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DESHUMANIZADOS

Tiempo de lectura: 7 minutos

El incansable “Pepe” Di Paola dejó la parroquia San Juan Bosco hace poco. En una entrevista radial, semanas antes de instalarse en la localidad de La Banda (Santiago del Estero, “cruzando el Río Dulce”), dijo acerca del gobierno nacional: “es conocida desde antes mi opinión sobre este tema. Creo que las medidas que conocemos no son el camino que la gente precisa. Y creo que lo que la gente necesita es lo que nosotros, los Curas Villeros, dijimos antes de las elecciones, no después: una presencia firme, constante, seria e inteligente del Estado en los lugares donde más falta hace. Y también atención a los sectores más postergados, jubilados, la clase media baja -que cada vez está más baja-, la gente en situación de calle, los pequeños productores. Hay un montón de temas que pareciera que no entran en la agenda que se propone ahora. Una ley que tiene un montón de artículos no me parece que sea la forma adecuada para democráticamente trabajar”. San Luis no es otro país.

San Luis, dijimos. San Luis, Argentina. Clavado al medio del país entre Córdoba y Mendoza. Cuatro episodios en seis semanas. Uno: tras una pelea entre familias en un barrio del norte de la ciudad, un pibe de 24 años, Sergio, muere a los pocos días después de una brutal golpiza. Dos: se enfrentan dos familias en otro barrio obrero de la ciudad. Las imágenes y los videos de una casa incendiada y del desparrame de cascotes fueron furor durante días. El desenlace: un hombre muerto. Tres: trompadas encarnizadas en un colectivo entre el chofer y un pasajero, la madre intenta separarlos desesperadamente y a los gritos. El colectivero saca un cuchillo y encara. La madre del pasajero logra que la pelea no siga y que no tengamos que lamentar un muerto más. La gente en el colectivo filma la escena. Cuatro: una trabajadora municipal despedida se sube a una antena y amenaza con tirarse si no la reincorporan inmediatamente.

El rodriguezaaísmo no puede hacerse el boludo después de tantas décadas gobernando. La crisis no empezó con Poggi aunque Poggi la profundice

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La deshumanización cruda del día a día de la vida humana, de la vida en sociedad. En la calle, en la vereda, en el almacén, en el súper, en el trabajo, en el aula, en el colectivo, en las redes, en el barrio, en la cuadra, en la cola de decenas de personas en la salita del barrio para conseguir uno de los seis turnos que dan para odontología. Todos contra todos. Incluso a muerte. El que sea más fuerte que sobreviva, que se vaya haciendo solito el camino. El deterioro y la degradación permanente de las condiciones materiales de vida y existencia. El deterioro constante de las posibilidades y condiciones de un mínimo horizonte de felicidad, proyección y tranquilidad. El otro es la amenaza, no la condición de posibilidad. El otro es un problema. Trabajadores contra trabajadores, pobres contra pobres. El resultado es siempre el mismo: los pobres ponen los muertos. Nada de derrame de riquezas producto de la competencia. De manual básico de economía para iniciados. El abordaje de los problemas concretos que vive la gente laburante termina siendo siempre el mismo: policial, mediático, amarillo, morboso, espectacularizado.

Desfilarán por las cámaras los culpables y los protagonistas, insistirán amarillísticamente con la tristeza de los familiares, hablarán de “puertas giratorias” y pedirán más y más mano dura. Hablarán de la vuelta de gendarmería a la provincia. Tres episodios en los cuales lo permanentemente latente se manifiesta descarnadamente. Es imposible parar esa tormenta cuando se desata. La gente filmando en lugar de intervenir o pedir ayuda. La sociedad del espectáculo, los me gusta en las redes, las reproducciones, los comentarios, la cantidad de veces que se compartió. Comentarios ensañadísimos circulan en redes: “salvajes”, “negros de mierda”, “los mismos negros de siempre, seguro estaban chupados”, “paredón”, “bala”, “lacras”, “basta de delincuentes libres”, “pena máxima”, “pena de muerte”, “vagos y planeros”. Como si dijeran al igual que un personaje de Conrad: “transgresión, castigo, ¡pum! Sin piedad, sin piedad. Es la única manera. Eso va a prevenir cualquier conflagración en el futuro”. Hasta que… chau. A otra cosa. Scrolleo mediante. Scrollear es descartar, escribió Alexandra Kohan. Son feos, sucios y malos. Todo bien mientras no aparezcan. Crueldad con los débiles, odio, competencia a muerte y lógica binaria. Buenos y malos. Gente de bien y orcos. La guerra más terrible: la de pobres contra pobres. La presencia tan necesaria del Estado fue insuficiente todos estos años. Ni firme, ni constante, ni seria, ni inteligente. El rodriguezaaísmo no puede hacerse el boludo después de tantas décadas gobernando. La crisis no empezó con Poggi aunque Poggi la profundice.

