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23 de agosto 2021

Gustavo Grazioli

DINÁMICA DE LO IMPENSADO

Tiempo de lectura: 6 minutos

Hace cincuenta años vino al mundo Silvio Velo. Nació ciego y con la pasión del fútbol. En su San Pedro natal, una ciudad de Buenos Aires que está a 170 km de la Capital Federal, que se destaca por ofrecer deportes náuticos, un festival de música country, la fiesta de la Ensaimada y una producción variada de frutos -en los que se lucen la naranja y el durazno-, dio sus primeros pasos con una pelota en los pies. Los partidos con familiares y amigos en el potrero cercano a su casa, inclinaron la balanza de sus deseos y el sueño de ser jugador de fútbol fue la gran meta de su vida.

“Le tuve que buscar la vuelta para poder jugarlo. En mi más temprana infancia con mis hermanos y mis amigos me mezclaba en el potrero. Armábamos canchita en cualquier lado: con piedras, buzos. A veces pasaban 20 minutos y no tocaba la pelota, obviamente no veía y estaba en desventaja. Pero eso no me importó. A mí me interesaba estar ahí y desarrollar la pasión que tenía dentro. Es algo que no podía manejar. Me encantaba escuchar la pelota”, cuenta el histórico capitán de la selección argentina de ciegos, sentado en uno de los bancos de suplentes del estadio nacional de fútbol “Los Murciélagos”, inaugurado en el año 2016 en el predio del CeNARD.  

Velo entendió que podía ser jugador de fútbol cuando escuchó la pelota con sonajero. El hallazgo fue a los diez años en el Instituto Román Rosell. Una institución ubicada al norte del Gran Buenos Aires, en San Isidro, que se dedica a trabajar por la integración de los niños, niñas, adolescentes y adultos con discapacidad visual. “Siempre digo que me fui a vivir solo a los diez años”, bromea, cuando recuerda el momento de su arribo a este lugar y agrega: “ahí descubrí que pibes que no veían también podían jugar al fútbol, pero con una pelota con sonido. Cuando la escuché por primera vez, dije esto es lo mío. Dependía de mí ser jugador o no”. 

En mi más temprana infancia con mis hermanos y mis amigos me mezclaba en el potrero. Armábamos canchita en cualquier lado: con piedras, buzos. A veces pasaban 20 minutos y no tocaba la pelota, obviamente no veía y estaba en desventaja. Pero eso no me importó

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Su trayectoria profesional se inició a sus 20 años. En 1991 un profesor que lo conocía del instituto vio cualidades en el tratamiento de la pelota y lo llamó a integrar el proyecto de Selección Nacional para ciegos que estaba llevando adelante. Entre los nombres que se barajaron para el equipo fue Velo quien disparó la ocurrencia de bautizarlo“Los Murciélagos”. Hoy la Selección es símbolo del deporte paralímpico y cuenta con logros destacados a nivel mundial. “El Messi de los ciegos”, como le dicen en la actualidad a Velo – antes Maradona de los ciegos – es capitán histórico de este equipo. La cinta se la puso ni bien se creó el seleccionado y no se la sacó más. Van 30 años y sigue al frente. “Cumplí el sueño de jugar al fútbol en la selección y que me dieran la cinta de capitán”, dice orgulloso.

Como referente de la Selección conquistó la Copa América en 1999 y 2005, los campeonatos mundiales 2002, 2006 y las medallas paralímpicas: plata en Atenas 2004 y bronce en Beijing 2008 y Río 2016. El desafío que se viene ahora es ir en busca de la medalla de oro en los Paralímpicos de Tokio que tienen fecha de inicio el martes 24 de agosto. Su cabeza está puesta ahí y para eso se prepara junto al resto del equipo, que de a poco va arribando al predio del CeNARD. “No se negocia el hecho de la entrega y tratar de llegar a ganarla. Hay equipo para creer y soñar”, dice con las expectativas puestas en traer el oro desde Japón. “Tenemos medalla de plata y de bronce. Nos falta la de oro. Para qué voy a querer una de bronce o de plata otra vez. Uno se prepara para lo mejor”, se detiene unos segundos, le dice algo a un compañero que se acerca y concluye: “mi objetivo a nivel personal es este más que nada. Quizás sean mis últimos juegos, así que sería ideal retirarme con el oro”.

