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02 de junio 2024

Juan Di Loreto

ALGUIEN TIENE QUE HACER POLÍTICA

Tiempo de lectura: 5 minutos

Te enamoraste del cargo, pero no de la gestión. El rol, el antifaz, el “cómo te ven te tratan”, el avatar, el personaje, el otro, el Yo, el que mira al espejo. Pero no de su trabajo. Te ponés el traje, pero no el oficio. Todas tus relaciones son inestables (el gabinete en vilo) menos con la imagen de sí, que es la que te puede engañar más. Todos menos tú.

Si solo te ponés el traje, el oficio es para la casta, para el político, para el operador, para el burócrata weberiano. El nombre de esa figura hoy es Guillermo Francos, el nombre de la paciencia que tiene que tener todo gobierno. Hablar, manijear, llevar y traer hasta acordar. En otras palabras, si Milei se encarga del show, alguien tiene que hacer política. Hay que ver cómo es la interacción de un Francos empoderado con Caputo y, sobre todo, con la nueva estrella del firmamento: Federico Sturzenegger. 

Durante el gobierno del peronismo fallido o el fallido peronista (elija una u otra opción según su grado de psicoanálisis en sangre), nos la pasamos analizando de qué iba la cosa: quién gobierna, quién impugna a quién, quién tiene la lapicera. El quién te decía también el qué. En el gobierno de Javier Milei algo de eso hay, pero sobre todo porque es un gobierno que en su novedad desconcierta. ¿Son o se hacen? La declamación “VLL” es inversamente proporcional a los controles de todo tipo que sufre la economía. A cada grito libertario le siguen un sinnúmero de regulaciones. Si finalmente se va, Luis “Toto” Caputo será recordado como un heterodoxo, estatista, pragmático, enamorado del corto plazo: Sergio Tomás Caputo, podrá nombrarlo un Asís Oberdan en sus tertulias normalistas sobre el teatro político argentino.

Muchos estudios muestran cómo se ha instalado el discurso de pagar la fiesta, del sacrificio para que todo mejore de una vez. Calavera no chilla.

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Antes que nada somos sobrevivientes. Caputo ve una vaca y llora. Y está bien, no estamos para juegos. Va a atrasar, va a intervenir y hacer lo que tenga que hacer para no repetirse. Pero ese no repetirse en lo personal, lo lleva a caer en la repetición, en la insistencia argentina por excelencia: atrasar costos, no dar malas noticias, distorsionar lo que ya está muy distorsionado. Un atraso cambiario y un vaso de agua no se le niegan a nadie. Pero esas no son sus acechanzas reales.

La primera es su vínculo con Sturzenegger. El Dromi, el desregulador, el que se va probando el traje de Ministro de Economía, el que cada cosa que diga va a ser interpretada en relación a Caputo, que sentirá su sombra y competencia. Propio del esquema de Milei, los ministros disputarán el foco del presidente en lo único que le interesa: la economía y el Estado.

Por otro lado, lo que acecha es la economía real, donde no hay muchos espejitos de colores por vender. Todos los números hablan de una caída sin precedentes. O sí: con el precedente de los números del 2002. Pero lo original de esta etapa es cómo las expectativas le ganan a la materialidad de las cosas. La gente de alguna forma asume el sacrificio. Un transportista de la provincia de Buenos Aires cuenta cómo fue bajando la distribución a los supermercados de su zona: “Antes llevaba seis pallets de mercadería por semana y hoy estoy llevando dos como mucho. No hay movimiento, pero bueno, para mí se va a acomodar en algún momento”. Mientras que el sector de la construcción se cae a pedazos como muestran todos los números, pero no solo lo público, las construcciones privadas. “Antes los albañiles de la zona tenían lista de espera para las obras, hoy está todo parado”, cuenta un albañil de años del sur bonaerense. 

