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11 de mayo 2024

Jorge Vargas

Coordinador de un proyecto de recopilación histórica de la Villa 31, ex vecino hasta 1978, militante de la Juventud Peronista en los 70.

CARLOS MUGICA: MEMORIAS DESDE PAISAJES Y TIEMPOS VILLEROS DE LA 31

Tiempo de lectura: 16 minutos

La historia de la Villa 31 está ligada indisolublemente a la vida y trayectoria del Padre Carlos Mugica, tal es así que en la actualidad la villa lleva su nombre. Este mes se cumplen 50 años de su asesinato en la fría y lluviosa noche otoñal en el barrio de Mataderos, el 11 de mayo de 1974 Carlos Mugica fue acribillado por un comando parapolicial.

El año 1974 también marca el inicio de la etapa más dura y violenta de la historia de la 31, es el tiempo que preludia una casi total erradicación, fue un proceso que duró seis años, hasta 1979, el cuarto año de gobierno de la dictadura militar. Existen varios paralelos entre las historias de Carlos Mugica y la Villa 31, ambas no se caracterizan por un devenir regular y lineal.

El actual Barrio Padre Carlos Mugica es una entidad urbana cercana a cumplir un siglo de permanencia a metros de la ribera y el centro porteño. Fue en los años iniciales de la llamada Década Infame, 1932, cuando se levantó el primer asentamiento llamado Villa Desocupación. Tres décadas después, en los sesenta, cuando Mugica multiplica y profundiza su compromiso como sacerdote y su vocación social y política, dos dimensiones centrales de su vida y accionar: materializadas como sacerdote en la Villa 31 y la identidad política peronista. Es recurrente la desideologización de Mugica en algunas interpretaciones, relatos o registros sobre su vida, cuando fue un actor político central de su tiempo, distante del paternalismo del “cura que ayudaba a los pobres”. Sus posiciones sobre el sentido de la presencia en las villas, en las luchas sociales y políticas de su tiempo, figuran en innumerables reportajes, escritos y hasta libros propios como “Peronismo y cristianismo”. En sus recorridos iniciales por la villa, habitualmente era acompañado por militantes de la resistencia peronista, tanto villeros como quienes iban a militar en las calles y casas de la 31 de entonces. Recordemos que fueron años en los que el peronismo estaba proscripto. Tampoco era un personaje conocido, como sí lo fue posteriormente, en los años setenta.  

Mediados de los años sesenta es un tiempo que coincide con la conformación definitiva de los seis barrios que conformaban la Villa 31: Barrio de Inmigrantes Italianos, Martin Güemes, YPF, Comunicaciones, Laprida y Saldías. Cada comunidad se presentaba como barrio, a manera de objetivo y cambio social a lograr. La de la 31 es una historia de resistencias, de no someterse a todas las formas de violencia que les fueron aplicadas: las económicas, sociales, las directas y cotidianas de la violencia policial hasta la sistemática violencia estatal en los años del Terrorismo de Estado, tiempo que condujo a que su población, 50.000 habitantes distribuidos en los seis barrios de entonces, al llegar al inicio de la década del ochenta fuera reducida a tan solo unos centenares de personas habitando entre escombros y yuyos, sin servicio alguno. Cuatro décadas después, la Villa 31 suma trece barrios internos y alrededor de sesenta mil habitantes.

La vida de Carlos Mugica tampoco expone un devenir regular y cómodo que fuese afín a su origen de clase, el de las privilegiadas de la sociedad argentina. Como signo de su generación y la siguiente, cruzó esos límites a partir de la decidida asunción del compromiso religioso, social e ideológico de su tiempo, con la consiguiente entrega en los ideales para la construcción de una nueva sociedad con justicia en el presente terrenal, cambio basado centralmente en la construcción de un Hombre Nuevo. En aquellos años ese ideal se veía cercano, posible, ideal que tenía a la clase obrera como actor social fundante. Por tal razón, el objetivo de las villas era transformarse en barrios obreros, no se utilizaba el término actual “urbanización”, como corolario de este proceso.

Es conocido que Carlos Mugica era hincha del Racing Club. Uno de los hijos de los López, Horacio, recuerda que “cuando el club de la villa logró tener una sede social, Mugica consiguió que los padrinos del club fueran nada menos que Roberto Perfumo y su señora Mónica”

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En el caso de esta historia, también relacionado al centralismo de los trabajadores en esa construcción colectiva, resulta revelador considerar los nombres de dos capillas en el tiempo de Carlos Mugica en la villa. En dos de los barrios pudo construir dos capillas, las que a su vez representan dos etapas de sus años villeros.

