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01 de junio 2024

Jorge Remes Lenicov

EL DISEÑO DE UN PROGRAMA ECONÓMICO EN TIEMPOS DE CRISIS

Tiempo de lectura: 18 minutos

Nota metodológica

La elaboración de un programa económico integral es fundamental cuando se pretende dirigir la política económica en una situación crítica. Su orientación y las grandes definiciones siempre dependen de las decisiones de la dirigencia política[1], que es la que se prepara para gobernar, y cuando lo hace, fija el rumbo estratégico en los temas centrales y el tiempo para su aplicación, administra el Estado, nombra los jueces, dicta las leyes y conduce las relaciones internacionales.

En su preparación es central la participación de economistas, pero también se necesitarán otros profesionales: los abogados, porque conocen la legislación vigente y deberán redactar las disposiciones legales necesarias, y especialistas de las ciencias sociales ayudarán a pensar en las posibilidades políticas, en las reacciones sociales y el nivel de conflictividad, y en la difusión de las propuestas procurando que se las comprenda. Es imprescindible que estos profesionales conozcan los fundamentos básicos de la economía para poder focalizar sus aportes en la elaboración del programa. Ello evitará que se propongan políticas inconsistentes y/o que no se aplican en ningún país que esté progresando.

Además, se deberá estar en contacto permanente con los dirigentes políticos para señalarles lo que se puede y lo que no se puede hacer en función de la situación, las restricciones y la capacidad de los instrumentos disponibles para evitar que se presenten objetivos y metas que están lejos de las posibilidades reales.

En los acápites siguientes se expondrán algunas leyes fundamentales de la economía, los requerimientos para la construcción de una “economía normal”[2] que permita crecer y reducir la pobreza, la metodología que debe seguirse para formular un programa económico, y la necesidad de alcanzar un acuerdo para poder implementar las necesarias reformas y modificar la organización de la economía.

1. Algunas leyes básicas de la economía para crecer y distribuir

Para que el resultado de las decisiones de política económica sea sustentable y beneficioso para la sociedad, se deben respetar las leyes básicas de la economía. El sistema que rige en la gran mayoría de los países es la economía de mercado, que tiene sus propias leyes; sin embargo, éstas pueden ser alteradas transitoriamente y en márgenes limitados por medidas del gobierno que, por ejemplo, puedan afectar el sistema de premios (incentivos) y castigos (desincentivos). Pero, si se sancionan normas que sistemáticamente van en sentido contrario a lo que prescriben las leyes económicas, los objetivos planteados no se cumplirán.

    Sin embargo, muchos dirigentes las ignoran; prefieren el voluntarismo, la magia, o la respuesta sencilla para salir del paso y quedar bien frente al electorado. Otros consideran que los principios de la economía, aun admitiendo su existencia, no son para nosotros porque creen que Argentina es un país tan excepcional que puede hacer todo lo contrario a lo que hacen los países que crecen y reducen la pobreza.

    Tampoco faltan los dirigentes que creen saber todo lo necesario sobre la economía porque dicen estar en contacto con la gente. El resultado es que se razona y actúa con una lógica muy extraña, que no es seguida ni aplicada por ninguno de los países que progresan. No se trata de ignorar lo que demanda la sociedad, se trata de dar a esas demandas una respuesta consistente y no aparente, voluntarista o demagógica. Porque si solo incidiera la decisión política y la voluntad, no habría pobres en el mundo.

    Para que el resultado de las decisiones de política económica sea sustentable y beneficioso para la sociedad, se deben respetar las leyes básicas de la economía

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    Por último, subsiste la cuestión de la ideología. Por un lado, la heterodoxia, que aparece como la violación general y sistemática de las leyes de la economía de mercado. Pero, ¿en qué país se implementa, sostenidamente, una política heterodoxa? Esto no significa que no pueda haber medidas heterodoxas transitorias para la micro o macroeconomía, como fuera necesario aplicar algunas de ellas a principios de 2002. Pero en este caso deben instrumentarse circunstancialmente sólo para enfrentar una determinada coyuntura crítica, o para atender alguna situación particular, pero siempre respetando el cuerpo central de las leyes básicas.

