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¿EL FIN DE LA ERA ERDOGAN?

Tiempo de lectura: 6 minutos

Este domingo, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, se juega su futuro político después de 20 años en el poder. Están habilitados para votar 64 millones en una elección catalogada como histórica tanto por oficialistas como por opositores. El candidato de la oposición, Kemal Kılıçdaroğlu, se encuentra primero en las encuestas, pero la pregunta es si será suficiente para alcanzar el 50% necesario para ganar en primera vuelta. Si ninguno de los candidatos llega a obtener la mitad de los votos los turcos volverán a las urnas el 28 de mayo para definir una segunda vuelta.


La oposición es conocida como la “Mesa de los seis”, liderada por el CHP (Partido Republicano del Pueblo) de centro izquierda y kemalista, acompañados por nacionalistas, islamistas, liberales laicos y conservadores sociales. En ella se agrupan opositores de toda la vida y algunos desertores de las filas del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo). Si bien, el partido de izquierda pro kurdo HDP no es parte de la “Mesa de los seis”, el apoyo al candidato opositor es clave para obtener una victoria. La oposición es más fuerte que en elecciones anteriores y representa casi todo el espectro de la política turca. Su programa está integrado en una plataforma de 234 páginas, un “Memorándum de entendimiento sobre políticas comunes”, una surte de “biblia” que cubre casi todos los temas, desde la economía hasta la política exterior y el medio ambiente.

La oposición es conocida como la “Mesa de los seis”, liderada por el CHP (Partido Republicano del Pueblo) de centro izquierda y kemalista, acompañados por nacionalistas, islamistas, liberales laicos y conservadores sociales.

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Pero a pesar de su fortaleza el panorama no está del todo despejado. Erdogan logró conservar el apoyo de buena parte de la sociedad turca y contrarrestar el impacto negativo que tuvieron los terremotos de febrero (que dejaron 50 mil muertos y miles de desaparecidos) sobre su imagen. Incluso muchos de los sobrevivientes confían en que será “Baba” Erdogan quién va a solucionar los problemas de infraestructura que dejó la catástrofe. El AKP, que lidera el presidente, ha prometido reducir la inflación a un solo digito e impulsar el crecimiento económico, como una forma de reeditar los años más exitosos de la economía turca sobre los cuales Erdogan construyó su hegemonía, y transformó a su partido en una máquina de ganar elecciones. En el periodo 2003-2013 Turquía tuvo récord de inversión extranjera directa, lo que ayudó a financiar su milagro económico y a fortalecer la base del AKP, con una serie de políticas públicas que beneficiaron a los más débiles. Al mismo tiempo se fortaleció una nueva burguesía empresarial beneficiaria de los negocios con el Estado. Hoy, las promesas de campaña se enfrentan con una realidad mucho más difícil que en el pasado, con una lira turca que perdió su valor, una inflación que trepa al 100% y una disminución de la inversión extranjera directa.


En el último tramo de la campaña el discurso del oficialismo enfatizó los elementos identitarios y culturales como una forma de fidelizar el voto de una base hipermovilizada, mayoritariamente conservadora e islamista. En un acto en la ciudad de Rize, ubicada a orillas del Mar Negro, una zona bastión del AKP, donde se especula que pueda perder el 10% de los votos, Erdogan acusó a Kılıçdaroğlu y a los partidos de la oposición que lo acompañan de ser” pro LGTB” y de no tener nación, ni religión denigrando la confesión aleví de Kiliçdaroğlu. El presidente se refiere a la alianza opositora como “la mesa de los 9” dando a entender que detrás de la oposición se encuentra EE. UU, el PKK y el clérigo Fetullah Gülen “enemigo intimo” de Erdogan.

En el último tramo de la campaña, Erdogan acusó a Kılıçdaroğlu y a los partidos de la oposición que lo acompañan de ser” pro LGTB” y de no tener nación, ni religión denigrando la confesión aleví de Kiliçdaroğlu..

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La oposición encendió sus alarmas cuando el presidente, consciente de que los apoyos no son suficientes y que existe la posibilidad real de perder la elección, declaró que: “No entregará la nación a alguien que se convierta en presidente con el apoyo del Kandil”, en referencia al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una organización designada como terrorista por Turquía y por la Unión Europea y a la cual Erdogan trata de emparentar con el HDP. Pero no sólo el presidente lanzó declaraciones acerca de un posible resultado electoral, su ministro del Interior dijo que las elecciones son un “intento de golpe político” de Occidente.


