio pampeano, produciendo así el desarrollo de una vida urbana dinámica en el ámbito agro productor.

Con respecto a la segunda tendencia, el desarrollo de puertos, ferrovías y carreteras se circunscribió, casi exclusivamente, a las necesidades de salida de exportación de la aduana porteña hacia el Río de la Plata, mientras que el desarrollo de infraestructuras de conexión este-oeste, la extensión de la hidrovía hacia el norte, la puesta a punto de caminos y rutas internas, la provisión de energía barata para su fortalecimiento industrial, el desarrollo de comunicaciones, entre otras obras de infraestructuras estratégicas en el espacio pampeano, sobre todo del corredor central, fueron muy básicas e incompletas.

La tercera tendencia refiere a la afluencia de divisas, que permitió a importadores la adquisición de los insumos, piezas, partes y bienes de capital a precios cada vez más bajos para el desarrollo de las actividades industriales. El AMBA aceleró su crecimiento basado en trabajos industriales y comerciales dependientes directamente de la disponibilidad de divisas.

Sin embargo, esto supuso el desarrollo de dificultades distributivas relativas a las divisas internacionales. Por una parte, el aumento de los precios internacionales de los alimentos fue enfrentado con un impuesto a las exportaciones (retenciones) que luego se convirtió en un mecanismo de extracción fiscal de recursos, que afectó particularmente al espacio pampeano de tierras menos productivas. Incluso, la existencia de unidades de producción de distinto tipo y tamaño, con productividades diferentes, hizo que muchos agentes económicos arquetípicos de este espacio económico vieran afectadas sus condiciones de vida provocando una reacción inorgánica, caótica y directa mediante el corte de rutas en el año 2008.

Por otra parte, la conflictividad se extiende a la relación directa con los importadores, pues cuando los precios internacionales comenzaron a descender, el gobierno introdujo un desdoblamiento del tipo de cambio. De este modo se facilitó un acceso promocional al dólar para los importadores a costa de un valor de venta menor para los exportadores.

Como puede verse, en la misma medida en que el espacio pampeano se ha fortalecido económicamente, ha conservado una posición periférica incluso de outsider, en las relaciones políticas y regulatorias dominadas por la dialéctica del AMBA. La planificación de la infraestructura, y las políticas tributaria, cambiaria y monetaria, tienen como horizonte garantizar la disponibilidad de divisas para el AMBA, y no han incorporado la voz y los intereses de la población que habita y trabaja en el espacio pampeano (para ver un ejemplo de este problema recomiendo el artículo “La Reforma Económica para una Argentina Moderna”, de Ignacio Trucco, La Vanguardia, 26.01.24).

Naturalmente, resulta de lo más sencillo para los gobiernos centrales, establecer acuerdos con los grandes jugadores de la exportación de materias primas agropecuarias, ellos sí mantienen negociaciones directas y sin dificultades con las autoridades regulatorias en todos los órdenes. La indiferencia se pone de manifiesto frente al espacio habitado, frente a la región socioeconómica, frente al modo de ser y la actividad viva de una realidad histórica en proceso de construcción.

"En la misma medida en que el espacio pampeano se ha fortalecido económicamente, ha conservado una posición periférica incluso de outsider, en las relaciones políticas y regulatorias dominadas por la dialéctica del AMBA. La planificación de la infraestructura, y las políticas tributaria, cambiaria y monetaria, tienen como horizonte garantizar la disponibilidad de divisas para el AMBA, y no han incorporado la voz y los intereses de la población que habita y trabaja en el espacio pampeano."

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A modo de conclusión: la paradoja del espacio pampeano

Como puede verse estas tres tendencias no pueden más que desencadenar conflictos entre sí. A su vez, la dialéctica del AMBA se impone sin matices. La ubicación estratégica del puerto y el peso demográfico del conurbano, se conjugaron con la proximidad, la continuidad territorial y la unidad jurídica de ambos espacios. Ello favoreció a que CABA y el conurbano logren expresiones políticas articuladas de la que se derivó, luego, una dialéctica política que acabó dominando el espacio nacional. Por el contrario, el interior pampeano, si bien se fortaleció socioeconómicamente, sigue adoleciendo precisamente de la continuidad necesaria para proyectarse políticamente a escala nacional.