    Por el otro, sucede algo parecido con los del polo opuesto, los llamados neoliberales. Se comportan como si rigieran las leyes de la competencia perfecta, y así, dejan todo librado al mercado. El Estado debe pasar lo más desapercibido posible. Ningún país en el mundo actúa de esa manera porque no existe la competencia perfecta, conviven sectores modernos con otros de muy baja productividad, y el Estado siempre actúa para evitar las prácticas monopólicas, ayudar a mejorar la distribución del ingreso y promover la igualdad de oportunidades y la expansión de los factores de producción.

    Algunas de las principales leyes económicas que deben respetarse son:

    1. Si la demanda de un bien o servicio aumenta y sobrepasa a la oferta, el precio sube. Si la oferta supera a la demanda, el precio baja.
    2. Como la economía es un sistema de vasos comunicantes, cualquier política, por específica que sea, siempre afecta, directa o indirectamente, a todo el resto. 
    3. Para crecer se debe invertir y acumular capital, formar recursos humanos calificados, incorporar tecnología y aumentar la productividad, en un contexto donde haya seguridad jurídica y estabilidad de las reglas de juego.
    4. Para incrementar la inversión se debe aumentar el ahorro. Pero si se les cobra un impuesto a los depositantes, prevalece la incertidumbre y/o la tasa real de interés es negativa, no se crean incentivos para ahorrar.
    5. Para incrementar los salarios reales se tienen que aumentar la productividad y el empleo. Los aumentos nominales sin aumento de la productividad, son neutralizados por la mayor inflación.
    6. Si no aumenta la competitividad no se pueden incrementar las exportaciones y no se podrá importar lo necesario para expandir la producción, lo cual impedirá el crecimiento.
    7. Cuando hay déficit fiscal y no se reduce el gasto ni se aumentan los impuestos, se lo financia con más deuda pública y/o con emisión monetaria. En la primera opción se compromete a las generaciones futuras, en la segunda, aparece el impuesto inflacionario que reduce el poder de compra de la generación presente.
    8. Si se aumenta desproporcionadamente un impuesto se crea el incentivo para evadirlo. Un ejemplo es la diferencia entre el costo laboral para el empleador y el salario de bolsillo del trabajador, que se convierte en una de las causas de la informalidad.
    9. Los subsidios a los servicios públicos (energía, transporte, etc.) deben darse a la demanda (usuarios más pobres) y no a la oferta (empresas).
    10. Si se dan subsidios a las personas, pero sin ninguna contraprestación (mandar los hijos a la escuela) o exigencia (salir a buscar empleo), se desincentiva el trabajo y se estimula la marginalidad.
    11. La distribución del ingreso podrá mejorar si se crea riqueza, se expande la economía, mejoran los servicios prestados por el Estado y el régimen tributario es más progresivo.
    12. No se podrá crecer sostenidamente sin estabilidad de precios y sin diseñar una estrategia de desarrollo acorde con la Cuarta Revolución Industrial.
    13. El mundo está muy interconectado por las comunicaciones, el comercio, las inversiones y el financiamiento, y no se puede vivir a sus espaldas. Como ningún país por sí solo puede modificar sus reglas, debe adaptarse a ellas aprovechando aquello que lo beneficie y minimizando el impacto de los condicionamientos.

    No se trata de ignorar lo que demanda la sociedad, se trata de dar a esas demandas una respuesta consistente y no aparente, voluntarista o demagógica

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    2. La “economía normal”: los requerimientos para su construcción

    Una economía “normal” es la que tienen los países que se desarrollan, mejoran la calidad de vida de su población y tienen capacidad para resolver los problemas que se les presenten. Para alcanzar ese tipo de economía, la política económica debe disponer de todos los instrumentos, mantener los equilibrios macroeconómicos (como el fiscal y en cuenta corriente), contar con un tipo de cambio competitivo, aumentar su inserción en el mundo y tener un sector público austero y eficaz sin déficits persistentes con capacidad para mejorar la distribución y promover políticas para impulsar la competitividad y el empleo. En este tipo de economías los precios se establecen libremente en mercados que deben funcionar en competencia, los salarios se fijan en paritarias y se incentiva la posibilidad de ahorrar, invertir, producir, exportar y aumentar los salarios.

    Existen políticas económicas de corto (macroeconomía) y de largo plazo (desarrollo). En Argentina hay problemas con ambas porque la economía se encuentra muy desorganizada y muy trabada por una madeja de controles y regulaciones que dificultan conocer cuál es el sistema de incentivos y desincentivos, lo que impide o dificulta invertir, producir, exportar, generar empleo, programar los próximos años y hasta consumir.

