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30 de noviembre 2023

Lucía Aisicoff

EL GIRO ORTODOXO

Tiempo de lectura: 3 minutos

Javier Milei quiere sin ser judío ser el primer presidente judío de la Argentina. Hace dos años y medio que habla de su voluntad de conversión, algo que pasó desapercibido para la gran mayoría de sus compatriotas. Algunos lo registraron, pero no lo tomaron en serio, lo agregaron a su cajita de excentricidades junto con el mercado de órganos y los asesores que proponen privatizar el mar. Asumieron que era una etapa que a Javier se le iba a pasar, como se les pasó a las clases medias altas urbanas el fanatismo por el Arte de Vivir y las estatuas de buditas turquesas para decorar algún rincón del living. Inquietudes que saltan de un objeto a otro según la temporada, de las constelaciones familiares al furor por la astrología. Y lo de Milei pintaba así, como una transición al judaísmo a lo Madonna, con un toque de espiritualidad pop, hasta que se apegó a la corriente ortodoxa Jabad Lubavitch que hoy influye en su discurso y en sus decisiones.

Su primer viaje como presidente electo tuvo un trasfondo religioso: voló a Nueva York para agradecerle a la tumba del rabino Menachem Mendel Schneerson, conocido como el Rebe de Lubavitch, a quien muchos seguidores consideraban un mesías. En junio de 2021, Milei empezó a tomar clases para leer la Torá con Shimon Axel Wahnish, rabino jefe de la comunidad judeomarroquí argentina (Acilba). Carlos Maslatón, que por entonces era cercano, dice que tenía solamente un aprecio por Israel, pero que el acercamiento a Wahnish lo hizo entrar en una etapa mesiánica. Las clases activaron algo que Milei tenía latente: para él hay un hilo rojo entre la política, la religión y su perro Conan. Juan González, autor de El Loco, contó que cree que puede hablar con Dios (“El Uno”) a través del mastín inglés que murió en 2017. Dice que su alma y la del perro se conocieron hace dos mil años en el Coliseo romano, cuando eran gladiador y león, y en lugar de pelear entendieron que debían unirse frente al desafío que les esperaría en la Argentina muchos siglos después.

Hace dos años y medio que habla de su voluntad de conversión, algo que pasó desapercibido para la gran mayoría de sus compatriotas. Algunos lo registraron, pero no lo tomaron en serio, lo agregaron a su cajita de excentricidades junto con el mercado de órganos

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El rabino Wahnish lo ayudó con la lectura de la Torá, pero no lo acercó a la colectividad judía en su dimensión social y cultural. Milei no entabló un vínculo aceitado con otros sectores ni con sus principales entidades. La AMIA no le perdona haber votado en contra de la ley que fijó al 18 de julio como un día nacional para conmemorar a las víctimas del atentado. Javier metió la excusa de que estaba adentro de un paquete que se votó a libro cerrado e intentó cambiar su voto, pero ya era tarde. En el último acto de homenaje pasó un mal momento cuando lo increparon algunos familiares de las víctimas.

Chiche Gelblung le preguntó a Milei si su proceso de conversión incluiría una circuncisión, pero Milei le respondió que lo único que le falta es el ritual: “Tuve tres infecciones de chico y el pediatra le dijo a mi mamá que termináramos con ese problema”. Resuelta la parte física, lo complicado para Milei sería la práctica por las restricciones del shabat. “Si vos sos judío, no estás obligado a cumplir con los preceptos del judaísmo. Si vos te convertís, estás obligado a hacerlo. Si soy presidente, ¿qué hago durante shabat? ¿Te vas a desconectar del país desde la primera estrella del viernes a la primera del sábado?”, se preguntó Milei de modo retórico. Su conversión no parece inminente ni tampoco trascendente, porque lo que pesa son sus lazos, que operan en decisiones políticas como su voluntad de mudar la Embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén.

La AMIA no le perdona haber votado en contra de la ley que fijó al 18 de julio como un día nacional para conmemorar a las víctimas del atentado. Javier metió la excusa de que estaba adentro de un paquete que se votó a libro cerrado

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El acercamiento de Milei al judaísmo creció a la par del empoderamiento de Victoria Villarruel con su troupe de militares, algunos más efectivos que otros en tapar sus simpatías antisemitas; también llevó como candidato a Pablo Ansaloni, que en 2021 dijo que los judíos “no tienen patria, no saben dónde están o a quiénes representan”; y conservó como referente de Educación a Martín Krause, el que dijo que con una Gestapo argentina a los judíos les hubiera ido mejor. Milei aprendió hace mucho a balancear las contradicciones, porque criticar a la casta no le impidió inundar de “viejos meados” las listas. Algunos ahora ven improvisación y otros un “giro pragmático”, pero Milei desde hace años es capaz de traicionar y mutar para cumplir su objetivo: convertirse en el mesías de la Argentina. Su verdadero giro fue el ortodoxo.