El gobierno dio un giro autoritario a partir de 2013, cuando fueron reprimidas las “protestas de Gezi”, una serie de movilizaciones que comenzaron contra la construcción de un centro comercial pero que terminaron siendo un movimiento antigubernamental que denunciaba la corrupción, el clientelismo, el personalismo, el ultranacionalismo y la “islamización” del país. Se intensificó la persecución a periodistas críticos y políticos opositores, desatando un verdadera “caza de brujas” luego del fallido intento del golpe de 2016. Sumando a esto, su control sobre la justicia, los medios de comunicación y la estructura del estado fue favorecido por el cambio de sistema parlamentario a uno presidencialista por medio de un referéndum en el año 2018.

El gobierno dio un giro autoritario a partir de 2013, cuando fueron reprimidas las “protestas de Gezi”, una serie de movilizaciones que comenzaron contra la construcción de un centro comercial pero que terminaron siendo un movimiento antigubernamental que denunciaba la corrupción.

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A pesar de la concentración de poder en manos del presidente, y su viraje a un sistema con características de “autoritarismo competitivo”, -un sistema que cuenta con instituciones democráticas, las elecciones son libres, pero una vez en el poder los gobiernos juegan al filo de la democracia-, el sistema electoral siguió siendo confiable. Es por eso que el fraude no es un peligro que esté presente en estas elecciones, pero sí existe el riesgo de que el AKP desconozca el resultado si la diferencia es muy ajustada. La estrategia del oficialismo es obtener una ventaja en las parlamentarias que se celebran ese mismo día. El sistema electoral turco beneficia a los partidos más grandes, no a las alianzas numerosas y el AKP podría obtener entre 10 y 20 bancas más que la alianza opositora. De cara a una segunda vuelta el discurso oficialista puede girar sobre la inestabilidad que supondría tener un presidente que no cuente con mayoría parlamentaria y presentar a Erdogan como garantía de gobernabilidad.


El principal punto de acuerdo de la oposición es ponerle fin al autoritarismo, garantizar el funcionamiento de las instituciones democráticas, el estado de derecho y un regreso al sistema parlamentario, esto último podría ser apoyado por algunos sectores del AKP si es que Erdogan no logra la reelección. Además, prometen un mayor alineamiento internacional con Occidente, una mayor cercanía a la OTAN y a los países de la Unión Europea. Pero hay algunos temas que aún no tienen definición. La alianza opositora no pudo comprometerse a regresar a la Convención de Estambul contra la violencia machista, porque uno de sus líderes, el presidente del partido de la felicidad (islamista) Temel Karamollaoglu, sostiene que la Convención “va en contra de la familia y promueve valores LGTB”. También el reparto de poder al interior del gobierno es una cuestión controversial, los sectores kemalistas laicos se resisten a entregar ministerios claves como Justicia a Interior a los sectores ultranacionalistas.

El principal punto de acuerdo de la oposición es ponerle fin al autoritarismo, garantizar el funcionamiento de las instituciones democráticas, el estado de derecho y un regreso al sistema parlamentario, esto último podría ser apoyado por algunos sectores del AKP si es que Erdogan no logra la reelección.

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El recibimiento multitudinario que tuvo Kılıçdaroğlu, a quien también se conoce como “el Gandhi turco”, en las calles de las principales ciudades de mayoría kurda es un reflejo del momento excepcional de la política turca. Los kurdos apoyan al frente opositor a cambio de una serie de derechos, como la educación en su propia lengua y el principio de una negociación parlamentaria que les permita conquistar su autonomía. Pero sin duda el principal reto de la oposición será recomponer la situación económica que golpea a los sectores populares, que históricamente apoyaron al AKP. Algo que por el momento no tiene una solución rápida a la vista. Mientras tanto Erdogan jugará sus últimas cartas, las más agresivas, con mano de hierro, sin siquiera un mínimo rastro de aquel islamismo moderado que lo vio llegar al poder hace 20 años.

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