    Corto plazo: macroeconomía equilibrada y estable. La macro ayuda a crecer sostenidamente y mejorar los ingresos si logra una inflación muy reducida, precios relativos clave sin grandes tensiones y equilibrio en los grandes agregados macroeconómicos. Existen dos grupos de temas que se retroalimentan:

    • Estabilidad de los precios relativos clave. Los salarios, las tarifas, el tipo de cambio y la tasa de interés deben estar en un nivel tal que no tengan mayores presiones y terminen por desestabilizar todo el sistema. Ha sido frecuente atrasar el tipo de cambio y/o las tarifas para ayudar a contener la inflación, pero esa estrategia nunca es sustentable porque tiene efectos adversos a lo largo del tiempo, como la pérdida de reservas internacionales, el incentivo a consumir recursos escasos y a la desinversión. Además, genera serios problemas, como el aumento de la inflación, cuando se los quiere actualizar.
    • Equilibrio de los agregados macroeconómicos. Para que un programa macro en Argentina sea consistente y sustentable, es necesario:
    • equilibrio fiscal consolidado (nación, provincias y municipios), a partir de la baja del gasto y no del aumento de los impuestos y tasas.
    • equilibrio en la cuenta corriente, a partir del aumento de las exportaciones y no de la baja de las importaciones.
    • política monetaria acorde con la inflación estimada y con el aumento de la demanda de dinero. Se debe prohibir la indexación automática en base al pasado.
    • mercado laboral con alta proporción de trabajadores formales y baja tasa de desocupación.

    Es muy fácil y rápido desequilibrar la economía, pero volver a equilibrarla es difícil y lleva tiempo. La experiencia muestra, por ejemplo, la rapidez con que puede aumentar el déficit fiscal, pero después, para bajarlo, se requieren muchos años.

    Largo plazo: factores de producción, productividad y competitividad. En un contexto macro desordenado, la política que se implemente para el largo plazo tiene poco impacto y hasta pasa desapercibida. Una macro ordenada es condición necesaria, pero para consolidarla y desarrollar la economía sostenidamente, también es fundamental el diseño de políticas para aumentar los factores de producción, la productividad y la competitividad.

    En relación a los factores de producción, Argentina cuenta con:

    • Muy buena disponibilidad de recursos naturales: tierra, agua, minería, pesca, energía
    • Bajo nivel de ahorro[3] y, por lo tanto, escasa inversión, que, como una parte debe ser destinada a la amortización, el resultado final es una acumulación de capital reducida y muy inferior a la necesaria para crear empleo y crecer
    • Productores y empresarios innovadores dispuestos a enfrentar la competencia local e internacional, aunque otros prefieren no cambiar nada porque pudieron conseguir alguna política específica favorable
    • Trabajadores con muy buena capacitación, pero la mayoría tiene una calificación media y baja. No se puede pretender competir en el mundo actual en base a los salarios bajos porque impiden el progreso social y porque ese nicho ya está ocupado por otros países.
    • La tecnología es muy buena en varios sectores, pero no es suficiente, sobre todo teniendo en cuenta el acelerado avance de la digitalización y automatización. Existen varias empresas unicornios y organismos públicos muy competentes que pueden constituirse en pilares para ayudar a producir más y mejor.
    • La acumulación y combinación de los factores de producción debe ser tal que permita aumentar la productividad. Esto significa producir más bienes o servicios con igual dotación de factores. Está a cargo básicamente de la actividad privada, pero el sector público, en su propia esfera, también debe bregar por el mismo concepto, más allá que en la mayoría de sus actividades, de trabajo intensivo, no se pueden utilizar los mismos indicadores. Por ejemplo, para fabricar un automóvil se necesitan menos trabajadores que hace 50 años, mientras que, en la educación, la salud y la seguridad, se requiere cada vez más personal por habitante.  
    • Finalmente, para que aumente sostenidamente la dotación de factores de producción y la productividad, el contexto debe ser pro competitividad, definida ésta como la capacidad de sostener una participación activa en el comercio mundial con un incremento paralelo del nivel de vida de la población. Si no mejora la competitividad, para aumentar las exportaciones y superar las periódicas crisis de balance de pagos habrá que devaluar la moneda y bajar los salarios reales.