Crímenes de Estado, crímenes sociales. No tragedias. Ya lo dijo Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra. Las tragedias son inevitables. Si todos somos culpables, entonces nadie lo es. Victimarios superficiales como fusibles, como síntomas. Los responsables reales impunes. Libertad para morir de hambre, libertad para vivir al día. La vida termina siendo una lucha al palo, trabajadores contra trabajadores, por un puesto de trabajo, un asiento en el colectivo, un lugar en la cola del almacén, una bolsa de carne molida o un paquete de fideos en oferta. Estado presente, pero indiferente, corriendo detrás como casi siempre. El corset progre sigue siendo lo que es: un corset. San Luis no es otro país: barrios con miles de necesidades, falta de trabajo y oportunidades, inseguridad, crecimiento de la pobreza, comedores y merenderos que no dan abasto, aumento de la violencia social, angustia del día a día, desigualdad, indigencia, exclusión. Pibes que no aprenden porque tienen hambre. Pibes que terminan la escuela pudiendo leer y escribir, pero que no pueden entender lo que leen. Universidades e institutos de formación docente que son máquinas de expulsar a gente de barrio que quiere estudiar. La libertad no avanza: avanza la ley de la selva. En el pisarnos la cabeza no hay lugar para los débiles.

Comida hay. Tierra hay. Piedra y madera hay. Agua hay. Mano de obra hay. Plata hay. Lo que no hay es la humanidad necesaria para organizar y distribuir los recursos de manera justa

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Juan Grabois escribió hace poco: “el hambre y la exclusión son el fermento de los procesos de deshumanización que inevitablemente terminan en violencia que nos afecta a todos. Violencia familiar, violencia urbana, violencia social. La miseria provoca violencia, la violencia provoca miedo y el miedo socava toda libertad personal”. La crueldad social como discurso estatizado, los juegos del hambre. Los responsables reales nunca pondrán la caripela. Ignacio Daminato, sacerdote de las parroquias sanluiseñas de San Roque y Medalla Milagrosa, explicó la situación de un merendero-comedor provincial a una radio local: “lo que uno percibe es lo que vemos todos los argentinos en el día a día: el precio de los alimentos, familias que no llegan a fin de mes. En la parroquia entregamos todos los meses 190 bolsones de mercadería y tenemos un merendero parroquial al que asisten 30 chicos -donde también brindamos apoyo escolar-. Pero son cada vez más las personas que tocan timbre en la casa parroquial pidiendo algo para comer, algo de mercadería, lo que sea. Cada quince minutos. Es sorprendente ver que viene gente que siempre ha sido de trabajo, pero que no le alcanza. Muchas familias vienen faltando una o dos semanas para que termine el mes, se nota que se les hace imposible llegar. Es preocupante y nos tiene que preocupar a todos. Queremos volver a abrir el comedor los sábados, pero se hace muy difícil. El merendero va a seguir funcionando todos los días”.

Sordo como una tapia, el Poder sentado en el trono del Estado no escucha -o no quiere escuchar-. La relación inequidad-desigualdad-pobreza-violencia se ha desentramado hace mucho tiempo ya. La ONU y el sociólogo recién recibido, el Vaticano y el comedor comunitario, todos lo saben y lo predican: la injusticia económica y material genera violencia. La maldad que se inocula desde arriba en forma de injusticia se expresa en violencia abajo. Es un virus, un veneno, que tiene consecuencias en la piel, en la carne de los menos protegidos. Pero también es cierto lo siguiente: para los medios de comunicación hay violencia de civilización y violencia de barbarie. Dentro de los countrys más exclusivos del país también hay violencia -y mucha, aunque no se trata de la violencia generada por la injusticia económica y material-, pero el blindaje mediático sólo arrojará al aire los casos imposibles de contener. No hay problema. Con el tiempo esos casos pueden vender los derechos a una productora y hacer una peli para ver el domingo en Netflix.

Si en nuestro país hay escasez, es porque hay injusticia e inequidad. No hay otra razón. Comida hay. Tierra hay. Piedra y madera hay. Agua hay. Mano de obra hay. Plata hay. Lo que no hay es la humanidad necesaria para organizar y distribuir los recursos de manera justa y equitativa. Por lo tanto, lo que hay, aparte de recursos materiales y humanos, es maldad. El sucesor de Pedro lo dejó escrito en piedra en 2013: “así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social…Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas”. El Padre Pepe lo sabe bien: lo escrito en piedra camina en la tierra.

En el pisarnos la cabeza no hay lugar para los débiles

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Hacia septiembre de 2023, poco antes de las elecciones presidenciales, un estudio privado, divulgado por uno de los diarios más importantes del país, informaba que durante el decenio 2013-2023, el poder adquisitivo de la clase más baja (expresado en dólares) se había deteriorado en un 81%. De septiembre de 2023 a enero de 2024 la inflación intermensual acumulada es de aproximadamente el 80% y una devaluación de más del 50% representando un salto hacia abajo con aún más brutalidad. Números brutales. Brutalidad consentida. Brutalidad que desespera, que desanima, que caldea el ambiente, que violenta y nos pone violentos. Brutalidad que arranca la comida de la boca los comedores de Santa Fe; que se pasea en camionetas sin patentes para arrestar a manifestantes durante la noche en Jujuy; que dispara balas de goma a los ojos de abogados en Plaza de Mayo; que anima a armar escuadrones armados parapoliciales para atacar al que pone palos en la rueda del mercado libre en el país.

Cierto poder político- económico planifica el destino de los pueblos jugando a la tabla ouija y abre puertas que no se deberían abrir. Se abre paso a fuerzas que no quisiéramos que estén, pero se hacen presentes en este presente. Se manifiesta un perro del inframundo que ha probado sangre, y que ahora quiere más. Se lanzan gemidos llamando la guerra del pueblo contra el pueblo. Habrá quienes respondan al llamado. Habrá quienes harán lo que puedan para sobrevivir. Y habrá quienes abran los ventanales de la historia para que el sol de la justicia disipe todo rastro de violencia entre hermanos.

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