Además de vestir la camiseta de Argentina, gran parte de su carrera la desempeñó defendiendo los colores de River Plate, luego pasó a Boca y ahora su futuro sigue en el Atlas paradeportes. Este club que milita en la C, anteúltima categoría profesional de fútbol AFA, es pionero en adherir al Pacto Global de Naciones Unidas. Cada año se propone cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) planteados para la Agenda 2030 y con Velo como máximo representante, la idea es visibilizar el fútbol para ciegos y el deporte para personas con discapacidad.

Entre los nombres que se barajaron para el equipo fue Velo quien disparó la ocurrencia de bautizarlo“Los Murciélagos”. Hoy la Selección es símbolo del deporte paralímpico y cuenta con logros destacados a nivel mundial

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Yo estoy al derecho… dado vuelta estás vos

En el curriculum de Velo lucen premios que lo han considerado mejor jugador del mundo y deportista destacado. También está el premio Clarín que ganó durante cuatro años consecutivos, el premio Konex y su elección como personaje del Bicentenario en el 2010. “Mi sueño era jugar al fútbol, lo que vino después considero que son regalos de Dios. Cosas lindas que me tocaron vivir. Lo que siempre quise fue jugar al fútbol, disfrutar con eso. Hoy tengo cincuenta años, pero entro a la cancha y sigo disfrutando como aquel nene que escuchó la pelota por primera vez y supo que ese era el camino”, confiesa.

Padre de siete hijos, la voz se le entrecorta cuando se refiere a su familia. Describe el apoyo incondicional de todos estos años y la alegría de sus padres al verlo crecer en lo suyo y recibir premios. “Mis viejos y mi familia han disfrutado muchísimo todo esto. A nivel personal también, a quién no le gusta ser el mejor en lo que hace, pero siempre lo pongo al servicio del equipo y creo que sirvió para fortalecer el desarrollo del deporte en general”, dice y revela que desde siempre lo alentaron en su sueño de querer jugar al fútbol. “Tanto mis padres, como la familia que formé con mi esposa, Claudia, y mis hijos, sabían que era un apasionado del fútbol”.

Y reflexiona: “Aparte de todos los logros que he tenido en lo deportivo, el principal es haber podido formar la familia que tengo. La familia es el sponsor número uno de todos nosotros. Son los que incondicionalmente te están apoyando, te vaya bien o mal. Ellos están siempre”.

Silvio Velo en el CeNARD (Gustavo Grazioli).

Respecto a los motes que lo vinculan con jugadores de la talla de Maradona o Messi, no se da por aludido. Ante la pregunta se sonríe, agradece y deja la responsabilidad a los periodistas que se encargaron de buscar los parecidos. “Que se arreglen ellos”, dice y sonríe. “Nunca me hice cargo de esas cosas. Es muy lindo que te comparen con el Diego. Que Dios lo tenga en la gloria…Se nos fue alguien muy importante. Es muy difícil de explicar con palabras lo que fue para nosotros, para mí. Y después que me comparen con Lio. Es algo muy lindo, no deja de ser un mimo. Traspasar dos generaciones es un orgullo”, asiente.

¿Llegaste a conocer a Maradona?

He tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve el honor de estar en la Noche del 10. El programa ese lo veía el mundo. La discapacidad todavía no estaba en la agenda de todos y él tuvo la generosidad de invitarme. Eso fue bisagra para nosotros como jugadores, porque nos empezaron a conocer mucho más. Fue muy valiosa esa exposición.

¿Cuál fue la primera sensación que tuviste cuando te enteraste de su muerte?

Fue cómo perder a un familiar. Era parte de todas las familias argentinas. Me acuerdo que estaba en la concentración y me enteré por un mensaje. Se me escapó un lagrimón. Se nos estaba yendo el señor fútbol, no era algo menor el acontecimiento. 

Los Murciélagos ya están listos para un nuevo entrenamiento de cara a Tokio. La medalla de oro es el objetivo. Velo va por la hazaña a sus cincuenta años. Un nuevo desafío en su lista, pero no el único. En enero del 2022 va intentar escalar el Aconcagua otra vez. La montaña más alta del continente americano. En 2018 lo intentó, junto a 10 atletas de máximo rendimiento olímpico (Paula Pareto, Fabricio Oberto, fueron algunos de los que participaron) pero no pudo. La travesía llegó hasta Plaza Cólera, 5970 metros sobre el nivel del mar. El cuerpo dio hasta ahí. Va por la revancha, quiere saltar su propia muralla y alcanzar la cima de 6.962 metros.“Vamos de nuevo, a ver si podemos llegar al techo de América”, dice y se despide.

La cancha de fútbol lo espera.

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