    La competitividad es el resultado de un conjunto de factores interrelacionados, tales como:  

    • Respeto a los derechos de propiedad, seguridad jurídica y estabilidad de las reglas de juego. Se deben reducir al mínimo los denominados costos de transacción, que son aquellos que se adicionan a los costos de producción, como p.e. las previsiones por el accionar de la justicia ante juicios laborales y otros y el cambio de la política económica.
    • Macroeconomía equilibrada y estable
    • Régimen impositivo simplificado, pro competitivo y progresivo
    • Muy buen funcionamiento de los servicios públicos y de la burocracia.
    • Sistema financiero y mercado de capitales que faciliten el ahorro e incentiven la inversión
    • Régimen laboral que promueva el empleo, reduzca la informalidad y limite la judicialización
    • Mejor formación de los recursos humanos, más egresados en ciencias, ingeniería y en tecnicaturas, y más incentivos a la inversión en ciencia y tecnología, pública y privada.
    • Mayor y gradual inserción en el comercio internacional
    • Modernización y expansión de la infraestructura económica básica y tecnológica
    • Cumplimiento de las exigencias medio ambientales para que el crecimiento económico converja hacia el desarrollo sustentable.

    Al igual que en la macro, en la resolución de estos temas también aparecen los conflictos, porque en lo inmediato puede haber perdedores y las ganancias se verán a mediano y largo plazo. Son reformas imprescindibles, aunque en este caso, necesariamente deben ser graduales. Estos cambios tienen costos, pero siempre serán menores a la pasividad, y por supuesto, a todas aquellas medidas que van en contra de la acumulación de los factores de producción y del aumento de la productividad y la competitividad.

    La combinación de una macro ordenada y una estrategia de desarrollo sustentable permitirá generar previsibilidad, crear riqueza, aumentar salarios, crecer, exportar y, con la acción del Estado, mejorar la distribución.

    Es muy fácil y rápido desequilibrar la economía, pero volver a equilibrarla es difícil y lleva tiempo

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    3. Cómo se formula metodológicamente un programa económico

    El programa se debe definir de manera integral, lo cual significa incluir a todos los sectores y todas las políticas, de corto y largo plazo. Además de respetarse las leyes de la economía, se deben seguir los pasos requeridos para el diseño de la política económica, sin saltar ninguna de sus etapas. Debe comprender los siguientes temas y secuencia:

    • Caracterización del mundo. Es fundamental conocer su potencialidad y sus problemas porque ayudará y mucho en el diseño de las políticas internas. Se debe evaluar la evolución e impacto de los avances tecnológicos y del cambio climático, y el comportamiento de la actividad económica, el comercio, la inversión externa directa, el movimiento de capitales, la inflación, los precios de las materias primas y la tasa de interés.
    • Evaluación de la situación política, social y económica. Esto es central porque no se puede implementar y sostener ninguna política económica sin el suficiente apoyo político y en medio de un desborde social. Estos condicionantes ponen sus límites y definen lo que se puede y no se puede hacer. Además, siempre es útil hacer comparaciones con otras situaciones históricas, locales e internacionales, porque si bien cada crisis es diferente, hay patrones comunes que dejan sus enseñanzas.
    • Identificación de los problemas y restricciones. Se debe elaborar un diagnóstico para determinar cuáles son los principales problemas, pero no se trata de una simple fotografía de lo que se observa, sino que siempre debe analizarse el origen, la causalidad y la previsible evolución de las dificultades si no se interviene positivamente sobre ellas.

    Seguidamente debe hacerse hincapié en las restricciones, que existen en todas las economías porque la escasez de recursos es parte de la normalidad y son las que impiden cumplir con todos los objetivos propuestos al mismo tiempo y con la misma intensidad. Existen límites muy definidos, como la reducida tasa de ahorro, el escaso financiamiento, la poca disponibilidad de divisas y de mano de obra calificada, la limitada difusión de la tecnología más moderna, la heterogeneidad de la estructura económica que limita las políticas globales, la muy poca capacidad del Estado para implementar políticas específicas, la insuficiente y obsoleta infraestructura, etc. Si no se los reconocen se actuará como si no hubiera límites (la magia nuevamente está presente), dando lugar a políticas económicas que nunca alcanzarán los objetivos establecidos.

    Seguramente habrá acuerdo en señalar que las principales dificultades en la Argentina son la elevada inflación, la falta de crecimiento y el constante aumento de la pobreza. Pero, si todos están de acuerdo, ¿por qué estos problemas se agudizan desde 2011 y no se han podido revertir? Existen varios motivos, entre los cuales cabe destacar las diferencias sobre cuál es el origen de esos problemas, la manera de considerar las restricciones reales, la incapacidad o impericia en el diseño e implementación del programa y/o la negación de las leyes básicas de la economía.