Sin embargo, a pesar de esta debilidad estructural, ha sido un espacio decisivo para limitar o incluso vetar las opciones políticas derivadas de la dialéctica conurbano-CABA. Expuesto de un modo más o menos extremo podría decirse que el espacio pampeano funciona como un contrapoder al gobierno central en Argentina desde el año 2008, aunque lo hace de una forma subterránea y no tradicional.

Primero, de manera no articulada, siendo el epicentro de los cortes de ruta durante el conflicto agrario de ese año, a raíz de la Resolución 125 que establecía un sistema móvil para el aumento de las retenciones de las exportaciones de soja, trigo y maíz. Luego, de un modo más explícito, sin programa ni orientación, aportando la adhesión social decisiva para el triunfo de Juntos por el Cambio bajo el liderazgo de Mauricio Macri, y con el anti kirchnerismo como el contenido principal de su manifestación electoral. Y, finalmente, en un formato que todavía está bajo análisis, constituyéndose en la principal fuente electoral que llevó a Javier Milei a la presidencia, en una expresión radical de veto a la totalidad del sistema político.

No obstante, fue y es, probablemente, una cuestión de tiempo hasta que el interior pampeano tome consciencia de que ninguna de todas estas opciones tiene voluntad en representar sus intereses en el espacio nacional, porque siguen inmersas en la dialéctica del AMBA.

Aquí radica el verdadero desafío que se ciñe sobre la gran región pampeana: no pensar en una salida fragmentaria y autonomista, pues es parte constitutiva de la Nación Argentina, integrada allí cultural, geográfica, estratégica, económica e históricamente. Tampoco encerrarse en sí misma y esperar que la dialéctica CABA-conurbano le solucione los problemas que no tienen interés en solucionar.

"Aquí radica el verdadero desafío que se ciñe sobre la gran región pampeana: no pensar en una salida fragmentaria y autonomista, pues es parte constitutiva de la Nación Argentina, integrada allí cultural, geográfica, estratégica, económica e históricamente. Tampoco encerrarse en sí misma y esperar que la dialéctica CABA-conurbano le solucione los problemas que no tienen interés en solucionar."

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La expectativa es construir una alternativa política que, simultáneamente, pueda colocarla en una posición de mayor centralidad y con capacidad de contener a todos los sectores económicos y regiones que componen nuestra nación. Del mismo modo, liderar en este camino al resto de las regiones del espacio nacional para que hagan lo propio y tomen mayor protagonismo hacia la construcción de un modelo verdaderamente federal de país. Se requiere para ello no sólo la construcción de un programa claro apoyado en un fino entendimiento de las tensiones principales que están en el seno de la nación, sino también un acuerdo político que traspase las fronteras partidarias, es decir, con la inevitable convergencia de quienes hoy están en espacios políticos muy diferentes. Solo profundizando el federalismo se podrá hacer valer de forma sostenida la riqueza social, económica y cultural que alberga el país. Sólo proyectándola podrá conservarla íntegramente.

Es tiempo de que el “gran” espacio pampeano haga el giro político y construya una herramienta propia que también piense la Argentina en un horizonte común, que lidere un proyecto de desarrollo y supere por arriba las opciones parciales y limitadas que hasta el momento ha sabido ofrecer la dialéctica política del conurbano y el puerto de Buenos Aires. La Gran Región Pampeana, todavía en desarrollo, tiene que madurar como cuna del mañana.

* Mariano Cuvertino es Contador Público Nacional graduado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional del Litoral. Es diputado provincial de Santa Fe, Vicepresidente 1° de la Comisión de la Región Centro y miembro de la Comisión Especial de Integración Regional y seguimiento de la Hidrovía Paraguay – Paraná.

Agradezco los aportes y la lectura atenta de Leticia Chirinos, Luisina Logiódice, Eduardo Alfaro, Valentina Locher, Ignacio Trucco y Guillermo Cherner, con quienes trabajo esta temática desde hace muchos años.