La primera capilla fue llamada “Nuestra Señora del Puerto” en el Barrio YPF, la segunda “Cristo Obrero” en el Barrio Comunicaciones, nombres que expresan relaciones directas con el mundo del trabajador. Desde los años 50, el puerto fue una importante usina de trabajo para los habitantes de la Villa 31, no sólo como fuente de trabajo, también sumando expresiones de la cultura portuaria, con un modo de vida que, aun cuando duro y hasta riesgoso, fueron trasladando expresiones y formas de relación social de la ribera a la vida cotidiana en la villa. Esta capilla se corresponde con esa primera etapa de Carlos Mugica en la Villa 31, en el Barrio YPF, 1961 a 1967, casi ignorada en los relatos sobre la vida de Mugica, salvo referencias fugaces. 

Cristo Obrero, un Cristo trabajador, popular, es el nombre que se le confiere a la segunda capilla construida por las manos y esfuerzos vecinales en la Villa 31. Su construcción se realiza entre 1969 y 1970, corresponde al segundo periodo de Carlos Mugica en la 31, esta vez en el Barrio Comunicaciones, ubicado en el centro geográfico de una extensa villa de tres kilómetros de largo, de modo continuo desde Retiro hasta la calle Salguero.

La elección del nombre “Cristo Obrero” en un aspecto explicita esa relación entre aquellos movimientos de cambio revolucionarios de la época, entre los cuales estaban las de amplios sectores de la Iglesia Católica. Uno de los antecedentes es, desde 1940, el de los curas obreros en Francia, experiencia después extendida a España. Señalar que las villas están habitadas por trabajadores y trabajadoras no contiene ninguna revelación, las lecturas sociológicas directas y perspicaces de Mugica les confiere esos nombres a sus dos capillas, nombres antes terrenales que celestiales.

Esta primera etapa de Carlos en la villa es casi desconocida o fugaz en cuanto a relatos o investigaciones. La segunda, en cambio, resulta la de mayor difusión, ampliamente registrada. Un Carlos Mugica diríase “mediático”, en la actual terminología, con registros y reportajes que son la base de datos y hechos de lo que podemos denominar como la “historia oficial de Carlos Mugica”, sobre todo de los años de su segundo periodo en la Villa 31, desde 1970 hasta 1974. En este artículo se trata de aportar otros matices desde los tiempos y paisajes villeros, aun cuando solo sean breves pinceladas, realizar un aporte desde una perspectiva local, es decir desde las memorias tanto del habitante villero, en el sentido de quien testimonia y reflexiona en estas páginas fue testigo y partícipe de aquellos años en tanto vecino de la villa desde la niñez y juventud en aquellos años sesenta y setenta, hasta haber sido uno de los miles de erradicados.

Pero no es un aporte de la memoria individual, es resultado fundamental de testimonios recopilados desde ejercicios de memoria colectiva. Desde hace diez años está en curso la tarea grupal de intentar reconstruir la historia de los años cincuenta, sesenta y setenta en la villa, tanto la de militantes y dirigentes como de la vida cotidiana, a partir de encuentros y contactos de ex vecinos y vecinas, es decir las generaciones que fueron erradicadas en la segunda mitad de los años setenta. 

Hasta el momento, esta experiencia también presenta dos etapas. Primero nucleados como “Espacio Memoria de Retiro”, sobre todo para el armado del archivo propio sobre aquellos militantes y vecinos víctimas de la represión parapolicial y del Terrorismo de Estado. La segunda es “Históricos de Retiro”, haciendo memoria y registro desde los testimonios de quienes vivieron en la villa, rescatando la vida cotidiana y la riqueza cultural de aquel periodo de la historia de la Villa 31.

Los ejemplos de la primera etapa de este artículo pudieron ser reconstruidos a partir del aporte de vecinos y vecinas que aún recuerdan su amistad y relación con Carlos Mugica, aunque, dado el paso del tiempo, quedan muy pocos. Son las fuentes del periodo de 1961 a 1967 de Carlos Mugica en los barrios YPF y Martín Güemes.