    Pero, además, hay diferencias en la manera de abordar los problemas. Por ejemplo, si bien puede haber acuerdo en estabilizar los precios, unos dirán que hay que dejar de emitir y otros que hay que acrecentar los controles; también habrá diferencias en la manera de modificar los precios relativos clave y en cómo alcanzar el equilibrio de los agregados macroeconómicos. La misma discusión aparecerá cuando se plantea el crecimiento, porque habrá diferentes visiones sobre cómo expandir los factores de producción y su financiamiento y el aumento de la productividad y de la competitividad. Habrá quienes piensen que primero hay que crecer y después equilibrar la macro (algo que siempre fracasó) y otros que digan lo contrario. Finalmente, para reducir la pobreza se deben alcanzar o tener encaminados los dos primeros objetivos, pero no faltarán quienes sigan creyendo en la magia y digan que se reducirá la cantidad de pobres porque tienen la decisión política de que ello suceda. También existen otros problemas más específicos como la deuda pública que, como siempre, es consecuencia del déficit fiscal, y si no se lo reduce o elimina, siempre se transformará en una deuda superior, como ha venido sucediendo. Esto dio lugar a un récord mundial: tres renegociaciones con quitas en solo 40 años.

    • Explicitación de los instrumentos disponibles. El paso siguiente es determinar cuáles son los instrumentos disponibles y su potencia, porque así se podrá anticipar cuáles serán las posibilidades concretas de alcanzar los objetivos propuestos y el ritmo de ejecución. A cada objetivo independiente le corresponde un instrumento (Tinbergen) y ese instrumento es para alcanzar solo ese objetivo. No se puede pretender, con un instrumento, arreglar todos los problemas, y que, además, los resultados sean inmediatos. Si no se sigue esta secuencia se repetirá lo que sucede frecuentemente: por ejemplo, se promete que “vamos a reducir la pobreza”, pero al no explicarse el cómo y con cuales instrumentos, se convierte en una simple expresión de deseos; al llegar al gobierno y al no tener un verdadero diagnóstico, la única respuesta es el aumento de los subsidios, pero desde hace más de dos décadas vienen creciendo junto al aumento del número de pobres, lo cual significa que ese no es el instrumento adecuado. También algunos afirman que, para resolver la inflación y el déficit fiscal, primero hay que crecer, pero como nunca se explica el cómo, en cuánto tiempo y con cuáles instrumentos, el estancamiento continúa a la vez que sigue creciendo la inflación y el déficit fiscal.

    Algunos de los instrumentos más utilizados en el mundo son:

    Política fiscal: impuestos, gastos, financiamiento del déficit (endeudamiento y emisión)

    Política externa: tipo de cambio, acuerdos comerciales, impuestos, competitividad

    Política monetaria: tasa de interés, encajes, mercado abierto, emisión

    Política de ingresos: paritarias, capacitación, productividad

    Política de producción, inversión y consumo: impuestos, créditos, infraestructura, transferencia de tecnología y asistencia técnica, medidas específicas para algún sector o región en particular

    • Determinación de los objetivos fundamentales (fines) y de los derivados (medios). Los objetivos centrales pueden ser: estabilización de los precios, crecimiento sostenido y reducción de la pobreza. Pero para alcanzarlos, previamente hay que cumplir con los objetivos derivados (medios). Ejemplos: para estabilizar, antes habrá que alcanzar el equilibrio fiscal y en cuenta corriente y lograr que el tipo de cambio, las tarifas y los salarios no estén bajo presión alcista; para crecer, se deberá aumentar el ahorro, la inversión, la mano de obra calificada, la difusión de tecnología y el financiamiento; para bajar la pobreza habrá que aumentar el empleo formal y la inversión y estabilizar los precios.

    Posiblemente en una campaña electoral se mencionen solo los objetivos fundamentales, pero nunca debe olvidarse que para alcanzarlos se tienen que ir cumpliendo los objetivos derivados, caso contrario nunca se alcanzarán los primeros. Las metas son la cuantificación de los objetivos y son útiles para el seguimiento de la efectividad de la política.