Pero la economía real está llena de grises entre los datos y las percepciones. “Nosotros estamos trabajando muy bien”, cuenta un dueño de un corralón grande. “Pero hay colegas que no están trabajando nada. Eso sí, los precios no volvieron a subir, de hecho muchos han bajado, pero porque antes le habían sacudido mucho. En diciembre aumentaban y seguían vendiendo. Hoy no”. Comentamos los despidos que se vienen dando en su rubro y en general. “Mira el caso de FV y los despidos… es un poco porque está perdiendo mucho mercado por sus precios. Toda la competencia no aumentó los precios y ellos aumentaron un 60% de la nada. ¿Y ahora qué hacen? En vez de bajar los precios e involucrarse de nuevo en el mercado echan gente”.   

Milei pone las condiciones del sacrificio, pero no de la salvación. Porque en verdad probablemente esto no sea un sacrificio. No hay nada después. Te ajusto. Fin

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Por el lado del comercio exterior el sector está muy confiado en el nuevo gobierno. Una gerente de una empresa con más de 30 años en el mercado cuenta que la visión es positiva con Milei: “En el ambiente de comercio exterior en general, el nuevo gobierno fue y es visto con optimismo para el sector. Todavía hay trabas, pero se va agilizando de a poco”. Sigue: “La devaluación en principio nos dio aire, porque el tipo de cambio venía muy muy atrasado con la realidad”. Pero más allá de los gobiernos se confía mucho en Argentina. “En gobiernos malos no invierten en máquinas nuevas, que les da más calidad a nuestros productos. Y en gobiernos que les dan confianza invierten más en maquinarias. Pero a nivel producción ellos siempre van adelante.” Como los críticos, la gerente separa la obra del autor: “Creen que algo está cambiando. Nadie se banca lo que dice Milei, pero a nivel económico hay confianza”.

Las distintas fuentes creen que, a pesar de todo, hay menos trabas para hacer funcionar los negocios. Pero todos coinciden en que han perdido ingresos y capacidad de compra. Esperanza y malaria se cruzan en una esquina. Por otro lado, la falta de una alternativa al gobierno hace que la esperanza se ponga en el futuro como un fantasma vacío. Después de todo, solo hace poco más de seis meses que gobiernan.

Lo que no deja de sorprender es la inclinación al sacrificio que tenemos como pueblo. Somos animales políticos, pero sobre todo somos animales de esperanza. Le estamos poniendo el cuerpo al ajuste porque a todos nos alcanzó el sablazo. En algún punto, todos nos sabemos subsidiados y sacrificados, es decir, entregados a algo. Muchos estudios muestran cómo se ha instalado el discurso de pagar la fiesta, del sacrificio para que todo mejore de una vez. Calavera no chilla.

“Va a llegar un momento donde la gente se va a morir de hambre. De alguna manera va a decidir algo para no morirse. No necesito intervenir. Alguien lo va a resolver”. Milei pone las condiciones del sacrificio, pero no de la salvación. Porque en verdad probablemente esto no sea un sacrificio. No hay nada después. Te ajusto. Fin. Es un relato sin teleología, por eso es tan crudo en algún punto. Las veces que la periodista de “la Tía“, como se conoce a la BBC, le preguntó qué les diría a los sectores vulnerables, el presidente no supo qué decir.

Esa idea de entrega recuerda a Ecce Homo, la pintura de Caravaggio. Si en algo era bueno el pintor italiano era en construir escenas dramáticas y en el uso del claroscuro, lo que le daba un halo siniestro a sus obras. En Ecce Homo vemos la figura de Jesucristo siendo entregado para su crucifixión, con la mirada baja, en contraposición a Poncio Pilatos y al soldado romano que miran al espectador. Pilatos con sus manos muestra al Cristo y también lo entrega al espectáculo y a la muerte. “Este es el hombre” (Ecce Homo), dice Pilatos mientras se lava las manos. Toma la decisión del sacrificio del otro, pero se desliga del otro en su gesto. Y algo de eso hay en las decisiones de Milei presidente. Expone a la población al despido, al ajuste, al achique, pero nunca acompaña. Siempre está en otro lado. La libertad es una burla como la corona de espinas, el manto púrpura y el bastón de caña.