Para la segunda etapa el aporte del artículo proviene de haber visto el documental alemán “En Pascua no habrá milagros”, que en esta misma publicación presenta Facundo Di Filippo, filmado en la segunda mitad del año 1973 por la televisión alemana de la RDA, República Democrática Alemana, antes de la reunificación de ese país. El documental, un registro desde el mundo socialista antes de la caída del Muro de Berlín, permite visualizar personas y actividades que sólo es posible reconocer por quienes estuvieron en la villa en ese período. En ese sentido el trabajo de archivo de Espacio Memoria de Retiro permite clarificar elementos, organizaciones y momentos del material audiovisual.

Señalar por ejemplo que ese audiovisual registra el tiempo inmediato previo al inicio de la erradicación, iniciada en febrero de 1974, donde se muestra a un Carlos Mugica como sacerdote y también como activista en sus consultas con José Valenzuela, presidente de la comisión vecinal de ese barrio.

Era habitual que, durante la semana en uno de sus recorridos por la villa, pasara por la casa de los López, se asomara y preguntara; “María, vengo el domingo ¿qué traigo?”. Entonces doña María le respondía pícaramente: “y traete un vinito para acompañar”

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Primera etapa, Nuestra Señora del Puerto, Barrio YPF

Carlos Mugica fue enviado como vicario ayudante de la escuela Paulina Mallinckrodt, en el Barrio YPF. Los primeros años tuvo que oficiar las ceremonias religiosas en el patio de la escuela. Luego fue erigida la capilla entre la escuela y la avenida Ramón Castillo, la que bordea el puerto de la ciudad. A la capilla le fue dado el nombre de “Nuestra Señora del Puerto”, nombre dado no tan solo porque la capilla se ubicará a metros de las dársenas portuarias. Como característica central de aquella etapa de su historia, la 31 estaba poblada por un buen número de vecinos de los seis barrios que trabajaban en el puerto. En el presente la relación es distinta. Para los vecinos actuales el puerto es un espacio cerrado, casi infranqueable, distante pese a su cercanía. Lo opuesto fue en los años 50, 60 y 70: el puerto era como una extensión de la villa. No solo por la gran cantidad de obreros portuarios que moraban en sus barrios, también por ser de acceso cotidiano para uso recreativo, de paseo, etc. Incluso en un sentido fue una especie de hinterland de la Villa 31, tal la relación geográfica y social. Los barrios que tenían mayor cantidad de obreros portuarios eran Güemes e YPF, los más cercanos a las dársenas donde anclaban los barcos de carga. Llegar al trabajo en las dársenas era cuestión de solo caminar unos cientos de metros.

Carlos Mugica sin duda percibió ese “dato” de la Villa de Retiro. Así, la elección del nombre para la capilla de Nuestra Señora del Puerto cobra un sentido mayor, lógico en el sentido de los valores sociales y religiosos que Carlos venía asumiendo y desarrollando junto al pueblo trabajador, en este caso los laburantes que habitaban la 31.

La efusividad del Pichi martinez, su monaguillo, sacristán, secretario en la villa, un personaje.

Una característica de Mugica era recorrer la villa en grupo, generalmente personas que iban a colaborar con él a la villa. Podemos citar dos nombres luego conocidos: Lucía Cullen que ya lo acompañaba en esos años, Fernando Galmarini del peronismo.Desde sus primeros días en la 31, a manera de socializar con las familias, Mugica fue entablando diferentes niveles de amistad con algunas de ellas. Con relación a las familias podemos compartir la que tuvo con tres de ellas.

Los López fueron una de las primeras familias, arribada a Retiro a fines de los cincuenta, oriundos del norte santafesino. El matrimonio compuesto por don Rosario y doña María fue uno de aquellos en los cuales Carlos Mugica iría tejiendo relaciones de afecto y pertenencia mutua desde el cariño y el respeto compartidos. Era habitual que, durante la semana en uno de sus recorridos por la villa, pasara por la casa de los López, se asomara y preguntara; “María, vengo el domingo ¿qué traigo?”. Entonces doña María le respondía pícaramente: “y traete un vinito para acompañar”. Carlos entonces pasaba los domingos para compartir la comida casera de doña María López. No iba solo, habitualmente lo hacía acompañado. Resultado de estas visitas y amistades, Lucía Cullen, por ejemplo, fue madrina de bautismo de Teresa, una de las hijas del matrimonio. También la sabiduría culinaria de doña María comenzó a ser degustada en la mesa de la familia de Mugica al ser contratada como cocinera.