    Seguramente habrá acuerdo en señalar que las principales dificultades en la Argentina son la elevada inflación, la falta de crecimiento y el constante aumento de la pobreza. Pero, si todos están de acuerdo, ¿por qué estos problemas se agudizan desde 2011 y no se han podido revertir?

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    Un error frecuente es plantear que los problemas son de rápida resolución, y así aparecen las grandes promesas: “cuando lleguemos al gobierno todo va a cambiar, porque nosotros tenemos la voluntad… y, además, porque los actuales no saben gobernar y representan intereses espurios”. Esta actitud crea en la población la falsa idea de que todo se puede hacer fácilmente y en poco tiempo.

    • Los conflictos de objetivos. Para avanzar en el diseño del programa se deben entrecruzar los objetivos deseados con las restricciones, que suelen ser muchas, y con los instrumentos disponibles, que son pocos. Ello determina que, como no se pueden cumplir con todos los objetivos a la vez, afloran los conflictos entre ellos, y habrá que elegir cuál será el prioritario y cómo será su ritmo de cumplimiento, dejando a los otros para más adelante, cuando haya posibilidades. También puede haber una combinación: en todos se reducen las metas.

    A modo de ejemplo: como el ahorro es bajo y debe aumentarse, la contracara es que deberá reducirse, en términos relativos, el consumo, algo que puede afectar indirectamente a los de menores ingresos (los que ahorran son los ricos). Si la cuenta corriente del balance de pagos es negativa y hay que devaluar para revertirla (la competitividad es una política de mediano plazo), ello va en contra de la mejora salarial. Si para reducir el déficit fiscal se aumenta el IVA, eso afecta a los más pobres. Si se aumenta demasiado el impuesto a las Ganancias sobre las empresas, se desalienta la inversión y en algunos casos puede significar que se vayan del país, con lo que se produce una pérdida de capital. Como también siempre hay restricciones fiscales, donde invertir primero, ¿en estadios deportivos o en infraestructura para promover la producción? ¿Con el escaso financiamiento, se promoverán los créditos al consumo o a las Pymes? Muchas decisiones dependerán del momento: algunas veces la prioridad es la acumulación de capital, en otros la distribución del ingreso, aunque también puede haber situaciones intermedias.

    Estos conflictos de objetivos conducen a que siempre se deba analizar muy bien el impacto cuando se decide cada una de las medidas, como los incentivos para ahorrar, la devaluación o las  modificaciones impositivas. Los instrumentos más eficientes son aquellos con los que se consigue el objetivo propuesto sin afectar demasiado los otros objetivos.

    • Diseño de la estrategia e implementación. La estrategia analiza, con los instrumentos disponibles, si se podrán alcanzar los objetivos y en cuánto tiempo. En esta etapa lo fundamental es el direccionamiento, la intensidad y la secuencia, y la coordinación de las medidas. Schumpeter decía que como en la economía todo depende de todo, la habilidad de quien dirige la política económica es saber por dónde empezar. En cualquiera de las etapas señaladas, es necesario que el Estado funcione de manera eficiente, caso contrario habrá políticas públicas que no se podrán implementar por la falta de expertiz profesional y organización.

    En la estrategia intervienen todos los sectores de la economía y entran en juego todas las variables (objetivos, metas, restricciones, instrumentos). Debe asegurarse la coherencia, el orden de causalidad y la viabilidad. Esto posibilitará ganar credibilidad, que es fundamental para el éxito de la política económica.

    Quienes conducen deciden este proceso, porque además de la elaboración del programa, son quienes deben tener en cuenta la economía política, lo cual significa saber quiénes podrán ganar y quiénes perder, cuáles serán los costos inmediatos y/o futuros, quiénes apoyarán y quiénes se opondrán. ¿Cómo se dosifican las proporciones? ¿Cuál es el esfuerzo presente de cada sector para alcanzar un beneficio futuro? Qué tipo de ajuste se debe implementar: ¿gradualismo o shock? Cada uno tiene sus pros y contras y su elección dependerá del estado de la economía y del tipo de plan, las posibilidades políticas y las consideraciones sociales.

    Desde 1983 las políticas gradualistas fracasaron mientras que las dos veces que se aplicaron shocks (1989-91 y 2002) dieron resultados positivos en términos de sus objetivos. Por algún lado hay que empezar. Así como en 2002 el eje fue la formalización de la caída de la convertibilidad y sentar las bases del crecimiento, en estos tiempos debería ser la estabilidad de precios, porque con una inflación tan elevada es impensable plantearse crecer y reducir la pobreza sostenidamente.

