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27 de agosto 2022

Juan Di Loreto

CABALLO DE CARTÓN

Tiempo de lectura: 3 minutos

Estos tiempos exigen cierta liviandad, un aire distraído para recorrer la vida. Pero la realidad no se puede poner en pausa. Es una cosa que fluye, que no podés parar, como el tiempo. Ya estás sentado en el bar, es sábado por la mañana. El único refugio que te dejaron. Ni pedís el diario, hojeas el teléfono: noticias, columnas, las últimas intensidades del país y el mundo y, cuando querés acordar, estás en Twitter. Viene el mozo: “Café con dos de azúcar y croissant…”, le cantás, pero como es un mozo demasiado joven no reconoce Caballo de cartón. Pedís un café con leche y una medialuna de manteca. Más argentino imposible.

Nunca pasa nada los sábados a la mañana. A la tarde por ahí se despelota todo, pero a la mañana se trabaja, hay actividades de padres y madres, limpieza, compras, la “cosa sana” de los que todavía son de clase media. Tal vez es un lugar del centro, de esos en que podés cantar: “En un café, se vieron por casualidad…”. Y sí, pasa el muchacho vendiendo pañuelos descartables pero nadie le hace una canción. Se te ocurre lo obvio: “11 y 6” y “Chiquilín de Bachín” son canciones vecinas, temática y topográficamente. “El boliche de Bachín” es un recuerdo derrumbado bajo el complejo La Plaza. La miseria de la gran ciudad convierte en multitud a los que venden por las mesas y a los que duermen en las ochavas. El centro, que no queda en el centro, ya no tiene ninguna magia. Es apenas el teatro donde se escenifica la crisis permanente del país.

Nunca pasa nada los sábados a la mañana. A la tarde por ahí se despelota todo, pero a la mañana se trabaja, hay actividades de padres y madres, limpieza, compras, la “cosa sana” de los que todavía son de clase media

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Se te da por pensar que los cafés y los bares son un poco el alma metafísica de las ciudades. Ahí tenemos la expectativa que algo puede pasar o algo se puede pensar o charlar. El café vive en el tango, como el alcohol y la poesía triste. Buenos Aires, café y tango. Esa música no ha sido reemplazada. Está unida a esta ciudad, como la genialidad y la miseria que nunca terminaron de abandonarla. Seguís ahí, mirando la nada por la ventana y la mañana ya se extingue. Ya se fue. Pasó y vos pasaste también. Pero volvés al sábado a la mañana como si volvieras a Buenos Aires. Estos días escuchaste demasiado a Eladia Blázquez. Te queda la idea de que una vez que entrás en el callejón ese que suena como un tango no salís más. Te convertiste en porteño. Era el tic que te faltaba.

Ahora sos un sentimiento triste que camina por ahí. Vas pensando que probablemente el tango haya perdurado porque nació acá, en la humedad inmensa de Buenos Aires, en la ciudad que todavía tenía orilla, río, guapitos y mucho arrabal. Hoy, con un centro devastado, solitario e inquietante, las milongas se fueron a cada barrio y los poetas se las arreglaron para encontrar el barcito aquel. Un lugar donde sentarse y pasar el tiempo, como me dijo Martín Rodriguez en uno de esos mismos cafés que te sentás y listo. No tiene por qué tener letras con firulete ni nada. Te acordas que Homero Manzi, el tipo que le metió poesía y nostalgia al tango, es decir, que llenó de melancolía la ciudad:

Café de barrio, dato y palmera / negra y caricia, noche y portón…

Seguís ahí, mirando la nada por la ventana y la mañana ya se extingue. Ya se fue. Pasó y vos pasaste también

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Desde Santiago del Estero, Manzi se viene a vivir a Boedo y Garay. Entonces pensás que las lecturas de chico que hizo, como Carriego, lo dotan de una sensibilidad especial para llenar de poesía el barrio. Te acordas de Manzi porque tiene un alma de calefón, como vos, que te sentás ahí y tarareas:

 Las calles y las lunas suburbanas / y mi amor en tu ventana / todo ha muerto ya lo sé.

¿Puede un poeta crear una mitología de una ciudad? Parece que sí. Tema de gente grande. Los pibes están en otra, pensás. La mitología hoy se escribe en un trap.

Ya es mediodía, todavía está fresco y no hay tango en ningún lado. Caminás para no llegar, para estirar ese momento un poco mágico que es el sábado a la mañana. Están pasando demasiadas cosas importantes en el país, como siempre. Y te das vuelta y te das cuenta que nunca te levantaste, que es sábado y tenés una poesía que te baila en los oídos.