Los Triay fue una familia cordobesa con la cual entabló una relación de afecto y familiaridad antes que la del militante que busca adeptos, o la del religioso que trata de convertir. Según nos compartía Cacho Triay, hijo del matrimonio de doña Mafalda y don Oscar: “era casi una fija que Carlos pasara por casa los jueves a la tardecita. Mi madre preparaba unas milanesas, compartían la mesa y el vino, luego, como los jueves era día de estreno de alguna película en la calle Lavalle, los tres marchaban al centro al cine elegido, diría como chicos a entretenerse. Imagino cómo se divertían, los tres eran de muy buen humor”.  

En las dinámicas sociales al interior de las villas, resulta ilustrativo considerar varios factores. Lo comunitario es uno, central, constitutivo de la sociabilidad en las villas. Las formas de relación en lo cotidiano son más numerosas e intensas, tanto para los individuos como para las familias. Sin duda Carlos Mugica percibió estas dinámicas, además de que, dada su personalidad, fuera casi natural integrarse a ellas. Este compartir comidas y momentos con las familias puede considerarse como comuniones laicas, es decir, compartir la comida y la bebida en las mesas familiares, a manera de la ostia y el vino sagrado cuando oficiaba misa en la capilla. Esta forma de caminar y socializar en la villa fue una constante en sus años en la 31, en ambas etapas.

José Valenzuela, Carlos Mugica y dos vecinos.

Otra familia con la que entabló relaciones y afectos constantes fue con la de doña Ángela Suárez, una fornida cordobesa que criaba sola a sus hijos e hijas. En este caso la familia estaba más ligada al accionar de la resistencia peronista en la villa. Doña Ángela supo tener un pequeño almacén y a la vez una unidad básica en su casa, construida en una zona de la villa de tierras bajas y rodeada de frondosos eucaliptus. Cuenta uno de sus hijos, Pancho Suárez, que durante la huelga portuaria de 1966, perdió casi toda su mercadería. Pues doña Ángela las iba destinando como apoyo para las ollas populares que se hicieron en el Barrio Martín Güemes. Años después una de sus hijas sería una importante dirigente de la Juventud Peronista Villera, conocida como la Negra Zulema…

A su vez, estas familias desarrollaron otro vínculo común: la de ser actores dinámicos del Club Social y Deportivo “Juventud Unida del Barrio YPF”, la que posiblemente fue la institución social más dinámica de ese barrio. Carlos Mugica también supo realizar un aporte de su estilo. Además de ser habitual que jugara al fútbol con los muchachos del club, conocidos como “Los pinchas”. Otra ex vecina, Marta Bazán, también comparte que “recuerdo que en esos años se formó el equipo Triangulo Rojo en el cual jugó Carlitos Mugica, el cura rubio. Los partidos se jugaban en la cancha de Güemes donde concurrían casi todas las familias del barrio.” Anotemos que Marta fue una militante que tiene a su compañero Tomás Bibiani como desaparecido. Fue secuestrado en Villa Soldati en abril del año 76.

La primera capilla fue llamada “Nuestra Señora del Puerto” en el Barrio YPF, la segunda “Cristo Obrero” en el Barrio Comunicaciones, nombres que expresan relaciones directas con el mundo del trabajador

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Es conocido que Carlos Mugica era hincha del Racing Club. Uno de los hijos de los López, Horacio, recuerda que “cuando el club de la villa logró tener una sede social, Mugica consiguió que los padrinos del club fueran nada menos que Roberto Perfumo y su señora Mónica”. Al matrimonio del conocido defensor se sumaría Martin Pando, futbolista que tuvo como clubes a Lanús y a River Plate.

Viaje a Europa, sin capilla al volver 

A fines del año 1967 decide viajar a Europa. Antes pasa por Bolivia para mediar por la entrega de los restos del Che Guevara, asesinado en el oriente boliviano el 7 de octubre de ese año. Sin respuesta positiva continúa hacia Francia siendo testigo de la revuelta estudiantil y obrera del Mayo Francés de 1968. A impulso de su pasión futbolera también viajó a Escocia para ver la final de Racing y Celtic.

Cuando retorna al país, en octubre de 1968, decidido a continuar con su labor pastoral y social en la Villa 31 se encuentra que había sido desplazado de la capellanía de la escuela y la capilla debido a sus posturas ideológicas. Índice de ello fue ser reemplazado por el Padre Julio Triviño, sacerdote preconciliar y capellán castrense. O sea, en las antípodas ideológicas que Carlos Mugica venía asumiendo, en el marco de las nuevas expresiones y movimientos en la iglesia.