    El programa debe estar preparado antes de asumir y evitar lo que algunos suelen decir: “hay que ganar las elecciones y después vemos qué hacer”, o los que vociferan sobre la muy mala herencia recibida, y cuando asumen, al no contar con un programa, empiezan a decir que “mejor es ir de a poco”, gradualmente, o “vamos viendo”, y al final, con muy pocas diferencias, terminan haciendo lo mismo que el gobierno precedente a quien criticaban.

    • Evaluar los resultados. Cuando no se alcanzan los objetivos habrá que revisar toda la estrategia. En la mayoría de los casos la falla se encuentra en el diseño del programa, en su ejecución y/o en la ausencia del imprescindible apoyo político. Pero, es frecuente y no es positivo para el país, que, para eludir la propia responsabilidad de los malos resultados, se busque siempre algún culpable “externo o exógeno”, algo que el gobierno no puede controlar.
    • Contacto con la población. Es fundamental informar a la población lo que se está haciendo y los resultados esperados porque esto ayuda a ganar credibilidad. Los diferentes medios de comunicación (privados y sociales) tienen un rol central porque es la manera de llegar a todas las personas; el contacto debe ser fluido, porque además de comunicar y explicar las medidas, se pueden conocer las preocupaciones de la gente. 

    Así como en 2002 el eje fue la formalización de la caída de la convertibilidad y sentar las bases del crecimiento, en estos tiempos debería ser la estabilidad de precios, porque con una inflación tan elevada es impensable plantearse crecer y reducir la pobreza sostenidamente

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    4. La necesidad de un acuerdo

    Si bien en muchas oportunidades se planteó un acuerdo para ordenar la macro y diseñar una estrategia de crecimiento, solo se logró en 1989/91 con Menem, quien acordó dentro del PJ y con la UCeDe, y a fines de 2001 cuando se acordó salir de la convertibilidad donde hubo un acuerdo entre Duhalde (PJ) y Alfonsín (UCR), e inmediatamente después con la CGT y los gobernadores.

    Cuando la situación es muy compleja y los instrumentos disponibles son limitados, un acuerdo entre las fuerzas políticas le permitiría al gobierno y a los sucesivos gobiernos implementar las medidas necesarias para estabilizar, crecer, reducir la pobreza y ganar credibilidad y gobernabilidad. Lo ideal es que todos los partidos políticos, sobre todo los que tienen aspiraciones de poder se sumen, porque ello permitirá   acelerar la salida y empezar más rápido a reducir la pobreza. Sin suficiente masa crítica, será más difícil hacer todo lo que legítimamente demanda la sociedad. Sin un amplio apoyo político y necesaria contención social, ningún programa económico, por más consistente y atractivo que sea, se podrá implementar.

    Si se decidiese asumirla, la tarea será difícil y conflictiva, porque hay que sincerar la realidad, adoptar medidas que pueden no ser “agradables” y sobrellevar el tiempo de espera hasta observar el cambio de tendencia y los resultados positivos. Además, habrá que hacer frente a las innumerables presiones porque todos querrán recuperar o ganar posiciones. Pero es necesaria para salir del retroceso, porque si se sigue haciendo lo mismo en un mundo que se expande, enfrenta el cambio climático y avanza tecnológicamente muy rápido, nos seguiremos empobreciendo. Habrá que afrontar costos, pero serán considerablemente menores a los de no cambiar y mantener el statu quo.

    El desafío no es sencillo, pero la grave situación del país justifica el intento. La Política es la que debe dar el primer paso porque ese es su rol y son los dirigentes políticos los únicos que tienen los mecanismos para hacerlo. Otros países, también en situaciones graves, lo hicieron y les permitió progresar. De cómo se asuma el desafío dependerá el futuro de la Argentina.


    [1] Para un análisis del comportamiento de la dirigencia política, ver JRL “115 días para desarmar la bomba”, Ariel, 2023.

    [2] Para su definición ver acápite 2.

    [3] Se considera el ahorro macroeconómico, que incluye los depósitos bancarios, el mercado de capitales y las disponibilidades de las empresas. Los datos muestran que el ahorro privado es razonable pero el problema es el desahorro público (déficit). Si para financiar el déficit fiscal aumentan los impuestos, disminuye la capacidad de ahorro privado.