Pese a esta situación, Carlos Mugica decidió continuar su actividad pastoral y social en la Villa de Retiro. Hubo un intento de seguir haciéndolo en otra zona del Barrio YPF. No prosperó. Entonces surgió la alternativa de instalarse en otro de los barrios de la Villa 31: el Barrio Comunicaciones, aun cuando tenía varias responsabilidades en curso. Dada la extensión de la 31, alrededor de tres kilómetros de largo, puede decirse que pasó de Recoleta al barrio de Palermo, pues la nueva capilla pertenece a la jurisdicción de ese barrio. Los sacerdotes asuncionistas de la parroquia San Martín de Tours delegaron en Carlos la tarea de construir una capilla en el Barrio Comunicaciones. Con buena ayuda económica de su hermano Alejandro, y mano de obra de los vecinos -muchos de los cuales trabajaban en la industria de la construcción- construyeron la capilla a la que le dieron el nombre de “Cristo Obrero”.

Acto del 19 de junio de 1973, frente a la capilla, antes de partir a Ezeiza al Puente 12. A la izquierda está Solano Lima.

Segunda etapa: Barrio Comunicaciones, Cristo Obrero

En los inicios de los setenta, Carlos Mugica ya era un mediático de la época en tanto era solicitado para reportajes y entrevistas por los medios masivos, sobre todo el televisivo. En el plano político la sociedad argentina ingresa en una etapa más intensa, de avance de los sectores populares. En 1972 retorna el General Perón luego de dieciocho años de exilio. En marzo de 1973 el peronismo gana las elecciones y asume el gobierno el 25 de mayo. Mugica estuvo presente en la plaza acompañado por los vecinos de la villa. 

En el documental alemán, el clima político de la época está presente de modo implícito. El factor político y organizativo de la villa también está presente de modo implícito. Aun cuando se repite un tic habitual de registrar escenas de mayor marginalidad y pobreza, esta dimensión política, en tanto factor positivo, presente en el documental, puede ser complementada desde lo testimonial de sus vecinos. En las décadas de formación poblacional de la Villa 31, el peronismo, sus expresiones y estados (proscripción, resistencia, gobierno) tuvo un fuerte arraigo en la población villera de Retiro. De hecho, se observan retratos de Perón en algunas viviendas, como un cartel de propaganda de la fórmula Perón – Isabelita, su última esposa. También señalar que ese año 1973 la villa y Carlos Mugica recibieron las visitas del reciente presidente electo, Héctor J. Cámpora, incluso del mismo General Perón. También puede añadirse el acto del 19 de junio en las puertas de la capilla, en los momentos previos a la partida de las multitudes hacia Ezeiza, en el regreso definitivo del Gral. Perón. Esa noche se realizó un acto que contó con la presencia del vicepresidente de la nación, Vicente Solano Lima, flanqueado por Carlos Mugica, la Juventud Peronista y vecinos.

En otra secuencia se observa a Mugica luego de la misa dialogando con Valenzuela sobre alguna cuestión vecinal a resolver. Luego Valenzuela recorre el barrio flanqueado por un grupo de jóvenes. Estos eran parte de la JP, Juventud Peronista, algunos nombres de los que aparecen: Calatayud, Gastón, María Rosa, Ondina. Las dos últimas también se observan en la asamblea vecinal, donde también llega el abogado Héctor Sobel, colaborador de ambas organizaciones: las de Valenzuela y las de Mugica en su tarea social en la 31. Héctor Sobel es secuestrado y desaparecido el 30 de abril de 1976 al salir de su oficina en el centro porteño.

Otro caso es el de Daniel Biagini, quien, militando en la villa, se quedó a vivir ahí, se enamoró y formó pareja con una vecina. Biagini, militante del peronismo, también provenía de una familia de clase media alta

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En esa secuencia de la asamblea vecinal también se observa a un Carlos Mugica distendido, sonriente, mirando la asamblea desde fuera, por una ventana, acompañado de Nicolás y el “Pichi” Martínez, vecino quien fuera su único monaguillo, sacristán y colaborador en la capilla “Cristo Obrero”. Se diría que el trío está jugueteando. Eran momentos habituales de Carlos Mugica luego de haber terminado con las responsabilidades del día. Carlos se quedaba en la villa como uno más.

Nicolás vivía en la casa adyacente a la capilla, lo había llevado Carlos Mugica, también su amigo. Nicolás fue otro testigo de la noche del asesinato de Mugica, no aparece en las crónicas. La carta de María del Carmen Artero, parte del grupo en Retiro, militante sindical, montonera, que fuera secuestrada el 11 de octubre de 1978, lo nombra en la carta:

El 8 de mayo Nicolás se peleó con Roberto (el odiado Roberto, ¿te acordás?) Estaban Carlos, Roberto, Pichi Martínez y Nicolás en el teatro San Martín, se pelearon Roberto y Nicolás, consecuencia, Nicolás se mandó a mudar de la villa. Estuvo yirando el día 9 y el 10 me llamó a la oficina. (Roberto era encargado de la proveeduría y la economía de la capilla): Llegamos a la iglesia y Ricardo y Nicolás se quedaron en el coche. Yo tuve el privilegio de oírlo por última vez, de recibir la comunión de sus manos, luego me recordaría cada gesto de esa tarde. Cuando terminó la misa salí a buscar a Ricardo para que habláramos con Carlos por Nicolás.”

En el documental aparecen estos rostros, excepto María del Carmen, queda la tarea de sistematizar esos datos y registros. Otro caso es el de Daniel Biagini, quien, militando en la villa, se quedó a vivir ahí, se enamoró y formó pareja con una vecina. Biagini, militante del peronismo, también provenía de una familia de clase media alta. En el documental se lo observa fugazmente al momento del retiro de las fuerzas policiales luego de una razzia, como en la asamblea vecinal sentado al lado de Valenzuela. Biagini no solo fue un militante que decidió vivir en la villa, también cuando en 1975 la erradicación y la represión se intensificaron, José Valenzuela fue obligado a salir de la villa por los mismos compañeros y vecinos, para salvaguardar su vida. En ese tiempo ya violento, Daniel Biagini asumió la presidencia de la comisión vecinal. De Daniel Biagini bien podemos afirmar que fue el último presidente de la comisión vecinal de ese barrio. En ese tiempo de violencia represiva y criminal, otro miembro de la comisión fue secuestrado y desaparecido: el vecino Francisco Torres. El 11 de mayo de 1976 una patota policial irrumpe en su casa ubicada al borde de la cancha detrás de la capilla. Como Valenzuela en su momento él no se quiso ir de la villa, fue sacado de su casa, sus restos fueron encontrados en el año 2010 en una fosa común en el cementerio de Avellaneda.

Tanto Carlos Mugica como José Valenzuela tenían sus propios grupos de trabajo vecinal. Carlos Mugica desde la capilla, no solo de catequistas y colaboradores, abrían una proveeduría que suministraba alimentos gratuitos o a precios muy módicos según como fueran conseguidos los alimentos. También un grupo de abogados que colaboraban con el barrio y sus problemas.

En el caso de José Valenzuela, además de estar al frente de la comisión vecinal, fue presidente de la Junta de Delegados, el organismo que nucleaba a los presidentes y delegados de las seis barrios que conformaban la 31 de entonces, villa que tenía un nombre que también es necesario recordar como impronta de identidad política: en ese tiempo el nombre oficial, elegido por vecinos y organizaciones de Retiro era “Zona Eva Perón”. Además, Valenzuela fue presidente del Movimiento Villero Peronista (MVP), organización que formaba parte de los frentes políticos de la organización Montoneros. En Retiro el responsable fue Rodolfo Walsh hasta los meses posteriores al asesinato de Carlos Mugica, tiempo en que, por la represión y la erradicación en curso, las organizaciones comenzaron a desmembrarse, también la Juventud Peronista, que tenía su representación en cada uno de los barrios de la 31.

Estas solo son pinceladas de la memoria y el registro colectivo realizado en los últimos años por ex villeros que posibilitan la memoria de los primeros años de Mugica en Retiro y posibilitar una visión más amplia y comprensiva del documental alemán, que registra a Carlos Mugica en los meses previos a su asesinato. Fue un tiempo de optimismo colectivo, tanto de Carlos como de los villeros. Pocas semanas antes José Valenzuela y otros dirigentes habían presentado el primer proyecto de viviendas propio, elaborado por un equipo técnico de la JTP (Juventud Trabajadora Peronista) junto con arquitectos que militaban en Retiro. A la vez, Mugica pregonaba, o bien puede decirse que predicaba, que las viviendas debían ser construidas por cooperativas y manos villeras. Es decir: obreras.

Dos historias que continúan siendo ejemplos vigentes y esperanzadores en las luchas por una sociedad con justicia, historias que se interpelan y fortalecen mutuamente: la de la Villa 31 y el Padre Carlos Mugica.

Daniel Biagini, tomado del documental en el momento de la razzia.

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